martes, 22 de julio de 2014

Mapa caminero de Salamanca, Guanajuato, en 1863.

    Estamos ante otra auténtica joya de la Cartografía, digo que otra, porque hay un mapa que se publicó dentro del libro del canónigo silaoense, el Dr. J. Guadalupe Romero, en su libro que conocemos como Noticias, recordando que en ese tiempo los títulos de los libros eran bastante extensos. El que ahora localizamos es el que sacó otro canónigo, también del Obispado de Michoacán, el Lic. D. José María Arizaga en 1863. Siendo un mapa levantado por el representante del Obispo, lo hace de lo que era en ese año el territorio de la diócesis Michoacanensis, incluyendo a los estados de Guanajuato, Michoacán y parte de Guerrero.

    Al ver a detalle los caminos que se marcan en ese 1863 que cruzan por Salamanca vemos ese del que siempre hemos hablado, el más conocido de todos, el que venía de Celaya, pasaba por Salamanca y continuaba a Irapuato.

    El otro camino, que conocemos también, es el que va al sur, una vez cruzando el río Lerma, hacia Valle de Santiago, Yuriria, Uriangato, cruzando el lago de Cuitzeo para llegar a Tarímbaro y de allí a Morelia. Ambos caminos de herradura, con el tiempo se volvieron carreteras asfaltadas, incluso hay en la actualidad Autopistas en esas mismas rutas.

   Y lo interesante está aquí, por eso agrando esta parte. Se trata del camino que venía de Salvatierra, pasaba por el lado occidental del cerro del Culiacán, cruzaba el río de La Laja por un punto cercano a Valtierrilla y llegaba a Salamanca, ahora entiendo la razón por la cual Iturbide ponía mucha atención a la Guarnición de Valtierrilla, pues por ahí se daba esa comunicación con la parte sur-este del la Intendencia de Guanajuato. También, ahora entiendo, por que el italiano Adolfo Dollero, cuando hace su viaje por el estado, en 1909, sale de Salvatierra directo a Salamanca.

   El otro camino que partía de Salamanca, el que iba al norte, era el que acortaba la ruta a Guanajuato y, sobre todo, era el que no se inundaba cuando la Charca crecía en tiempos de lluvia. Salía de Salamanca por lo que hoy es la calle de Cazadora, llegaba a Temascatío y continuaba a la hacienda de Burras, de allí a Marfil para llegar al real de minas de Guanajuato.

lunes, 21 de julio de 2014

Las repercusiones del Plan de Cuernavaca en Salamanca, Guanajuato, 1834.

   Sabemos muy bien que la Historia de México en el siglo XIX es el capítulo más complicado que hay para entender dado que fueron muchos los acontecimientos que se dieron. De ellos hemos estudiado, regularmente, tan solo tres: La Independencia (1810-1821), La Reforma (1850-1867), y El Porfiriato (1887-1899), de los "entre años" apenas comenzamos a entender cómo una cosa, un período de los conocidos, fue ligándose con el otro. La villa de Salamanca no estuvo ajena a esos momentos, su posición geográfica la hizo escenario de cada episodio.

   De esa primera "entre parte", vimos hace poco, en relación con ese relato-leyenda de la fortuna de los Valencia, los prósperos textileros salmantinos, relato que nuestra recordada Lupe Aguinaco escribió y que cuenta sobre el padre Guadalupe Valencia que recibió una caja en custodia y que, al no volver los dueños por ella, se lo quedó, según lo estipulado y, para sorpresa de todos, contenía un caudaloso tesoro. Los hechos que relata la leyenda, para darles su entorno histórico, nos llevaron a "descubrir" que el antecedente a las Leyes de Reforma y la prohibición de mantener propiedades por parte del clero sucedió justo antes de ser proclamado el Plan de Cuernavaca, pues el Señor Obispo de la Diócesis de Morelia, (recordemos que Salamanca fue dependiente de esa diócesis desde su creación hasta que Irapuato fue elevado a Diócesis en 2004).

   Fue así como, comenzando el año de 1834 el Obispo Juan Cayetano Gómez de Portugal sale exiliado de México y la sociedad salmantina no esperó para mostrar su inconformidad ante los hechos, aquí el documento:


Manifestación del ayuntamiento de la villa de Salamanca, 8 de mayo 1834

   El ayuntamiento de la villa de Salamanca, ante la notoria justificación de vuestra honorabilidad, entiende faltaría [a] uno de sus principales deberes si no manifestase [a] los padres de la partía el desagrado que existió en los ánimos de los ciudadanos todos de esta villa, la noticia de la expatriación de Ilmo. Sr. obispo de Morelia como un resultado del decreto soberano de 22 de abril último, que ha tenido a bien sancionar la suprema legislatura de la república.

   Estamos, Sr. honorabilísimo, muy distantes de atrevernos a calificar la legitimidad de este augusto decreto, porque la inferioridad de nuestras luces, particularmente en este ramo de jurisprudencia, no nos permite juzgar de unas decisiones que demandan seguramente conocimientos muy vastos en la ciencia de la legislación. Respetamos en este punto las luces y probidad de los supremos poderes que en el día rigen los destinos de nuestra cara partía; pero sí está a nuestro alcance los resultados que en política ha producido en los ánimos, al menos en esta villa, el soberano decreto de que se habla. Hase sobresaltado el pueblo porque cree comprometido el culto católico, cuando ve que el Ilmo. Sr. obispo de Morelia prefiere antes una triste expatriación, que el suscribirlo. Bien sabe esa augusta asamblea que los pueblos, de ordinario, no tienen otro libro en que leer la justicia y bondad de las deliberaciones de sus jefes, que el semblante de estos mismos: y el pueblo de Salamanca mira con consternación divididos los ánimos de nuestros conductores. Si la divergencia de opiniones estribara sobre materias puramente de estado, guardaría una inalterable tranquilidad, porque tal ha sido la conducta de este pueblo en los varios debates que se han sucedido unos a otros en las vicisitudes que ha producido el nuevo orden de cosas, que trajo consigo la independencia nacional, no precisamente por apatía, sino por la inferioridad de nuestros conocimientos; pero en esta vez tenemos mucho, que si los Ilmos. Sres. obispos, conformes con el de Morelia en dictamen, prefieren el destierro al obsequio que demanda el decreto soberano quede una segunda vez sin estos primeros ministros de la iglesia mexicana: y que aun en la suposición que se dividiesen en opiniones los ministros eclesiásticos de inferior jerarquía, no por esto descansarían los ánimos, antes bien tenemos mucho que en el caso se abriría la puerta fatal de la discordia entre hermanos, unidos con los vínculos de sociedad y religión. Mas si identificasen todos los ministros del culto sus ideas en esta materia, y se viesen estrechados a abandonar el patrio suelo para mendigar entre los extranjeros, ¿a que vendría a reducirse el culto que nos han dejado nuestros padres, y que seguramente profesan nuestros conciudadanos que hoy ejercen los supremos poderes de la República?

   Los pueblos de México, no menos idólatras de su libertad que de su religión,¿mirarían con ojo enjuto emigrada una porción de sus conciudadanos a países extraños, o perecer miserablemente en nuestras costas matadoras? ¿Este golpe no arrancaría al menos nuestras lágrimas a innumerables familias con las que están conexionadas por amistad o parentesco? Mas suponiendo aún que los pueblos presenciasen sin interés esta escena, hasta ahora nunca vista en el suelo mexicano, ¿quién puede calcular los males que produciría en el orden social la falta de este poderoso resorte de la religión que nuestra República, más bien que en otro cualquiera punto del globo, es el móvil más activo para hacer entrar a las masas en el orden y subordinación?

   Tales son, Sr. honorabilísimo, las lúgubres, y tal vez muy exactas reflexiones que consternan el ánimo de este pueblo; y por el derecho que tiene de pedir, por ser, aunque minutísima, una parte de la República Mexicana, eleva hoy por nuestra mediación, ante vuestra honorabilidad, esta comedida representación, cuyo objeto es, suplicarle se digne interponer sus altos respetos, por vía de iniciativa, para con los supremos poderes de la unión, a fin que si están acordes con nosotros la mayoría de los pueblos de la República, tenga a bien moderar el referido soberano decreto 22 de abril último, de manera que sin comprometer las opiniones religiosas de los Ilmos. Sres. obispos y demás ministros de nuestro culto, pueda dar lleno al art. 3 de la constitución general, y así se salvarán estos grandes intereses.

En cuyos términos.

A vuestra honorabilidad suplicamos rendidamente, defiera anuente a nuestra solicitud, que es justicia.

Salamanca, mayo de 8 de 1834.


Acta de adhesión de la villa de Salamanca, 13 de junio de 1834

   En la villa de Salamanca, a los trece días del mes de junio de mil ochocientos treinta y cuatro: reunidos en sesión extraordinaria los ciudadanos presidente Francisco García Valle, regidor primero Andrés Santa Ana, tercero Crecencio Rodríguez, cuarto Eligio de la Punte, quinto Vicente Oviedo, sexto Miguel Valencia, procurador primero José Pío V. Olvera, segundo Nicolás García Basurto, y secretario Andrés Arredondo, se procedió a la lectura de la circular de nueve del corriente, en que expresando el supremo gobierno que desea saber la opinión de los pueblos acerca de los decretos y disposiciones expedidos por las cámaras, que han motivado las agitaciones de la República, les invita a que se la manifiesten francamente; y en consecuencia, este ilustre ayuntamiento, penetrado de los más sinceros sentimientos, declara, de común acuerdo, que su sentir es el mismo que ha publicado el pueblo de Cuernavaca, en su plan de veinticinco de mayo último, al cual se adhiere en todas sus partes, respecto a que lo halla conforme al sostén de la religión católica apostólica romana, y al remedio de otros males políticos que sufren, acordándose al mismo tiempo se participe al Excmo. Sr. general presidente D. Antonio López de Santa Anna, y al Excmo. Sr. D. Luis Cortázar. Y remitidos en esta sala capitular consecutivamente el reverendo padre prior del convento de S. Agustín, el Sr. cura párroco con su clero, el comandante de la milicia cívica de infantería con su oficialidad, el de caballería, los Sres. administradores de rentas, correos y diezmos, y todo el vecindario de suposición, se impusieron de la deliberación presente; y habiendo precedido la lectura del mencionado Plan de Cuernavaca, se adhirieron a él unísonos con este ilustre cuerpo entre el más ardiente entusiasmo, dando fin los votos de esta asamblea con un fervoroso tedeum, entonado en la iglesia parroquial, a donde se condujo en un cuerpo.

Francisco García Valle
Andrés Arredondo, secretario

Fuente:

Ambos documentos los obtuve del sito electrónico de la University of St. Andrews en Escocia. En el proyecto: The Pronunciamiento in Independent Mexico 1821 - 1876. El primer documento fue elaborado por: Josefina Z. Vázquez/Planes y Documentos, 1834, Archivo Histórico del Colegio de México, Caja 9. Transcribed by Germán Martínez Martínez and Revised by Will Fowler. El segundo: AHSDN: XI/481.3/1040, f. 2. Also in Josefina Zoraida Vázquez (ed.),/Planes en la nación mexicana. Libro dos. 1831-1834/(Mexico City: SRE/El Colegio de México, 1987), p. 286. Transcribed by Natasha Picôt and Revised by Will Fowler. Original document double-checked by Germán Martínez Martínez on 07/03/2009. Colección Josefina Z. Vázquez/Planes y Documentos, 1834, Archivo Histórico del Colegio de México, Caja 9.


sábado, 19 de julio de 2014

México al día: La visión de Salvatierra, Salamanca y Valle de Santiago que tuvo el italiano Adolfo Dollero en 1907.

   Hace pocos años, en 2010, supe de un libro que se publicó, como tantos otros, durante el gobierno de Porfirio Díaz en el que un viajero italiano recorría el país tomando notas que luego se convirtió en libo. Libro patrocinado por el Señor Presidente en el que se daban a conocer algunos detalles de la vida en México con la intención de promocionar al país entre los inversionistas extranjeros. Hubo, al finalizar el siglo XIX y comenzar el XX, un escritor estadounidense, de San Francisco, que publicó varios volúmenes de una interesante revista o, en todo caso libro-revista que llevaba por nombre el de "Ilustrado", es decir, Yucatán Ilustrado, México Ilustrado, Baja California Ilustrado, etcétera. Él fue John Reginal Southworth. Hubo otros autores que difundieron no solo las bellezas del país sino sus riquezas y sus infinitas posibilidades de inversión. Domenech, un catalán, algunos otros norteamericanos, en fin, la lista de autores creo es larga.

    El caso de Adolfo Dollero se vuelve interesante porque él, siendo un curioso italiano, como muchos de aquel país lo son, dio una visión ligeramente distinta a la que ingleses y norteamericanos daban de México. El recorrido que hace es exhaustivo, fueron varios meses, todos ellos en tren, que recorrió buena parte del país. Hacer una compilación de toda la ruta es cosa difícil, lo que nos interesa saber es lo que vio en Guanajuato y, más específicamente, el rumbo de Salamanca. Es por eso que transcribo todo el capitulo relativo a la parte de su recorrido que realiza, llegando por Acámabaro, luego de haber recorrido buena parte del estado de Michoacán, continúa por Salvatierra, luego a Salamanca y Valle de Santiago.Seguirá luego por más poblaciones del estado de Guanajuato.

   Adolfo Dollero es un visitante más que se sorprende con la belleza de San Agustín pero hace referencia al fuerte contraste, no del todo agradable, entre el barroco de los retablos y el neoclásico del altar mayor. Menciona a la Penitenciaría y otra de las cosas, que todos los viajeros siempre notan: la producción de sarapes, mantas y guantes de gamuza. Finalmente hace un comentario, en tono de lamentella, sobre el servicio ferrocarrilero, me parece un testimonio que hay que resaltar ya que es el primero que leo en donde se habla de la desaparecida ruta entre Valle de Santiago y el Empalme de González, dicho de otro modo, Dollero usó los servicios de la Burra, no solo de Valle a Salamanca, sino que siguió todo el tramo norte, pasando por Cerrogordo, luego cerca de Santa Cruz, Roque, San Juan de la Vega, para llegar al ahora Empalme Escobedo. Y algo más, una mera curiosidad, ya que menciona al referirse a Salvatierra a dos personajes, ambos tuvieron sus intereses en Salamanca, tanto Eusebio González, como los Argomedo, pero ambos moverían sus capitales a Salvatierra. Veamos primero una introducción que hace don Isauro Rionda sobre el viajero italiano:

   "Noble italiano que vino a México en 1907, en compañía de dos compatriotas: el ingeniero Armando Bornetti y el doctor en química Arturo Vaneresson. Todos conocedores de mineralogía, botánica, medicina, química, etc. Entraron a México en ferrocarril por la frontera del norte, ya que venían de Nueva York, a donde habían llegado en barco desde Europa. Bornetti ya conocía la República, pues había estado aquí en los años 1896-98. Permanecieron varios meses en la capital nacional. En 1908, 1909 y 1910, hicieron un viaje por el interior mexicano; visitando (entre otras) las ciudades de San Juan del Río, Querétaro, Guanajuato, Celaya, Irapuato, Pénjamo, Silao, León, Lagos, Aguascalientes, San Luis Potsí, Valles, Tampico, Victoria, Río Verde, Zacatecas, Jerez, Fresnillo, Torreón, Saltillo, Monterrey, Montemorelos, Parras, Durango, Gómez Palacio, Parral, Chihuahua, Nogales, Cananea, Hermosillo, Guaymas, La Paz, Culiacán, Acámbaro, Salvatierra, Salamanca, Valle de Santiago, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Luis de la Paz, etc.


    En la ciudad de Guanajuato estuvieron en Septiembre de 1908, y en los demás lugares del estado en 1909. Después de despedirse del presidente Porfirio Díaz abandonaron la capital, y el 12 de agosto de 1910 salieron en barco desde Veracruz con rumbo a Europa. De este largo viaje Dollero hizo un libro que tituló: México al día, del que se imprimieron cinco ediciones: en español, italiano, francés, inglés y alemán: todas en París en 1911. Tal parece que estas ediciones fueron pagadas por el gobierno mexicano de ese tiempo, pues toda la obra es una constante alabanza al régimen, a sus funcionarios, a sus logros, a las compañías que estaban en México, etcétera. Actitud bastante frecuente durante el Porfiriato". (1) Dollero sale de Acámbaro y llega a Salvatierra:

    "Al día siguientes salimos para Salvatierra... Salvatierra tiene unos doce mil habitantes y está situada a 1448 metros de altura. Es la cabecera de un distrito prodigiosamente fértil y casi todos los terrenos producen cosechas tales que despiertan la admiración. Visitamos una parte de la hacienda de San José del Carmen del rico agricultor don Manuel Llamosa, quien puso a nuestra disposición un tranvía de su propiedad particular, en el cual nos fuimos a la finca, distante unos nueve kilómetros de la ciudad. Para tener una idea de estas inmensas haciendas mexicanas, baste decir que la del señor Llamosa, que es de las mejores, sin ser de las más extensas, mide unas 20 000 hectáreas. Al tiempo de nuestra visita trabajaban en ella unos 2000 indígenas, parte de ellos ocupados en la extracción de los cacahuates y camotes, parte recogiendo las mazorcas del maíz y otros surcando los extensísimos campos con 500 yuntas de bueyes que eran substituidas por otras tantas, después de una media jornada de trabajo.

   "El jornal era solamente de 30 centavos diario. El señor Llamosa nos daba informes acerca de las condiciones agrícolas de ese excepcional distrito, en donde la caña de azúcar se desarrollaba junto a los campos de trigo, caso raro que observamos por primera vez desde que viajábamos por México. El cacahuate se cultiva allí en gran escala, así como el trigo, el maíz, los chiles, los camotes, la caña de azúcar y los garbanzos. Se cultivan también los frijoles, pero en pequeña escala. El distrito de Salvatierra produce una cosecha total que supera un millón de pesos al año. Nos aseguraba el señor Llamosa que en un año bueno, el maíz produce como el 200 por uno y el 70 y 80 en un año poco favorable. El riego está en uso, casi todos los hacendados disfrutan desde el tiempo colonial de concesiones para aprovechar las aguas del río Lerma. En la hacienda de San José del Carmen, existían dos grandes presas para las aguas llovedizas y la del Lerma; una que debía contener un 1 600 000 metros cúbicos de agua no estaba aun concluida; la otra contenía 1 800 000 metros cúbicos. Salvatieerra es una ciudad muy simpática; está dotada de alumbrado eléctrico, de drenaje de sistema antiguo, de agua entubada, pero lodosa e inservible porque proviene del río. Los habitantes beben generalmente la de los manantiales de la Angostura y de Urireo, de donde la traen a lomo de burros. En la municipalidad de Pejo hay minas de plata, cuyos resultados han sido escasos, debido a su baja ley y a las difíciles vías de comunicación.

    En Salvatierra existía un hospital, pero algo deficiente por no disponer de los fondos necesarios para sostenerlo bien. La instrucción pública estaba reducida a las clases elementales inferiores. Hay varias industrias, entre ellas ante todas la fábrica de la Casa Eusebio González S en C  La Reforma, que dispone de unos 760 caballos de fuerza hidráulica, eléctrica y de vapor y cuenta con 15 000 husos y 100 telares. La fábrica está bien montada y produce buena manta, moviendo con esa misma fuerza otras dos de tejidos de lana y algodón que pertenecen a la misma Casa González. Sigue la Fábrica de San Isidro Batanes de los hijos de Argomedo, propietarios también de la planta eléctrica que proporciona el alumbrado a la ciudad. San Isidro es más chica pero es una fábrica también provista de máquinas inglesas y produce asimismo manta de buena calidad. Dispone de fuerza eléctrica y de vapor, y podría proporcionar fuerza motriz suficiente para otras nuevas industrias. Del Palacio Municipal, un regular edificio, se contempla un panorama bellísimo; muy lejos, en medio de la bruma se puede ver Tarimoro, otro distrito eminentemente agrícola, que pertenece también al estado Guanajuato.  Nos quedamos en Salvatierra dos días y en seguida nos dirigimos a Salamanca, ciudad de unos 15 000 habitantes y muy inmediata a la primera.

    Habíamos vuelto a subir 250 metros aproximadamente. También el distrito de Salamanca es agrícola, pero el agua escasea. El río Lerma lo atraviesa igualmente, pero los propietarios no han podido obtener del Gobierno concesiones de agua, estando a los informes que nos proporcionó la autoridad local. Tampoco los pozos artesianos han dado buen resultado, uno exceptuando que producía muy poca agua a pesar de sus 500 metros de profundidad. Sin embargo de que no hubiera ni drenaje ni servicio de agua potable, las tablas demográficas no acusaban una mortandad elevada, debido a la bondad del clima. Hay un hospital, no a la altura de los tiempos modernos y una buena penitenciaría formada con parte del antiguo convento de San Agustín, del cual visitamos la iglesia, cuya parte interior es digna de ser mencionada. En esa iglesia que fue construida en 1603, hay varios grandes altares de madera esculpida, con una variedad extraordinaria de ornatos cubiertos de una capa de finísimo oro. Son arabescos, cúpulas, cupulitas, coronas, ménsulas con estatuas de madera que representan la vida de Santa Rita de Casia y de la Santa Virgen, todo acabado con una admirable perfección de grabado y con la grandiosidad propia de esos tiempos, cuando se obsequiaban a los templos las riquezas, con una generosidad desmedida. Hay también balaustradas de bronce macizo, un magnifico púlpito con trabajos de mosaicos finos y mil otras cosas antiguas con las cuales, a mi parecer, está reñida la decoración moderna de las naves y el hermoso altar mayor, elegante pero sencillo, que contrasta con la magnificencia casi medieval de los demás altares a los cuales me he referido.

   Existe en Salamanca un buen edificio escolar para la instrucción elemental, pero el número de los alumnos no es como pudiera creerse, dada la importancia de ese plantel. La clase trabajadora de Salamanca no solo se dedica a las faenas del campo, sino que fabrica a domicilio tejidos corrientes, sarapes sobre telares antiguos, zapatos, rebozos y guantes de gamuza. El hotel donde estábamos alojados era regular. Valle de Santiago que visitamos después de Salamanca se eleva a unos 1,716 metros sobre el nivel del mar en una zona volcánica que ha sido ya estudiada y descrita por más de un geólogo. Los 14 cráteres visibles muy fácilmente, están todos apagados hoy día y algunos contienen agua: entre ellos el cráter denominado Alberca cuyo diámetro a la simple vista se juzgaría de 300 metros aproximadamente. Ostenta la forma de una cuenca cortada a pique; cuando trocamos el agua que contenía nos pareció fría, a pesar de la aserción de personas del lugar quienes aseguran que está tibia en algunos puntos, cosa no imposible si se tiene en cuenta la naturaleza volcánica del suelo. Los rebozos forman la especialidad de Valle de Santiago; muchos indígenas los remojaban en esas aguas alcalinas, asegurando que con esa operación las tintas ya no sufrían alteraciones, lo que les daba precisamente una superioridad indiscutible sobre los fabricados en otras poblaciones. Sin embargo, no existían fábricas de importancia, sino simples modestos talleres en las casas.

    "No faltan personas convencidas de que las aguas de la Alberca poseen otras mil virtudes curativas, a cual más prodigiosa, entre ellas la de curar la hidrofobia. El distrito de Valle de Santiago es eminentemente agrícola, fértil y regado convenientemente por las aguas de la laguna de Yuririra. Produce cereales, legumbres, cacahuates, camotes, uva y hasta caña de azúcar. El clima es templado o con tendencia a ser cálido; domina siempre algo de paludismo, debido a las miasmas que produce el riego abundante de los terrenos, pero en algunos lugares, como en la hacienda de La Compañía, se ha logrado reducirlo a formas benignas, con la plantación de muchos eucaliptos. La ciudad estaba dotada de alumbrado eléctrico pero no de agua potable entubada ni de drenaje, y tampoco los pozos artesianos habían dado hasta entonces resultados satisfacotrios. Había una bonita plaza con jardín, y un teatro bastante regular, dada la importancia de la población que cuenta solamente con 12 000 habitantes, de los cuales el diez por ciento frecuentan las escuelas oficiales o las del clero. A unos 36 kilómetros de Valle de Santiago existe una pequeña ciudad de origen antiguo denominada Yuiriria cuyos terrenos a orillas de la laguna homónima son eminentemente fértiles, en toda esa región quedan vestigios de la antigua civilización otomí y con mucha frecuencia se encuentran ídolos y objetos de barro cocido, fabricados por los primeros habitantes

    La población se muestra afable y cortés también con los extranjeros y se nota una mayor franqueza y cordialidad que en otros centros. El viaje de Valle de Santiago a Empalme de González en donde debíamos cambiar de tren para ir a San Miguel de Allende fue desastroso por las continuas paradas y maniobras. salimos a las tres de la tarde para llegar a Empalme a las nueve y media de la noche, habiendo solamente 50 kilómetros de distancia. A las dos de la madrugada tuvimos que abandonar la cama para tomar el tren para San Miguel a donde llegamos dos horas y media después, cansados y soñolientos". (2)

Fuentes:

1.- Rionda Arreguín, Isauro. Testimonios sobre Guanajuato. Nuestra Cultura. Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 1989. pp. 151-152

2.- Dollero, Adolfo. Méxco al día. Impresiones y notas de viaje. Librería de la Viuda de Bouret. México, 1911. pp.545-550

viernes, 18 de julio de 2014

Giacomo Constantino Beltrami, su paso por Salamanca, 18 de diciembre de 1824.

   Fueron varios, muchos más de los que imaginamos, los viajeros europeos que pasaron por Salamanca en el siglo XIX, de ellos hubo uno que merece atención especial en sus relatos pues nos ofrece ciertos detalles de lo que era la vida cotidiana en la región. No esperemos encontrar allí descripciones fastuosas sobre la villa de Salamanca, sino ligeros esbozos que, al analizarlos, nos damos idea de cómo transcurrían los días por Salamanca, en este caso en 1824. Para ubicarnos en el tiempo, en México se había proclamado el primer Presidente de la República, Guadalupe Victoria, apenas el 10 de octubre de ese año. Beltrami desembarcó en Tampico el 14 de mayo, el recorrido que hace es largo, llegando hasta Tequila, en su punto más occidental, de allí enfila hacia Guadalajara, los Altos de Jalisco para luego entrar en el Bajío según lo podemos ver en este mapa del sito Arrieros.

   Nacido en Bérgamo, Italia, en el año de 1779. Estudió en su patria durante su juventud, llegando a dominar la práctica de algunos idiomas, entre ellos el francés; además de tener conocimientos de geografía, historia, matemáticas, física, química, etc. Desde muy joven viajó por varias partes de Europa. En 1823 recorrió parte de los Estados Unidos de América, donde descubrió las fuentes mayores del río Misisipí en Minnesota, mismas que desde 1868 llevan su nombre. En el mismo año de 1823 se trasladó a México por la vía marítima. Desembarcando en Tampico. De ahí pasó, sucesivamente, por San Luis Potosí, Guadalajara, León, Guanajuato, Celaya, Querétaro, San Juan del Río, ciudad de México, Puebla, Talxcala y Veracruz, en donde se embarcó para trasladarse a Europa.

    Beltrami estuvo en territorio guanajuatense hacia los últimos  días de 1824, primero en León, luego en Guanajuato (del 7 al 18 de diciembre) y finalmente en Celaya del 21 al 27 del mismo mes. En sus once días de estancia en la ciudad de Guanajuato, pudo apreciar los destrozos que había dejado la revolución de Independencia en la riqueza minera, la gran decadencia en que ésta se encontraba, los pocos habitantes que quedaban en la ciudad y la penuria de los mismos. Así como también la instalación y primeros trabajos de las dos compañías inglesas que por iniciativa del ministro de Relaciones Exteriores de la nación,don Lucas Alamán, estaban tratando de rehabilitar la minería local.

   Como resultado de su estancia en México escribió un libro en forma epistolar; editado en Francia en 1830, en dos tomos, con el título: Le Mexique. Europeo moderno, de sus tiempos, es un liberal por los cuatro costados, deslumbrado por la filosofía política de su momento, amante de las democracias, condenador de las monarquías absolutas o moderada, y por lo tanto de la iglesia católica, que creía vehículo de sujeción de los pueblos a los nefastos monarcas. Como muchos otros liberales de esa época odiaba al Estado español, porque representaba lo contrario a sus ideales sociales; en consecuencia su libro es una constante crítica a las instituciones, costumbres, usos, leyes y demás creaciones españolas, escrito con "ameno estilo y agudas observaciones". Beltrami murió en 1855 en Filottrano, Italia. (1)

   El paso de Beltrami se da el 18 de diciembre de 1824, era un sábado, dice que cruzo por el "vallecillo" de Marfil, esto nos indica que enfiló por la vía corta y que cuatro millas antes de llegar a Salamanca dobló en dirección oriente, esto nos indica que luego de pasar por Temascatío siguió por el camino que pasa por la que era la Hacienda de Cruces, esas "cuatro millas antes" debió haber sido el camino que ahora está convertido en el "canal de Sardinas", menciona haber estado en un pueblode indios, de nombre San Juan, por las referencias que da del río, indudablemente que se refiere al hoy barrio de San Juan de la Presa y a lo que conocemos por Adjuntas, que es el sito en donde el Laja descarga sus aguas en el Lerma. Menciona de una hacienda en ruinas a mitad de camino, quizá sea la del Molino de Sarabia. Todo indica que cuatro noches, las del 18 al 21 las durmió entre Guanajuato y Celaya, hay la posibilidad de que hay dormido en el único mesón que había por el rumbo norte de Salamanca: el de Temascatío pero él no lo afirma. Igual pudo haberse quedado en la hacienda de Doña Rosa o en el Molino de Sarabia, pero no lo sabemos, lo que sí, es que las condiciones imperantes en esa parte, en términos de alojamiento eran malas, apenas habían pasado 3 años de la Consumación de la Independencia y, recordamos, muchas de las haciendas del Bajío habían sido quemadas durante el movimiento de insurrección. 

   Hay algo sumamente curioso en su texto, dice de una "virgen taumaturga", creo se refiere a la del Socorro pues la ubica en el templo del convento agustino y menciona de su desaparición usando una metáfora por demás sabrosa: "todo lo que entra por la puerta del templo, sale ordinariamente por la puerta del convento". Ese último día de su paso por el rumbo de Salamanca enferma, al llegar a Celaya su remedio es una "èmètique", eso no es otra cosa que un vomito inducido.

   "Partí de esta capital el 18 de diciembre, con armas y equipajes, es decir, todas las piedras qeu dos mulas podían llevar; las otras, las envié por medio de los arrieros. Vos sabéis que Guanajuato es la capital del Estado del mismo nombre; su Congreso sigue también la verdadera línea del interés del país. Y he visto ahí instalar la Corte de Justicia y todo marchará bien, si los mexicanos saben evitar, por un acuerdo nacional los ardides de aquellos que tratan todavía de desunoirlos para condciurles de nuevo a la anarquía y al abasallamiento.

   Se sale de Guanajuato por el mismo vallecillo por donde se entró, por el vallecillo de Marfil. Yo tomé al sur el camino que conduce a Salamanca, que no vi más que de lejos; ya que ha 4 millas de esta ciudad di vuelta al este sobre el camino que conduce a Celaya. Hice alto en una hacienda en ruinas, a mitad de camino más o menos entre Celaya y Salamanca.

   Salamanca, de nombre célebre en España por su universidad, es la provincia del Bajío, una de las más ricas ciudades de México por la fertilidad de su suelo. Se me ha dicho que los Agustinos están ahí soberanamente establecidos, y que su iglesia, que es magnífica, poseía un tesoro en piedras preciosas, consagradas a una virgen taumaturga; pero los monjes, temiendo que ella no tuviese el poder milagroso de librarlos de la revolución, han juzgado a propósito de hacerlas desaparecer. Hoy, que todo está tranquilo, se podrían regresar a la virgen; pero todo el mundo sabe que todo lo que entra por la puerta del templo, sale ordinariamente por la puerta del convento, y seguido no regresa más. Dios sabe cuantas otras vírgenes sobrinas se engalanan ahora con esas pedrerías. Salamanca está al rededor de 36 millas de Guanajuato, directamente al sur.

   Fui al poblado de San Juan, habitado por aborígenes. Es después de este poblado, que las aguas que vimos escurrir de lo alto de la cordillera de las Escalieras, vienen a mezclarse, bajo el nombre de Laja, a otras que escurren de las cordilleras de Toluca, al sur, bajo el nombre de Lerma; y, juntándose ambas, toman el nombre de río Grande, o río de Santiago. Según la dirección del curso de estos dos ríos, nuestras fuentes serían entonces las fuentes orientales del río Grande y las del Lerma, sus fuentes meridionales; esto es lo que creo haberos indicado ya. Este lugar interesante está 8 millas, este, de Salamanca, donde el río comienza a llevar el nombre, nuevamente adquirido; y a 15 millas, oeste, de Celaya. Las aguas del río Grande llevan las riquezas de la irrigación a todas esas comarcas, desde el punto de unión que venimos de hacer notar, hasta su entrada en la laguna de Chapala.

   Desde hacía algunos días yo sentía estremecimientos que me anunciaban la aproximación de alguna crisis febril, en consecuencia de una fuerte constipación, atrapada bajo una lluvia con nieve sobre las montañas de Santa Rosa. Esta crisis se desarrolló en la mañana del 21, sobre el camino de San Juan a Celaya, y con tal violencia que no me fue posible sostenerme a caballo. Estuve obligado, durante el fuerte acceso, de tomar las sombra de un árbol por hospital; sin embargo, llegué en la tarde a Celaya. Estaba rendido, pero un buen "émetiqué", una buena purga y la quina me restablecieron bastante rápido a mi vigor natural. (2)

   El final del relato de su paso por Salamanca, me recuerda el de otro personaje que, también por aquí enfermó, me refiero al Emperador Maximiliano. Y para terminar me sorprendo con la buena cantidad de referencias que hay de Beltrami en algunos puntos de los Estados Unidos, en cambio por acá, en México, él fue uno más de esos curiosos turistas del siglo XIX que vinieron a maravillarse con nuestro país.

Fuentes:

1.- Rionda Arreguín, Isauro. Testimonios sobre Guanajuato. Gobierno del Estado de Guanajuato. Colección Nuestra Cultura. Guanajuato, 1989. pp. 249-250

2.- Beltrami, Giacomo Constantino. Le Mexique. Crevot, París. 1835. Hay una edición electrónica disponible de toda la obra. Lo relacionado a Salamanca está en el Tomo II, Carta 9. pp. 10-11. Hay una versión en español, esa la puedes ver aquí.

jueves, 17 de julio de 2014

1834: el Federalismo en México y la creación de una leyenda en Salamanca, Guanajuato.

   1957 fue el año en que se tomó esta fotografía, corresponde a la esquina sur-oriente de las calles Obregón con Guerrero. Vemos que en una de las canoas llevan un colchón, eso me recuerda aquella tonadita de moda entonces, en la que se cantaba "pobre gente de Obregón, se quedó sin un colchón..." Pero aquí lo interesante está en lo que se había colocado, año atrás, en 1934, una placa. El local lo ocupaba, cuando se tomó la foto, la tienda de materiales para construcción La Paz, y la placa era la conmemorativa al primer centenario del nacimiento de Emetaria Valencia, fueron los ex alumnos de las escuelas que ella patrocinaba en Celaya, los que vinieron a colocar la placa en la que había sido casa de la familia Valencia Martínez, seguramente allí se encontraba la tienda en donde, se dice, don Patricio Valencia vendía los cigarros que fabricaba con el tabaco que compraba en Veracruz. Esa casa sería el escenario de unos acontecimientos que, al no estar debidamente documentados, los podemos clasificar como leyenda, una más en torno al origen de la fortuna de sus residentes que se volverían unos de los primeros industriales del estado de Guanajuato y uno de los primeros ricos del siglo XIX en Salamanca. Quien rescató este relato fue alguien que conocí y con quien mantuve largas e interesantes charlas: María Guadalupe Aguinaco.

 Realidad y misterio en torno a la fortuna de la familia Valencia.

   Allá por el año de 1833, en que el general Arista se pronunció y ocupaba la ciudad de Guanajuato, cuando el cólera grande, cientos de soldados cruzaban la ciudad de Salamanca. El convento de los agustinos se vio invadido por tropas y más bien se convirtió en hospital de las mismas. Dichas tropas eran del General y Presidente López de Santa Anna que iban precisamente al general Arista. "El mismo provincial estuvo a punto de ser una víctima del cólera, pues contrajo la enfermedad por contagio en el convento de Salamanca donde perecieron como dos mil soldados en sus claustros, tuvo él, con los demás padres que conferir a los moribundos los últimos auxilios espirituales y no se escapó a la enfermedad, pero sí milagrosamente de la muerte. Esto dice fray Angel Gasca y añade: "Fray José Marocho, pintó y frisó todo el claustro del primero y segundo patio, todo el antecoro, dormitorio y sacristía, de su propia mano y pincel para desinfectar todo el Convento del cólera morbus, de que estaba infestado con el ejército de seis mil hombres en la guerra contra Arista en el año de 1833".

   Pues bien, en ese tan citado año se llegaron a la casa del Padre Valencia, en la antigua calle de Carreras (hoy esquina de Guerrero y Obregón), un militar y seis soldados, preguntaron por don Guadalupe Valencia, entonces el capellán del templo del Santuario de Guadalupe. Sin más se metieron a la casa, de inmediato se presentó el capellán y el jefe del pelotón se dirigió al padre: "me han dicho que es usted persona honorable en quien puedo confiar. Voy de paso por este lugar, llevo mucha prisa. Urgeme dejar esto, y ante el asombro del padre, abrió un enorme cajón que los solados habían dejado en el suelo al llegar. Contenía el cajón ¿dinero? ¿oro? ¿alhajas? Nadie lo supo. Solamente el militar agregó: "Lo dejo a su custodia por un año. En esta fecha, si al cabo del año no regreso por él, todo es suyo". A una señal del jefe los soldados cavaron apresuradamente, enterraron el cajón y salieron.

   La sorpresa dejó al padre azorado. No lo podía creer. Sin embargo era verdad. Todo sucedió en un santiamén.

   La familia Valencia se hacía vivir de un pequeño taller de telares de mano, que tenían en su casa de la calle de Carreras. Contaba la familia con las siguientes personas: Doña Tecla, el Padre don Guadalupe, Don Patricio y doña Tula.

   Las consejas aseguran que el militar que visitó al padre don Guadalupe, no regresó al cumplirse el año que se impuso como plazo. Que doña Tecla y los demás hermanos convencieron al padre que sacara el tesoro después de seis años. Que el padre lo compartió con ellos equitativamente y que la industria de la familia Valencia prosperó.

   Hacia el año de 1840, doña Tecla hizo traer de Inglaterra la maquinaria de vapor y los telares que instaló en su propia casa (donde hoy se encuentra el teatro Juan Valle en la calle de Guerrero). Después en 1845 adquirió propiedades donde hoy se encuentra la fábrica de la Reforma en Salvatierra; y al casarse doña Tula con un señor de ese lugar, cambió la fábrica de Salamanca para Salvatierra.

   Doña Tula convirtió el edificio de Salamanca en Hospicio de pobres, dotándolo de lo necesario, cuyo establecimiento fue inaugurado por el Gobernador don Manuel Doblado.

   Don Patricio construyó su casa en la hoy esquina de Hidalgo y Zaragoza, encomendando la obra a don Francisco Eduardo Tresguerras, el tan discutido arquitecto de origen celayense.

   Don Patricio fue el padre de doña Emeteria Valencia. Ella fue benefactora insigne, fundadora y protectora de asilos y establecimientos de enseñanza en Salamanca, Celaya, Salvatierra, San Miguel de Allende, Soria, Etc. Casó con un empleado de su padre, el español don Eusebio González. Hábil hombre de negocios éste fue quien fundó las fábricas de hilados y tejidos en las ciudades donde su fundaba su cónyuge los asilos y escuelas.

   En el primer centenario de su natalicio, 2 de marzo de 1934, Celaya y los exalumnos de las escuelas de beneficencia colocaron una placa en el exterior de la casa donde nació doña Emeteria aquí en Salamanca, en dicha esquina sureste de las actuales calles de Obregón y Guerrero. La placa ya no está en su lugar. (1)

   Me parece muy interesante el relato que nos hereda Lupita Aguinaco, habrá que analizarlo. Primero, lo establece en 1833, con dos personajes centrales, el General Arista y otro general, Santa Anna. Históricamente lo que ocurría entonces en México eran los antecedentes que traerían por consecuencia el Plan de Cuernavaca, este plan se proclamó el 25 de mayo de 1834, pues ya desde  "1833 la iglesia se convirtió en el blanco de los ataques de los Liberales radicales, quienes cuestionaban el derecho que tenía el clero para poseer propiedades. (...) El 5 de junio se alzó Mariano Arista con el ejército que se le encomendó para batir a Durán. Su pronunciamiento iba en contra de las disposiciones del Congreso general y a favor de los fueros del clero y del ejército. Arista, incluso, criticó severamente al federalismo". (2)

   Vemos en la imagen el "cascarón" del que fuera Teatro Juan Valle, construido en el terreno en donde estuvieron, en algún momento, los telares de los Valencia. Otro punto, dentro de lo que podemos referir en un momento histórico, en lo local, nos lo ubica, con claridad, Rojas Garcidueñas: "A mediados del año de 1833 llegó a Salamanca la epidemia de cholera morbus que desde meses antes estaba asolando gran parte del país; en todo el Estado de Guanajuato fue terrible, en varios lugares tuvieron que destinarse, con premura, campos o lugares para nuevos cementerios porque lo existentes, que generalmente eran los atrios, pequeños o grandes, de las iglesias, no bastaban para el diario número de inhumaciones, y también se comprendió la inconveniencia de dar sepultura dentro de las poblaciones a tantas víctimas de una enfermedad notoriamente contagiosa. Por si fuese poco, sucedió que en Salamanca estaba un fuerte núcleo del ejército del general Santa Anna, que iba atacar en Guanajuato el movimiento rebelde del general Arista, la epidemia casi acabó con los soldados detenidos en Salamanca". (3) 

   Y ahora, lo que vemos, son las ruinas de la casa que funcionara como "Recogidas", levantada también en la que fuera propiedad de los Valencia y, en la misma obra de Rojas Garcidueñas, leemos más adelante una cita de Guillermo Prieto: "Fue en esa misma época, cuando estuvieron alternándose en la Presidencia de la República Valentín Gómez Farías y Antonio López de Santa Anna, en los años 1833 y 1834, cuando, como dice Guillermo Prieto: “empezaron a columbrarse ideas de reforma trascendental. Se hizo laica la instrucción pública, se proclamó un plan de estudios progresista y adecuado a las necesidades de la administración; se quitó al clero la coacción civil para el diezmo... medida altamente económico-política; se retiró también la coacción para los votos monásticos, dejando en libertad a los religiosos para que abandonasen los conventos; se reintegró a la nación en sus fueros respecto al Patronato a obispados y beneficios; se suprimieron la Universidad y el Colegio de Santos; se habló, con aplauso, de desamortización eclesiástica, abolición de fueros, etc., etc.; en puna palabra, en 1834 apuntó la reforma de 1857...” (4)

  Esta era la Casa de Recogidas, estaba en la calle Guerrero. Ahora analicemos las fechas que Lupita da, dice que corría el año de 1833, y que aquél personaje que dejó la caja misteriosa le dijo que luego de un año, si no regresaban, la caja sería de su propiedad, y que dejaron pasar prudentemente seis años, es decir, para 1839 o 1840 ellos abrían, hipotéticamente la caja y, lo más seguro, es que allí estaba un verdadero tesoro. Insisto, esto es una hipótesis. Los telares, ya como establecidos como una industria, reportan para 1844 su existencia, luego de (sigo suponiendo) cuatro años de haberse vuelto ricos los Valencia.

   Ahora bien sobre el padre José Guadalupe Valencia no veo que lo haya incluido Pedro González, el más acucioso historiador salmantino, en su obra, especialmente en la que no está firmada por él, pero todo indica su autoría por la estructura de la misma y el manejo de lenguaje, los Apuntes Históricos de Salamanca, que se encuentra en el Archivo Histórico local y que fuera publicada, dicen, en 1995. En cambio, Florentino López Lira lo menciona en su relato Misa Macabra incluido en su Salamanca Legendaria (5), pero esa es un relato solamente que no nos asegura la existencia de José Guadalupe Valencia.

   Al rastrear los documentos de la familia Valencia encontramos que José Ramón Trinidad de Valencia estaba casado con María Decidera Martinez. Tuvieron cuatro hijos: 1.- María Andrea Dolores, nacida el 4 de febrero de 1800, 2.- Patricio, nacido en 1802 y 3.- María Tecla Antonia Benita de Jesús, nacida el 3 de Septiembre de 1803. 4.- María Blasa Andrea, nacida el 4 de febrero de 1808. Me surge la duda si el padre José Guadalupe Valencia era hermano de Tecla y Patricio Valencia Martínez o qué grado de parentesco tenían. ¿Y Tula? ¿Cuál era el nombre completo de Tula?

   En cuanto a las propiedades, se mencionan la de la esquina de las actuales Obregón y Guerrero, en donde está la placa del centenario de Emeteria Valencia, Lupe Aguinaco dice que se llamaba Carretas la calle de Guerrero. Según documentos del Archivo Histórico de Salamanca (6), para 1864, la calle de Obregón tenía, aparentemente, por nombre el de Barroso, había solamente dos casas, una propiedad de Ramón Arredondo, la otra de la testamentaria de Agapito Escamilla. Las propiedades, todas a nombre de Patricio Valencia, estaban en la calles del Ángel (Guerrero) y de Victoria (Victoria); pero son registros de 1864, luego de veinte años, cuando los talleres textiles de De Valencia y Compañía habían sido desmontadas en Salamanca. 

   Y me surge otra duda en lo escrito por Lupe Aguinaco, menciona la casa diseñada por Tresguerras, esa sabemos bien cuál es, la apreciamos en la fotografía, pero más bien la que ellos tenían era en la acera de enfrente, en donde estuvo el cine Rex. 

   Dice el dicho que, "cuando el río suena es porque agua lleva". Y con esta son ya cuatro las versiones que hemos visto de esta cuestionada fortuna: la encontrada en la barranca de Metlac, la encontrada en una cañada (quizá la de Landín) por el rumbo de Santa Cruz de Juventino Rosas, la de una hacienda en Santa Cruz, más próxima a la población y ésta de ese cajón con cosas valiosas. La duda se acrecienta.

   Soy el primero en decir que merecería tener una mejor imagen de Lupe Aguinaco, lamentablemente es la única que dispongo de ella, al escribir este artículo y transcribir lo que ella escribió, recordé su mirada firme, esa que siempre mostraba al hablar de algo que le interesaba, Lupe nos regaló muchos de sus conocimientos, con gusto la recuerdo. De sobra sé que le hubiera gustado hacer una larga disertación sobre este y otros temas netamente salmantinos.

Fuentes:

1.- Aguinaco García, María Guadalupe. Gaceta de la crónica e historia de Salamanca, Gto. No.2. Julio-Agosto de 1986. p.3

2.- Olveda, Jaime. Jalisco y su primera experiencia federalista, 1825-1835. En: Práctica y fracaso del primer federalismo mexicano (1824-1835). Vázquez, Josefina Zoraida. Serrano Ortega, José Antonio. El Colegio de México. México, 2013. Edición electrónica. Sin paginación.

3.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca. Recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa. México, 1982. p.

4.- Prieto, Guillermo. Lecciones de historia patia. Imp. de la Escuela Correccional. México, 1896. p.337, citado por Rojas Garcidueñas en Salamanca. Editorial Porrúa. México 1982. p.

5.- López Lira, Florentino. Salamanca Legendaria. Cuentos y sucedidos. Edición del autor. 1934. pp.35-40

6.- Archivo Histórico de Salamanca. Padrón de los dueños de fincas urbanas en Salamanca. 1º de Diciembre de 1864. Caja: 84. Sección Gobierno.Serie Censos y Padrones. Exp.13

martes, 15 de julio de 2014

La imposibilidad de documentar el tesoro encontrado por Patricio Valencia. 1840-1843.

   En Salamanca hemos oído una y otra vez la misma historia relacionada con Emeteria Valencia, pero poco hemos investigado más a profundidad lo que ella y, más que ella, sus antepasados hicieron, específicamente su padre, Patricio y su tía, Tecla. Hay quien se ha atrevido a decir que eran españoles, incluso han afirmado su origen castellano, cosa que es de dudar. Así que, entrando en materia, y para no caer en lo mismo, ocupo este espacio, como punto de partida a la investigación sobre estos personajes y el cuestionado origen de su fortuna. Origen del cual hay tres versiones, una el hallazgo de un tesoro enterrado en una hacienda de por el rumbo de Santa Cruz, actual Juventino Rosas (1); el otro, hallazgo también, pero en las barrancas de Metlac, cercanas a Fortín de las Flores, Veracruz (2). El tercero, un dinero otorgado por algunos miembros de la iglesia, que es la versión de Lupita Aguinaco.


  La primera vez que leí sobre ese hallazgo, el de Metlac, fue en una vieja Monografía, mecanografiada, que en 2009 encontré en la biblioteca municipal de Comonfort, Guanajuato. El deterioro de las hojas incluía la pérdida de las primeras páginas en donde, seguramente, aparecería el nombre del autor y de la propia Monografía, la referencia de Metlac la volví a leer en Las raíces del tiempo, monografía de Celaya escrita por Hermino Martínez; comenta el autor de la otra versión que existe, la del tesoro en los rumbos de Santa Cruz de Juventino Rosas, pero él lo manifiesta como que lo encontrado en Metlac se interpretó como un hallazgo local al usar esa ruta cuando regresaba con su carga de tabaco desde Veracruz y escondido en un punto de Santa Cruz. Es un poco complicada la versión pues, más bien creo que el camino que un arriero tomaría es el que le acorte la distancia y no el que se la prolongue.

   Hoy, yéndome a referencias locales, encuentro que en las publicaciones que se hicieron a nivel municipal contenidas en la revista Gaceta, hace ya un cuarto de siglo, apareció un artículo escrito por Francisco Garcilita D. sobre el tema de la fortuna de los Valencia. Debido a la importancia que tiene el relato para todos los que gustan de las historias, leyendas y anécdotas regionales, me permito transcribirlo en su totalidad:

El Incierto Origen de la Fortuna de los Valencia.


   A 20 kilómetros de la ciudad de Celaya, se encuentra un agradable poblado, que usualmente pasa desapercibido para el viajero que se dirige a San Miguel de Allende, excepto por un letrero en el que se lee que ahí se fabrican unos famosos casimires, me refiero a Soria; a donde tuve el gusto de llegar gracias a la realización de un documental durante la Semana Santa de 1986 (la representación de la pasión y muerte de Jesucristo es única en el estado por su fervor y el número de recursos que se aprovechan). Fue entonces que llegó a mis manos un curioso documento en que se menciona el origen de este lugar y en el que surge una misteriosa fortuna de la familia Valencia; la cual ya había sido motivo de interés para este órgano (ver "Realidad y misterio en torno a la fortuna de la familia de la familia Valencia" de Lupita Aguinaco, en Gaceta No. 2).


   Buscando alimentar la leyenda surgida sobre dicho patrimonio el cual tuvo trascendencia para varios lugares del estado, por el impulso que dio a la industria y por su manejo para obras de beneficencia, me permito transcribir este relato que en 1955 plasmó el señor José Zavala Paz, de quien no tengo mayores datos, de su libro Soria (1956), tomamos lo siguiente:

    "El Citlalpetl es un poético centinela que la patria mexicana ha colocado como atalaya  gracioso a la altura de 5,747 metros para que de la bienvenida a cuantos visitantes lleguen a través de las azules ondas del Atlántico.


   "En la primavera de 1864 el Emprador Maximiliano de Abasburgo y la emperatriz Carlota veían embelesados la clásica figura cónica del Citlalpétl que bajo los azules cielos veracruzanos se perfilaba plena de ensoñación y de romance como una promesa de felicidad. Mas por aquellas fechas la palabra autóctona había sido sustituida por la de Pico de Orizaba, nombre con que hoy día se designa el volcán más bello y de mayor elevación en nuestro país. Sus últimas erupciones fueron en 1687 y desde entonces permanece tranquilo como un gladiador de otras edades que descansa de sus pasadas luchas recostado entre bosques de coníferas y selvas tropicales, ceñida la frente por el blanco turbante de sus nieves eternas y embriagado por el perfume exquisito de los azahares y las gardenias... Nadie que lo haya contemplado alguna vez puede olvidarlo, su figura majestuosa posee un imán irresistible y los mismos valles que lo circundan están alelados en perenne contemplación.


   Hay a las plantas de este cerro gigantesco una barranca muy honda conocida con el nombre de Metlac, cruzada hoy por el ferrocarril mexicano y bordeada desde hace siglos por un sinnúmero de atajos para mulos y burros, así como por la caravana inmensa de carruajes de todas clases que traían y llevaban distinguidos personajes, y fardos del puerto de Veracruz a la capital de la República y de ésta al puerto jarocho.

  "Arre mula"... "Chó burro"... y gritos semejantes escucháronse por siglos entre aquellas graciosas serranías. Y al paso cadencioso de las acémilas oíanse los monótonos cantares de aurigas y arrieros: las palabrotas e interjecciones de entre ambos rompían el silencio sacrosanto de las selvas y perdíanse confusamente en la lejanía.


   "¡Cuántas cosas ha visto pasar la barranca de Metlac! Por ahí penetró la civilización a la Nueva España; por ahí desfilaron en estrujada fila frailes y capitanes, soldados y obispos, conquistadores y virreyes, nobles y emperadores; bultos de finas telas, vinos traídos de Europa; libros y ornamentos de monjes y sacerdotes; ajuares de iglesia; joyas y dijes preciosísimos; atavíos y boato de la corte virreinal; elegancias de damas y caballeros de la lejanas provincias de Vizcaya, Nueva Galicia, Valladolid y Guanajuato. Mas si todas las novedades de ultramar eran llevadas de Veracruz a México, de toda la Nueva España iban fabulosas riquezas a Veracruz y pasaban necesariamente por la barranca de Metlac. El oro rubio arrancada a las entrañas de la tierra mexicana en el Real de Taxco; la blanca plata de Marfil, Mellado, Valenciana y Zacatecas; el fierro de Durango. las mercancías traídas del lejano oriente, de China y de Japón atracaban en Acapulco y de este puerto eran llevadas a lomo de macho a la rica Villa de Veracruz. Todo esto durante la vida colonial y ya independiente México; por ahí desfilaron políticos de todos los credos y de todas las ideologías. Generales descontentos, rebeldes intrigantes, presidentes caídos; mas todos ellos en su precipitada fuga, tenían buen cuidado de enviar por delante los carruajes y las maletas rebosantes de dineros. Un verdadero río de oro y plata corrió a la vera del Pico de Orizaba y en torno de él tejiéronse muchas consejas y leyendas.


   "Entre ese maremagnum de cosas desfilaron también en grande escala los cargamentos de tabaco. Cultivose esta planta por toda esta feracísima región desde a raíz de la conquista y fue por aquel entonces y lo sigue siendo todavía, una fuente de inagotables riquezas. Amontonábase el tabaco en ingentes pacas y vendíanse éstas después a muy buen precio. Gran cantidad de tabaco fue incendiado por el Generalísimo Morelos y con ello ocasionó una pérdida de quince millones de pesos al gobierno virreinal.

   "Hasta la lejana Orizaba y a lomo de mula iba D. Patricio Valencia, rico y distinguido señor de Salamanca, a comprar tabaco para que con él los varones y las viejecitas hiciesen sus cigarrillos de hoja (era muy al visto el que las doncellas fumasen). Partía de Salamanca D. Patricio y estaba muy cerca de dos meses en el viaje de ida y vuelta.


   Mientras sabrosamente almorzaba un día en un mesón más allá de Orizaba, sus mozos cargaban todo el atajo con enormes fardos de tabaco. Nublada estaba la mañana y muy en breve el chipi-chipi veracruzano empezó a caer en forma persistente y tenaz. El agua de la llovizna hizo muy resbaladizos los angostos caminos y cuando las mulas pasaban por la barranca de Metlac, aconteció que una de ellas, perdió pisada, resbaló entre el lodo y cayó al precipicio.


   El estruendo que al llegar al fondo del barranco produjeron el animal con su voluminso flete y las piedras y paredones que arrastró consigo llegaron a los oídos de D. Patricio como un eco lejano.


   "Quedóse pensativo por un instante el señor Valencia y no acrecentando qué hacer prosiguió su camino. Reflexionando más tarde creyó que bien sería bajar hasta el fondo del precipicio y recoger la carga del tabaco ya que la pérdida de la mula era irreparable.


   D. Patricio Valencia sabía unir la ejecución a la resolución y, en cuanto lo permitía la fragosidad de la pendiente, empezó a descender con celeridad. Más en breve se detuvo al escuchar los gritos de un viejecito, el cual, al mismo tiempo que daba voces, hacía señas desesperadas para que D. Patricio no siguiera adelante. Con el apremio y sobresalto de quien advierte un peligro inminente, el anciano trataba de explicar la imposiblidad de bajar al barranco. Todos aquellos lugares y contornos estaban embrujados...

    "Los ladrones asaltaban los convoyes en el paso más estrecho del desfiladero. Tantos atracos y crímenes habían dado al demonio la posesión completa y absoluta del hondo precipicio. El anciano daba esta noticia en forma suavísima que rimaba muy bien con sus blancas canas y con su barba de plata, y apagando más la voz, ya casi en secreto, como deseando dar al conjunto una nota solemne de misterio añadió: "No baje, por favor porque usted mismo quedará encantado"... El perfumado viento de la sierra arrebató aquella advertencia tan siniestra y la depositó entre los pétalos de las gardenias porque el Sr. Valencia, desentendiéndose de ella, siguió descolgándose poco a poco hasta que llegó al fondo del abismo.

  "¡Dios Santo lo que allá le esperaba! ¡De verdad aquel lugar estaba embrujado! ¡Virgen Santísima!, decía D. Patricio santiguándose devotamente. ¡Señor del Hospital, socórreme!


   Porque no había duda o sus ojos mentían o todo lo que le rodeaba estaba colocado bajo el hechizo de Satán.


   Palpaba ya con sus manos el encantamiento ¡cuánto oro! ¡cuántas cajas de frágil porcelana, plata, piedras preciosa, finísimas ropas, tapices, telas de tisú y escarlata; todo ello amalgamado con esqueletos desnudos, podredumbres malolientes y osamentas llenas de barro y de moho.


   A la impresión siguióse la diáfana luz de la inteligencia, con la cual lentamente fueron disipándose los temores hasta que llegó por fin la claridad. De la misma manera que en ciertas mañanas otoñales los rayos del sol interrumpen por entre las confusas brumas, así el entendimiento de D. Patricio abrióse paso por entre las consejas populares y sus propios temores. A la verdad todo aquello era muy fácil de explicar: los mulos al caer con sus preciosas cargas se habían ido hacinando ahí abajo, y como hacía siglos que nadie se atrevía a descender, las riquezas se habían acumulado y mezclado con los esqueletos y osamentas de las acémilas. Habíanse sumado las cargas de las recuas con los convoyes de las diligencias desde los días del virreinato y todo el conjunto constituía un espectáculo que ya nada tenía de espantable y aterrador, sino muy al contrario, era cordial y risueño. Se palpaba el paso de los siglos; los años y las tragedias habían impreso ahí su huella. Más por encima de todas las cosas, la diosa fortuna sonreía y daba posesión de tesoros fabulosos... Siempre las riquezas llevan dentro de sí un secreto gozo. "Aurum habet vim laetificandi", asegura Santo Tomás de Aquino: "El oro posee una fuerza misteriosa que produce alegría".


   D. Patricio Valencia hizo a un lado las tontas consejas de los encantamientos; cargó todas sus mulas con el oro y plata acumulados durante siglos en aquella célebre barranca, y disimuló los bultos con hojas secas de tabaco. Al atardecer de aquel día las acémilas caminaban fatigosamente por la empinada cuesta de Acultzingo...


   En la suave penumbra del agonizante crepúsculo veíanse, allá a lo lejos las luces de los pueblecitllos que iban quedándose acurrucaditos en las sombras". (3)

   Todo pueblo siempre mantendrá relatos y leyendas, que al paso del tiempo se dan por verídicas pero, regularmente, estos relatos "campiranos" se sustentan en lo dicho por lo dicho que se dijo en alguna ocasión y van deformando la realidad. De que hay un misterio en el origen de la fortuna de la familia Valencia, lo hay, de que logremos descubrir la verdad, esa es cosa imposible pues documentos que lo avalen no existen, anotemos esto como un mero relato, uno más al anecdotario de la región.

   Y me queda la duda, ¿no será que esta leyenda se originó en el tiempo en que las novelas históricas estaban de moda en nuestro país? Hay una llamada El Marques de Metlac, escrita por Arturo Fenochio, publicada justo el año en que se festejó el Centenario de la Consumación de la Independencia, y buena parte de ella se recrea por los rumbos de Metlac. Si te interesa leerla, existe la edición digitalizada, aquí está.

Fuentes:

1.- Carreño de Maldonado, Abigail. Imagen de Celaya. Impresos Gráficos del Río. Celaya, 2004. pp.159-160.

2.- Marrtínes, Herminio. Las raíces del viento. Colección de Monografías Municipales.  Comisión Estatal del Bicentenario de la Independencia. Guanajuato, 2010. pp. 73-82

3.- Gaceta de la crónica e historia de Salamanca, Guanajuato. Juan Diego Razo Oliva, coordinador. Artículo publicado en el número 9, correspondiente a Febrero-Mayo de 1988. Reseñas. El incierto origen de la fortuna de los Valencia. Francisco Garcilita D. pp.28-29

lunes, 14 de julio de 2014

Charrito Pemex y Pemex-Penn: Las pláticas del Charro Pemex.

   No tengo la fecha exacta de la publicación de este anuncio, deduzco que fue entre 1950 y 1955 pues la planta de lubricantes en Salamanca fue abierta hasta 1955. Aunque, pudo haber sido publicado antes, en los últimos años de la década de los cuarenta. "En 1955, con el inicio de operaciones de la primera gran planta integrada de lubricantes en la Refinería de Salamanca, Gto., se reajustaron los procedimientos de compra de aceites básicos, obligando a todas las compañías que desearan permanecer en el territorio nacional, a comprar a Pemex los aceites básicos que importaban por los elaborados en la refinería mencionada. Las firmas que aceptaron las condiciones impuestas por Petróleos Mexicanos, y que a esta fecha continúan en el mercado nacional, son: Mobil Oil, Texaco, Quaker State, Esso (Exxón), Valvoline, Veedol, Sunoco e International. Las compañías que no aceptaron las condiciones impuestas por Petróleos Mexicanos, se retiraron del mercado mexicano". ( Fuente: Pemex Refinación. Para leer más entra aquí).

   El anuncio me parece sumamente curioso por varias razones, una de ellas la presencia del Charrito Pemex, el cual, cuando se humanizó esa imagen, cobró vida en la persona de Álvaro Sánchez Otero, del que, todos sabemos, pero aun no contamos con el documento que lo certifique, nació en Salamanca.  Vemos en esta publicidad que la imagen del Charrito aun no estaba definida del todo, aunque ya aparecían sus piernas curveadas, mejor dicho, arqueadas, que fue el sello característico con el que Petroleos Mexicanos comercializó sus productos entrada ya la década de los sesenta, eso, pensando cuando ya representaba a Pemex el señor Sánchez Otero. El anuncio lo transcribo íntegro procurando ampliar lo más posible cada una de las imágenes que lo componen.

Pláticas de Pemex Penn.

   Indice de viscosidad es sinónimo de calidad. Raros aceites llegan al índice 100 y Pemex-Penn alcanza de 100 a 115. El índice de viscosidad determina la resistencia del lubricante a más altas temperaturas. Es la primera cualidad que el automovilista debe buscar.

   Economía no consiste en pagar nominalmente menos por un aceite, sino en lo que rinde. El precio que se pega por un lubricante bueno, compensa por el ahorro de los cambios, por las cuentas de reparaciones, por la economía de molestias y porque el motor y con él su carro se desprecia menos. Pemex-Penn no es un lubricante "Barato" pero sí "Económico".

   "Menos Carbón quiere decir menos reparaciones y más automóvil. Pemex-Penn se quema menos y evita el acumulamiento de los grandes residuos que estropean el motor y lo hacen golpear. Evítese ese perjuicio de tener el carro en el taller por causa del carbón.

  Importado de Pennsylvania trajimos este aceite para Ud. Los crudos de allá son notables por los magníficos lubricantes que producen. Refinado bajo los procedimientos más modernos de E.U.A., su importación nos llena de orgullo y a usted de...

   Larga vida del aceite es trambién larga vida del motor. La conservación del cuerpo de Pemex-Penn en el motor resulta en una duración mayor. Obtenga con Pemex-Penn una vida lubricante larga y feliz.

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S.S.

Charro Pemex.

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