sábado, 18 de junio de 2016

Antes y ahora: Esquina de Monterrey y Mina

Atención Facebook "SalamancaGto Corrupto" si vas a seguir copiando mis post sin darme el crédito correspondiente, me veré forzado a cerrar este blog. Lo que tu hace se llama plagio.  Esquina Mina y Monterrey, 1970. Así lucía entonces este cruce, recordamos que se podía circular por esa calle y salir directo al Jardín. En la contraesquina donde está parada la persona que vemos al centro de la foto se encontraban las exquisitas enchiladas de Chona.

Mismo lugar, poco más de 40 años después... las cosas han cambiado un poco...

viernes, 3 de junio de 2016

Antes y ahora: El claustro mayor del Ex convento de San Agustín

Claustro Mayor de San Agustín, 1945. Luego de haber sido cuartel militar, prisión estatal, el ex convento agustino se convirtió en sede de bomberos, casa particular, dormitorio, club social, cine, escuela.

Finalmente, luego del año 2000 vino el rescate y se ubicó allí el Centro de las Artes de Guanajuato.

domingo, 29 de mayo de 2016

¿Dónde quedó la tronera oriente del Ex convento de San Agustín?

   Fotografías hay muchas, no tantas como debería de haber pero, con las que hay nos damos una idea de lo que fue Salamanca. Sin embargo, especialmente ahora que la redes sociales han prosperado enormemente, se cae en el vicio de ver las fotos darle la palomita "like" correspondiente pero no la analizamos y, entonces, la foto pierde su valor histórico.

   Toda foto vieja, o antigua, siempre nos dirá algo, pero, para escuchar eso que nos quiere decir, hay que aprender a ver, no solo a ver, a observar y analizar. Las fotos van y vienen, los copy paste se multiplican exponencialmente pero en pocos (o en ninguno) se analiza, solo se ve y se pasa de largo la imagen... muchos dice que "me gustan las fotos de antes", sí eso está muy bien, pero no hay análisis por lo tanto no hay interpretación y el copiarnos, enviarnos y (en ocasiones) abrumarnos con fotos vistas, revistas y más que vistas a nada llega.

   Con el fin de educar nuestros ojos, nuestra interpretación, esta vez te invito a poner atención a la esquina de las actuales Revolución y Vasco de Quiroga. Allí hubo, durante varias décadas, una tronera, esto debido a que el ex convento fue usado en la guerra de Independencia, en la Reforma y en la Revolución como punto estratégico y había la necesidad de fortificarse allá en lo alto, eso ocurrió más bien en la Revolución cuando el sitio fue cuartel de Villistas, antes de Carrancistas y desde allí vigilaban.

   Cuando la guerra de Independencia tanto el ex convento como la torre de la parroquia Antigua servían como punto de avistamiento, había un fortín, frente a la actual ZH, se llamaba Del Socorro, por lo que no creo que esa tronera en el ex convento sea de esa época sino más bien de la Revolución. Las imágenes las he acomodado cornológicamente, para ver lo que hubo y como fue cambiando poco a poco hasta desaparecer.

  Hubo más troneras en el ex convento, pero de ellas hablaremos en otra ocasión.

sábado, 28 de mayo de 2016

De fray Francisco Vitoria, Rojas Garcidueñas, Antonio Gómez Robledo y los derechos humanos

   En la pasada Feria del Libro en la Universidad de Guanajuato tuve la gran oportunidad de encontrar una publicación que pensaba me sería muy difícil de encontrar a no ser que fuera a la biblioteca especializada de la Facultad de Derecho de la UNAM. Se trata de un libro que haba de un personaje conocido y reconocido en Salamanca la de España, que tiene, incluso un monumento frente a su famosa universidad se trata del fraile dominico Francisco de Vitoria y el libro en cuestión fue escrito por un salmantino, de la Salamanca mexicana: José Rojas Garcidueñas. Pero no es un libro cualquiera, se trata de la reimpresión de su tesis de licenciatura en derecho, que presentó en 1938. Al hablar de una tesis de licenciatura que fue publicada como libro al poco tiempo y que, además se convertía ya en el segundo libro publicado por el autor es cosa memorable. Y si a eso agregamos el sentido de identidad y esa liga tan enorme que todos tenemos hacia nuestro lugar de origen, el tema merita verlo un poco más a profundidad. De Rojas Garcidueñas hemos publicado muchos artículos en este espacio, todos ellos relacionados directamente a Salamanca, lo que ahora hago es un tema relacionado directamente con el autor.

   Creo que el interés que despierta Francisco de Vitoria en Rojas comienza en un concepto acuñado hace varios siglos en España: la Escuela de Salamanca. "La expresión Escuela de Salamanca se utiliza de manera genérica para designar el renacimiento del pensamiento en diversas áreas que llevó a cabo un importante grupo de profesores universitarios españoles y portugueses, pero especialmente los teólogos, a raíz de la labor intelectual y pedagógica de Francisco de Vitoria en la Universidad de Salamanca. No cabe duda que el influjo de la Escuela se debió sentir en otras naciones, puesto que muchos de los componentes de la Escuela dieron clases en universidades de fuera de España". (Wikipedia).

   Siendo Rojas estudiante de derecho y apasionado de la cosa del siglo XVI (lo comprobamos en su estudio del teatro novohispano de ese siglo) seguramente el personaje le fue atractivo, más aun cuando existe el gusto por la historia y fue él, Vitoria, uno de los iniciadores de la defensa de los derechos que hora conocemos como Humanos. "Se preocupó por los derechos de los indios. Su obra De indis recoge las relecciones en las que expresó su postura ante el conocimiento de diversos excesos cometidos en las tierras conquistadas en América. En ella afirma que los indios no son seres inferiores, sino que poseen los mismos derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes. Este fue el inicio del Derecho de gentes". (Wikipedia).

  Ya con estos antecedentes podremos comprender cabalmente lo que una de las plumas privilegiadas de la inteligentia (del latín, intellegentĭa) mexicana, Antonio Gómez Robledo escribió sobre Rojas Garcidueñas:

  “Salvo muy contadas excepciones, las tesis profesionales (las de licenciatura por lo menos y en nuestro medio enano) son por lo común de lo más efímero, y aun las escritas por aquellos que luego se revelarán como grandes escritores. Se hacen estos panfletos a mas no poder, para salir del paso y cubrir el expediente, cuando lo que premia es salir a la plaza pública, con el título en la mano, a disputarle el pan a quien se nos ponga enfrente, o arrasar con él ¡tanto mejor! en este país famélico y caníbal. Si no hemos escrito la picaresca, la vivimos, y la obtención del título profesional es uno de sus capítulos mejor logrados.

  No así, por el contrario, la tesis profesional de José Rojas Garcidueñas, cuya madurez como pensador y como escritor era manifiesta  El teatro de Nueva España en el siglo XVI, obra publicada tres años antes de la tesis jurídica que hoy se reimprimen, es decir cuando su autor contaba con apenas 23 años. José Rojas Garcidueñas no escribió jamás por escribir, por salir del paso o por cubrir el expediente, escribir fue para él como para todo escritor de raza un acto litúrgico, un acto que se consuma, como un sacramento, con unción y sabiduría. Así, puntualmente, en este trabajo que hoy revé la luz al cabo de casi medio siglo, y en el que salen las cualidades de jurista, historiador y hombre de letras que distinguieron siempre a Rojas Garcidueñas. Porque el autor, al ubicar la figura de Vitoria dentro del marco histórico correspondiente, se pasea con gentil desenfado, y muy a gusto del lector, por aquella época tan movida, tan única y de tanto colorido, que fue el renacimiento español e italiano. Pero luego de este brillante paseo, el autor se concentra en el análisis de las relaciones vitorianas y es así en donde la tesis de Rojas se nos presenta en toda su originalidad renovadora. Trataré de explicarlo.

   No tengo la pretensión de conocer toda la bibliografía vitoriana, ni siquiera la de tener noticia en su totalidad, pero tengo la impresión de que fue México, entre los países hispanoamericanos, el que tomó la vanguardia, dentro de esta comunidad racial y cultural, en estudios vitorianistas. La glorificación del maestro salmantino había comenzado, naturalmente, en España, de donde irradió al continente europeo y luego Norteamérica, con los notables trabajos de James Brown Scott, a los que acompáñala por los mismos años, las investigaciones mexicanas, a la cabeza de ellas el memorable curso sustentado en la Escuela Libre de Derecho por el maestro Esquivel Obregón sobre las Relecciones de Indis. A quienes, como yo, pudimos oírle, o a quienes lo leyeron después, nos dejó marcados para siempre con el sello vitoriano.

   Vitorianistas fuimos, en la joven generación de entonces, Rafael Aguayo Spencer, José Rojas y yo mismo, y lo que tuvimos que decir sobre Vitoria fue apareciendo sobre 1937 con la tesis de Aguayo, luego con la de Rojas en 1938, y con mi libro, por último, publicado en 1940, pero escrito en 1939, en el cuarto centenario de las Relecciones de Indis. Vitoria fue así, por tanto, un vínculo más entre nosotros tres en aquel trío fraternal, en cuya amistad recíproca no se interpuso jamás ninguna nube de incomprensión o discordia. Ahora que han muerto ellos, con otros amigos tan dilectos, pienso que soy, por breve tiempo, como la espiga solitaria del poema de Heiné, que el cegador pasó por alto, quien sabe por qué, al meter su guadaña mies madura para el corte.

   Volviendo a Rojas, después de este paréntesis sentimental (porque en esta edad se escribe también con el corazón) su originalidad consiste, entre los vitorianistas de aquel momento, en haberle sacado todo el jugo al célebre fragmento Temperantia (que el dominico Beltrán de Heredia acababa por entonces de exhumar) y en el que enseña a Vitoria que si por acción bélica de españoles desisten los indígenas de sus prácticas inhumanas (antropofagia y sacrificios humanos) no es lícito pasar delante y hacerse de sus tierras y sus bienes: non licitum est ultra progredi, nec bona eorum aut terras occupare. Una cosa era la intervención de humanidad para extirpar aquellas prácticas bestiales, y otra la conquista como título adquisitivo de soberanía, y esta  no se justifica si por la sola intervención se ha alcanzado al fin perseguidos.

  Por algo llevamos los mexicanos en la sangre, como lo subraya Rojas al final de su tesis, la condenación inapelable del llamado derecho de conquista. Lo aprendimos así, desde la época de la dominación española, de los españoles más ilustres y que mayor bien nos hicieron, de los misioneros y de los teólogos-juristas de las grandes universidades de la península. Algo deben haber sabido de este ideario ancestral los consejeros del generalísimo Morelos, cuando nuestra primera carta política, en la Constitución de Apatzingán, está escrito que “el título de conquista no puede legitimar los actos de la fuerza”.  (Art. 9°)

   De esta ilustre y sólida doctrina, revitalizada y actualizada por Rojas Garcidueñas, debe nutrirse la juventud de hoy para afrontar con buen ánimo a los conquistadores del presente: en Afganistán la Unión Soviética, en Granada los Estados Unidos, y aquí lo dejaremos por lo pronto.

   Hoy por hoy no podemos oponerle sino las armas del espíritu, pero de ellas está llena la aljaba (quiero decir las páginas) de Francisco de Victoria y José Rojas Garcidueñas.

   En ellos, en su mensaje, está nuestra esperanza, la de entonces y la de ahora.

Antonio Gómez Robledo.

  Te recuerdo que tenemos algunos ejemplares a la venta del libro de José Rojas Garcidueñas que yo comento Salamanca, recuerdos de mi tierra guanajuatense. Si estás interesado, deja tus datos en la sección de comentarios. O al correo: oficina.utt@hotmail.com

Fuente:

1.- Rojas Garcideueñas, José. Vitoria y el problema de la conquista en derecho internacional. Prólogo de Antonio Gómez Robledo. Centro de Investigaciones Humaniísticas. Universidad de Guanajuato. 1984. pp. 7-9

jueves, 26 de mayo de 2016

Una inundación más en Salamanca, la de 1865

   Tenemos datos de las inundaciones del siglo XX, fueron varias, algunas con tintes de catástrofe y hay, además, una buena cantidad de fotografías; de la ocurrida en 1912 Lupe Aguinaco tuvo a bien escribir un relato, de la de 1926 no tenemos relato alguno, en cambio de la ocurrida en 1958 hay un relato que da cuenta de lo sucedido, en este siglo XIX, igual han habido inundaciones, como la reportada por Excélsior. Muchos recordarán la de 2008, y el furioso embate de agua que hubo por La Ordeña el año pasado.

   En cuanto a las inundaciones del siglo XIX sabemos que eran continuas, una de ellas la menciona Agustín de Iturbide en su Diario militar, ocurrió en la primera semana de agosto de 1814, ahora sabemos, por medio del documento que custodia el Archivo Histórico que en 1865 hubo también un embate de agua:

Ministerio de Guerra
Tercera Dirección.

  "Por acuerdo del 19 del actual S.M. se ha servido disponer que se entregue el gasto de ciento cincuenta pesos en la reparación del cuartel de Salamanca que maltrató considerablemente la inundación ocurrida en esa Ciudad.
   Lo que comunico a U. para su cumplimiento, reiterándole las seguridades de mi consideración.

El Ministro de Guerra
Orza.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Caballos salmantinos en la intervención francesa, 1862

   Sabemos bien que una de las familias de fuerte presencia, especialmente en la segunda mitad del siglo XIX fueron los Domenzain, de ellos poco, o nada se ha estudiado, siendo que formaron parte importantísima del desarrollo de la Villa de Salamanca debido a las actividades comerciales y agrícolas que desarrollaron. De quién más datos hay, que son pocos en realidad, está el Coronel Rafael Domenzain, "pariente cercano del Lic. y Gral. Manuel Doblado, desde la guerra de Reforma militó en el ejército del bando liberal..." (1). Recordarás hace poco comenté sobre un personaje desconocido en Salamanca, originario de nuestra población, que fue catalogado como héroe debido a que murió en un enfrentamiento con los invasores franceses en Uruapan, se llamaba Margarito Cárdenas y estaba a las órdenes, precisamente del Coronel Domenzain.

   Creo nos hemos ya ubicado en la época, era el año de 1862, acababa de ocurrir la célebre Batalla de Puebla del 5 de Mayo, pero en realidad esa derrota al ejército francés no fue la liberación de México, sino es apenas una efeméride que, por sus características, se ha difundido al grado tal que en el extranjero algunos creen que el 5 de Mayo es nuestro Día Nacional, y, bien lo sabemos, no lo es. Y luego de la Batalla del 5 de Mayo la presencia de tropas francesas y enfrentamientos con la milicia nacional por la zona sur de Guanajuato y, especialmente en Michoacán era cosa de todos los días.

   Por otro lado, creo lo has leído ya, desde hace varios años (un sexenio) he investigado casi hasta el cansancio sobre las haciendas de Salamanca, esa riqueza agrícola que, en términos de historia poco se ha estudiado, y he ido encontrando una buena cantidad de documentos a cual más interesante que me ha hecho cambiar diametralmente la idea que tenía de la importancia que tuvo tanto en la época colonial como en la posterior a la Independencia, que el tema amerita no uno sino varios libros... espero logar, el primer tomo, este año. 

  Y el día de hoy vemos algo que nos dice mucho de lo que era el año de la Batalla de Puebla, 1862, y de lo que ocurría en Salamanca en relación a la invasión francesa, los preparativos a los enfrentamientos armados y la participación de los hacendados salmantinos a fin de enfrentar a los invasores.

  El documento, a resguardo en el Archivo Histórico Municipal, nos da una relación de propietarios de haciendas, no habla de todos, pero sí de los más importantes, nos dice también cuál era el precio de un buen caballo en la época e, incluso, quienes los donaron para apoyar a la causa.

 Lista de las personas con quien ésta Jefatura hizo contrato de caballos ensillados y enfrenados para el 9° Escuadrón del Estado que estuvo en éste lugar a las órdenes del Comandante D. Rafael Domenzain.

A Da. Rafaela Cisneros de Santana de la Hacienda de Uruétaro le compró un caballo en $24.00
A Dn. Vicente Aboytes de la Hacienda de Marigómez un caballo en $25.00
A Dn. Luis Rosiles de la Hacienda de Sotelo un caballo en $25.00
A Dn. Clemente Orozco de la Hacienda de Aguilares un caballo en $20.00
A Dn. Joaquín García de la Hacienda de San Rafael dos caballos a $50.00
A Dn. Antonio Santander de la Hacienda de Doña Rosa dos caballos a $48.00
A Dn. Leonardo Quintana de la Hacienda de Puerto de Valle (no especifica cantidad ni precio)
A Dn. Benito Marín de la Hacienda de la Tinaja (tampoco especifica).

Nota: El C. Joaquín García hizo donación de dos caballos.

Salamanca, Julio 3 de 1862. (2)

Fuente:

1.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca, recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa, México, 1982. p.132

2.- AHMS. Caja 401. Gobierno/Milicia 1860-1871. Exp. 132.