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jueves, 5 de noviembre de 2015

Algunos datos de la vida del salmantino Homobono González.

            Aquí de nuestra idiosincrasia, del atavismo nacional de pereza, de indolencia, de la confianza en el mañana que llevamos a cuestas como una herencia fatal.
Homobono González.

   Homobono González Gutiérrez nació en Salamanca en 1856, fue Jefe Político en el año de 1880, 1881 y parte de 1882, lo sería de otros municipios como en San Miguel de Allende. En 1892 recibiría la Jefatura Política de Guanajuato, al parecer en forma interina. De su carrera política no tengo más noticia, quizá ocupó el mismo cargo en alguna otra municipalidad; lo que sí podemos afirmar es que la visión que tuvo fue, lamentablemente, fuera de época pues no se consideró todo el proyecto que tenía para el desarrollo de la sericicultura, que es el relativo a la cría del gusano de seda. Pasará a la historia como el “Apóstol de la Seda” y es de llamar la atención que, comenzando el siglo XX ya denunciaba la tala inmoderada de grandes zonas boscosas y la posibilidad de reforestar con la morera, planta esencial para que el gusano de seda viva y, consecuentemente, se obtenga la materia prima.

  En los primeros días de su gestión como Jefe Político de Salamanca, el Gobernador de Guanajuato, dueño de la línea troncal del Ferrocarril Salamanca-Valle-Jaral y próximo Presidente de la República, el general Manuel González, recibe una carta en la que se le notifica, entre otras cosas, del particular carácter de don Homobono: “Por acá no hay nada más nuevo que lo que el señor licenciado Enríquez comunica a Usted relativamente a Puerto de Nieto. Conocido el carácter violento y apasionado de Homobono González, nada extraño es que con tanto descaro esté apoyando a nuestros adversarios. Lo grave es que con ese apoyo, aliente a gente ignorante y apasionada a que cometan algún asesinato”. (1)

   “Don Homobono González fue hombre de confianza del gobernador Joaquín Obregón González, (último gobernador del Porfirismo, Gob. de 1893 a 1911), pues fue también jefe político en Salamanca en donde levantó el teatro “Juan Valle”, trajo de Europa el gusano de seda el que llevó a Irapuato, Guanajuato y aquí a San Miguel. Él levanto a fines del siglo XIX el mercado Municipal en los terrenos de la plaza de la Soledad. Esta obra la encargó a don Zeferino Gutiérrez. En 1888 manda construir el kiosco del cual quedan en la actualidad los barandales y las columnas, pues su cubierta metálica le fue cambiada hace más de 30 años”. (2)

   El 6 de septiembre de 1905 participa brillantemente en el 2° Congreso Agrícola, celebrado en Tulancingo, Hidalgo, y de allí se desprende el siguiente documento:


   “17°.- La sección propone que el actual Congreso acoja el trabajo del Sr. Don Homobono González, sobre propaganda de extensos plantíos de morera blanca de China, en toda la extensión del país, para que de allí venga a su tiempo el desarrollo del cultivo de gusano de seda, y recomienda que se suplique al Sr. Ministro de Fomento, que (si lo tiene a bien) se establezca un centro agrícola de servicio público y de enseñanza (a que alude el Sr. González) para que de allí la acción violenta, eficaz y sostenida que haga práctica la profusa plantación de moreras, y como consecuencia, la cría del expresado gusano. Se aprovechará la existencia del gran número de plantas aclimatadas que tiene el Estado de Guanajuato, para obtener semillas secas”. (3)

  En el mencionado Congreso Agrícola Homobono González dictó una conferencia, de ella extraigo las siguientes notas: 

  “Formado mi criterio, con la convicción más íntima, en la creencia de que la industria de la seda en México tiene que ser tarde o temprano, uno de los principales factores de la riqueza pública, he venido dedicando desde hace ya diez y siete años, todos mis esfuerzos a la propaganda del plantío de moreras y de la cría del gusano de seda. […] Os propongo, señores terratenientes, el plantío de la morera, la profusa plantación del “árbol de oro” como se le llama en Francia; tan fácil de sembrarse o de reproducirse por estaca; tan hermoso aun para lucir en las calzadas y paseos públicos; […] demostrada en pocas palabras y con unos cuantos números la grandísima importancia de los plantíos extensos de morera, árbol tan apropiado a nuestro clima como tan necesario para cubrir la baja enorme que ha producido la tala […] Ahora bien, trabajo tan sencillo y tan adecuado a la mujer, ¿no será posible hacer que se desarrolle entre nosotros para redimir de la miseria a nuestras clases menesterosas y para crear un rico elemento de vida que lo piden nuestras necesidades agrícolas? […] En el Estado de Guanajuato comencé el año de 1888 la propaganda sericícola, asociada entonces al conocido sericicultor francés M. Hipólito Chambon. Unidos los dos, establecimos en la ciudad de San Miguel de Allende las primeras crías de gusanos de seda”. (4)

Fuentes:

1.- José Valenzuela, Georgette Emilia. Los ferrocarriles y el general Manuel González. Universidad Iberoamericana, México, p.94

2.- Página web del Cronista de San Miguel de Allende.

3.- Memoria del 2° Congreso Agrícola de Tulancingo. Cap. II, Secc. 5ª. Secretaría de Fomento. México, 1905, pp. 47-48

4.- Memoria… pp. 83-98

martes, 3 de noviembre de 2015

Las dos buenas razones del salmantino Homobono González

   De los muchos personajes nacidos en Salamanca no a todos los hemos estudiado cabalmente. Uno de ellos es, sin lugar a dudas Homobono González del que solamente pensaba había sido como su hijo, Fernando González Roa, un político de carrera; don Homobono, más que en la cosa política destacó en una actividad no del todo difundida en nuestro país, pues fue uno de los que más estudió al gusano de seda y lo veía como una fuente de ingresos, ahora entiendo por qué, una vez, encontré en el Archivo Histórico local uno o dos documentos en donde se mencionaba no el cultivo del gusano, sino de la morera que es indispensable para que el gusano sobreviva. 

  Para irnos introduciendo en la vida y obra de Homobono González, nos apoyaremos en un breve relato que hace otro de los grandes de Salamanca, José Rojas Garcidueñas, en donde nos cuenta algo de la relación que tuvo con él:

  “Recuerdo haber conocido, siendo yo muy niño, a don Homobono Gonzáles mostrando ante mis ojos asombrados una serie de capullos de gusanos de seda que sacaba y metía de una caja, maniobrando con su único brazo útil y dando explicaciones sobre las clases de la seda y de los gusanos que la producen, y de modo semejante volvía a verlo en algunas otras ocasiones, años más tarde, hasta poco antes de su fallecimiento. Fue un apóstol de la sericultura, que conocía a fondo, en la que veía, con fundamento y mucha razón, una fuente estimabilísima del posible mejoramiento económico para los campesinos y gente de los pueblos en el Bajío y en todos los lugres cuyo clima permite el cultivo de la morera. La misma idea tuvo el padre Hidalgo y muchos otros también, y todos podrían decir, con acierto, que solo el descuido y la negligencia han privado a nuestra tierra a esa fuente de riqueza.

  Pero, allá por los ochenta del siglo pasado [se refiere al siglo XIX] las ocupaciones y preocupaciones de don Homobono Gonzáles eran otras, vivía en Silao y allí alternaba con otras tareas la de escribir y publicar un periodiquito de brava oposición (pues la manquedad no le restaba acontecimiento), que continuamente censuraba los actos del gobierno: a veces los del federal y otras los del estado y siempre los de la administración municipal cuyas torpezas eran más ostensibles e inmediata para el periodista y para sus lectores.  Como es de suponer, aquella labor no producía miel sobre hojuelas sino multas, admoniciones y acaso hasta algunas visitas al alcaide de la cárcel local.

   No había en aquel tiempo, presidentes municipales sino jefes políticos y el que lo era de Silao ya estaba harto de este tábano que era la hoja periódica de don Homobono González, por lo que resolvió buscar un apoyo superior que le facilitase imponer sanciones más duras al pertinaz sensor, enviando informes exagerados y pidiendo la ayuda del gobernador del estado. 

  Gobernaba a Guanajuato el general don Manuel González, hombre enérgico y partidario de acciones directas y rápidas y hombre, también de lealtad íntegra y de fidelidad sin resquicios a la amistad declarada, de lo cual acababa de dar la prueba mejor al devolver la presidencia a Porfirio Díaz en 1884, lealtad y fidelidad que como sus rasgos más característicos han querido ser perpetuados en el epitafio de su sepulcro: “Tuvo un brazo no más, pero de bronce; una mano no más, pero de amigo”.

  El general González habló largamente con su tocayo, el joven y atrevido periodista don Homobono; este era hábil, de ingenio despierto y de valor cívico, cualidades muy propias para llegar a entenderse con el gobernador; el periodista probó la veracidad de los hechos que censuraba y los desgobiernos del alcalde que lo había acusado y, al fin salió de la entrevista con solo algunas suaves advertencias de manejarse con más tiento pero, en el fondo, con la simpatía y el aprecio del gobernador.

  No pasó mucho tiempo sin que alguna nueva alcaldada, en Silao, fuese denunciada y comentada por Homobono en su periódico. El jefe político, creyendo hacer méritos y congraciarse con su superior llegó a Guanajuato, se apersonó en palacio y llevó el chisme al gobernador, cargando las tintas y sugiriéndole el castigo; el general no hizo comentario de aquello, después de oírlo trató de otros asuntos de Silao y luego dio por terminada la audiencia. Con poco tino el jefe político insistió en pedir autorización para castigar con dureza con don Homobono, pero el gobernador, con el gesto que hacía más importantes que hacían las luengas barbas y con el tono duro de viejo soldado replicó: “en eso de Homobono váyase con cuidado… “, y ante el asombro que se transformaba en miedo del jefe político, agregó reticente: “con cuidado, porque es manco y es González!”.  (1)


Fuente:

1.- Rojas Garcidueñas, José. El erudito y su jardín. Ediciones la Rana, Guanajuato, 2013. pp. 95-38.