sábado, 26 de diciembre de 2015

Modernizarnos destruyendo ¿eso es lo que queremos?

   Lo mío no es una crítica, no critico nada más por criticar cuando lo llego a hacer, sino para dejar constancia de algo que, creo, no ha sido adecuado. No criticaré lo que hizo y sigue haciendo la Comisión del Agua en Salamanca, se me olvidan sus siglas, pues seguramente lo está haciendo con el firme propósito de distribuir el líquido indispensable para la vida a todas y cada una de las casas del centro de la población. No criticaré al contratista asignado para la obra, pero sí le recordaré una frase que para mi es esencial en todo creativo (la arquitectura es arte) y más aun cuando se está interviniendo una obra que si bien no es antigua, sí carga su buen medio siglo. Más de medio siglo pues la obra se inauguró en paralelo con la Rufianería, en 1950. Por lo tanto tiene 65 años de que fue creada.

   Esa "bola" (que no lo es) de agua es el primer depósito que hubo en Salamanca pues antes de ella la población se surtía del pozo artesiano que había en la plaza de San Agustín y que era de agua caliente. Luego, ante la presencia de Pemex y el inminente crecimiento de la ciudad, hubo la necesidad de adecuarla en la infraestructura básica, dicho en otras palabras, Salamanca dejó de ser pueblo más o menos en 1947, quizá en 1950, cuando comenzó a haber agua potable, luz en las calles y los pavimentos en las mismas llegarían poco después pues primero había la necesidad de colocar el drenaje.

   Y la frase a la que me refiero, que, insisto, es esencial para todo artista, para todo creativo es la que dijo Goethe: "solo vemos lo que conocemos". Hay cientos de cosas, de elementos que desconocemos, en efecto, pero ahora, con todos los implementos que existen, sea Intenet que montones de aplicaciones, teléfonos inteligentes y demás, hubo algo que este creativo no consideró, sencillamente porque aplicó (sin saberlo) la frase de Goethe y como no conocía lo que vio, no lo vio. Y (lo peor) dio la orden de demoler, así, directa, sin pensarla, sin preguntar, sin investigar (recordemos que ya hay Inernet) y se demolió lo que no se debió de demoler y se perdió para siempre una cosa que es simple y sencilla pero que, para quienes valoramos el arte consideramos una pérdida irreparable al patrimonio colectivo.

    Como se proyectó una remodelación de la "bola", con tintes de modernidad y elementos arquitectónicos propios de actualidad, el creativo no vio lo que debió haber visto y si lo vio no pregunto y lo mandó tirar: el escudo de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, hecha en mosaico veneciano en el más puro estilo cincuentero, esa especie de "renacimiento mexicano" que ahora es una valiosa pieza del denominado vintage.

   En abril de 2015 fue cuando tomé las últimas fotos en donde aparece la placa, al poco que volví a pasar por allí, ya no estaba, me acerqué y le pregunté a los albañiles que si la habían visto y me dijeron, palabras más, palabras menos.... sí, ya la tiramos.

    Insisto, yo no estoy en contra de la modernidad, no estoy en contra de las renovaciones, las actualizaciones, las restauraciones, los estilos actuales, simplemente estoy a favor del respeto, el respeto a las cosas que nos refuerzan la identidad. No sé que habrá sido de la otra placa, la de bronce en donde aparecía fecha y nombre, fecha, el 30 de agosto de 1950, el nombre Miguel Alemán, esa quizá está ya fundida, o tal vez la recuperaron y la recolocarán cuando la obra esté concluida. Si se pierde se perderá una más, pues en Salamanca quedan como 5 placas solamente de las que se colocaban (por tradición) cuando eran las inauguraciones.

    Andamos mal señores, andamos mal arquitectos e ingenieros civiles que solo vemos lo que conocemos. Pero cuando algo no se conoce se pregunta y en este caso específico se rescata y se mantiene, pues eso es patrimonio colectivo. La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guanajuato estará de acuerdo conmigo... eso creo.






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