sábado, 14 de abril de 2012

Albino García: ¿Héroe o villano?

La idea que hay de Albino García, el héroe de la Independencia nacido en Salamanca, aunque algunos dicen que nació en el Valle de Santiago, es ambigua. Hay quién lo considera como un héroe que siguió revolucionando luego de que el movimiento de insurrección bajó de nivel debido a la aprehensión y muerte de los iniciadores del mismo: Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez. Otros lo consideran como un villano que aprovechó la circunstancia para realizar saqueos en los pueblos y haciendas del Bajío.


Por lo visto, según lo leemos en las Efémerides Guanajuatenses del padre Marmolejo, en la capital del estado se creía que García era un auténtico villano, pues, luego de 9 años de su ataque a Guanajuato y de más de ocho de su muerte, el 19 de noviembre de 1820, se realizaba una Octava en agradecimiento al amparo que la Nuestra Señora de Guanajuato había hecho a la ciudad:


"Comienza un octavario solemnísimo a Nuestra Sra. de Guanajuato, que concluye el día 26 siguiente con procesión y magnífica misa de acción de gracias en conmemoración del visible amparo que la Sma. Virgen había dispensado a esta ciudad nueve años antes al ser atacada por el caudillo independiente Albino García".

viernes, 13 de abril de 2012

Las canoas del río Lerma en Salamanca.

El río Lerma, cuando era abundante y en sus aguas crecían buena cantidad de peces, especialmente bagres; cuando su caudal era de aguas limpias que lo habitual era tomarse un baño en ellas, cuando era su rivera, tan llena de sabinos y otros árboles que hacían el lugar ideal para romances y paseos dominicales; cuando todo eso sucedía era cuando había en Salamanca una especie de flotilla de canoas que cruzaban en forma regular de uno al otro lado de la orilla del río, llevando a la gente y mercancías que, según sus necesidades iban de un lado al otro de esa que fue antaño la frontera del Imperio Tarasco.

La Golondrina, La Esperanza, La Protectora, Ipiranga, y varias más, eran los nombres que las canoas tenían. En esta recopilación las veremos en su constante trajín de la orilla norte a la orilla sur del Lerma, llevando todo tipo de mercancías y el más variopinto grupo de gentes. Habrá que darle las gracias a Chávez, a Sánchez, a Villanueva, a Rivas y a los demás fotógrafos anónimos que nos dejaron esta herencia en imagenes del Salamanca ya ido completamente.

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miércoles, 11 de abril de 2012

La Pirami, el obelisco que había en Salamanca.

De todas las fotografías antiguas que tenemos en Salamanca hay varias que nos dejan ver como era el jardín principal, cuando apenas habían sido plantados los árboles, esos truenos que siguen en pie en nuestros días. Y al centro del jardín, en donde actualmente vemos el kiosco construido para celebrar las fiestas del Centenario, se levantaba una columna que por tradición se le nombraba "la pirami".

El nombre ha sido enigmático, nos da la impresión de que es la contracción de la palabra pirámide, pero lo que vemos allí no era una pirámide, sino una columna. De cuando se construyó no tengo la menor idea, fue en la segunda mitad del siglo XIX, había una base octogonal que se antoja del mismo tamaño del actual kiosco, luego se levantaba un zócalo de al menos unos cuatro metros de altura y de allí partía la columna de estilo corintio.

Al centro, mirando hacia cada uno de los portales, el Bravo y el Corregidora, se colocaron unas especies de escudos, pero no hay una foto que sea lo suficientemente clara que nos deje identificarlos. Tampoco, hasta donde sé, existe una descripción del monumento de cuando fue levantado y que nos diga para qué fue colocado.

Lo que siempre me ha parecido una curiosidad es el saber la razón del nombre "Pirami". Pues la respuesta es sencilla: en el siglo XIX no se usaba la palabra obelisco, y por obelisco se entendía pirámide. Si bien esto que había en Salamanca no era un obelisco, sino una columna, a final de cuentas fungía como diseño alterno a un obelisco y se le nombraba pirámide, de allí que la gente le haya comenzado a nombrar coloquialmente como "la pirami". Lo que es aun más misterioso es saber qué era lo que había en la Plaza de San Agustín, allí también s levantaba una "pirámide", es decir, allí también hubo una columna.


Como ejemplo del uso corriente de la palabra pirámide refiriéndose a un obelisco lo tenemos en Buenos Aires, Argentina, en donde se le sigue denominando como Pirámide de Mayo al obelisco que se levanta en la Plaza de Mayo, luego de haber sido movido de su lugar original en la Plaza de la Victoria.

viernes, 6 de abril de 2012

José de Iturrigaray, el único Virrey de la Nueva España que visitó Salamanca

José Joaquín Vicente de Iturrigaray y Aróstegui (1742-1815) fue designado como Virrey de la Nueva España en 1802, durante el reinado de Carlos IV, lo suyo fue más que una selección, una impoisción hecha por la persona más influyente con el Rey, Manuel Godoy, que fungía como su primer ministro. Sobre Godoy pesaban habladurías, como ser el amante de la reina de España, María Luisa de Parma. Es así como Iturrigaray es llamado a Sevilla, lugar en donde se daban los nombramientos para los virreyes de Nueva España y fue allí en donde comenzó a aprovecharse a su favor la nueva posición. La corrupción estaba en los más altos niveles y venía para México.

" En 1803 Godoy impuso como virrey a Iturrigaray, un militar que había combatido en Portugal y en España contra los invasores franceses. Iturrigaray fue tan rapaz como sus antecesores Marquina y Branciforte. Con el pretexto de que no tenía tiempo para hacerse de vestiduras apropiadas, en España, se le dio autorización para traer telas excentas de impuestos, de manera que apenas desembarcado en Veracruz se apresuró a venderlas en cerca de ciento cincuenta mil pesos¨. (1)
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Iturrigaray hace el recorrido triunfal, como marcaba la tradición, luego de descansar del largo viaje en Veracruz, era el 6 de diciembre de 1802, sería recibido con honores en Puebla, Tlaxcala y finalmente llegaría, guardando también la tradición a la Villa de Guadalupe, para entrar triunfalmente a la ciudad de México y asumir el cargo el 4 de enero de 1803. Se dispondría de una gigantesca valla que lo recibiría, así como de espectaculares arcos triunfales de flores para conmemorar su arribo. Dentro de los primeros decretos que dicta está el separar políticamente a la Alta de la Baja California, asignando al comandante José Joaquín de Arrillaga como Gobernador de la Alta California con sede en Monterey y a Felipe de Goycochea como Gobernador de la Baja California con sede en Loreto.
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Las minas era la mayor riqueza de la Nueva España, especialmente las ubicadas en el Real de Santa Fe de Guanajuato, esto era bien sabido por el nuevo virrey, más aun, sabía que para que las minas funcionaran había la necesidad del azogue o mercurio, razón por la cual, con su influencia como virrey se apodera del control de este producto y acepta, gustoso la invitación que uno de los más acaudalados mineros de Guanajuato le hace para visitar el Real de Minas, don Antonio Pérez de Gálvez, que al año siguiente se convertiría en el segundo conde consorte de Valenciana; igualmente la invitación viene de otro acaudalado minero, además regidor y alcalde ordinario de Guanajuato, José Mariano de Sardaneta y Llorente, marqués de San Juan de Rayas.
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Es así como en julio de 1803 Iturrigaray y su largo séquito toman el Camino Real de Tierra Adentro, pasando por Tepeji del Río, San Juan del Río y Querétaro, lugar en donde se hace la primera escala de tipo "oficial", es don Miguel Domínguez el corregidor de Querétaro quien hace los honores a su visita, el camino continuaría rumbo a Celaya. En la fotografía vemos el Puente Tresguerras, a la entrada oriente de Celaya, el cual se mandó construir con el beneficio que se obtuvo de las corridas de toros, que fueron aprobadas a realizarse en esa ciudad por el virrey Iturrigaray, convirtiéndose así, Celaya, en la única ciudad que saca provecho de la visita del Virrey a Guanajuato. "El único pueblo que sacó provecho de él fue Celaya, pues concedió licencia para que se hiciesen corridas de toros, con cuyo producto se construyó el puente del río del Laja, inmediato a dicha ciudad, y cuya falta causaba mucho perjuicio a los pasajeros. Este puente es más que regular, obra de don Francisco Tres-Guerras; pero está mal situado, y no teniendo los arcos bastante capacidad para dar tránsito al caudal muy copioso de aguas, las hace retroceder e inunda varios terrenos". (2)
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Se dice que fue el sábado 18 de junio de 1803 cuando el virrey Iturrigaray pasó por Salamanca, la que días después sería catalogada por el Barón Alejandro de Humboldt como "ciudad pequeña pero bonita". Seguramente se oyó un fuerte repique de campanas al entrar el virrey, quizá la población, que apenas llegaba a las 13 mil almas se volcó en la Calle Real, la actual Hidalgo, para verlo pasar, quizá los padres Agustinos salieron a su encuentro, tal vez el virrey entró para deslumbrarse con el oro de los retablos del Templo de San Juan de Sahagún, tal vez el virrey asistió a un pequeño rezo en la Parroquia Antigua que entonces era el templo principal del curato de la villa de Salamanca. El virrey continuaría su recorrido y entraría, a Irapuato... es lo que se dice, pero, creo que más bien el virrey siguió por Temascatío y de allí directo a la Hacienda de Burras, en donde su anfitrión, el Marqués de Rayas lo estaba ya esperando. Quizá fue allí que pasó la noche del 18 de junio pues el día 19 hace su entrada triunfal a Guanajuato.
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"A la una de la tarde de este día hace su solemnísima entrada ala capital de Guanajuato el Exmo. Sr. D. José de Iturrigaray, 56 virrey de la Nueva España, y se aloja en la Plaza Mayor en en la casa de Don Antonio de Pérez Gálvez. La magnificencia de su recepción fue verdaderamente extraordinaria, pues se le trató y obsequió como si hubiera sido el monarca en persona: además de las manifestaciones prevenidas en el programa del ayuntamiento, que se cumplieron en todas sus partes, los operarios de la mina de la Valenciana, vestidos con un lujo deslumbrador, fueron a recibir hasta Pardo, y quitando las mulas de su carroza lo condujeron hasta su alojamiento, tirándola con sus propias manos: allí recibió las felicitaciones de todas las autoridades y corporaciones eclesiásticas y civiles, y valiosos regalos de la ciudad, de las minas de Rayas y Valenciana, de la Diputación de Minería y otros".
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20 de junio de 1803.-
Al día siguiente de su llegada (lunes) se ocupó en la mañana el virrey Iturrigaray en visitar la iglesia matriz y otros templos; y en la tarde recorrió a pie la ciudad, vio el resto de los templos, los cuarteles, y la obra de Granaditas: el inmediato martes estuvo por la mañana en algunas haciendas de beneficio y en diversas oficinas, y en la tarde visitó las cárceles y las presas de la Olla y de los Pozuelos: el miércoles pasó el día en Rayas, y el jueves en Valenciana, en cuyos lugares fue recibido, y obsequiado con regia pompa: en Valenciana bajó a la mina, y se colocó después una lápida conmemorativa en el punto hasta donde llegó.
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24 de junio de 1803.-
A las tres de la tarde sale de Guanajuato para México el virrey Iturrigaray y, recibiendo en este acto una nueva y espléndida ovación de parte de la ciudad y los mineros. Los operarios de la mina de Rayas se presentaron oportunamente en el alojamiento del alto funcionario, vestidos con lujos semejante al que ostentaron los de Valenciana el día del recibimiento, pero con traje de riguroso luto, para demostrar la pesadumbre que les causaba la partida del virrey y desenganchando las mulas del carruaje los llevaron hasta Prado, continuando luego todo lo más florido de la ciudad encaminando al ilustre viajero hasta la calzada de Jalapita en Marfil.

2 de julio de 1803.-
Escribe el virrey Iturrigaray manifestando que llegó felizmente a México, de vuelta de esta ciudad y ofreciendo de nuevo sus facultades a favor del ayuntamiento. (3)

Hubo otro viaje que realizo Iturrigaray, lo hizo rumbo a Orizaba, Córdoba y Jalapa. Fue de los pocos virreyes, a excepción del primero de ellos, don Antonio de Mendoza, que se adentró en la provincia mexicana. Pero estos viajes ocasionaban problemas serios a la población pues "... por ejemplo, cuando Iturrigaray abandonó la ciudad de México en sus viajes, los comerciantes utilizaron su ausencia para subir los precios de los artículos de comercio y de consumo. Por otra parte, las interrupciones de los viajes produjeron muchas dificultades para los subdelegados, las justicias, los curas y, particularmente, para las comunidades de los indios en la ruta que recibieron la responsabilidad de pagar una gran porción de los costos del carbón, gallinas, cocineros y el mantenimento de los animales... (4)

Vemos pues, que, si bien la breve visita del virrey a Salamanca fue cosa que se anotó (y ya casi se olvidó) en la historia regional, el precio de la misma fue alto. Algo habrá sucedido en Salamanca durante este acontecimiento, quizá en el archivo parroquial se anotó algún detalle al respecto, será trabajo de los historiadores que, si tienen la oportunidad de consultar el mes de junio del año 1803, nos digan, a los mortales, que fue lo que sucedió durante esa fugaz visita. En México de lo poco que queda de recuerdo del virrey Iturrigaray es la estatua de Carlos IV que mandó colocar en el zócalo, y, según reza la placa, se conserva solamente como obra de arte y es la que vemos en la fotografía


Fuentes:
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1.- Benitez, Fernando. El peso de la noche, Nueva España de la edad de plata a la edad de fuego. Ediciones Era. México, 1996.
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2.- Bustamante, Carlos María. Los tres siglos de México durante el gobierno español hasta la entrada del Ejército Trigarante, obra escrita en Roma por el padre Andrés Calvo, de la Compañía de Jesús, publicada con notas y suplementos por el Lic. Carlos María de Bustamante. Imprenta de J. R. Navarro. México, 1852. (datos tomados del blog:
http://ahtm.worldpres.com/)

3.- Marmolejo, Lucio. Efemérides Guanajuatenses. Imprenta del Colegio de Artes y Oficios. Guanajuato, 1883.
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4.- Archer, Christon I. México en 1810: el fin del principio, el principio del fin. México en tres momentos 1810-1910-2010. UNAM, México, 2007.

martes, 3 de abril de 2012

Un vistazo al comercio en el pasado de Salamanca.

Hoy recurrimos nuevamente al análisis de las fotografías antiguas de Salamanca, en busca de los detalles que nos hagan entender mejor lo que fue esa villa. Vemos la calle de Allende, la toma está hecha desde la esquina con Victoria, notamos que entonces la barda de la Parroquia Antigua incluía una especie de banca, tan común en las construcciones antiguas. Notamos también la marcada hondonada que había al centro de la calle, eso nos demuestra que había abundantes lluvias, seguro que iban a descargar esas aguas al río Lerma que esta tan solo a tres calles de allí. En la esquina estaba un almacén, no puedo ver claramente el nombre dice algo así como Alameda pero no era ese el nombre correcto. Vemos que al lado había otro almacén, al parecer una licorería pues sobresale una especie de botella.


Ahora estamos en Juárez, lo que vemos era el Portal Chiquito, en donde actualmente se levanta el hotel El Monte. La primera puerta a un lado del portal era el acceso al Hotel Jardín, que no tiene señal, y a un lado estaban los abarrotes El Centenario, y no se refería al Centenario de 1910, sino al de 1921.

Uno de los locales comerciales más fotografiados a lo largo del siglo XX fue el que se ubicaba en la planta baja de la casa de don Pedro Arredondo, en esta toma de 1915, aproximadamente, vemos que allí se encontraban Las Fábricas del País.

En esta fotografía tomada durante la inundación de 1912 vemos un local comercial de nombre La Vencedora, estaba en la calle de Carreras, hoy conocida como Guerrero. Creo que, si seguimos el patrón conocido en Guanajuato para nombrar sus calles, que aquí se celebraban carreras de caballos durante las fiestas del Señor del Hospital, tanto en Semana Santa como en el Jueves de la Asensión.

Y en esta que era una de las enormes casas frente al Jardín Principal, lo notamos porque había un patio central, esto en mitad del siglo XIX, ya para cuando fue tomada la foto, 1920 aproximadamente, cuando ya estaba la torre del Señor del Hospital, la casa había sido seccionada. La parte oriente albergaba al almacén El Puerto de Veracruz.

En esta toma realizada también durante la inundación de 1912, vemos al fondo El Pabellón Morisco, en donde se vendía, entre otras cosas, Aguardiente de Moroleón. Este nombre es por demás curioso pues apenas se acababa de trasladar en la ciudad de México el que fuera el kiosco que se localizaba en donde ahora está el Hemiciclo a Juárez para ser trasladado a la Alameda de Santa María la Ribera.

Esta toma quizá sea de 1910, tal vez anterior. Es la esquina de lo que hoy forman las calles de Juárez con Andrés Delgado. Vemos la Botica de Guadalupe que era propiedad de don Luciano Roa. Allí hoy día es la entrada al estacionamiento de la Plazoleta Hidalgo.

Aquí vemos dos comercios, Las Américas y El Banco. Es la esquina de Juárez y Zaragoza. Justo donde ahora se ponen por las tardes los vendedores de elotes. Era un 16 de septiembre cuando se tomó esta fotografía, en los años treinta del pasado siglo, y son las señoritas del Colegio Josefa Ortíz de Dominguez las que van en marcha.

Este edificio está desaparecido. Se ubicaba en Juárez, por donde actualmente está la casa de empeño Dondé, al parecer estaba en plena demolición, se ve apuntalado y las ventanas cegadas. Allí estaban El Almacén del Pueblo y la mercería La Magnolia.

Esta fotografía tal vez de 1929 tomada desde la torre del Señor del Hospital nos deja ver nuevamente la esquina del Portal Chiquito el otro negocio que antes, en los años veinte y treinta existió en la esquina propiedad de don Pedro Arredondo: La Primavera. Allí, en esa esquina era donde se encontraba la bomba de gasolina El Águila.

Mientras que, del otro lado, en el Portal Corregidora, se encontraba, entre otros, La Potosina.

Ya más reciente, en los años sesenta, existía una frutería, además del afamado Paploapan que se cambió varias veces de domicilio, que era El Bodeguero, en Juárez y Obregón.

Una modificación más que hubo a la casa central frente al Jardín, ahora se encontraba, años cincuenta, El Rayo.

Esta foto es de la inundación de 1958, es la calle de Obregón casi llegando al patio de maniobras de Ferrocarriles Nacionales de México, lo que hoy conocemos como calle Insurgentes, allí se localizaban los abarrotes El Paso del Norte.

Y ya para terminar, vemos que en la calle Juárez había una zapatería que durante una buena cantidad de años existió: La Victoria. Al lado un distribuidor Kodak y después los tacos al pastor que aun siguen en ese lugar, en la esquina con Albino García está la que conocemos como Casa de Hidalgo, sitio que, se dice, fue donde el cura Hidalgo pasó la noche cuando venía de Celaya rumbo a Guanajuato.

domingo, 1 de abril de 2012

Otra placa perdida en Salamanca: la de la Calle Benito Juárez.

Por alguna razón que malamente se difundió por todo México en los años cuarenta y los que le siguieron, en sus poblaciones de marcado acento ancestral, de pronto comenzaron a ser derribados a diestra y siniestra casas que guardaban al menos un centenar de años dentro de sus paredes; poco a poco todas las poblaciones se fueron convirtiendo en ciudades "modernas" que lo único que hacían era preferenciar al vehículo antes que al ser humano. Las ciudades perdieron su calidez, perdieron su escala humana y se volvieron todas iguales. Frías, impersonales y, lo peor aun, lo mismo daba que estuviera o no estuviera tal estatua, tal casa, tal puerta o ventana que nos recordara que allí algo importante y trascendente pasó. Salamanca confirma la regla. Todas las placas que recordaban un suceso remarcable sencillamente desaparecieron.

Por mucho que se hable mal de gobierno de Porfirio Díaz, siempre debemos recordar que muchas cosas buenas sucedieron en su larga presidencia, una de ellas fue el recuperar las biografías de los héroes patrios y rendirles culto. Antes de que dieran inicio los festejos del Centenario de 1910, hubo otro centenario que se festejó en nuestro país, ese fue el del natalicio de Benito Juárez. Para ello el gobierno de Díaz mandó colocar en todas y cada una de las poblaciones una placa que recordaba la efeméride. Esta placa debería ser colocada en la calle que llevara el nombre de Juárez, una sola. En Salamanca se optó por colocarla en la esquina en donde hace tiempo se localizaba el bar Gambrinus, en Juárez y Zaragoza, frente a donde estuvo por años la Botica de Guadalupe. En esa esquina lo que hoy vemos es la tienda Coppel-Canadá.

La placa del centenario de Juárez desapareció en Salamanca, también desaparecieron las placas del Centenario de la Independencia que se colocaron en el Kiosco del Jardín Principal y la que se colocó en la esquina de Hidalgo con Tomasa Estévez. Desapareció la placa del Puente Manuel González, del Puente Negro, del Puente del Molinito. Placas históricas que si se colocaron fue por algo pero que la imprudencia y la ignorancia, unidas, nos las desaparecieron. La que vemos en la fotografía es la que aun se conserva en San Felipe Torresmochas. La he visto también en Jaral del Progreso.




Las Tandas, su significado en el siglo XVII.

Veíamos que en el pleito entre las villas de Salamanca y Guanajuato por la congregación de Irapuato uno de los argumentos que Guanajuato presenta es la importancia que tiene para su administración los ingresos que llegan de Irapuato por concepto de tandas, dice que "produciendo en tandas de mucha consideración para la Real Hacienda..." Esto no quiere decir otra cosa que los impuestos municipales que en la actualidad conocemos como "plaza". Pues cada que se instalan los puestos de comida o chucherías por motivo de alguna celebración, sea el grito de la Independencia que alguna fiesta patronal, los puestos deben pagar una cantidad al municipio para poder ejercer el comercio en la calle durante ese día, y lo que pasaba en Guanajuato, que es a lo que se refiere ese punto del alegato es lo siguiente:


"Desde esta fecha (1689) comienzan a figurar los Alcaldes mayores de Guanajuato, con el título de ´Jueces de Tandas´; y es, seguramente, porque en ellas se establecieron las que tenían lugar en esta población y en Irapuato, las cuales duraron hasta 1810; habiéndose suspendido en este año, porque las hizo impracticables la revolución de Independencia. Estas tandas consistían en una especie de feria, que se celebraba ocho veces en el año, y por espacio de tres días, durante los cuales solo pagaban derechos los efectos extranjeros y los nacionales de consumo diario, quedando libres todos los demás.


Deben de haber sido de grande importancia, pues que dieron origen a un nuevo título para la primera autoridad de Guanajuato, el cual requería nombramiento especial del Rey, que expedía independientemente del de Alcalde Mayor; y por otra parte, se recuerda por los que las presenciaron, que era tal la afluencia de gente que a ellas concurría, y tanta la multitud y variedad de efectos que venían a expenderse, que fue necesario distribuir éstos ordenadamente por los diversos rumbos y calles de la ciudad; habiendo sucedido que algunas de éstas recibieron sus denominaciones con este motivo, como por ejemplo, la calle del Truco, que durante largos años, se llamó "de los guadalajareños", por ser allí el punto destinado para la venta de la loza de Guadalajara.


Fácil es comprender el impulso que con estas tandas recibiría el comercio; pero cesaron en 1810, según arriba dijimos; y aunque el Congreso Constituyente las restableció en 1826, solo subsistieron ya un poco tiempo". (1)

Fuente:


Efemérides Guanajuatenses ó datos para formar la Historia de la Ciudad de Guanajuato. Obra escrita con presencia de los más auténticos e interesantes documentos. Por el presbítero Lucio Marmolejo. Guanajuato, Imprenta del Colegio de Artes y Oficios. 1883