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miércoles, 6 de diciembre de 2017

La Colonia Bellavista, la ciudad Utópica.

   En este plano, mejor que nunca, veremos la razón por la cual la Villa de Salamanca fue fundada bajo las reglas establecidas por Felipe II en sus Ordenanzas de Población, en la cual establece algo que conocemos como "la traza perfecta", la cual refiere a una cuadrícula bajo la cual se trazan las poblaciones del Nuevo Mundo en el siglo XVI. Salamanca es fundada en los primeros años del XVII, por lo cual entra en esta premisa. La traza perfecta refiere a medidas bien determinadas que van de oriente a poniente y de norte a su, estableciendo así las calles; todo el centro de nuestra ciudad, lo que podemos considerar (pomposamente) como "Centro Histórico" fue establecido bajo la mencionada regla.

  Al crecer la población la traza, la retícula, se mantuvo, al menos hasta finalizar el siglo XIX. Comenzado el siglo XX otras fueron las circunstancias y las economías que marcarían el crecimiento. El norte de Salamanca pasó de la que ahora conocemos como calle Matamoros, a la vía de tren en 1887, así se mantendría por más de medio siglo hasta que, en 1947 comienza a construirse la nueva refinería de Petróleos Mexicanos; el norte se vuelve la calle Faja de Oro, luego, en 1950, pasaría a la calle Árbol Grande pues comienza a trazarse la colonia que hoy conocemos como Bellavista y que originalmente se le conoció como la Morfín o Atlas.

  En esta toma de 1948 vemos a La Fortaleza en primer plano, al fondo aparece el trazo de la que sería la Colonia Bellavista, a la izquierda alcanzamos a ver la casa del Ing. Morfín. Se comenzaba a trazar la mencionada colonia que, en buena medida, era una "Ciudad Utópica". Me explico:

  El inicio de esta teoría la podemos ubicar con San Tomás Moro, santo inglés cuyo nombre era Thomas Moore, el cual fue mandado asesinar por Enrique VIII al no haber aceptado su divorcio, de ahí que se haya creado la iglesia Anglicana. Es él, Thomas Moore, el que escribe un libro que llamó Utopía, en él idealiza una ciudad en la que todas las casas eran iguales, con la misma dimensión, todas rodeadas de jardines. Estaba pensada de tal modo que todo quedaba cerca, escuelas, trabajos, mercados. La obra fue escrita en 1516, se dice que tiene influencia de La ciudad de Dios de San Agustín y algo de la República de Platón.

  En México varios proyectos han habido bajo el concepto de la ciudad Utópica, al principio fueron las ciudades fundadas por españoles que, bajo los nuevos conceptos de la Ordenanza se desarrollaron, en la ciudad de México, Puebla, Oaxaca y Morelia, en donde vemos aun en nuestros días la perfección de la traza en sus centros históricos. Al mediar el siglo XIX, con la idea de colonización europea iniciada por Antonio López de Santa Anna, en Veracruz se crearon varias ciudades de tipo Utópico, otras en la Sierra Gorda.

  Una que creo fue ciudad Utópica la tenemos muy cerca de Salamanca, en Soria, en donde Eusebio González, esposo de Emeteria Valencia, creó una comunidad para dar alojamiento a los trabajadores de sus negocios textiles.

  Las 18 manzanas que conformaron la primera etapa de la Colonia Bellavista caben muy bien dentro de concepto Ciudad Utópica. En nuestros días quedan una docena de casas con sus terrenos originales, aun sin mutilación, pues los originales eran de 600 metros cuadrados; esto representa 501 casas. Número curioso, pues 500 terrenos fueron destinados para los trabajadores y uno, que ocupaba el espacio de 3 casas, fue destinado para don José Muro, primer superintendente de Riama.

  De la Utopía original solamente queda el trazo de las calles, perfectamente orientadas, los terrenos originales, luego de siete décadas, se han ido desmembrando, sea porque los dueños originales lo vendieron o lo dieron en herencia a sus hijos y cada quién tomó su parte, de la idea original de una casa rodeada de jardín solo queda el recuerdo y el magnífico ejemplo de Arquitectura funcionalista en esa casa que fuera de Don José Muro.


lunes, 2 de octubre de 2017

Lo publicado en Excélsior hace 32 sobre la muerte de Margarita Mendoza López.

   Sale de sobra hacer relato de lo sucedido en la Ciudad de México hace unos días. La casualidad, el destino, a ironía o lo que haya sido, hace repetir en la misma fecha, 19 de Septiembre, con 32 años de diferencia, un fuerte terremoto. El de 1985 a las 7:15 de la mañana, el segundo, de 2017, a las 13:15, ambos dejaron muchos daños, en de hace 32 años hubo más de 10 mil muertos, entre ellos una persona de Guadalajara, ligada de algún modo con Salamanca, ya que era la esposa, viuda ya, de José Rojas Garcidueñas: Margarita Mendoza López. Así, recordando el evento y en su memoria, transcribo lo publicado en el Excélsior, días después de lo acontecido.

   “Tercera llamada, tercera llamada, tercera llamada, y Margarita Mendoza López no contesta. Se teme que haya bajado el telón de su vida y haya dejado inconclusa su importante obra que sobre Teatro mexicano realizaba. Margarita Mendoza López, la extraordinaria mujer, infatigable trabajadora, escrupulosamente apegada al deber y sumamente organizada, no responde a los llamados de sus amigos, por lo que se teme que haya fallecido durante el derrumbe del hotel Regis, en donde vivía desde hace dos años después que perdió a su esposo.

  Ella, ordenada en todos los aspectos de su vida, tenía todo dispuesto para cuando llegara la hora de enfrentarse al Creador. Hace poco le dijo a la licenciada Guillermina Llach: “no le tengo miedo a la muerte, estoy preparada. Todo ser que nace, muere… es lo más seguro que tiene uno en la vida y hay que ver este trance con tranquilidad, serenamente”.

  Margarita nunca uso su nombre de casada era esposa del distinguido literato y diplomático, José Rojas Garcidueñas quien fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua –con nombramiento de Secretario Perpetuo-, del seminario de cultura Mexicana y otras instituciones de Cultura. Decía Margarita que no era viuda –porque mi esposo vive dentro de mí”. En el registro del hotel Regis decía: “Margarita Mendoza López. Ahí vivió sus últimos dos años en el cuarto número 440. Después de que falleció don José, ella quitó su casa (en las calles de Bolívar) y se redujo a una habitación en donde solo cabían sus libros, sus recuerdos personales. Escribía, leía y se reunía con sus amistades más íntimas. Gracias, Margarita, por haberme contado entre ellas.

  Alta, erguida, de elegancia natural en sus movimientos, una de sus muchas cualidades era la de ser agradecida. “Una persona agradecida, es una persona bien nacida”, nos decía con frecuencia. Y hablaba con cariño de aquellas personas de las que recibió algo.

  Nació en Guadalajara, hija del maestro Luis Mendoza López, quien fue director de la Orquesta de Esperanza Iris. Su madre, Berta, tuvo por muchísimos años, el alquiler de un vestuario teatral, que presentó utilidades. Margarita estuvo profundamente ligada con la vida teatral de México, pues su padre, como hemos dicho, fue director de su Orquesta, gracias a la amistad de su papá con la actriz tabasqueña. Margarita, en su boda lució las joyas de doña Esperanza Irisa, a quien admiró y quiso entrañablemente. Siempre la recordaba y cuando podía hablaba o escribía de ella. Tenía un acopio importante de datos desconocidos, o poco conocidos, de la que fue emperatriz de la Ópera. 

   En su último libro que acaba de salir, “El Teatro de Ayer en mis Recuerdos” editado por Editorial Porrúa, S.A. dedica un capítulo a doña Esperanza: Dice en uno de sus párrafos: A poco de llegar a México trabamos amistad con Esperanza y con Paco, acababan de casarse. Él era un muchacho de Delicias, Chihuahua de familia muy honorable. Sus padres querían que se hiciera cargo de las tierras y de los negocios que tenían, pero Paco tenía una bonita voz de barítono y lo que quería era cantar, se vino a México y acabó por casarse con Esperanza. La diferencia de edades era grande y la maledicencia se ensañó contra él…”

  Continúa el relato: “cuando se casaron, Esperanza estaba arruinada, el teatro Iris hipotecado y todas sus alhajas en el Monte de Piedad. Algunas amigas entre ellas Conchita Cabrera, que era enfermera, y Sarita Gutiérrez empleada, se encargaban de comprarle hasta medias. Paco no se casó con Esperanza por su dinero, al contrario, fue él quien se preocupó por sacarla de la ruina”.

  Margarita vino a verme a Excélsior, el 13 de septiembre. Desgraciadamente no me encontró. Me dejó su libro “El teatro de ayer en mis recuerdos”, dedicado a la memoria de José Rojas Garcidueñas (su esposo) y el que dice en la primera página. Luis y Bertha Mendoza López dos vida consagradas al espectáculo. Relato personal entreverado con las conversaciones que con mis padres tuve a lo largo de sus vidas”.

   Qué ironía del destino! En esta pena que embarga a nuestro país la familia de Plácido pereció a consecuencia del sismo y Margarita… pensamos que también, porque de ella no se ha sabido nada de ella y quizá su cadáver fue enviado a la fosa común.

  Todos sus amigos sentimos profundamente su desaparición y nos conforta que estaba preparada para el viaje final. Colaboró en el Centro México de Escritores, institución que en 1959 le encomendó la organización y publicación de la obra titulada “Catálogo de publicaciones periódicas mexicanas”. En esta institución trabajó muchos años, pero sus inquietudes teatrales la llevaron a ser la directora de la Escuela de Teatro del INBA. Útilmente fundó el centro de Información Teatral “Rodolfo Usigli”, del INBA. Y hasta hace unos días trabajaba en la publicación del Catálogo de Obras teatrales mexicanas para el IMSS.


Fuente:

Appendini, Guadalupe. Excélsior Secc. B. Jueves 3 de octubre de 1985 pp. 1—5

miércoles, 13 de septiembre de 2017

De cuando pasó Félix Ma. Calleja por Salamanca, 1810

  Sabemos que Miguel Hidalgo estuvo dos veces en Salamanca, la primera una semana luego del "grito", cuando se enfilaba rumbo a Guanajuato; la segunda, luego de la Toma de Granaditas. También sabemos que uno de los virreyes en turno, Iturrigaray pasó también pero no se detuvo, el iba a Guanajuato y solo cruzó por Salamanca, ni siquiera sabemos si entró a la villa o se siguió de largo por Temascatío pues le urgía (de algún modo) llegar al real de Minas. Sobre el paso de Maximiliano hemos dado cuenta en este blog, y también fueron dos noches las que pasó en la villa. Humboldt es otro de los personajes que en su rumbo a Guanajuato se detuvo por Salamanca, de él todo indica que estuvo alojado en el mesón que había en Temascatío pero no lo asienta en su libro. Porfirio Díaz pasó de largo, quizá solo se detuvo en la estación, cuando iba rumbo a Paso del Norte para entrevistarse con el presidente de los Estados Unidos. Pancho Villa estaba asentado en Irapuato en 1915, quizá pasó por Salamanca al igual que Álvaro Obregón que si bien estaba en Celaya, pasó por Salamanca para luego estar en el enfrentamiento en Santa Ana del Conde en donde perdió el brazo. Varios son los personajes de la historia que han estado de visita o de paso por nuestra ciudad, ahora encuentro que uno más, el más obsesionado por destruir el movimiento de Hidalgo también pasó por Salamanca: Félix María Calleja del Rey Bruder Losada Campaño y Montero de Espinosa, que luego sería nombrado virrey de Nueva España y más adelante obtendría el título de Conde de Calderón.

  Algo bueno tenía este personaje, le gustaba escribir, y de todos los acontecimientos hace un reporte. Gracias a ellos podemos darnos una idea más clara de los acontecimientos de cuando estuvo en campaña, entre 1810 y 1818 y fue él quien pidió a los comandantes llevaran un diario de campaña, uno de ellos fue Agustín de Iturbide y es en ese diario Militar por el que nos hemos ido enterando de lo que ocurría en Salamanca durante la guerra por la independencia. Calleja estaba destacado en San Luis Potosí cuando ocurre el alzamiento de Dolores, entre que se entera de los hechos y organiza su ejército ocurre la toma de Granaditas y la entrada de los insurgentes a Valladolid, para luego seguir rumbo a la capital de virreino, teniendo el triunfo en Monte de las Cruces, en las proximidades de la ciudad de México, eso ocurre el 30 de octubre de 1810; Calleja estaba ya en Querétaro iba en busca de los insurgentes y el enfrentamiento lo tienen el 7 de octubre en las inmediaciones de Aculco, son derrotados, Hidalgo se va por un lado de nueva cuenta a Valladolid para luego seguir a Guadalajara, mientras que Allende lo hace rumbo a Guanajuato. Escribe Calleja:

  "Batido y derrotado el ejército de los insurgentes el día 7 del mes último en Aculco, levanté el campo al siguiente, y me dirigí a Querétaro, donde di algún descanso a las tropas; pero con noticia de que el mayor número de los enemigos que huyeron de aquella acción, se había reunido en Guanajuato con Allende y los principales cabecillas; y que en esta ciudad, al abrigo de numerosa plebe y fuerte situación, se proponía hacer la mayor resistencia, habiendo acopiado al efecto sus mayores recursos de artillería, municiones y gente, me encaminé a aquel punto por los pueblos de Apaseo, Celaya, Salamanca e Irapuato, con  el doble objeto de reducirlos a la obediencia y organizar su gobierno, como lo verifiqué, y asegurándome las subsistencias impidiéndoselas al enemigo."(1)

  Bien me puedo imaginar el terror que había en la villa de Salamanca cundo vieron pasar a las tropas de Calleja a mediados del mes de noviembre de 1810. La fecha exacta no la dice, para el día 8 estaban en Querétaro en donde pasaron algunos días, que fueron 2, 3 o más, no lo sabemos, por lo que deducimos que fue a mitad de octubre cuando él y su numerosa tropa pasó rumbo a Guanajuato. Allá el real de minas que había padecido el 28 de septiembre la masacre de Granaditas, ahora enfrentaría el odio incontenible de Calleja.

Fuente:

Gaceta de la Regencia de España e Indias del jueves 7 de marzo de 1811. No. 32, p.242.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Luis Chávez Orozco, distinguido historiador irapuatense

   Buscando datos de la cosa agrícola en el Bajío, encontré una referencia que me llevó a un autor del que desconocía su trabajo, el historiador Luis Chávez Orozco. Comencé a averiguar más de él y la primera sorpresa que me llevé es su lugar de nacimiento: Irapuato, la segunda es ver la gran cantidad de publicaciones que tuvo a lo largo de su vida. Razón por la cual considero importante compartir los datos que encuentro en Wikipedia y que nos dice de la importancia que tuvo tan distinguido irapuatense:

  Luis Chávez Orozco (Irapuato (Guanajuato), 28 de mayo de 1901- Ciudad de México, 16 de septiembre de 1996), fue un profesor, sindicalista, funcionario público e historiador mexicano. Fue promotor de la educación socialista, y destacado precursor de la historiografía social y económica moderna de México.

  Luis Chávez Orozco cursó sus primeros estudios en el Instituto Sollano y en la Preparatoria de León, Guanajuato. Su interés por el pasado mexicano le llevó a formarse como historiador autodidata. Fue profesor de Historia Moderna en la Escuela Nacional de Maestros en 1933, en donde fue uno de los impulsores de la “educación socialista”. Trabajó en la Secretaría de Relaciones Exteriores como jefe de Prensa y Publicidad, bajo la dirección de Genaro Estrada.

   En 1935 fue nombrado jefe del departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública (México), en donde coincidió con José Mancisidor, Rafael Ramos Pedrueza y Germán List Arzubide; posteriormente fue subsecretario de Educación (1936-1938); y jefe del Departamento Autónomo de Asuntos Indígenas (1938-1940), y como tal presidió el Primer Congreso Indigenista Interamericano, que se realizó en Pátzcuaro en 1940. De ahí se derivó la creación del Instituto Nacional Indigenista (hoy Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas), que impulsó junto con Alfonso Caso, Moisés Sáenz y Manuel Gamio.

  En 1941 fue embajador de México en Honduras. A su regreso participó en la organización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, del cual fue secretario general del Comité Ejecutivo Nacional en diciembre de 1933 hasta su renuncia, en 23 de julio de 1945, en el contexto de una grave crisis en el sindicato y por diferencias con la línea impuesta por Vicente Lombardo Toledano. Posteriormente se retiró de la vida sindical y política, y desempeñó diversas labores burocráticas. El presidente Adolfo Ruiz Cortines le dio su apoyo, nombrándolo como asesor, para que pudiera dedicarse a la investigación histórica. Mantuvo este puesto hasta su fallecimiento en 1996.

 Chávez Orozco fue autor del primer libro de texto de historia, Historia patria (1934), para tercer grado, con el que pretendía “proporcionar a la niñez una explicación de los fenómenos sociales, subordinándolos al factor económico”, y conducir a la niñez “a una nueva interpretación de la historia nacional”.

  Su obra escrita es particularmente vasta, y muestra particular interés en la historia social y económica, especialmente de los grupos indígenas y la época colonial, apoyándose en documentos de archivos, lo cual destaca en en una época en la que predominaban los estudios políticos y biográficos. En sus escritos introdujo la perspectiva marxista, dando particular énfasis a la influencia de la estructura productiva en el desarrollo de las sociedades.

Entre sus obras de autoría individual se hallan:

El sitio de Puebla en 1863 (1927),
El sitio de Cuautla (1931),
La civilización maya-quiché (1932),
La civilización nahoa (1933),
La industria de hilados y tejidos en México 1829-1842 (1933),
Tres capítulos de historia diplomática. El hispanoamericanismo. La cuestión de Texas. Los límites entre México y Guatemala (1935),
Revolución industrial, revolución política (1937),
Historia económica y social de México. Ensayo de interpretación (1938)
Historia de México. Época precortesiana (1939).

domingo, 23 de abril de 2017

Un salmantino fue Diputado Constituyente: José López Lira

   Me sigo sorprendiendo con lo mucho que hay en Salamanca en cuanto a historia se refiere. Igual me sorprendo de que regularmente se haba de los mismos personajes y no se documenta sobre otros que tuvieron méritos del nivel de un Rectoría en la UNAM (aunque hay asido interina por solo un mes) o de estar al frente de una Secretaría de Estado. Hoy entiendo la importancia que tuvo uno de los hijos de Salamanca que bien podemos agregar su nombre a la siempre creciente lista de hijos ilustres: Jesús López Lira. Diputado Constituyente en 1917. Y damos con el dato ahora, justo en el año del Centenario de la Carta Magna.

  José López Lira (1892 - 1965). Fue un abogado y político mexicano, que fuera rector sustituto de la Universidad Nacional Autónoma de México. Participó en la Revolución mexicana y ocupó un gran número de cargos en el gobierno, culminando como Secretario de Bienes Nacionales en el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines. José López Lira fue abogado egresado del Colegio del Estado de Guanajuato, se unió al maderismo y posteriormente militó bajo las órdenes del Gral. José Siurob y también participó en la rebelión del Plan de Agua Prieta. Ocupó numerosos cargos en el gobierno federal y de su estado natal, entre ellos los de Secretario de Gobierno de Guanajuato y Tlaxcala, Subprocurador de la República, Magistrado del Tribunal de Justicia del Distrito y Territorios Federales, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Director General de Población, Secretario General de la Universidad Nacional Autónoma de México y en 1952 el presidente Adolfo Ruiz Cortines lo nombró Secretario de Bienes Nacionales e Inspección Administrativa. Formó parte de la Comisión encargada de los Códigos Penal y de Procedimientos Penales en 1931, y participó en los proyectos de Ley de Amparo, Ley Orgánica del Ministerio público del Fuero Común, Ley Orgánica de Tribunales y otras, ente las que figura la Ley General de Población en 1936. (Wikipedia)

  En esa breve biografía del Lic. López Lira no menciona su participación en el Congreso Constituyente de 1917 en Querétaro, pero al ver la imagen vemos su autógrafo dejado a la posteridad con su mensaje en torno a la educación, hecho el 23 de enero de 1917, en vísperas de la promulgación de la Constitución Federal del 5 de Febrero. Y para cerciorarnos de que un salmantino participó en tan importante evento, encontramos la publicación que hace el diario El Pueblo, el martes 6 de Febrero de 1917 con la lista de los Diputados Constitucionalistas.



  Todo indica que la biografía de licenciado López Lira fue tomada de los datos que da Guillermo Razo en su libro Salamanca Hoy.


jueves, 16 de marzo de 2017

CES, Centro Escolar Pemex, una breve historia.

  Larga es la historia del edificio que conocemos coloquialmente como "La Dieciocho", lugar en el que pasé tres años de mi vida, pues allí, como una buena cantidad de salmantinos, hice la secundaria, solo que tuve la necesidad de repetir el tercer año, cosa que sucedió en "El Pedro" en Irapuato. El edifico lo conocí muy bien, aun me tocó cuando no se habían construido los salones del lado sur, pues era paso del Arroyo de San Antonio, incluso recuerdo el puente que había ahí. 

  El edificio fue inaugurado el 1° de marzo de 1897, por el Gobernador del Estado, que entonces era Joaquín González Obregón, el nombre que le dieron fue el usado para algunas selectas instituciones Escuela Modelo, luego se cambiaría a Escuela Modelo Porfirio Díaz. Algunos problemas presentó la obra pues, para 1913 vemos que el techo había colapsado, quizá por las fuertes lluvias que cayeron, al grado que la población estaba totalmente inundada. Por algún tiempo, dos o tres décadas, el inmueble estuvo vacío, luego se instaló allí, en los años cuarenta, la Escuela Hidalgo.  

  Ocurrió luego que ante el crecimiento inminente que vendría en la población por la puesta en operación de la Refinería de petróleo, hubo la necesidad crear los espacios educativos suficientes a nivel primaria y secundaria, tal fue el caso del CES-Pemex.

   “El Gobierno del Estado cedió en Salamanca, la antigua casa de la Escuela Hidalgo y 13 000 metros de terreno para la construcción de la escuela de Petróleos Mexicanos. A su vez tal Empresa ha proporcionado los medios económicos para la construcción de este gran centro escolar, que había de contar con kindergarten, escuela primaria elemental y superior, escuela secundaria, campos deportivos, albercas y todos los elementos de que un centro escolar moderno debe estar dotado y que seguramente habrán de convertirlo, al quedar concluido el año venidero [1952], en uno de los más importantes establecimientos docentes del país. El día 29 de abril [1951] fue inaugurada la primera unidad arquitectónica de él con asistencia del Señor Secretario de Educación Pública y el Señor Director General de Petróleos Mexicanos” (1).

   De lo dicho por el Gobernador en su Segundo Informe se realizaría solo una parte, el "kindergarden" fue abierto a la par de la Primaria Pemex el 12 de enero de 1955, sería luego sede de la Primaria Riama a partir de 1957, el resto quedó en el papel, no hubo ninguna alberca y los "campos deportivos" no furon otra cosa que un terreno que quedaba detrás de la Dieciocho, limitando al sur los "Talleres" y al norte con "La Pemex", es decir un llano.

  Para 1954 el Gobernador informaba que: “Se continúa la construcción de la Escuela Pemex y se instaló la red de drenaje en la calle por donde atraviesa la carretera Panamericana” (2). ¿Cuándo cambió de nombre la Secundaria Pemex por 18 de Marzo? no lo sé a ciencia cierta, parece que en 1975. La placa que en algún momento se colocó, quizá por el 50° Aniversario de su fundación original, una placa que fue (al modo) robada.


Fuentes:

1.- Segundo Informe del Gobernador Constitucional del Estado de Guanajuato, 15 de septiembre de 1951.

2,- Cuarto Informe del Gobernador Constitucional del Estado de Guanajuato, 15 de septiembre de 1953.


martes, 14 de marzo de 2017

La leyenda de "La Mano Negra" del padre Marocho

  Sobre el padre Marocho hemos ya publicado una especie de semblanza de su persona, la puedes ver aquí. El fraile agustino es un personaje enigmático por esa suerte de cualidad adivinatoria -por decirlo de algún modo- que poseía. La leyenda de la Mano negra no la conocía, dí por casualidad pues fue creada en Morelia, como quiera, se hace mención de la estancia del padre en Salamanca. Me parece curiosa, es por eso que la transcribo completa que sea más conocida en nuestra región.

  “En una de esas noches de invierno en que llovizna y hace frío, en que rodean los niños la cazuela de los buñuelos comiendo anticipadamente de los que se quiebra, en que sólo están quietos si la abuela de cabeza blanca y ojos amorosos les cuenta algo de aparecidos, oí lo que a mi vez refiero. El padre Marocho, de cuyo nombre no puedo acordarme, era una celebridad en la vasta provincia de agustinos de Michoacán, distinguiéndose principalmente por sus virtudes  después por ser pintor excelente que cubrió de cuadros de indiscutible mérito artístico todos los conventos de la provincia; por ser orador consumado, que con sus sermones llenos de elocuencia y de unción conmovía profundamente al auditorio por distraído que éste fuese; por ser teólogo y canonista como pocos de gran memoria y aguda inteligencia. Por todo lo cual era uno de los primeros que asistían a los capítulos de su provincia. Por entonces había capítulo en el convento de San Agustín de Valladolid y los padres capitulares habían venido de las más remotas regiones de la provincia, y entre ellos el padre Marocho que residía de ordinario en el convento de Salamanca.

  La sala capitular estaba a la derecha del claustro románico situado junto a la iglesia bizantina. Una ancha puerta de medio punto abierta a la mitad del salón daba acceso a él. Casi frente a la puerta de entrada se erguía una tribuna tallada en nogal negro. En los cuatro tableros de enfrente en forma de medallones se habían esculpido a los cuatro evangelistas. En el respaldo que remataba en un tornavoz figurando una concha, estaba esculpido en el entro la imagen de San Agustín. Tanto en el pie como en los barrotes que encuadraban los tableros, había una rica flora retorcida y gallarda, que los maestros carpinteros de los pasados siglos desarrollaban en sus obras, haciendo gala de una imaginación, tan fecunda como bella, y de una habilidad nunca igualada ni mucho menos manejada para superar los instrumentos de tallar y esculpir en madera. En armonía con la cátedra o tribuna y a lo largo de los muros en dos galerías alta y baja se desarrollaba una doble sillería de asientos giratorios labrada también en nogal negro. Cada silla era un prodigio de talla, teniendo en el respaldo esculpida la imagen de un santo de la orden.

  "En uno de los testeros se levantaba sobre una plataforma el trono del provincial y en el otro había una preciosa mesa cuyas patas eran garras de león, sobre la cual destacaba un crucifijo de cobre dorado a fuego, en medio de dos candeleros con sus cirios y un atril de plata cincelada para los santos evangelios. De la bóveda de cañón pendían tres arañas de cobre dorado a fuego cuajadas que iluminaban el salón con una luz tenue y dorada. Sobre los muros colocados a iguales distancias había colgados varios retratos de personajes prominentes, religiosos de la provincia de Michoacán, como lo era el del apóstol de la Tierra Caliente, de fray Diego Basalenque, de fray Alonso de la Vera Cruz sentado en su cátedra dando clase a varios discípulos, entre ellos al inteligente y aprovechado joven don Antonio Huitzimengari de Mendoza, hijo del último emperador de Michoacán, Calzonzi.

 Siempre el padre Marocho, por su antigüedad en la orden y por los cargos que en la misma desempeñaba, tenía el segundo lugar después del provincial en el capítulo y se sentaba en el primer sitial a su derecha. No había discusión en que no tomase parte ya suministrando datos históricos, ya recordando cánones, ya citando autoridades filosóficas y teológicas, ya discurriendo de modo que sus palabras eran escuchadas con verdadera sumisión y sus sentencias eran decisivas, influyendo grandemente en los resultados del capítulo, en donde se decidían cuestiones de capital importancia para la provincia y para la orden. Por tanto, a pesar de que en lo general el padre Marocho tenía una vasta erudición, sin embargo, mientras duraba el capítulo, estudiaba en su celda o en la biblioteca del convento hasta las altas horas de la noche.

  La biblioteca próxima a la sala capitular y en comunicación con ella, era también un gran salón abovedado circuido de una estantería de oloroso cedro que contenía cerca de diez mil volúmenes sobre todos los ramos del saber humano de entonces apare, de los nunca bien ponderados manuscritos relativos a las misiones e historia de los michoacanos. En el centro mesas de roble sobre las cuales había atriles y recados de escribir, tinteros de talavera de Puebla y plumas de ave.

  Allí estaba una noche el padre Marocho. El silencio más profundo reinaba en aquel recinto donde el hombre del presente entabla pláticas con los hombres del pasado; en donde el genio se comunicaba con el genio; se borra la noción del tiempo penetrando en las puras regiones del espíritu, echa a un lado la materia; en donde las pasiones callan y se doblegan ante la razón, su reina y señora. De repente el padre Marocho, según lo cuentan papeles viejos de aquella época de duendes y aparecidos, notó un ruido extraño a su lado, vuelve el rostro y ve que una mano negra cuyo brazo se perdía en las tinieblas, tomando entre sus dedos la llama de la vela, la apagó, quedando humeante la pavera. Con la mayor tranquilidad y presencia de ánimo dijo al diablejo: “Encienda usted la vela, caballero”. En aquel momento se oyó el golpe del eslabón sobre el pedernal para encender la yesca. Ardió la pajuela exhalando el penetrante olor del azufre y se vio de nuevo que la mano negra encendía la vela de esperma.

  -Ahora para evitar travesuras peores, con una mano me tiene usted en alto la vela para seguir leyendo y con la otra me hace sombra a guisa de velador, a fin de que no me lastime la luz.

  Así pasó. Y era de ver aquel cuadro. El sabio de cabeza encanecida por los años, los estudios y las vigilias, inclinado sobre su infolio de pergamino. A su lado dos manos negras cuyos brazos eran invisibles, una deteniendo la vela de esperma amarilla y la otra velando la flama. La luz apacible reflejándose sobre el busto del padre Marocho le dibujaba en el ambiente con este claroscuro intenso de los cuadres de Rembrandt, que tanto estiman los artistas.

  Vino la madrugada con sus alegrías. Aunque tenues, pero llegaban hasta aquel retiro los cantos de las aves que saludaban a la rosada autora desde las ramas de los fresnos del cementerio. Por los ojos de buey de la biblioteca comenzaban a penetrar dudosamente los primeros rayos del Sol. Entonces como ya no era necesaria la luz de la vela, exclamó el padre Marocho: “Pues bueno. Apague usted la vela y retírese, si necesito de nuevo sus servicios, yo le llamaré”. Entretanto que el padre bostezaba, restregándose los ojos, se oyó un ruido sordo de alas que hendían el aire frío y húmedo del nuevo día.

  No tardó en concluir el capítulo, quedando arregladas todas las cuestiones que hubo para convocarlo. Con todo, el padre Marocho se quedó en el convento a descansar por algunos días más. Vivía en una celda que termina en un ambulatorio que va de oriente a poniente iluminando en el centro por una cúpula con una linternilla. La celda era la última del poniente a mano izquierda con su ventana para la huerta del convento. Desde allí, como en un observatorio, contemplaba aquel artista un espléndido panorama. Las desiguales azoteas de las casas de aquel barrio, la loma de Santa María y el cerro azul de las Ánimas, sirviendo de fondo al paisaje. Como en estos días pasaba el Sol por el paralelo de Valladolid, al ponerse su disco rojo antes de ocultarse tras las montañas se asomaba curioso en el cañón aquel, tiñendo de rojo los suelos, los muros, las bóvedas, los marcos de las puertas de las celdas, las imágenes de piedra colocadas en sus hornacinas, produciendo unos tonos nacarinos y unas transparencias admirables. El padre Marocho quiso pintar aquellos juegos de luz, aquellos muros envejecidos tiñéndose de arrebol y mientras el Sol no pasó del paralelo se sentaba frente a su caballete con su paleta en la mano izquierda y su pincel en la derecha, y cuando menos acordaba, aquella mano negra le presentaba los colores y los pinceles que necesitaba para manchar su tela.

  Una noche, víspera de su partida del convento, al ir el padre Marocho a recogerse, vio en cierto lugar de la celda la misma mano negra que apuntaba fijamente. Él no hizo caso, porque ni tenía ni podía tener hambre de tesoros. Cerró sus ojos y se durmió.

  Después de muchos, muchísimos años, un pobre, habitando la misma celda y de un modo quizá casual, o más bien sabiendo esta leyenda que había visto en los papeles viejos del convento cuando era novicio de la orden de San Agustín, se halló un tesoro en el mismo lugar apuntado por la mano negra.

  Como me lo contaron te lo cuento. (1)

Fuente


Leyendas… de Valladolid, hoy Morelia. En Álvarez, José Rogelio. Leyendas Mexicanas. Tomo 2. Editorial Everest. León, España. 2004. pp 553-558

viernes, 20 de enero de 2017

Agustín de Cañas, Administrador de Alcabalas en la villa de Salamanca, 1799

   De los tantos personajes que vivieron, en algún tiempo en Salamanca, que poco sabemos de ellos o que poco se han estudiado [poco difundido también], uno es el español Agustín de Cañas. No dudo que aun, hoy día, 20 de enero de 2017, exista alguien que diga: "no me interesa porque era español", repito, aun hoy, 20 de enero de 2017, cuando la xenofobia está por estallar alguien se una a ese movimiento. Cuando hablamos de Historia, la historia colectiva, la historia del país, el que haya sido de aquí o de allá, es lo de menos, fue alguien que vivió en Salamanca y que padeció en carne propia, en primera persona, el hecho de ser español justo cuando estalló el movimiento de independencia de 1810.

  Agustín de Cañas, junto con tantas otras personas, eran españoles de nacimiento que vivían en Salamanca, es decir, no era criollos, eran peninsulares. Tenía a su cargo la administración de Alcabalas, es decir, era quien cobraba los impuestos a los productos monopolizados, el pulque, los alcoholes en general, los naipes y algunos otros, aquellos que entonces se llamaban los Estancos.

  No he logrado mayores datos de Cañas, fuera de que vivía en la Calle Real, la actual Morelos, en la cuadra que va de Sánchez Torrado al Tesguerras, ahí se encontraba la casa en la que se asentaba la Aduana, antes del Puente del Socorro y ocurrió que, el 26 de septiembre de 1810, cuando llega Hidalgo y los insurgentes, una semana luego del "Grito" en Dolores, detienen a todos los españoles que en la villa vivían, ya lo habían hecho en Chamacuero y Celaya, ahora tocaba a Salamanca. Él, su esposa, su hija y el yerno, todos españoles son detenidos y llevados como rehenes a Guanajuato. Para el 28 de septiembre son depositados en la Alhóndiga y, al día siguiente, desnudados, amordazados, amarrados, son ejecutados.

  Solamente su hija sobrevivirá, de ello da cuenta José María Liceaga, en sus Rectificiaciones a la historia de México. Triste es el caso... lo que hoy comparto es un documento que encontré en el AGN, Indiferente, Caja 4147, Exp. 29, de fecha 5 de enero de 1799, en el que da cuenta de lo recabado en materia de derechos (alcabalas) por la introducción de aguardiente de caña a Salamanca.



jueves, 20 de octubre de 2016

De la salitrera que había en la "junta de los ríos", 1780.

  En la continua búsqueda de datos que nos digan lo sucedido en Salamanca encuentro este mapa en el Archivo General de la Nación, levantado el 28 de agosto de 1781 por la persona que tenía el asiento de la pólvora, don Teodomiro de Cañizares y, para producir pólvora era necesario el salitre, razón por la cual en 1780 y 1781 hace un viaje entre la ciudad de México y Durango para visitar las salitreras, en su periplo incluye también a San Luis Potosí.

Archivo General de la Nación/ Instituciones Coloniales/ Colecciones/ Mapas, Planos e Ilustraciones (280)/ Título: Ruta del viaje hecho por Teodomiro de Cañizares, en la visita de Salitreros desde la Ciudad de México hasta Durango.

Fecha(s): 28 de Agosto de 1781.
Nivel de descripción: Unidad documental simple (Pieza Documental)
Volumen y soporte: 1 Mapa, soporte papel marquilla con dimensiones de 66.5 x 39.7 cm
Productores: Teodomiro de Cañizares.

Alcance y contenido: México. Se observa la ruta que corrió Teodomiro de Cañizares en 1781 a los Salitreros que van desde México a Durango; Zumpango, Rosa de Castilla, Celaya, Pueblo de San Bartholo, Culiacán, Terecuaro, La Noria de Alday, San Luis Potosí, Sierra Madre, etc. El reconocimiento de 1780 abarca 537 leguas, mientras que el de 1781 abarca 1543 leguas, e incluye cuevas y tierras salitrosas. El mapa esta compuesto por dos líneas; una roja que es el camino que recorrió Cañízares de ida, y la línea verde que significa el camino de regreso. Este plano es producto del cálculo del costo que tendría la fábrica de un almacén de pólvora. (Proyecto de 1775).


   Muchos de los puntos que marca en el mapa de su recorrido eran lagunas, lugares propicios para ubicar el salitre que buscaba, vemos que de San Juan del Río continúa a la salitrera de Joseph de Aguilar,  no sé si sea por El Pueblito en Querétar o un poco antes, luego sigue al pueblo de San Bartolo, intuyo que se refiere a San Bartolo Aguascalientes o Agua Caliente, en Apaseo el Alto. De Celaya hace varias rutas, una hasta Jerécuaro, pasando por la Salitrera del Cerro del Culiacán, luego por Acámbaro. 

 De Celaya continua a San Miguel, Xichú, Dolores, San Felipe y varios sitios más, todos en los que hay salitreras los marca, por ahí continúa por Zacatecas y Durango, pero, a partir de Celaya hace una incursión a Salamanca hasta llegar a otra salitrera, de la cual nunca antes había visto referencia alguna. Menciona "la junta de los ríos", quizá sea por Pueblo Nuevo pues dice que era propiedad de Ignacio Azconoveitia.

Creo, en este documento de 1894, confirmamos que, la salitrera estaba en Valle de Santiago, en la Hacienda del Salitre.