martes, 3 de noviembre de 2015

Las dos buenas razones del salmantino Homobono González

   De los muchos personajes nacidos en Salamanca no a todos los hemos estudiado cabalmente. Uno de ellos es, sin lugar a dudas Homobono González del que solamente pensaba había sido como su hijo, Fernando González Roa, un político de carrera; don Homobono, más que en la cosa política destacó en una actividad no del todo difundida en nuestro país, pues fue uno de los que más estudió al gusano de seda y lo veía como una fuente de ingresos, ahora entiendo por qué, una vez, encontré en el Archivo Histórico local uno o dos documentos en donde se mencionaba no el cultivo del gusano, sino de la morera que es indispensable para que el gusano sobreviva. 

  Para irnos introduciendo en la vida y obra de Homobono González, nos apoyaremos en un breve relato que hace otro de los grandes de Salamanca, José Rojas Garcidueñas, en donde nos cuenta algo de la relación que tuvo con él:

  “Recuerdo haber conocido, siendo yo muy niño, a don Homobono Gonzáles mostrando ante mis ojos asombrados una serie de capullos de gusanos de seda que sacaba y metía de una caja, maniobrando con su único brazo útil y dando explicaciones sobre las clases de la seda y de los gusanos que la producen, y de modo semejante volvía a verlo en algunas otras ocasiones, años más tarde, hasta poco antes de su fallecimiento. Fue un apóstol de la sericultura, que conocía a fondo, en la que veía, con fundamento y mucha razón, una fuente estimabilísima del posible mejoramiento económico para los campesinos y gente de los pueblos en el Bajío y en todos los lugres cuyo clima permite el cultivo de la morera. La misma idea tuvo el padre Hidalgo y muchos otros también, y todos podrían decir, con acierto, que solo el descuido y la negligencia han privado a nuestra tierra a esa fuente de riqueza.

  Pero, allá por los ochenta del siglo pasado [se refiere al siglo XIX] las ocupaciones y preocupaciones de don Homobono Gonzáles eran otras, vivía en Silao y allí alternaba con otras tareas la de escribir y publicar un periodiquito de brava oposición (pues la manquedad no le restaba acontecimiento), que continuamente censuraba los actos del gobierno: a veces los del federal y otras los del estado y siempre los de la administración municipal cuyas torpezas eran más ostensibles e inmediata para el periodista y para sus lectores.  Como es de suponer, aquella labor no producía miel sobre hojuelas sino multas, admoniciones y acaso hasta algunas visitas al alcaide de la cárcel local.

   No había en aquel tiempo, presidentes municipales sino jefes políticos y el que lo era de Silao ya estaba harto de este tábano que era la hoja periódica de don Homobono González, por lo que resolvió buscar un apoyo superior que le facilitase imponer sanciones más duras al pertinaz sensor, enviando informes exagerados y pidiendo la ayuda del gobernador del estado. 

  Gobernaba a Guanajuato el general don Manuel González, hombre enérgico y partidario de acciones directas y rápidas y hombre, también de lealtad íntegra y de fidelidad sin resquicios a la amistad declarada, de lo cual acababa de dar la prueba mejor al devolver la presidencia a Porfirio Díaz en 1884, lealtad y fidelidad que como sus rasgos más característicos han querido ser perpetuados en el epitafio de su sepulcro: “Tuvo un brazo no más, pero de bronce; una mano no más, pero de amigo”.

  El general González habló largamente con su tocayo, el joven y atrevido periodista don Homobono; este era hábil, de ingenio despierto y de valor cívico, cualidades muy propias para llegar a entenderse con el gobernador; el periodista probó la veracidad de los hechos que censuraba y los desgobiernos del alcalde que lo había acusado y, al fin salió de la entrevista con solo algunas suaves advertencias de manejarse con más tiento pero, en el fondo, con la simpatía y el aprecio del gobernador.

  No pasó mucho tiempo sin que alguna nueva alcaldada, en Silao, fuese denunciada y comentada por Homobono en su periódico. El jefe político, creyendo hacer méritos y congraciarse con su superior llegó a Guanajuato, se apersonó en palacio y llevó el chisme al gobernador, cargando las tintas y sugiriéndole el castigo; el general no hizo comentario de aquello, después de oírlo trató de otros asuntos de Silao y luego dio por terminada la audiencia. Con poco tino el jefe político insistió en pedir autorización para castigar con dureza con don Homobono, pero el gobernador, con el gesto que hacía más importantes que hacían las luengas barbas y con el tono duro de viejo soldado replicó: “en eso de Homobono váyase con cuidado… “, y ante el asombro que se transformaba en miedo del jefe político, agregó reticente: “con cuidado, porque es manco y es González!”.  (1)


Fuente:

1.- Rojas Garcidueñas, José. El erudito y su jardín. Ediciones la Rana, Guanajuato, 2013. pp. 95-38.

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