jueves, 24 de julio de 2014

Discurso pronunciado al inaugurarse la Refinería en Salamanca. 1950.

Señor Presidente de la República
Señores Miembros del Cuerpo Diplomático
Señor Gobernador del Estado de Guanajuato
Señores Secretarios de Estado
Señoras y Señores:

I

    Llenos de satisfacción y orgullo asistimos a la inauguración de este magno centro industrial. Satisfacción y orgullo, porque este acontecimiento constituye un paso de gran trascendencia en el desarrollo de la Industria Petrolera Mexicana y en la solución del problema de distribución de combustible en el país; por ser esta refinería un nuevo centro de trabajo de gran magnitud, y especialmente porque su terminación significa un legítimo triunfo para Petróleos Mexicanos y para los técnicos y trabajadores a su servicio.
   Debemos recordar aquí un hecho que revela la enorme y bien fundada confianza del señor Presidente de la República  en el progreso de nuestra Industria Petrolera.
   El día 31 de julio de 1947 se tomó la resolución de llevar adelante el proyecto de esta Refinería y de iniciar desde luego la compra de equipo y de los materiales necesarios. Contrajimos por este hecho un compromiso por Quince Millones Quinientos Mil Dólares, sin contar de momento con reservas suficientes para hacer frene a tan grande desembolso, y sin existir en el Presupuesto de egresos de la Institución partida alguna para este fin; no contábamos tampoco con la seguridad de obtener financiamiento, pero palpábamos el resultado de nuestros esfuerzos por aumentar la producción de crudo y derivados.
   El Señor Presidente de la República tuvo fe en el desarrollo de Petróleos Mexicanos y en que el futuro aumento de sus ingresos permitiría hacer frene a los nuevos compromisos y autorizó nuestra resolución, el resultado de este gesto valeroso de nuestro Primer Magistrado se encuentra en la magnífica realidad que constituye la refinería que acabamos de visitar.
   Tenemos a orgullo declarar enfáticamente que la construcción de este centro industrial, de los 450 kilómetros de oleoducto que lo surte de petróleo crudo desde Poza Rica, y de las obras conexas necesarias en aquel campo productor, y que significan en total una inversión de Treinta y Siete Millones de Dólares, han sido realizadas exclusivamente con los propios recursos de Petróleos Mexicanos, sin contar con ninguna ayuda financiera, ni del exterior ni del interior.

   
II

   La Refinería de Salamanca y el oleoducto que la alimenta, constituyen una etapa importantísima en la vida de nuestra industria petrolera nacional, ya orienta primordialmente hacia la meta de la satisfacción y fomento de nuestros consumos, pues en el mercado nacional, con su prodigioso desarrollo será donde encuentre su solidez definitiva.
   Nuestros sistemas de refinación y distribución se encuentran así orientados ahora hacia este fin y no específicamente hacia la exportación de petróleo, como ocurría antes de 1938.
   Dentro de esta política, tuvieron singular importancia la construcción de la Refinería 18 de Marzo de Azcapotzalco y el aumento de la capacidad del oleoducto que la surte desde Poza Rica; obras que llevó a cabo el régimen del señor general don Manuel Ávila Camacho, siendo director de Petróleos Mexicanos don Efraín Buenrostro. La capacidad refinadora del centro de la República ascendió entonces de 12,000 barriles en 1938 a 50,000 barriles diarios en 1946.

  La razón de ser de la Refinería de Salamanca, es la siguiente:

   La producción petrolera mexicana está localizada en su mayor parte en la zona costera del Golfo de México y las antiguas refinerías se encontraban en los puertos inmediatos.
   El consumo de la zona central del país representa el 75% del consumo nacional y el 25% restante corresponde a las zonas costeras de la República.
   Hasta el momento de inaugurarse esta Refinería, es decir, ya contando con la nueva Refinería de Azcapotzalco, la capacidad refinadora de la zona central representaba solo 29% de la capacidad total de refinación, en tanto que la capacidad de la zona costera representaba el 71%. Había en consecuencia, un desequilibrio en la distribución de productos, ya que el mayor volumen de los consumidos en la zona central tenía que moverse por ferrocarril desde la refinería de la costa.
   Por esta circunstancia, la distribución de productos petroleros ha significado una sobrecarga para los sistemas ferroviarios, y son bien conocidas las dificultades que la construcción geográfica de nuestro país ofrece al desarrollo de los sistemas de transporte.
   La producción de derivados del petróleo ha sido siempre suficiente para atender el consumo nacional, pero las dificultades de transporte con frecuencia son motivo de escasez en algunas partes de la República, que lógicamente habrían de acentuarse conforme el consumo aumentara.
   Para eliminar las dificultades del transporte se hacía, pues, necesario instalar una refinería en la zona central de la República, que permitiera efectuar una distribución eficaz, ya no desde las costas hacia la zona central, sino desde y para el centro mismo de la República. La elección de Salamanca como el lugar adecuado para la nueva refinería y la planeación de la misma fueron el resultado de un minucioso estudio sobre la demanda de productos y los medios de transporte, que fue llevado a cabo en el año de 1945. Se adquirieron desde entonces los terrenos necesarios, consistentes en 369 hectáreas y se inició asimismo, la construcción de los edificios.
   Con la operación de esta Refinería de Salamanca, la capacidad refinadora de la zona central subirá al 43% de la capacidad total de la República, y por lo que hace al consumo nacional, se surtirá desde ella aproximadamente el 60%. De esta manera se logrará obtener una proporción equilibrada entre zonas de distribución y zonas de consumo.
    Salamanca abastecerá las plazas de Durango, Zacatecas, Aguscalientes, León, Irapuato, Celaya, Morelia, Querétaro, San Luis Potosí, Uruapan, Zamora, Guadalajara y Tepic. En forma temporal abastecerá también parte del consumo de plazas de Chihuahua, Parral y Torreón.

III

   Esta Refinería tiene capacidad para destilar 30,000 barriles diarios de petróleo crudo y los derivados que se obtendrán serán los siguientes: Mexolina, Kerosina, Casoil, Diesel, Tractomex, petróleo Combustible  y Gas Licuado.
   Se compone de planta de destilación primaria, planta de desintegración térmica, planta desulfurizadora para gasolinas, planta concentradora y purificadora de gases, varias unidades para tratamiento de productos, planta de vapor, planta de fuerza combinada termoeléctirca y de combustión interna, y además planta para servicios conexos y auxiliares, incluyendo laboratorio, talleres, habitaciones, comedores, pista de aterrizaje, y un sistema de llenaderas de auto-tanques y carros-tanques que se complementa con su amplia red de vías y con este grandioso taller de reparación de carros-tanque.
    La construcción de las plantas se inició en el mes de agosto de 1948. Se emplearon 78,400 toneladas de acero y 19,600 toneladas de concreto. La mano de obra para la construcción ascendió a 9.870,400 hombre hora. Los materiales empleados fueron en un 30% de procedencia nacional y en un 70% extranjera. Para llegar a la Refinería los materiales recorrieron un total combinado de 275,000 kilómetros.
   Es conveniente llamar la atención sobre las excelencias técnicas de las instalaciones, pues en todas ellas se han empleado los últimos adelantos, tanto en procesos como en materiales. Permítaseme opinar que además de ser técnicamente moderna, esta Refinería invita al visitante a disfrutar de la belleza de sus líneas y perfiles y de su distribución espaciosa y armónica.
   Para alimentar la refinería fue necesario un oleoducto que partiera de Poza Rica y que recorre 450 kilómetros. La construcción de esta línea duró un año cuatro meses, su costo fue de setenta y seis millones quinientos mil pesos y, teniendo un diámetro de 32 centímetros, su capacidad es de 60,000 barriles diarios, en previsión de futuras necesidades.
   La Refinería y el oleoducto debían terminarse al mismo tiempo y así sucedió en honor a las previsiones de nuestros técnicos.
   Al realizar Petróleos Mexicanos el esfuerzo para concluir esta magnas obras dentro del plazo programado tuvo muy presente la extraordinaria importancia que para México tiene el factor tiempo, cuando bajo el impulso constructivo del régimen del Licenciado Miguel Alemán marcha nuestro país definitivamente por el camino de su industrialización. Consideramos que nunca podrá insistirse lo suficiente sobre este tema.
   El dinero y los bienes materiales deben cuidarse con probidad, sobre todo si se trata de bienes que pertenecen al pueblo porque entonces son sagrados.
   Es una verdad olvidada pero sabida y respetada, que el dinero perdido puede recuperare y que el tiempo, en cambio, se pierde para siempre. Para quienes trabajamos al servicio de Petróleos Mexicanos, ha sido siempre imperioso que esta verdad constituya el principio que gobierna todas nuestras actividades.

IV

   Es necesario insistir sobre los beneficios que la Refinería de Salamanca reportará a nuestro país. Aparte de resolver el problema de la distribución de combustibles, que es su objeto principal, es importante:
   1º.- Por significar una fuerte y provechosa inversión de capital mexicano; por construir una nueva unidad productora de gran capacidad y por ser un nuevo centro de trabajo para obreros mexicanos. La Refinería de Salamanca representa pues un incremento considerable para la riqueza nacional.
   2º.- Porque es lógico esperar que un centro industrial de esta magnitud dará un impulso considerable al desarrollo de la zona donde está ubicado, estimulando el establecimiento de nuevas industrias que, desde luego, tiene asegurado un rápido y económico abastecimiento de combustible. El desarrollo industrial traerá consigo el del comercio  y de otras actividades, económicas y el resultado será el incremento de la producción agrícola e industrial, así como del valor de la propiedad y, en consecuencia, una notable mejoría en el nivel de vida de los habitantes.
   3º.- Al hacer la distribución de productos desde Salamanca, la fuerza tractiva ferrocarrilera que se empleaba para mover desde las costas y desde la ciudad de México, puede emplearse ahora para transportar otros productos industriales, lo que significará una distribución más eficiente.
   4º.- Porque suspenderemos en muy considerable proporción las operaciones de trueque de productos que veníamos haciendo con los Estados Unidos para abastecer de gasolina y combustibles las plazas de Zamora, Guadalajara, Tepic, Acaponeta, Compostela, Ixtlán y Ruíz. La producción de Salamanca nos permitirá reducir las importaciones destinadas a estas plazas, con el consiguiente saldo favorable de divisas por los productos que para compensarlas se explotan.

V

   La Refinería de Salamanca, cuya razón de ser hemos indicado ya, no constituye una obra aislada, sino que forma parte de un programa bien meditado y elaborado, que se orienta hacia el fomento del consumo nacional y a la correcta distribución de los derivados del petróleo.
   México, señores, se encuentra en una etapa de gran importancia para el desarrollo de sus instituciones y para la conquista definitiva de su independencia económica.
   En la obra del régimen, en las orientaciones que el Señor Presidente de la República da a la política de su gobierno, en las aplicaciones concretas que de esta política hacen sus colaboradores, en el espíritu que reina en las actividades de todos los sectores públicos y privados y en la conciencia el pueblo, se manifiesta esa convicción, animada por una fe inquebrantable en el futuro de nuestra patria, que se traduce en un impulso constructivo cristalizado ya en realizaciones magníficas.
   La independencia económica es el complemento indispensable de la independencia política y la mejor garantía de victoria en la lucha contra la miseria.
   Se ha dicho y repetido que la industrialización es uno de los signos que caracterizan el actual esfuerzo histórico de México y uno de los propósitos fundamentales del régimen del Señor Presidente Alemán.
   Pues bien, después de mostrar con satisfacción y orgullo la espléndida realización que es esta Refinería "Ingeniero Antonio Manuel Amor", señalando sus características y haciendo hincapié en su importancia y en los beneficios que reportará a la economía nacional, quiero manifestar nuevamente la fe inquebrantable de todos cuantos trabajamos al servicio de Petróleos Mexicanos, en el futuro de la Industria Petrolera Mexicana, en la importancia de nuestros recursos naturales y en la capacidad de nuestros técnicos y trabajadores para desarrollarlos y para alcanzar las metas que la consolidación económica del país impone a Petróleos Mexicanos.
   Nada ni nadie podrá detener a Petróleos Mexicanos en su marcha ascendente.
   Lo ya realizado, la concentración cada vez más potente de nuestros esfuerzos, y la elevación cada vez mayor de nuestros entusiasmos, nos permite asegurar que cada día veremos crecer el número de campos descubiertos y la producción de aceite ir muy adelante de la demanda; que se construirán nuevos oleoductos y gasoductos; que se instalarán nuevas refinerías y se llevará a cabo la modernización de las existentes; que se mejorarán constantemente los sistemas de distribución y ventas; en una palabra, que Petróleos Mexicanos podrá rendir muy buenas cuentas al Señor Presidente de la República.

VI

   Para terminar, deseo expresar a usted, señor Presidente, en nombre de la gran familia petrolera, compuesta por el personal de técnicos y por los trabajadores sindicalizados y de confianza, nuestro profundo agradecimiento por la fe que ha depositado en nosotros; por su constante ayuda y por su valiosas orientaciones. Muchas gracias, señor Presidente.

   Este fue el discurso pronunciado por el Director de Petróleos Mexicanos, el Senador Antonio J. Bermúdez. Cada quién sacará sus propias conclusiones luego de leerlo, yo solo hago dos puntuaciones, la primera que el discurso viene firmado, según lo vemos en la imagen, por un Senador que habla en plural y se incluye dentro de la "familia petrolera". Esto se debe a que, efectivamente Antonio J. Bermúdez fue elector Senador de la República por su estado natal, Chihuahua, en 1946 pero no entró en funciones debido al nombramiento que hizo Miguel Alemán al tomar la Presidencia de la República el 1º de Diciembre de ese año, tiempo en el que la Refinería de Salamanca estaba ya en proyecto y que, según se dijo en el discurso, el 31 de Julio de 1947 se tomaría la decisión de comenzar a construirla. Este dato nos dice que fueron justo 3 años los que se tardó la obra, pues la inauguración ocurrió el 30 de Julio de 1950. En otra parte del discurso menciona que fue en Agosto de 1948 cuando las plantas comenzaron a construirse, entonces, deduzco que se llevó un año en preparar el terreno y dos en levantar las plantas.

   Hay un detalle, que me parece una mera curiosidad, cuando el Senador-Director dice sobre la belleza del diseño industrial de las plantas de la Refinería de Salamanca y de pronto dice: "...esta Refinería invita al visitante a disfrutar de la belleza de sus líneas y perfiles y de su distribución espaciosa y armónica", quizá sea por eso que en los archivos fotográficos, sean los de ICA que los de la Fototeca Nacional, aparecen fotografías en blanco y negro en donde se aprecia esa linea "funcional" que prevalecía en el diseño de la época. Y algo más que dice el Senador-Director es: "...y con este grandioso taller de reparación de carros-tanque". Al leer la frase dentro del contexto del discurso vemos que habla de algo que, seguramente apunta con la mano en ese momento, y claro es, ya que la comida que se sirvió luego del discurso fue precisamente en el taller que menciona el señor Bermúdez.


Fuente:

Diario El Nacional. Página 4, Primera Sección. México, DF. Viernes 4 de Agosto de 1950.


miércoles, 23 de julio de 2014

Mapa del ferrocarril que hubo de Salamanca a Cerrogordo, San Juan de la Vega y Empalme de González, 1920.

    Si te gusta la Historia de seguro te gustan los mapas antiguos. Regularmente son fascinantes, más aun cuando contamos con algunos datos que, al ir corroborando con el mapa en cuestión y vemos aparecer allí los sitios que pensábamos inexistentes se vuelve este acto un viaje al pasado. Con esa idea hoy analizamos tres mapas, el que ahora vemos fue levantado por el Ingeniero Antonio Linares, esta fechado en 1919.

   En este mapa vemos, el recuadro que nos identifica lo que allí se anota, vemos como, aun en esa tercera década las haciendas y ranchos eran puntos de referencia importantes, hay que recordar que hasta 1950 México seguía siendo un país rural, fue luego de esa década que se volvió cada vez más urbano. En la actualidad somos, más o menos, un 70% urbano, contra un 30% rural, en el año en que se levantó el mapa, las proporciones eran exactamente al revés. En rojo y con rayitas continuas nos indica el trazo de las líneas de ferrocarril. Sumamente curioso me parece el trazo de las líneas telefónicas.

    Este era el territorio municipal de Salamanca, colindando con Cortazar pues aun no se creaba el municipio de Villagrán. Y esto es lo que llamó poderosamente mi atención: el trazo claro del tendido de vías del que era el ramal norte de la "Burra", la cual no solo iba a Valle de Santiago y Jaral, sino que, de Salamanca continuaba a Cerrogordo, pasaba entre el pueblo de Santa Cruz y el de Cuendá, llegaba a San Juan de la Vega para seguir por Soria y terminar en Empalme González, que es lo que hoy conocemos por Empalme Escobedo.

 




     Ahora vemos otro mapa, este fue levantado por la Secretaría de Guerra y Marina, en 1918 aproximadamente, en el acercamiento que hago a la zona en rededor a Salamanca vemos como su límite norte llegaba hasta la vía del Ferrocarril Central, al sur lo era el río Lerma. Vemos los ranchos y haciendas más próximos a la población, la norte el Rancho de San José Tenita, actual Colonia las Reynas; la Hacienda de Sardinas, actual colonia Albino García. El Rancho El Divisadero (lo conocemos como Divisador), el Rancho El Baúl, el famoso Bable. Vemos, de centro hacia el poniente, el Rancho de Loma de Granados, en la actualidad pasa por allí el Boulevard Bicentenario, más al norte el Rancho de Oteros, la Hacienda de Santa Rosa y la de El Fuerte, nótese el trazo de los caminos. Al sur vemos el Rancho de Chávez, la Hacienda del Molinito y la Hacienda de San Antonio, actual Colonia Guanajuato. Y, lo más interesante, vemos ese trazo del Ferrocarril de Salamanca a Cerrogordo. (Si pones atención, Valtierrilla verás que aparece nominada como Pueblo Andrés Delgado.)

   Luego de la estación de Cerrogordo, el ramal de la Burra, pasaba próximo al Rancho de Valencia y al Rancho de Merino, vemos por ahí varias de las haciendas de Santa Cruz de Juventino Rosas que entonces se llamaba Santa Cruz de Galeana: la Hacienda de Santiago Cuendá, la Hacienda de Comontuoso, la Hacienda de Galera Blanca, Hacienda de San Nicolás.

   Este detalle es aun más interesante, pues la propia Secretaría de Guerra identifica el ramal Salamanca-Empalme González como parte del Ferrocarril Nacional, pasando la vía por la Hacienda de Romerillo y la de Pozos, ambas en el municipio de Santa Cruz.

   Vemos en la parte norte el trazo del ramal Salamanca-Empalme González, al centro vemos otro trazo ferrocarrilero, ese era de mulas, salía de la Hacienda de Franco a la Hacienda de Yuste, seguía a la Hacienda de Roque y llegaba a Celaya.

    En San Juan de la Vega ese tren se unía con el que partía de Celaya, solo que, no empataban pues, el de Salamanca era de vía angosta, el de Celaya era ligeramente más ancho y el  Querétro-Laredo era de vía ancha, razón por la cual todos llegaban a Empalme y razón por la cual Empalme se llama así, pues era, literalmente, un empalme de vías de ferrocarril.

   No me queda más que seguir afirmando que tener la oportunidad de apreciar a detalle los mapas antiguos es cosa fascinante.

martes, 22 de julio de 2014

Mapa caminero de Salamanca, Guanajuato, en 1863.

    Estamos ante otra auténtica joya de la Cartografía, digo que otra, porque hay un mapa que se publicó dentro del libro del canónigo silaoense, el Dr. J. Guadalupe Romero, en su libro que conocemos como Noticias, recordando que en ese tiempo los títulos de los libros eran bastante extensos. El que ahora localizamos es el que sacó otro canónigo, también del Obispado de Michoacán, el Lic. D. José María Arizaga en 1863. Siendo un mapa levantado por el representante del Obispo, lo hace de lo que era en ese año el territorio de la diócesis Michoacanensis, incluyendo a los estados de Guanajuato, Michoacán y parte de Guerrero.

    Al ver a detalle los caminos que se marcan en ese 1863 que cruzan por Salamanca vemos ese del que siempre hemos hablado, el más conocido de todos, el que venía de Celaya, pasaba por Salamanca y continuaba a Irapuato.

    El otro camino, que conocemos también, es el que va al sur, una vez cruzando el río Lerma, hacia Valle de Santiago, Yuriria, Uriangato, cruzando el lago de Cuitzeo para llegar a Tarímbaro y de allí a Morelia. Ambos caminos de herradura, con el tiempo se volvieron carreteras asfaltadas, incluso hay en la actualidad Autopistas en esas mismas rutas.

   Y lo interesante está aquí, por eso agrando esta parte. Se trata del camino que venía de Salvatierra, pasaba por el lado occidental del cerro del Culiacán, cruzaba el río de La Laja por un punto cercano a Valtierrilla y llegaba a Salamanca, ahora entiendo la razón por la cual Iturbide ponía mucha atención a la Guarnición de Valtierrilla, pues por ahí se daba esa comunicación con la parte sur-este del la Intendencia de Guanajuato. También, ahora entiendo, por que el italiano Adolfo Dollero, cuando hace su viaje por el estado, en 1909, sale de Salvatierra directo a Salamanca.

   El otro camino que partía de Salamanca, el que iba al norte, era el que acortaba la ruta a Guanajuato y, sobre todo, era el que no se inundaba cuando la Charca crecía en tiempos de lluvia. Salía de Salamanca por lo que hoy es la calle de Cazadora, llegaba a Temascatío y continuaba a la hacienda de Burras, de allí a Marfil para llegar al real de minas de Guanajuato.

lunes, 21 de julio de 2014

Las repercusiones del Plan de Cuernavaca en Salamanca, Guanajuato, 1834.

   Sabemos muy bien que la Historia de México en el siglo XIX es el capítulo más complicado que hay para entender dado que fueron muchos los acontecimientos que se dieron. De ellos hemos estudiado, regularmente, tan solo tres: La Independencia (1810-1821), La Reforma (1850-1867), y El Porfiriato (1887-1899), de los "entre años" apenas comenzamos a entender cómo una cosa, un período de los conocidos, fue ligándose con el otro. La villa de Salamanca no estuvo ajena a esos momentos, su posición geográfica la hizo escenario de cada episodio.

   De esa primera "entre parte", vimos hace poco, en relación con ese relato-leyenda de la fortuna de los Valencia, los prósperos textileros salmantinos, relato que nuestra recordada Lupe Aguinaco escribió y que cuenta sobre el padre Guadalupe Valencia que recibió una caja en custodia y que, al no volver los dueños por ella, se lo quedó, según lo estipulado y, para sorpresa de todos, contenía un caudaloso tesoro. Los hechos que relata la leyenda, para darles su entorno histórico, nos llevaron a "descubrir" que el antecedente a las Leyes de Reforma y la prohibición de mantener propiedades por parte del clero sucedió justo antes de ser proclamado el Plan de Cuernavaca, pues el Señor Obispo de la Diócesis de Morelia, (recordemos que Salamanca fue dependiente de esa diócesis desde su creación hasta que Irapuato fue elevado a Diócesis en 2004).

   Fue así como, comenzando el año de 1834 el Obispo Juan Cayetano Gómez de Portugal sale exiliado de México y la sociedad salmantina no esperó para mostrar su inconformidad ante los hechos, aquí el documento:


Manifestación del ayuntamiento de la villa de Salamanca, 8 de mayo 1834

   El ayuntamiento de la villa de Salamanca, ante la notoria justificación de vuestra honorabilidad, entiende faltaría [a] uno de sus principales deberes si no manifestase [a] los padres de la partía el desagrado que existió en los ánimos de los ciudadanos todos de esta villa, la noticia de la expatriación de Ilmo. Sr. obispo de Morelia como un resultado del decreto soberano de 22 de abril último, que ha tenido a bien sancionar la suprema legislatura de la república.

   Estamos, Sr. honorabilísimo, muy distantes de atrevernos a calificar la legitimidad de este augusto decreto, porque la inferioridad de nuestras luces, particularmente en este ramo de jurisprudencia, no nos permite juzgar de unas decisiones que demandan seguramente conocimientos muy vastos en la ciencia de la legislación. Respetamos en este punto las luces y probidad de los supremos poderes que en el día rigen los destinos de nuestra cara partía; pero sí está a nuestro alcance los resultados que en política ha producido en los ánimos, al menos en esta villa, el soberano decreto de que se habla. Hase sobresaltado el pueblo porque cree comprometido el culto católico, cuando ve que el Ilmo. Sr. obispo de Morelia prefiere antes una triste expatriación, que el suscribirlo. Bien sabe esa augusta asamblea que los pueblos, de ordinario, no tienen otro libro en que leer la justicia y bondad de las deliberaciones de sus jefes, que el semblante de estos mismos: y el pueblo de Salamanca mira con consternación divididos los ánimos de nuestros conductores. Si la divergencia de opiniones estribara sobre materias puramente de estado, guardaría una inalterable tranquilidad, porque tal ha sido la conducta de este pueblo en los varios debates que se han sucedido unos a otros en las vicisitudes que ha producido el nuevo orden de cosas, que trajo consigo la independencia nacional, no precisamente por apatía, sino por la inferioridad de nuestros conocimientos; pero en esta vez tenemos mucho, que si los Ilmos. Sres. obispos, conformes con el de Morelia en dictamen, prefieren el destierro al obsequio que demanda el decreto soberano quede una segunda vez sin estos primeros ministros de la iglesia mexicana: y que aun en la suposición que se dividiesen en opiniones los ministros eclesiásticos de inferior jerarquía, no por esto descansarían los ánimos, antes bien tenemos mucho que en el caso se abriría la puerta fatal de la discordia entre hermanos, unidos con los vínculos de sociedad y religión. Mas si identificasen todos los ministros del culto sus ideas en esta materia, y se viesen estrechados a abandonar el patrio suelo para mendigar entre los extranjeros, ¿a que vendría a reducirse el culto que nos han dejado nuestros padres, y que seguramente profesan nuestros conciudadanos que hoy ejercen los supremos poderes de la República?

   Los pueblos de México, no menos idólatras de su libertad que de su religión,¿mirarían con ojo enjuto emigrada una porción de sus conciudadanos a países extraños, o perecer miserablemente en nuestras costas matadoras? ¿Este golpe no arrancaría al menos nuestras lágrimas a innumerables familias con las que están conexionadas por amistad o parentesco? Mas suponiendo aún que los pueblos presenciasen sin interés esta escena, hasta ahora nunca vista en el suelo mexicano, ¿quién puede calcular los males que produciría en el orden social la falta de este poderoso resorte de la religión que nuestra República, más bien que en otro cualquiera punto del globo, es el móvil más activo para hacer entrar a las masas en el orden y subordinación?

   Tales son, Sr. honorabilísimo, las lúgubres, y tal vez muy exactas reflexiones que consternan el ánimo de este pueblo; y por el derecho que tiene de pedir, por ser, aunque minutísima, una parte de la República Mexicana, eleva hoy por nuestra mediación, ante vuestra honorabilidad, esta comedida representación, cuyo objeto es, suplicarle se digne interponer sus altos respetos, por vía de iniciativa, para con los supremos poderes de la unión, a fin que si están acordes con nosotros la mayoría de los pueblos de la República, tenga a bien moderar el referido soberano decreto 22 de abril último, de manera que sin comprometer las opiniones religiosas de los Ilmos. Sres. obispos y demás ministros de nuestro culto, pueda dar lleno al art. 3 de la constitución general, y así se salvarán estos grandes intereses.

En cuyos términos.

A vuestra honorabilidad suplicamos rendidamente, defiera anuente a nuestra solicitud, que es justicia.

Salamanca, mayo de 8 de 1834.


Acta de adhesión de la villa de Salamanca, 13 de junio de 1834

   En la villa de Salamanca, a los trece días del mes de junio de mil ochocientos treinta y cuatro: reunidos en sesión extraordinaria los ciudadanos presidente Francisco García Valle, regidor primero Andrés Santa Ana, tercero Crecencio Rodríguez, cuarto Eligio de la Punte, quinto Vicente Oviedo, sexto Miguel Valencia, procurador primero José Pío V. Olvera, segundo Nicolás García Basurto, y secretario Andrés Arredondo, se procedió a la lectura de la circular de nueve del corriente, en que expresando el supremo gobierno que desea saber la opinión de los pueblos acerca de los decretos y disposiciones expedidos por las cámaras, que han motivado las agitaciones de la República, les invita a que se la manifiesten francamente; y en consecuencia, este ilustre ayuntamiento, penetrado de los más sinceros sentimientos, declara, de común acuerdo, que su sentir es el mismo que ha publicado el pueblo de Cuernavaca, en su plan de veinticinco de mayo último, al cual se adhiere en todas sus partes, respecto a que lo halla conforme al sostén de la religión católica apostólica romana, y al remedio de otros males políticos que sufren, acordándose al mismo tiempo se participe al Excmo. Sr. general presidente D. Antonio López de Santa Anna, y al Excmo. Sr. D. Luis Cortázar. Y remitidos en esta sala capitular consecutivamente el reverendo padre prior del convento de S. Agustín, el Sr. cura párroco con su clero, el comandante de la milicia cívica de infantería con su oficialidad, el de caballería, los Sres. administradores de rentas, correos y diezmos, y todo el vecindario de suposición, se impusieron de la deliberación presente; y habiendo precedido la lectura del mencionado Plan de Cuernavaca, se adhirieron a él unísonos con este ilustre cuerpo entre el más ardiente entusiasmo, dando fin los votos de esta asamblea con un fervoroso tedeum, entonado en la iglesia parroquial, a donde se condujo en un cuerpo.

Francisco García Valle
Andrés Arredondo, secretario

Fuente:

Ambos documentos los obtuve del sito electrónico de la University of St. Andrews en Escocia. En el proyecto: The Pronunciamiento in Independent Mexico 1821 - 1876. El primer documento fue elaborado por: Josefina Z. Vázquez/Planes y Documentos, 1834, Archivo Histórico del Colegio de México, Caja 9. Transcribed by Germán Martínez Martínez and Revised by Will Fowler. El segundo: AHSDN: XI/481.3/1040, f. 2. Also in Josefina Zoraida Vázquez (ed.),/Planes en la nación mexicana. Libro dos. 1831-1834/(Mexico City: SRE/El Colegio de México, 1987), p. 286. Transcribed by Natasha Picôt and Revised by Will Fowler. Original document double-checked by Germán Martínez Martínez on 07/03/2009. Colección Josefina Z. Vázquez/Planes y Documentos, 1834, Archivo Histórico del Colegio de México, Caja 9.


sábado, 19 de julio de 2014

México al día: La visión de Salvatierra, Salamanca y Valle de Santiago que tuvo el italiano Adolfo Dollero en 1907.

   Hace pocos años, en 2010, supe de un libro que se publicó, como tantos otros, durante el gobierno de Porfirio Díaz en el que un viajero italiano recorría el país tomando notas que luego se convirtió en libo. Libro patrocinado por el Señor Presidente en el que se daban a conocer algunos detalles de la vida en México con la intención de promocionar al país entre los inversionistas extranjeros. Hubo, al finalizar el siglo XIX y comenzar el XX, un escritor estadounidense, de San Francisco, que publicó varios volúmenes de una interesante revista o, en todo caso libro-revista que llevaba por nombre el de "Ilustrado", es decir, Yucatán Ilustrado, México Ilustrado, Baja California Ilustrado, etcétera. Él fue John Reginal Southworth. Hubo otros autores que difundieron no solo las bellezas del país sino sus riquezas y sus infinitas posibilidades de inversión. Domenech, un catalán, algunos otros norteamericanos, en fin, la lista de autores creo es larga.

    El caso de Adolfo Dollero se vuelve interesante porque él, siendo un curioso italiano, como muchos de aquel país lo son, dio una visión ligeramente distinta a la que ingleses y norteamericanos daban de México. El recorrido que hace es exhaustivo, fueron varios meses, todos ellos en tren, que recorrió buena parte del país. Hacer una compilación de toda la ruta es cosa difícil, lo que nos interesa saber es lo que vio en Guanajuato y, más específicamente, el rumbo de Salamanca. Es por eso que transcribo todo el capitulo relativo a la parte de su recorrido que realiza, llegando por Acámabaro, luego de haber recorrido buena parte del estado de Michoacán, continúa por Salvatierra, luego a Salamanca y Valle de Santiago.Seguirá luego por más poblaciones del estado de Guanajuato.

   Adolfo Dollero es un visitante más que se sorprende con la belleza de San Agustín pero hace referencia al fuerte contraste, no del todo agradable, entre el barroco de los retablos y el neoclásico del altar mayor. Menciona a la Penitenciaría y otra de las cosas, que todos los viajeros siempre notan: la producción de sarapes, mantas y guantes de gamuza. Finalmente hace un comentario, en tono de lamentella, sobre el servicio ferrocarrilero, me parece un testimonio que hay que resaltar ya que es el primero que leo en donde se habla de la desaparecida ruta entre Valle de Santiago y el Empalme de González, dicho de otro modo, Dollero usó los servicios de la Burra, no solo de Valle a Salamanca, sino que siguió todo el tramo norte, pasando por Cerrogordo, luego cerca de Santa Cruz, Roque, San Juan de la Vega, para llegar al ahora Empalme Escobedo. Y algo más, una mera curiosidad, ya que menciona al referirse a Salvatierra a dos personajes, ambos tuvieron sus intereses en Salamanca, tanto Eusebio González, como los Argomedo, pero ambos moverían sus capitales a Salvatierra. Veamos primero una introducción que hace don Isauro Rionda sobre el viajero italiano:

   "Noble italiano que vino a México en 1907, en compañía de dos compatriotas: el ingeniero Armando Bornetti y el doctor en química Arturo Vaneresson. Todos conocedores de mineralogía, botánica, medicina, química, etc. Entraron a México en ferrocarril por la frontera del norte, ya que venían de Nueva York, a donde habían llegado en barco desde Europa. Bornetti ya conocía la República, pues había estado aquí en los años 1896-98. Permanecieron varios meses en la capital nacional. En 1908, 1909 y 1910, hicieron un viaje por el interior mexicano; visitando (entre otras) las ciudades de San Juan del Río, Querétaro, Guanajuato, Celaya, Irapuato, Pénjamo, Silao, León, Lagos, Aguascalientes, San Luis Potsí, Valles, Tampico, Victoria, Río Verde, Zacatecas, Jerez, Fresnillo, Torreón, Saltillo, Monterrey, Montemorelos, Parras, Durango, Gómez Palacio, Parral, Chihuahua, Nogales, Cananea, Hermosillo, Guaymas, La Paz, Culiacán, Acámbaro, Salvatierra, Salamanca, Valle de Santiago, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Luis de la Paz, etc.


    En la ciudad de Guanajuato estuvieron en Septiembre de 1908, y en los demás lugares del estado en 1909. Después de despedirse del presidente Porfirio Díaz abandonaron la capital, y el 12 de agosto de 1910 salieron en barco desde Veracruz con rumbo a Europa. De este largo viaje Dollero hizo un libro que tituló: México al día, del que se imprimieron cinco ediciones: en español, italiano, francés, inglés y alemán: todas en París en 1911. Tal parece que estas ediciones fueron pagadas por el gobierno mexicano de ese tiempo, pues toda la obra es una constante alabanza al régimen, a sus funcionarios, a sus logros, a las compañías que estaban en México, etcétera. Actitud bastante frecuente durante el Porfiriato". (1) Dollero sale de Acámbaro y llega a Salvatierra:

    "Al día siguientes salimos para Salvatierra... Salvatierra tiene unos doce mil habitantes y está situada a 1448 metros de altura. Es la cabecera de un distrito prodigiosamente fértil y casi todos los terrenos producen cosechas tales que despiertan la admiración. Visitamos una parte de la hacienda de San José del Carmen del rico agricultor don Manuel Llamosa, quien puso a nuestra disposición un tranvía de su propiedad particular, en el cual nos fuimos a la finca, distante unos nueve kilómetros de la ciudad. Para tener una idea de estas inmensas haciendas mexicanas, baste decir que la del señor Llamosa, que es de las mejores, sin ser de las más extensas, mide unas 20 000 hectáreas. Al tiempo de nuestra visita trabajaban en ella unos 2000 indígenas, parte de ellos ocupados en la extracción de los cacahuates y camotes, parte recogiendo las mazorcas del maíz y otros surcando los extensísimos campos con 500 yuntas de bueyes que eran substituidas por otras tantas, después de una media jornada de trabajo.

   "El jornal era solamente de 30 centavos diario. El señor Llamosa nos daba informes acerca de las condiciones agrícolas de ese excepcional distrito, en donde la caña de azúcar se desarrollaba junto a los campos de trigo, caso raro que observamos por primera vez desde que viajábamos por México. El cacahuate se cultiva allí en gran escala, así como el trigo, el maíz, los chiles, los camotes, la caña de azúcar y los garbanzos. Se cultivan también los frijoles, pero en pequeña escala. El distrito de Salvatierra produce una cosecha total que supera un millón de pesos al año. Nos aseguraba el señor Llamosa que en un año bueno, el maíz produce como el 200 por uno y el 70 y 80 en un año poco favorable. El riego está en uso, casi todos los hacendados disfrutan desde el tiempo colonial de concesiones para aprovechar las aguas del río Lerma. En la hacienda de San José del Carmen, existían dos grandes presas para las aguas llovedizas y la del Lerma; una que debía contener un 1 600 000 metros cúbicos de agua no estaba aun concluida; la otra contenía 1 800 000 metros cúbicos. Salvatieerra es una ciudad muy simpática; está dotada de alumbrado eléctrico, de drenaje de sistema antiguo, de agua entubada, pero lodosa e inservible porque proviene del río. Los habitantes beben generalmente la de los manantiales de la Angostura y de Urireo, de donde la traen a lomo de burros. En la municipalidad de Pejo hay minas de plata, cuyos resultados han sido escasos, debido a su baja ley y a las difíciles vías de comunicación.

    En Salvatierra existía un hospital, pero algo deficiente por no disponer de los fondos necesarios para sostenerlo bien. La instrucción pública estaba reducida a las clases elementales inferiores. Hay varias industrias, entre ellas ante todas la fábrica de la Casa Eusebio González S en C  La Reforma, que dispone de unos 760 caballos de fuerza hidráulica, eléctrica y de vapor y cuenta con 15 000 husos y 100 telares. La fábrica está bien montada y produce buena manta, moviendo con esa misma fuerza otras dos de tejidos de lana y algodón que pertenecen a la misma Casa González. Sigue la Fábrica de San Isidro Batanes de los hijos de Argomedo, propietarios también de la planta eléctrica que proporciona el alumbrado a la ciudad. San Isidro es más chica pero es una fábrica también provista de máquinas inglesas y produce asimismo manta de buena calidad. Dispone de fuerza eléctrica y de vapor, y podría proporcionar fuerza motriz suficiente para otras nuevas industrias. Del Palacio Municipal, un regular edificio, se contempla un panorama bellísimo; muy lejos, en medio de la bruma se puede ver Tarimoro, otro distrito eminentemente agrícola, que pertenece también al estado Guanajuato.  Nos quedamos en Salvatierra dos días y en seguida nos dirigimos a Salamanca, ciudad de unos 15 000 habitantes y muy inmediata a la primera.

    Habíamos vuelto a subir 250 metros aproximadamente. También el distrito de Salamanca es agrícola, pero el agua escasea. El río Lerma lo atraviesa igualmente, pero los propietarios no han podido obtener del Gobierno concesiones de agua, estando a los informes que nos proporcionó la autoridad local. Tampoco los pozos artesianos han dado buen resultado, uno exceptuando que producía muy poca agua a pesar de sus 500 metros de profundidad. Sin embargo de que no hubiera ni drenaje ni servicio de agua potable, las tablas demográficas no acusaban una mortandad elevada, debido a la bondad del clima. Hay un hospital, no a la altura de los tiempos modernos y una buena penitenciaría formada con parte del antiguo convento de San Agustín, del cual visitamos la iglesia, cuya parte interior es digna de ser mencionada. En esa iglesia que fue construida en 1603, hay varios grandes altares de madera esculpida, con una variedad extraordinaria de ornatos cubiertos de una capa de finísimo oro. Son arabescos, cúpulas, cupulitas, coronas, ménsulas con estatuas de madera que representan la vida de Santa Rita de Casia y de la Santa Virgen, todo acabado con una admirable perfección de grabado y con la grandiosidad propia de esos tiempos, cuando se obsequiaban a los templos las riquezas, con una generosidad desmedida. Hay también balaustradas de bronce macizo, un magnifico púlpito con trabajos de mosaicos finos y mil otras cosas antiguas con las cuales, a mi parecer, está reñida la decoración moderna de las naves y el hermoso altar mayor, elegante pero sencillo, que contrasta con la magnificencia casi medieval de los demás altares a los cuales me he referido.

   Existe en Salamanca un buen edificio escolar para la instrucción elemental, pero el número de los alumnos no es como pudiera creerse, dada la importancia de ese plantel. La clase trabajadora de Salamanca no solo se dedica a las faenas del campo, sino que fabrica a domicilio tejidos corrientes, sarapes sobre telares antiguos, zapatos, rebozos y guantes de gamuza. El hotel donde estábamos alojados era regular. Valle de Santiago que visitamos después de Salamanca se eleva a unos 1,716 metros sobre el nivel del mar en una zona volcánica que ha sido ya estudiada y descrita por más de un geólogo. Los 14 cráteres visibles muy fácilmente, están todos apagados hoy día y algunos contienen agua: entre ellos el cráter denominado Alberca cuyo diámetro a la simple vista se juzgaría de 300 metros aproximadamente. Ostenta la forma de una cuenca cortada a pique; cuando trocamos el agua que contenía nos pareció fría, a pesar de la aserción de personas del lugar quienes aseguran que está tibia en algunos puntos, cosa no imposible si se tiene en cuenta la naturaleza volcánica del suelo. Los rebozos forman la especialidad de Valle de Santiago; muchos indígenas los remojaban en esas aguas alcalinas, asegurando que con esa operación las tintas ya no sufrían alteraciones, lo que les daba precisamente una superioridad indiscutible sobre los fabricados en otras poblaciones. Sin embargo, no existían fábricas de importancia, sino simples modestos talleres en las casas.

    "No faltan personas convencidas de que las aguas de la Alberca poseen otras mil virtudes curativas, a cual más prodigiosa, entre ellas la de curar la hidrofobia. El distrito de Valle de Santiago es eminentemente agrícola, fértil y regado convenientemente por las aguas de la laguna de Yuririra. Produce cereales, legumbres, cacahuates, camotes, uva y hasta caña de azúcar. El clima es templado o con tendencia a ser cálido; domina siempre algo de paludismo, debido a las miasmas que produce el riego abundante de los terrenos, pero en algunos lugares, como en la hacienda de La Compañía, se ha logrado reducirlo a formas benignas, con la plantación de muchos eucaliptos. La ciudad estaba dotada de alumbrado eléctrico pero no de agua potable entubada ni de drenaje, y tampoco los pozos artesianos habían dado hasta entonces resultados satisfacotrios. Había una bonita plaza con jardín, y un teatro bastante regular, dada la importancia de la población que cuenta solamente con 12 000 habitantes, de los cuales el diez por ciento frecuentan las escuelas oficiales o las del clero. A unos 36 kilómetros de Valle de Santiago existe una pequeña ciudad de origen antiguo denominada Yuiriria cuyos terrenos a orillas de la laguna homónima son eminentemente fértiles, en toda esa región quedan vestigios de la antigua civilización otomí y con mucha frecuencia se encuentran ídolos y objetos de barro cocido, fabricados por los primeros habitantes

    La población se muestra afable y cortés también con los extranjeros y se nota una mayor franqueza y cordialidad que en otros centros. El viaje de Valle de Santiago a Empalme de González en donde debíamos cambiar de tren para ir a San Miguel de Allende fue desastroso por las continuas paradas y maniobras. salimos a las tres de la tarde para llegar a Empalme a las nueve y media de la noche, habiendo solamente 50 kilómetros de distancia. A las dos de la madrugada tuvimos que abandonar la cama para tomar el tren para San Miguel a donde llegamos dos horas y media después, cansados y soñolientos". (2)

Fuentes:

1.- Rionda Arreguín, Isauro. Testimonios sobre Guanajuato. Nuestra Cultura. Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 1989. pp. 151-152

2.- Dollero, Adolfo. Méxco al día. Impresiones y notas de viaje. Librería de la Viuda de Bouret. México, 1911. pp.545-550

viernes, 18 de julio de 2014

Giacomo Constantino Beltrami, su paso por Salamanca, 18 de diciembre de 1824.

   Fueron varios, muchos más de los que imaginamos, los viajeros europeos que pasaron por Salamanca en el siglo XIX, de ellos hubo uno que merece atención especial en sus relatos pues nos ofrece ciertos detalles de lo que era la vida cotidiana en la región. No esperemos encontrar allí descripciones fastuosas sobre la villa de Salamanca, sino ligeros esbozos que, al analizarlos, nos damos idea de cómo transcurrían los días por Salamanca, en este caso en 1824. Para ubicarnos en el tiempo, en México se había proclamado el primer Presidente de la República, Guadalupe Victoria, apenas el 10 de octubre de ese año. Beltrami desembarcó en Tampico el 14 de mayo, el recorrido que hace es largo, llegando hasta Tequila, en su punto más occidental, de allí enfila hacia Guadalajara, los Altos de Jalisco para luego entrar en el Bajío según lo podemos ver en este mapa del sito Arrieros.

   Nacido en Bérgamo, Italia, en el año de 1779. Estudió en su patria durante su juventud, llegando a dominar la práctica de algunos idiomas, entre ellos el francés; además de tener conocimientos de geografía, historia, matemáticas, física, química, etc. Desde muy joven viajó por varias partes de Europa. En 1823 recorrió parte de los Estados Unidos de América, donde descubrió las fuentes mayores del río Misisipí en Minnesota, mismas que desde 1868 llevan su nombre. En el mismo año de 1823 se trasladó a México por la vía marítima. Desembarcando en Tampico. De ahí pasó, sucesivamente, por San Luis Potosí, Guadalajara, León, Guanajuato, Celaya, Querétaro, San Juan del Río, ciudad de México, Puebla, Talxcala y Veracruz, en donde se embarcó para trasladarse a Europa.

    Beltrami estuvo en territorio guanajuatense hacia los últimos  días de 1824, primero en León, luego en Guanajuato (del 7 al 18 de diciembre) y finalmente en Celaya del 21 al 27 del mismo mes. En sus once días de estancia en la ciudad de Guanajuato, pudo apreciar los destrozos que había dejado la revolución de Independencia en la riqueza minera, la gran decadencia en que ésta se encontraba, los pocos habitantes que quedaban en la ciudad y la penuria de los mismos. Así como también la instalación y primeros trabajos de las dos compañías inglesas que por iniciativa del ministro de Relaciones Exteriores de la nación,don Lucas Alamán, estaban tratando de rehabilitar la minería local.

   Como resultado de su estancia en México escribió un libro en forma epistolar; editado en Francia en 1830, en dos tomos, con el título: Le Mexique. Europeo moderno, de sus tiempos, es un liberal por los cuatro costados, deslumbrado por la filosofía política de su momento, amante de las democracias, condenador de las monarquías absolutas o moderada, y por lo tanto de la iglesia católica, que creía vehículo de sujeción de los pueblos a los nefastos monarcas. Como muchos otros liberales de esa época odiaba al Estado español, porque representaba lo contrario a sus ideales sociales; en consecuencia su libro es una constante crítica a las instituciones, costumbres, usos, leyes y demás creaciones españolas, escrito con "ameno estilo y agudas observaciones". Beltrami murió en 1855 en Filottrano, Italia. (1)

   El paso de Beltrami se da el 18 de diciembre de 1824, era un sábado, dice que cruzo por el "vallecillo" de Marfil, esto nos indica que enfiló por la vía corta y que cuatro millas antes de llegar a Salamanca dobló en dirección oriente, esto nos indica que luego de pasar por Temascatío siguió por el camino que pasa por la que era la Hacienda de Cruces, esas "cuatro millas antes" debió haber sido el camino que ahora está convertido en el "canal de Sardinas", menciona haber estado en un pueblode indios, de nombre San Juan, por las referencias que da del río, indudablemente que se refiere al hoy barrio de San Juan de la Presa y a lo que conocemos por Adjuntas, que es el sito en donde el Laja descarga sus aguas en el Lerma. Menciona de una hacienda en ruinas a mitad de camino, quizá sea la del Molino de Sarabia. Todo indica que cuatro noches, las del 18 al 21 las durmió entre Guanajuato y Celaya, hay la posibilidad de que hay dormido en el único mesón que había por el rumbo norte de Salamanca: el de Temascatío pero él no lo afirma. Igual pudo haberse quedado en la hacienda de Doña Rosa o en el Molino de Sarabia, pero no lo sabemos, lo que sí, es que las condiciones imperantes en esa parte, en términos de alojamiento eran malas, apenas habían pasado 3 años de la Consumación de la Independencia y, recordamos, muchas de las haciendas del Bajío habían sido quemadas durante el movimiento de insurrección. 

   Hay algo sumamente curioso en su texto, dice de una "virgen taumaturga", creo se refiere a la del Socorro pues la ubica en el templo del convento agustino y menciona de su desaparición usando una metáfora por demás sabrosa: "todo lo que entra por la puerta del templo, sale ordinariamente por la puerta del convento". Ese último día de su paso por el rumbo de Salamanca enferma, al llegar a Celaya su remedio es una "èmètique", eso no es otra cosa que un vomito inducido.

   "Partí de esta capital el 18 de diciembre, con armas y equipajes, es decir, todas las piedras qeu dos mulas podían llevar; las otras, las envié por medio de los arrieros. Vos sabéis que Guanajuato es la capital del Estado del mismo nombre; su Congreso sigue también la verdadera línea del interés del país. Y he visto ahí instalar la Corte de Justicia y todo marchará bien, si los mexicanos saben evitar, por un acuerdo nacional los ardides de aquellos que tratan todavía de desunoirlos para condciurles de nuevo a la anarquía y al abasallamiento.

   Se sale de Guanajuato por el mismo vallecillo por donde se entró, por el vallecillo de Marfil. Yo tomé al sur el camino que conduce a Salamanca, que no vi más que de lejos; ya que ha 4 millas de esta ciudad di vuelta al este sobre el camino que conduce a Celaya. Hice alto en una hacienda en ruinas, a mitad de camino más o menos entre Celaya y Salamanca.

   Salamanca, de nombre célebre en España por su universidad, es la provincia del Bajío, una de las más ricas ciudades de México por la fertilidad de su suelo. Se me ha dicho que los Agustinos están ahí soberanamente establecidos, y que su iglesia, que es magnífica, poseía un tesoro en piedras preciosas, consagradas a una virgen taumaturga; pero los monjes, temiendo que ella no tuviese el poder milagroso de librarlos de la revolución, han juzgado a propósito de hacerlas desaparecer. Hoy, que todo está tranquilo, se podrían regresar a la virgen; pero todo el mundo sabe que todo lo que entra por la puerta del templo, sale ordinariamente por la puerta del convento, y seguido no regresa más. Dios sabe cuantas otras vírgenes sobrinas se engalanan ahora con esas pedrerías. Salamanca está al rededor de 36 millas de Guanajuato, directamente al sur.

   Fui al poblado de San Juan, habitado por aborígenes. Es después de este poblado, que las aguas que vimos escurrir de lo alto de la cordillera de las Escalieras, vienen a mezclarse, bajo el nombre de Laja, a otras que escurren de las cordilleras de Toluca, al sur, bajo el nombre de Lerma; y, juntándose ambas, toman el nombre de río Grande, o río de Santiago. Según la dirección del curso de estos dos ríos, nuestras fuentes serían entonces las fuentes orientales del río Grande y las del Lerma, sus fuentes meridionales; esto es lo que creo haberos indicado ya. Este lugar interesante está 8 millas, este, de Salamanca, donde el río comienza a llevar el nombre, nuevamente adquirido; y a 15 millas, oeste, de Celaya. Las aguas del río Grande llevan las riquezas de la irrigación a todas esas comarcas, desde el punto de unión que venimos de hacer notar, hasta su entrada en la laguna de Chapala.

   Desde hacía algunos días yo sentía estremecimientos que me anunciaban la aproximación de alguna crisis febril, en consecuencia de una fuerte constipación, atrapada bajo una lluvia con nieve sobre las montañas de Santa Rosa. Esta crisis se desarrolló en la mañana del 21, sobre el camino de San Juan a Celaya, y con tal violencia que no me fue posible sostenerme a caballo. Estuve obligado, durante el fuerte acceso, de tomar las sombra de un árbol por hospital; sin embargo, llegué en la tarde a Celaya. Estaba rendido, pero un buen "émetiqué", una buena purga y la quina me restablecieron bastante rápido a mi vigor natural. (2)

   El final del relato de su paso por Salamanca, me recuerda el de otro personaje que, también por aquí enfermó, me refiero al Emperador Maximiliano. Y para terminar me sorprendo con la buena cantidad de referencias que hay de Beltrami en algunos puntos de los Estados Unidos, en cambio por acá, en México, él fue uno más de esos curiosos turistas del siglo XIX que vinieron a maravillarse con nuestro país.

Fuentes:

1.- Rionda Arreguín, Isauro. Testimonios sobre Guanajuato. Gobierno del Estado de Guanajuato. Colección Nuestra Cultura. Guanajuato, 1989. pp. 249-250

2.- Beltrami, Giacomo Constantino. Le Mexique. Crevot, París. 1835. Hay una edición electrónica disponible de toda la obra. Lo relacionado a Salamanca está en el Tomo II, Carta 9. pp. 10-11. Hay una versión en español, esa la puedes ver aquí.

jueves, 17 de julio de 2014

1834: el Federalismo en México y la creación de una leyenda en Salamanca, Guanajuato.

   1957 fue el año en que se tomó esta fotografía, corresponde a la esquina sur-oriente de las calles Obregón con Guerrero. Vemos que en una de las canoas llevan un colchón, eso me recuerda aquella tonadita de moda entonces, en la que se cantaba "pobre gente de Obregón, se quedó sin un colchón..." Pero aquí lo interesante está en lo que se había colocado, año atrás, en 1934, una placa. El local lo ocupaba, cuando se tomó la foto, la tienda de materiales para construcción La Paz, y la placa era la conmemorativa al primer centenario del nacimiento de Emetaria Valencia, fueron los ex alumnos de las escuelas que ella patrocinaba en Celaya, los que vinieron a colocar la placa en la que había sido casa de la familia Valencia Martínez, seguramente allí se encontraba la tienda en donde, se dice, don Patricio Valencia vendía los cigarros que fabricaba con el tabaco que compraba en Veracruz. Esa casa sería el escenario de unos acontecimientos que, al no estar debidamente documentados, los podemos clasificar como leyenda, una más en torno al origen de la fortuna de sus residentes que se volverían unos de los primeros industriales del estado de Guanajuato y uno de los primeros ricos del siglo XIX en Salamanca. Quien rescató este relato fue alguien que conocí y con quien mantuve largas e interesantes charlas: María Guadalupe Aguinaco.

 Realidad y misterio en torno a la fortuna de la familia Valencia.

   Allá por el año de 1833, en que el general Arista se pronunció y ocupaba la ciudad de Guanajuato, cuando el cólera grande, cientos de soldados cruzaban la ciudad de Salamanca. El convento de los agustinos se vio invadido por tropas y más bien se convirtió en hospital de las mismas. Dichas tropas eran del General y Presidente López de Santa Anna que iban precisamente al general Arista. "El mismo provincial estuvo a punto de ser una víctima del cólera, pues contrajo la enfermedad por contagio en el convento de Salamanca donde perecieron como dos mil soldados en sus claustros, tuvo él, con los demás padres que conferir a los moribundos los últimos auxilios espirituales y no se escapó a la enfermedad, pero sí milagrosamente de la muerte. Esto dice fray Angel Gasca y añade: "Fray José Marocho, pintó y frisó todo el claustro del primero y segundo patio, todo el antecoro, dormitorio y sacristía, de su propia mano y pincel para desinfectar todo el Convento del cólera morbus, de que estaba infestado con el ejército de seis mil hombres en la guerra contra Arista en el año de 1833".

   Pues bien, en ese tan citado año se llegaron a la casa del Padre Valencia, en la antigua calle de Carreras (hoy esquina de Guerrero y Obregón), un militar y seis soldados, preguntaron por don Guadalupe Valencia, entonces el capellán del templo del Santuario de Guadalupe. Sin más se metieron a la casa, de inmediato se presentó el capellán y el jefe del pelotón se dirigió al padre: "me han dicho que es usted persona honorable en quien puedo confiar. Voy de paso por este lugar, llevo mucha prisa. Urgeme dejar esto, y ante el asombro del padre, abrió un enorme cajón que los solados habían dejado en el suelo al llegar. Contenía el cajón ¿dinero? ¿oro? ¿alhajas? Nadie lo supo. Solamente el militar agregó: "Lo dejo a su custodia por un año. En esta fecha, si al cabo del año no regreso por él, todo es suyo". A una señal del jefe los soldados cavaron apresuradamente, enterraron el cajón y salieron.

   La sorpresa dejó al padre azorado. No lo podía creer. Sin embargo era verdad. Todo sucedió en un santiamén.

   La familia Valencia se hacía vivir de un pequeño taller de telares de mano, que tenían en su casa de la calle de Carreras. Contaba la familia con las siguientes personas: Doña Tecla, el Padre don Guadalupe, Don Patricio y doña Tula.

   Las consejas aseguran que el militar que visitó al padre don Guadalupe, no regresó al cumplirse el año que se impuso como plazo. Que doña Tecla y los demás hermanos convencieron al padre que sacara el tesoro después de seis años. Que el padre lo compartió con ellos equitativamente y que la industria de la familia Valencia prosperó.

   Hacia el año de 1840, doña Tecla hizo traer de Inglaterra la maquinaria de vapor y los telares que instaló en su propia casa (donde hoy se encuentra el teatro Juan Valle en la calle de Guerrero). Después en 1845 adquirió propiedades donde hoy se encuentra la fábrica de la Reforma en Salvatierra; y al casarse doña Tula con un señor de ese lugar, cambió la fábrica de Salamanca para Salvatierra.

   Doña Tula convirtió el edificio de Salamanca en Hospicio de pobres, dotándolo de lo necesario, cuyo establecimiento fue inaugurado por el Gobernador don Manuel Doblado.

   Don Patricio construyó su casa en la hoy esquina de Hidalgo y Zaragoza, encomendando la obra a don Francisco Eduardo Tresguerras, el tan discutido arquitecto de origen celayense.

   Don Patricio fue el padre de doña Emeteria Valencia. Ella fue benefactora insigne, fundadora y protectora de asilos y establecimientos de enseñanza en Salamanca, Celaya, Salvatierra, San Miguel de Allende, Soria, Etc. Casó con un empleado de su padre, el español don Eusebio González. Hábil hombre de negocios éste fue quien fundó las fábricas de hilados y tejidos en las ciudades donde su fundaba su cónyuge los asilos y escuelas.

   En el primer centenario de su natalicio, 2 de marzo de 1934, Celaya y los exalumnos de las escuelas de beneficencia colocaron una placa en el exterior de la casa donde nació doña Emeteria aquí en Salamanca, en dicha esquina sureste de las actuales calles de Obregón y Guerrero. La placa ya no está en su lugar. (1)

   Me parece muy interesante el relato que nos hereda Lupita Aguinaco, habrá que analizarlo. Primero, lo establece en 1833, con dos personajes centrales, el General Arista y otro general, Santa Anna. Históricamente lo que ocurría entonces en México eran los antecedentes que traerían por consecuencia el Plan de Cuernavaca, este plan se proclamó el 25 de mayo de 1834, pues ya desde  "1833 la iglesia se convirtió en el blanco de los ataques de los Liberales radicales, quienes cuestionaban el derecho que tenía el clero para poseer propiedades. (...) El 5 de junio se alzó Mariano Arista con el ejército que se le encomendó para batir a Durán. Su pronunciamiento iba en contra de las disposiciones del Congreso general y a favor de los fueros del clero y del ejército. Arista, incluso, criticó severamente al federalismo". (2)

   Vemos en la imagen el "cascarón" del que fuera Teatro Juan Valle, construido en el terreno en donde estuvieron, en algún momento, los telares de los Valencia. Otro punto, dentro de lo que podemos referir en un momento histórico, en lo local, nos lo ubica, con claridad, Rojas Garcidueñas: "A mediados del año de 1833 llegó a Salamanca la epidemia de cholera morbus que desde meses antes estaba asolando gran parte del país; en todo el Estado de Guanajuato fue terrible, en varios lugares tuvieron que destinarse, con premura, campos o lugares para nuevos cementerios porque lo existentes, que generalmente eran los atrios, pequeños o grandes, de las iglesias, no bastaban para el diario número de inhumaciones, y también se comprendió la inconveniencia de dar sepultura dentro de las poblaciones a tantas víctimas de una enfermedad notoriamente contagiosa. Por si fuese poco, sucedió que en Salamanca estaba un fuerte núcleo del ejército del general Santa Anna, que iba atacar en Guanajuato el movimiento rebelde del general Arista, la epidemia casi acabó con los soldados detenidos en Salamanca". (3) 

   Y ahora, lo que vemos, son las ruinas de la casa que funcionara como "Recogidas", levantada también en la que fuera propiedad de los Valencia y, en la misma obra de Rojas Garcidueñas, leemos más adelante una cita de Guillermo Prieto: "Fue en esa misma época, cuando estuvieron alternándose en la Presidencia de la República Valentín Gómez Farías y Antonio López de Santa Anna, en los años 1833 y 1834, cuando, como dice Guillermo Prieto: “empezaron a columbrarse ideas de reforma trascendental. Se hizo laica la instrucción pública, se proclamó un plan de estudios progresista y adecuado a las necesidades de la administración; se quitó al clero la coacción civil para el diezmo... medida altamente económico-política; se retiró también la coacción para los votos monásticos, dejando en libertad a los religiosos para que abandonasen los conventos; se reintegró a la nación en sus fueros respecto al Patronato a obispados y beneficios; se suprimieron la Universidad y el Colegio de Santos; se habló, con aplauso, de desamortización eclesiástica, abolición de fueros, etc., etc.; en puna palabra, en 1834 apuntó la reforma de 1857...” (4)

  Esta era la Casa de Recogidas, estaba en la calle Guerrero. Ahora analicemos las fechas que Lupita da, dice que corría el año de 1833, y que aquél personaje que dejó la caja misteriosa le dijo que luego de un año, si no regresaban, la caja sería de su propiedad, y que dejaron pasar prudentemente seis años, es decir, para 1839 o 1840 ellos abrían, hipotéticamente la caja y, lo más seguro, es que allí estaba un verdadero tesoro. Insisto, esto es una hipótesis. Los telares, ya como establecidos como una industria, reportan para 1844 su existencia, luego de (sigo suponiendo) cuatro años de haberse vuelto ricos los Valencia.

   Ahora bien sobre el padre José Guadalupe Valencia no veo que lo haya incluido Pedro González, el más acucioso historiador salmantino, en su obra, especialmente en la que no está firmada por él, pero todo indica su autoría por la estructura de la misma y el manejo de lenguaje, los Apuntes Históricos de Salamanca, que se encuentra en el Archivo Histórico local y que fuera publicada, dicen, en 1995. En cambio, Florentino López Lira lo menciona en su relato Misa Macabra incluido en su Salamanca Legendaria (5), pero esa es un relato solamente que no nos asegura la existencia de José Guadalupe Valencia.

   Al rastrear los documentos de la familia Valencia encontramos que José Ramón Trinidad de Valencia estaba casado con María Decidera Martinez. Tuvieron cuatro hijos: 1.- María Andrea Dolores, nacida el 4 de febrero de 1800, 2.- Patricio, nacido en 1802 y 3.- María Tecla Antonia Benita de Jesús, nacida el 3 de Septiembre de 1803. 4.- María Blasa Andrea, nacida el 4 de febrero de 1808. Me surge la duda si el padre José Guadalupe Valencia era hermano de Tecla y Patricio Valencia Martínez o qué grado de parentesco tenían. ¿Y Tula? ¿Cuál era el nombre completo de Tula?

   En cuanto a las propiedades, se mencionan la de la esquina de las actuales Obregón y Guerrero, en donde está la placa del centenario de Emeteria Valencia, Lupe Aguinaco dice que se llamaba Carretas la calle de Guerrero. Según documentos del Archivo Histórico de Salamanca (6), para 1864, la calle de Obregón tenía, aparentemente, por nombre el de Barroso, había solamente dos casas, una propiedad de Ramón Arredondo, la otra de la testamentaria de Agapito Escamilla. Las propiedades, todas a nombre de Patricio Valencia, estaban en la calles del Ángel (Guerrero) y de Victoria (Victoria); pero son registros de 1864, luego de veinte años, cuando los talleres textiles de De Valencia y Compañía habían sido desmontadas en Salamanca. 

   Y me surge otra duda en lo escrito por Lupe Aguinaco, menciona la casa diseñada por Tresguerras, esa sabemos bien cuál es, la apreciamos en la fotografía, pero más bien la que ellos tenían era en la acera de enfrente, en donde estuvo el cine Rex. 

   Dice el dicho que, "cuando el río suena es porque agua lleva". Y con esta son ya cuatro las versiones que hemos visto de esta cuestionada fortuna: la encontrada en la barranca de Metlac, la encontrada en una cañada (quizá la de Landín) por el rumbo de Santa Cruz de Juventino Rosas, la de una hacienda en Santa Cruz, más próxima a la población y ésta de ese cajón con cosas valiosas. La duda se acrecienta.

   Soy el primero en decir que merecería tener una mejor imagen de Lupe Aguinaco, lamentablemente es la única que dispongo de ella, al escribir este artículo y transcribir lo que ella escribió, recordé su mirada firme, esa que siempre mostraba al hablar de algo que le interesaba, Lupe nos regaló muchos de sus conocimientos, con gusto la recuerdo. De sobra sé que le hubiera gustado hacer una larga disertación sobre este y otros temas netamente salmantinos.

Fuentes:

1.- Aguinaco García, María Guadalupe. Gaceta de la crónica e historia de Salamanca, Gto. No.2. Julio-Agosto de 1986. p.3

2.- Olveda, Jaime. Jalisco y su primera experiencia federalista, 1825-1835. En: Práctica y fracaso del primer federalismo mexicano (1824-1835). Vázquez, Josefina Zoraida. Serrano Ortega, José Antonio. El Colegio de México. México, 2013. Edición electrónica. Sin paginación.

3.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca. Recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa. México, 1982. p.

4.- Prieto, Guillermo. Lecciones de historia patia. Imp. de la Escuela Correccional. México, 1896. p.337, citado por Rojas Garcidueñas en Salamanca. Editorial Porrúa. México 1982. p.

5.- López Lira, Florentino. Salamanca Legendaria. Cuentos y sucedidos. Edición del autor. 1934. pp.35-40

6.- Archivo Histórico de Salamanca. Padrón de los dueños de fincas urbanas en Salamanca. 1º de Diciembre de 1864. Caja: 84. Sección Gobierno.Serie Censos y Padrones. Exp.13