martes, 15 de junio de 2010

Presencia tlaxcalteca en Salamanca

En este provechoso recorrido que estamos haciendo por las profundidades, ríos y cañadas que conforman la historia de Salamanca, la mestiza, la de México; llegamos al punto en el que vemos que la política de las pueblas de los territorios bárbaros del norte, según se dictaminó en su momento, tuvieron una buena acogida en Salamanca, ya que, gracias a esa migración forzada de tlaxcaltecas, pudo surgir, en su momento, la próspera industria textil que aun en los primeros cuarenta años del siglo XX mantenían en la zona una fuerte presencia.


“El emplazamiento que las crónicas ponderan como promisorio para el desarrollo amplio de la agricultura de regadío, la ganadería y los obrajes no defraudó a sus pioneros, fundadores y colonos, de manera que como parte del fenómeno más amplio del Bajío alcanzó prosperidad y ofreció las condiciones necesarias para su integración étnica y cultural, variada y rica como sus componentes originales; no en balde se considera a esa región el crisol en el que primero se ha integrado el perfil de lo mexicano. Pero además de lo bonancible de las condiciones naturales hay que ponderar la eficacia de la política colonizadora, principalmente en lo relativo a la promoción y regulación de los asentamientos tanto de indígenas como de españoles. Además, la acción evangelizadora del clero regular y de la administración episcopal procuró emparejar el adoctrinamiento con la educación en todos sus niveles, el adiestramiento artesanal y la asistencia social. A todo esto habría que agregar la diversidad de los componentes étnicos que allí concurrieron, purépechas, chichimecas y otomíes en un comienzo, después europeos, tlaxcaltecas y negros”. (1)


Debido a la gran importancia y poca literatura que sobre la presencia tlaxcalteca en Salamanca hay, a continuación transcribo toda la nota completa que José Rojas Garcidueñas escribe al respecto:


La Manta de Tlaxcala o Salamanca


“Un grupo, seguramente poco numeroso, de familias tlaxcaltecas, en esos años de 1592 o poco después, iría a vivir no propiamente en Salamanca (que todavía no existía), pero en parte de lo que hoy ocupa, tal vez cerca de San Juan Bautista Xidóo, y les darían terrenos para sus casas y para cultivar por ese rumbo, hoy Nativitas y tierras al oriente de allí tanto más fácilmente que hacia allá había propiedades, seguramente mal deslindadas de los Iricio y sus familiares, emparentados con el virrey Velasco. Algunos de esos tlaxcaltecas sin duda, persona de importancia y representación entre los dos, debe de haber pertenecido el curioso objeto al que voy a referirme denominado “La Manta de Tlaxcala o de Salamanca”; de eso, que era una especie de tapiz (o repostero como dirían entonces) trataron: Pedro González en 1895, el padre Agustín Rivera, luego en un folleto hoy inencontrble, y finalmente el historiador don Antonio Peñafiel, que es a quien aquí copiaré pues su monumental obra sobre Tlaxcala aunque ya libro raro, puede consultarse en algunas bibliotecas y trae, la dicha “manta” buena reproducción en fotograbado. Dice así:


La Manta de Salamanca o Tlaxcala o de Salamanca. La siguiente descripción pertenece al señor Pbro. Don Agustín Rivera; de ella se ha trascrito solo lo conducente al fin de esta obra, suprimiendo las notas y agregando las etimologías de los nombre de los señores de Tlaxcala (que aquí no reproduzco por no venir al caso).


“I. la pintura materia de este artículo y a que yo he dado el nombre de manta de Tlaxcala (está copiando al padre Rivera), tiene 87 cms de larga y 63 de ancha. El lienzo está preparado con una composición o pasta y betún que no puedo explicar por mi ignorancia en el arte de la pintura… se ven claramente las facciones del rostro de las personas y los demás detalles, los colores se conservan vivos y ningún deterioro es en parte interesante, excepto un pequeño agujero que está en la capa de Xicoténcatl.


En la parte inferior se ve dentro de cuatro cuadretes… los retratos de los cuatro senadores de la república de Tlaxcala… tienen jubón y calzón español hasta poco arriba de la rodilla y la famosa capa nahuatlaca… la capa de Maxiscatzin es verde, la de Xicoténcatl es violada, la de Citlalpopoca es roja y la de Tlahuexolotzin es azul, las cuatro con bellos mosaicos… en la cabeza tienen corona real española de oro…


“Cada gobernador tiene en la mano una ramillete de galanas flores rojas… este ramillete era una de las insignias de los nobles nahuatlacas; en la Manta de Tlaxcala, por la actitud que tiene la señoría me parece, salvo meliori, que es una ofrenda que los referidos reyes vasallos están presentado como símbolo de vasallaje al rey de España, representado por su escudo de armas, que está en la parte superior de la manta.


“Sobre cada cuadrete… se lee don Vicente Tlahuexolotzin… don Lorenzo Mahxiscatzin… don Bartolomé Citlatlpopoca… don Gonzalo Xicoténcatl.


“sobre cada inscripción se ve el escudo de armas de cada personaje, compuesto de jeroglíficos…


“en la parte superior de la manta está el escudo de armas de los reyes de España…


“II. Esta manta es de la propiedad de don Eufemio de la Cruz Zamora, indio vecino de Salamanca quién la adquirió de sus antepasados, la ha prestado por tiempo indeterminado al señor Pedro González, nativo de Salamanca, actual jefe Político de dolores Hidalgo, quien a mediados del año próximo pasado de 1891, me hizo el favor de prestármela y me ha suplicado que publiqué un folleto sobre este interesante monumento, y me regaló una copia fotográfica de él que tengo colocada en una de las paredes de mi gabinete. Tuve dos meses la manta en mi poder y la devolví al Señor González…


“III. Mas, ¿cómo esta manta vino a dar a Salamanca? Voy a decir mis opiniones fundada en graves publicaciones… opino pues: 1º Que esta pintura se ejecutó en el segundo tercio del siglo XVI, en el reinado de Carlos V. 2º Que fue ejecutada en Talxcala o en México por indios cristianos. 3º Que ejecutaron otras teres pinturas como esta, a saber una para cada uno de los gobernadores de Talxcala, hijo de Maxiscatzin, Xicoténcatl, Tlahuxolotzin y Citlatpopoca, para que sirviera a los descendientes de aquellos célebres gobernadores de monumento perpetuo en los altos hechos de sus antepasados y de título de nobleza a sus respecto linaje, titulo que hacia a los del mínimo linaje muy acreedores ante el gobierno español a alivio de los tributos, a la posesión de ciertos oficios y cargos civiles y a otros privilegios. 4º Que esta manta fue traída a la tierra adentro por alguna de las familias tlaxcaltecas de la cuatrocientas que vinieron a colonizar en la Tierra adentro en le último tercio del siglo XVI.” (2)


Como se ve, nada de las hipótesis del padre Rivera, aceptadas y abaladas por don Antonio Peñafiel, fuera de la útil descripción de la manta, informan acerca de ella mayormente. Además de la buena reproducción que publica Peñafiel he visto al menos otras dos, en otros folletos de Pedro González; (3) en la página 14 se ve una habitación atiborrada de objetos al fondo y a la derecha la manta de Tlaxcala o de Salamanca, y dice el pie: “Parte del museo de antigüedades del Señor don Ramón Alcázar… “Lo cual hace suponer que este señor había adquirido la propiedad de la manta; y en la página 16 hay una fotografía de la manta, encuadrada en un marco tallado del siglo pasado y este pie, que es curiosamente absurdo: “la sumisión del senado de Tlaxcala a Carlos V con el que se demostró a los otomíes la alianza de aquellos con España. Esta pintura semejante a la del bautismo de Maxiscatzin, de San Francisco de Tlaxcala, es del estilo de las alegorías que pintó Rodrigo de Cifuentes, compañero de Hernán Cortés”. Ese y otros pies de grabados del mismo folleto son realmente visibles (por más que en otras obras los informes de Pedro González sean muy apreciables) pero, para el lector no mayormente informado, simplemente diré que Rodrigo de Cifuentes nunca existió, (aunque con su nombre tenga dedicada una calle en Mixocac), sino que fue un puro infundio del mitómano o gran bromitas don José Justo Gómez de la Cortina, conde de la Cortina y de Castro, gran señor de las letras, militar y político de la primera mitad del siglo pasado.


Finalmente, para terminar con este asunto de la manta de Tlaxcala y de Salamanca, diré que el escudo de armas de España tiene grandes errores de diversas clases: está coronado con una corona imperial, de la que salen, hacia los lados, tal vez queriendo recordar los lambrequines que adornan unos escudos, dos listones casi horizontales con poca gracia y mucha tiesura; en escudo es de forma poco heráldica y mal dibujadas sus figuras; en el tercer cuartel el león está contornado, es decir vuelto hacia el lado izquierdo, lo cual es injustificado, es un puro error; el escusón sobre el todo; es decir, que está en el centro es circular, lo cual es anómalo, en el no se alcanzan a distinguir sus figuras; el toisón en torno al escudo está mal pintado, más parece que alternan frutas y hojas, en vez de pedernales y eslabones, que es lo que debería tener, y abajo hay otras cintas o filaterías que no tiene razón de ser; el cordero está muy mal dibujado, todo ello tal como se alcanza aver en la fotografía publicada en el libro citado de Peñafiel.


Otra aportación tlaxcalteca a Salamanca más trascendente, fue la fabricación de sarapes, conocidos y de cierta fama fueron los sarapes salmantinos: los mencionan algunos viajeros en el siglo pasado, (no tenemos relatos anteriores) y lo mismo hacen todas las guías y directorios comerciales muy reiteradamente. Esos sarapes que se fabricaban en salamanca eran del todo semejantes a los de Saltillo, similaridad que solo se explica por un común origen, pues en siglos pasados ninguna comunicación había entre una y otra de las citadas poblaciones, y ese común origen no pudo ser otro que los artesanos tlaxcaltecas que en Salamanca, como en Saltillo, confiarían trabajando en sus mantas de algodón y luego de lana, en los lugares en donde solo ellos sabían hacerlo, pues los otros indios no lo hacían. Esa artesanía, después industria, se conservó en Salamanca hasta que todos allí cambió con la gran transformación hincada al mediar el presente siglo.


Todavía en 1933, en una de sus gratas crónicas, publicada en El Universal, el jocundo político y periodista ramón V Santillo aludía a esos sarapes adquiridos como objetos típicos de los turistas: “viendo con curiosidad las excursiones de mises, cuando bajan del pullman a comprar sarapes en Salamanca”.


Durante los cinco años de su primer virreinato, don Luis de Velasco, el segundo, además de la pacificación de los chichimecas y arreglos sobre tal problema, también hizo mucho, como se le había encargado por reducir los indios a pueblos, como legalmente se decía; en esos años, 1590-1595, se estimuló la formación de núcleos de población indígena, cosa que en el Bajío era fácil para los que iban llegando, muy conveniente tanto para evitar los asaltos y depredaciones de indios bárbaros, cuanto por juntarse en región tan poco poblada; así, pues, en esos años, finales del siglo XVI, se reunieron grupos de pobladores indígenas, cerca de las estancias de españoles, y algunos de seos núcleos de población fueron germen u origen de lo que más tarde figuraron como barrios de la villa de Salamanca. (4)


Fuentes:


1.- De Santiago Silva, José. El templo agustino de San Juan de Sahún en Salamanca. Ediciones La Rana. Guanajuato, 2004.


2.- Peñafiel, Antonio. Ciudades coloniales y capitales de la república mexicana, Estado de Tlaxcala. Imprenta y fototipia de la Secretaríad e Fomento. México, 1909. Pg 16-19. Citado por Rojas Garcidueñas.


3.- González, Pedro. Algunos puntos y objetos memorables antiguos del Estado de Guanajuato (varios desconocidos) Presentados en el XI Congreso de Americanistas. Imprenta del Etado, Guanajuato, 1895. Citado por Rojas Garcidueñas.


4.- Rojas Gracidueñas, José. Salamanca. Recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa. México, 1982.



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