martes, 15 de septiembre de 2009

El Señor del Veneno, el Cristo Negro de la Catedral Metropolitana

El Señor del Veneno en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, foto, cortesía de Arosadocel.

Las advocaciones son parte intrínseca del culto a las representaciones esenciales que el Catolicismo le ha dado al paso del tiempo, quizá las mas conocidas son las que se dan a la Santísima Virgen, la madre de Dios, que de acuerdo a la fecha es el atributo especial que tiene. Igual sucede con Nuestro Señor Jesucristo, al cual, especialmente en los siglos XVI y XVII se le dieron una serie de representaciones o advocaciones que lo van haciendo objeto de culto, de acuerdo a su área de influencia. En México, luego de la conquista espiritual la imagen de Nuestro Señor crucificado se expandió por todo el territorio y se fueron creando historias, leyendas y tradiciones al ir siendo aceptado en el periodo de transición de las imágenes politeístas paganas, tan arraigadas en Mesoamérica, hacia el catolicismo.

El color negro entre los antiguos mexicanos era un color reverenciado, estaba asociado con Tezcatlipoca. Tezcatlipoca, es señor del cielo y de la tierra, fuente de vida, tutela y amparo del hombre, origen del poder y la felicidad, dueño de las batallas, omnipresente, fuerte e invisible. Entre los nahuas (aztecas y otros pueblos de habla náhuatl), Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son una dualidad antagónica. Quetzalcóatl es llamado también Tezcatlipoca blanco en tanto que el color de Tezcatlipoca es el negro. Es interesante recordar que durante los primeros años de la evangelización se pensaba que había una asociación entre Quetzalcóatl y el Apóstol Santo Tomás según nos lo comenta Jaques Lafaye en su libro Quetzalcóatl y Guadalupe, la formación de la conciencia nacional en México (FCE, 1978).

Hay en la Ciudad de México una leyenda que se remonta a los primeros años del siglo XVII, 1602, un año antes de la fundación de la Villa de Salamanca, en la que cuentan que los padres Dominicos trajeron un crucifijo blanco de tamaño real que instalaron el Templo Porta Coeli. Como toda leyenda de la época aparecen las dos fuerzas, la del bien y la del mal, la primera representada por Don Fermín de Andueza, hombre rico, virtuoso, casto y muy estimado por el vecindario. Acostumbraba asistir a misa en cuanto sonaba la "hora prima", al amanecer. Al entrar con devoción le rezaba al Santo Cristo que se encontraba en uno de los altares laterales y antes de salir con gran amor y devoción dejaba algunas monedas de oro, esto lo hacía sistemáticamente todos los días.

El segundo personaje, era el malo, la encarnación propia del pecado en la persona de Don Ismael Treviño, siniestro, oscuro, de malos sentimientos, egoísta y envidioso con todos, acaparador, seguramente jugador y dado a las liviandades con las mujeres públicas.

Negocios sucios que en ocasiones buscaba solo el obstaculizar la buena obra que don Fermín venía realizando. El exceso de malos sentimientos lo llevó al extremo de pensar en la muerte del que por si mismo había decidido que sería su enemigo, planeó matarlo de forma cruel y despiadada pero, cobardemente de modo en que nadie supiera que era él quien había ideado el malévolo plan. Así fue que untó con veneno los pies del Santo Cristo a sabiendas de que por la mañana sería don Fermín quién besaría con su habitual devoción los pies del Señor.

A la mañana siguiente el sacerdote fue a orar, y al terminar como siempre se acerco a los pies de la imagen para besarlos pero al inclinarse, el Cristo encogió las piernas e hizo sus pies a un lado, al mismo tiempo todo él se tornaba de color negro, absorbiendo el veneno.

Don Ismael atónito, único testigo de los acontecimientos, salió de su escondite para arrodillarse ante la imagen milagrosa y pedir perdón por sus actos, para luego escabullirse entre la multitud y nunca más volver a la Ciudad de México. Al conocerse los hechos, la gente comenzó a crear una especial devoción al Cristo Negro llamándolo como El Señor del Veneno. Un buen día un incendió afectó el recinto de Porta Coeli y la Santa imagen se consumió en el fuego, siendo esta reemplazada por una de manufactura reciente, siendo ésta imagen trasladada a la Catedral Metropolitana en 1944 y hasta la fecha se le sigue rindiendo culto con una misa especial todos los viernes al medio día.

Para la gente de Salamanca será interesante saber que el grupo de danzantes que estuvieron presentes ante el Cristo Negro del Señor del Hospital el pasado 6 de septiembre son los que aparecen en las fotografías 4 y 5 de este artículo, las cuales pertenecen al señor Alfredo Conde y fueron tomadas de su sitio Ixnextli-Xilotepec, al igual que las número 2 y 3. La sexta fotografía es de Capricornio71 y lo que vemos ahí es parte de la fachada del Templo Porta Coeli en la Ciudad de México, donde estuviera depositada la imagen de El Señor del Veneno original.

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