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viernes, 6 de septiembre de 2013

Una aproximación a la historia de las Cajas de Agua en el valle de Salamanca.

  Mucho hemos oído sobre el agua, agua que abunda y que luego escasea y que crea problemas sea en una o en la otra circunstancia. Sabemos, y lo hemos ya documentado, de aquella Charca o ciénaga que se formaba en todo el valle de Salamanca, en el mapa que levantó el canónigo José Guadalupe Romero y que publicó en sus Noticias de 1864 lo hemos visto claramente. Hemos visto, también, como fue que un Arroyo que cruzaba la parte norte de la ciudad, todavía en la primera mitad del siglo XX, y que fue desaparecido para evitar inundaciones, el Arroyo de San Antonio. Esta vez veremos lo que se hizo en Salamanca antes de la construcción del Canal de Coria, con una técnica que dominó a lo largo del siglo XVIII y XIX, la tecnología agrícola: el entarquinamiento.

  Para entender mejor el término de Entarquinamiento, igual podemos recurrir al concepto de las Cajas de Agua, que a la palabra tarquín, pero antes te comento que las fotos que ahora ves corresponden a la presa que se construyó, supongo que a finales del siglo XIX en la Hacienda de Ancón, luego verás las correspondientes a la Caja de San Isidro en la parte oriente de Cerrogordo, y a la caja de agua en la Hacienda de Doña Rosa y, finalmente a la que hubo al poniente de la Hacienda de Cerro Gordo. 

tarquín.
(Del ár. hisp. tarkím, y este del ár. clás. tarkīm, amontonamiento).
1. m. Légamo que las aguas estancadas depositan en el fondo, o las avenidas de un río en los campos que inundan.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

  "Existe en México una técnica de riego que utiliza las aguas torrenciales de avenida o broncas que se presentan en la estación de lluvias. Esta técnica se llama entarquinamiento y etimológicamente significa "llenar con tarquín o cieno un terreno", o rellenar y sanear un terreno con los sedimentos que lleva una corriente superficial de agua. También es conocido como enlagunamiento, enlame y aniego, y consiste en canalizar las aguas torrenciales hacia depósitos artificiales con el objeto de captarlas, dotar de humedad y fertilidad al suelo, controlar ciertas plagas animales y vegetales, y evitar la salinización de las tierras de cultivo. El entarquinamiento como técnica de riego requiere de la preparación de un terreno para capar las aguas torrenciales. Esta preparación tiene que ver con la construcción de acequias o canales de conducción, bordos de diferentes tipos y tamaños, lo sufcientemente fuertes como para resistir la presión ejercida por el agua almacenada, y canales y compuertas de desagüe. A los terrenos destinados a ser anegados o entarquinados se ls ha conocido como cajas de agua, bordos o cuadros de agua".

  "La práctica del entarquinamiento en México se remonta por lo menos hasta finales del siglo XVII, cuando el Bajío mexicano comenzó a perfilarse como el mayor productor de trigo de la Nueva España. Una serie de factores naturales y sociales se conjugaron para que se produjera la riqueza agrícola abajeña: la existencia de tierras en abundancia, clima benigno para las actividades agrícolas, un intenso proceso demográfico iniciado en el siglo XVI por españoles, indios y negros, y una fuerte inversión de capital. No obstante, el carácter predominantemente torrencial de los ríos tributarios del Lerma obligó a los peropietarios de tierra de la región a buscar opciones de manejo del agua".

  "Sin embargo, el origen del entarquinamiento no se encuentra en América ni en Europa. Todo indica que debemos retroceder en el tiempo por lo menos 7 mil años y ubicarnos en el Egipto del tiempo de los Faraones, cuando el año se dividía en tres estaciones: la estación de verano, que se extendía del primero de abril a finales de julio; la de inundación, que corría del primero de agosto a finales de noviembre; y la de invierno, que iba del primero de diciembre a finales de marzo". (1)

  Sumamente interesante es lo que nos expone Martín Sánchez Rodríguez, en su colaboración dentro del libro Cartografía hidráulica de Guanajuato solo que él se basa en los documentos que encuentra en el Archivo Histórico del Agua, y hace mención de las cajas de agua construidas en el valle de Irapuato, en el valle de Celaya, en el valle de Santiago, en Jaral del Progreso, así como en León y Abasolo. Pasa de largo por lo sucedido en el valle de Salamanca. Eso, seguramente, debido a que la cosa cartográfica no es tan abundante en la región de Salamanca, pero, haciendo el recorrido, a pie por la zona, vamos encontrando los vestigios tan interesantes que nos hablan de la tecnología conocida a lo largo del siglo XIX.

  "Hasta hace una década, la práctica del entarquinamiento en México sólo se conocía en las zonas donde se practicaba. Académicamente sólo se había referido la existencia de cajas de agua y, en términos agronómicos, se desconocía a detalle alguno de sus beneficios. Es a partir de la apertura del Archivo Histórico del Agua que el tema comenzó a despertar interés . Este archivo tiene su origen en los expedientes que fueron integrándose en la Secretaría de Fomento  con motivo de la expedición de la ley del 5 de junio de 1888, la cual declaraba como vías generales de comunicación los mares territoriales, esteros y lagunas localizados en las playas de la república , además de los canales construidos por la Federación o con auxilio del erario nacional, los lagos y ríos interiores, fueran navegables o flotables, así como los lagos y ríos de cualquier clase y en toda su extensión que sirvieran de límites a la república o a dos o más estados de la Unión. Por esta razón correspondía al Ejecutivo Federal la vigilancia y policía de estas vías (Legislación Mexicana, t. XIX, p. 153; Kroeber 1998; Sánchez 1993: 26-29; Aboites 1998 82-89). (2)

   Comenzamos con esta foto otra serie, ahora corresponden a la caja de agua de San Isidro, que fuera parte de la Hacienda de Cerrogordo hacia mediados del siglo XIX. Pero hagamos una corrección. El autor que nos ilustra en la Cartografía histórica de Guanajuato, sí hace mención del valle de Salamanca y lo refiere así:

   "Otra zona importante del Bajío en cuanto a construcción de cajas de agua fue Salamanca. En este caso se han podido ubicar cartográficamente 43 cajas que aprovechaban los escurrimientos serranos localizados al norte de la villa. En otras palabras, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad cuando la agricultura de riego descansa de manera importante en el uso de las aguas del río Lerma a través de canales originados en la presa Solís, hasta antes de mediados del siglo XX el riego se aprovechaba de los escurrimientos procedentes de los cerros Gordo, Prieto, La Cruz y Gasca por el noreste; Los Lobos, Cuisillos, El Paxtle, Grande, Las Coloradas, Picacho y otros que formaban los ríos de Temascatío y arroyos de Cerro Grande, Los Razos, Barrón, etc., todos al pie de la sierra de Guanajuato. (3)

   Si eres de Salamanca o conoces la región y su historia reciente, sabrás que a mediados del siglo XX se construyó el Canal de Coria, esto trajo por resultado, entre otras cosas, la desaparición del entarquinamiento y las cajas de agua entraron en desuso, en la actualidad permanecen algunas como mudos testigos de ese tiempo y de ese beneficio. Y Sánchez Rodríguez conlcuye:

   "La práctica de entarquinamiento en cajas de agua en Guanajuato desapareció a mediados del siglo XX. Diversas circunstancias explican su paulatino abandono: el reparto agrario que desarticuló la estructura de la propiedad de la tierra y el agua, las fallas en la organización social surgida con el reparto y la política de irrigación de los gobiernos federales posrevolucionarios.

   "Desde su construcción a finales del siglo XVII hasta su desaparición paulatina en el siglo XX, el funcionamiento del entarquinamiento en cajas de agua estuvo vinculado con el control oligárquico de los recursos. Este control se explica a partir del hecho de que los sistemas hidráulicos abajeños estuvieron controlados por una elite vinculada por lazos de parentesco, compadrazgo, económicos y políticos. En términos materiales, el control se tradujo en la posesión de extensos territorios donde se podían construir cajas que cubrían de cinco a más de 300 ha, o sistemas de cajas que bien podían llegar a varios miles de hectáreas. Si a lo anterior le agregamos el control sobre los derechos de agua, capital y mano de obra, entenderemos cómo funcionaba el entarquinamiento". (4)

   Pero, si no sabemos sobre ríos y arroyos que hay o hubo en Salamanca, no entenderemos como fue toda esta estructura de las cajas de agua. Para ello nos apoyamos ahora en quién mejor conoció Salamanca, todo el estado de Guanajuato en general, en la segunda mitad del siglo XIX, don Pedro González. Él en su Geografía local nos cuenta, haciendo a un lado lo relacionado con el río Lerma, que:

 "...en Cañada de Ortega confluye el río de Dos Ríos en el de Temascatío, aquél nace en las Mesas de Acosta y éste en Potrerillos, San José de los Allendes, Manantiales y presa de Mesteño. En Temascatío está la toma para la presa de esta finca y en ella se junta el arroyo de las presas de Mendoza y de El Zapote.(...) las aguas del río Temascatío riegan la tierra de la hacienda de Buenavista, penetran otra vez al municipio en Mancerita y, por Magueyal y Ranero, confluyen en el Lerma. Se juntan, también en Mancerita los desagües de La Charca, que proceden de los arroyos de Crucitas, Ancón, Tenita y de San Antonio o Nativitas. Arroyofeo se origina en Cerrogordo y Aguilares, y el de La Charca, en los cerros de Sotelo y en la planicie de San Bernardo. El arroyo de Santa Catarina entra al río de La Laja, y el desguadero del Valle de Santiago cae al Lerma, entre San Rafael y el Pitahayo". (5)

   Efectivamente, en las primeras fotografías que vimos, las correspondientes a la Hacienda de Ancón, vemos que por ahí pasaba el arroyo de Ancón, y al ver las fotografías de la Hacienda de Temascatío, vemos lo que se construyó allá para detener el agua y regar esas tierras. Las actuales corresponden a la caja de agua de la que fuera Hacienda Ganadera de San Isidro, enclavada en el lado oriente del cerrito de Gasca, municipio de Santa Cruz de Juventino Rosas, Guanajauto.

   Encuentro en el Archivo Histórico Municipal de Salamanca (6) una relación de ranchos y haciendas que nos detalla lo que cada hacienda tenía en 1853, en ella destaca la Hacienda de Temascatío la cual tenía construidas "dos presas de cal y canto con valor de 15,000 pesos", esto es impresionante, pues representa la cuarta parte del valor total de la hacienda que ascendía a 61,500 pesos. Además, en Temascatío se habían construido: "tres cajas de cal y canto, caídas y destruidas", con valor de 300 pesos. Había también "Dos tropezones en el río o arroyo de cal y canto y la zanja" con un valor de 1,000 pesos. 

   En el caso de la Hacienda de Cerrogordo, en el mismo documento de 1853, aparecen registradas "diez caballerías de tierra montuosa y salitrosa, que componen la Caja de San Isidro", (justo la que vemos en esta fotografía), estaban valoradas en 2,000 pesos. Había, además, "Diez y nueve caballerías de tierra cajeada en sus bordos nuevos, compuertas de piedra y cal", éstas tenían un valor elevado, 22,500 pesos, casi una quinta parte del total del valor de la hacienda que ascendía a 96,756 pesos.

  La Hacienda de Aguilares contaba con "un bordo con su compuerta", valuado en 500 pesos; en la Hacienda de Mendoza "dos presas de cal y canto para guajes de animales", valuados en 6,000 pesos. En la Hacienda de Cruces, "doce caballerías de tierra con bordos maltratados", estos eran de buenas tierras ya que su valor ascendía a los 12,000 pesos.

  Comenzamos a ver ahora las fotografías de la caja de agua de la Hacienda de Doña Rosa, esta no está enlistada, como tampoco lo está la presa de Ancón, debido a que fueron construidas en la segunda mita del siglo XIX, quizá 1870, la fecha precisa la desconozco. Lo que si pudimos documentar son las norias que había para 1853.

noria.

(Del ár. hisp. na‘úra, y este del ár. clás. nā‘ūrah, infl. por acequia y acenia).
1. f. Máquina compuesta de dos grandes ruedas engranadas que, mediante cangilones, sube el agua de los pozos, acequias, etc.
2. f. Pozo, de forma comúnmente ovalada, del cual se saca el agua con esta máquina.
3. f. Artilugio de feria consistente en una gran rueda con asientos que gira verticalmente.
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acequia.

(Del ár. hisp. assáqya, y este del ár. clás. sāqiyah 'irrigadora').
1. f. Zanja o canal por donde se conducen las aguas para regar y para otros fines.
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  Vemos ahora los vestigios de las que fueran las cajas de agua en la Hacienda de Cerrogordo, pero ya por el rumbo de la Hacienda Vieja, es decir, hacia el sur-poniente. Y, por cierto, no sé si has puesto atención a un detalle que me hace repensar todo lo de nuestra herencia indígena y más que ella, la herencia hispana, pues las tres palabras que consultamos en el Diccionario de la Real Academia en torno a temas del agua, su conducción y almacenamiento, las tres tienen origen árabe. Bueno, veamos ahora la lista de las Haciendas que contaban con Norias para 1853:

  En la Hacienda de La Labor, Hacienda de Santo Domingo, Hacienda de La Tinaja, Hacienda de La Cal, Hacienda de Uruétaro, Hacienda de Sardianas, Hacienda de Troje de Sardinas, Hacienda de Dolores, Hacienda de Guadalupe, Hacienda de Cruces, Hacienda de Mancera, y en la Hacienda de Los Lobos, había una noria en cada una. Y en las haciendas de Aguilares, Ancón, Mendoza y Doña Rosa habían dos norias en cada una de ellas.

Así, así de importante e imponente fue el sistema hidráulico en el valle de Salamanca.

Fuentes:

1.- Sánchez Rodriguez, Martín. Cartografía hidráulica de Guanajuato. El Colegio de Michoacán. Zamora. pp.91-94

2.- Ibid. p. 96

3.- Ibid. p. 98

4.- Ibid. p. 102

5.- González, Pedro. Geografía local del Estado de Guanajuato. Ediciones La Rana. Guanajuato, 2000. pp. 280-281.

6.- AHMS. Gobierno. Censos y Padrones. Caja 84, Leg. 5.

sábado, 9 de febrero de 2013

La Charca de Salamanca: Los caminos transitables e intransitalbes del siglo XVIII y XIX.

   Para entender mejor la historia de Salamanca, especialmente en lo relacionado a sus haciendas y los sistemas de riego desarrollados en esta región central del Bajío, es necesario conocer sobre un fenómeno que se dio hasta principios del siglo XX, algo que hacía cambiar drásticamente el ritmo de vida, la producción agrícola, las comunicaciones y, en general, la vida cotidiana de la villa de Salamanca y su entorno. Este fenómeno se presentaba también en Irapuato y en Celaya, pero al ser Salamanca la zona más baja de todo el Bajío, la concentración de agua se daba precisamente en la zona norte, se denominaba "La Charca de Salamanca". Lo que vemos en la imagen es parte de un mapa de la región central de México hecho en el primer cuarto del siglo XVII, no aparece allí la villa de Salamanca, solo las poblaciones que estaban en el Camino Real de Tierra Adentro, con la salvedad de que aparece Celaya, escrito Selaia, debido a que era una ciudad importante pero no estaba en la taza de dicho camino. En ponde puse el asterisco es en donde se ubica Salamanca y su Charca.

   Vemos aquí el mapa que el barón Alexander von Humboldt levantó luego de su recorrido por la Nueva España en 1803, en este acercamiento alcanzamos a ver claramente una especie de triángulo trunco que marca el territorio de la Intendencia de Guanaxuato. En él marca el Molino de Sarabia, a un lado el Arroyo Feo, un poco más a la izquierda está la villa de Salamanca, al norte se ve Temascatío, camino que el barón recorrió para llegar a la ciudad de Guanajuato. En el mapa marca solamente a Pénjamo, la Hacienda de Frías (en el actual municipio de Manuel Doblado). Marca la Villa de León, Comanja, a donde fue a realizar unos estudios sobre la mezcla química del agua que allí brotaba, marca a Dolores y San Luis de la Paz, también, al norte una hacienda, la de Gachupinas.... quizá se refería a la de Gallinas, en el actual municipio de Ocampo. Algo curioso es que el barón da por límite de la Intendencia de Guanajuato al río Grande (actual Lerma), y marca a Valle de Santiago dentro de la Intendencia de Michoacán.

   1858 es la fecha en que se levantó este otro mapa del ya Estado de Guanajuato. Lo que vemos delineado en amarillo son los límites de lo que era el Partido de Guanajuato, el cual incluía las municipalidades de Guanajuato, Silao, Irapuato, Salamanca y Valle de Santiago. Aquí encontramos un detalle de lo que eran los caminos que pasaban por Salamanca y me ayudan a corregir algo que había comentado en un artículo anterior sobre los caminos alternos o "entre-haciendas", que yo consideraba salían de Molino de Sarabia a Cerrogordo, Dolores, Doña Rosa y Mendoza y Temascatío, pero no era esa la traza, veamos el siguiente acercamiento.

   Vemos claramente, al sur, la el Río Grande. En el lado derecho aparece Celaya y allí viene marcado el río Turbio de descarga en el río Grande entre Valtierrilla y Salamanca, luego de pasar por Amoles (actual Cortazar). Vemos en la parte media el trazo del Camino Real entre Celaya y Salamanca, está marcado su paso por El Guaje, actual Villagrán. Partiendo también de Celaya está ese otro camino que bien podemos considerar la vía corta o "entre-haciendas", que va directamente al Molino de Sarabia pasando antes por, quizá, Santiago de Cuenda. De Sarabia continúa rodeando el Cerro Gordo, pasando por la hacienda Aguilares, Cerro Gordo, Dolores y de allí a la de Ancón y Temascatío. Vemos un tercer camino, más al norte, saliendo de Santa Cruz, sigue por la ladera norte del Cerro Gordo, pasando por las haciendas de Marigomez, el rancho de La Ordeña para entroncar, también en Temascatío. De Salamanca parten dos caminos, uno va directamente a Temascatío, pasando por la congregación de Cárdenas. El otro sale de Salamanca a Irapuato pasando por la Hacienda de Buena Vista y Chico. Este último camino era en ocasiones intransitable, especialmente en el verano, pues allí aparecía la parte sur-poniente de La Charca de Salamanca. Recuerda que este es un mapa de 1858, en plena guerra de la Reforma.

   Ahora estamos en un estupendo mapa de 1860, aquí las haciendas de la región de Salamanca aparecen con mayor claridad: Aguilar, Valtierra (refiriéndose a Valtierrilla) y Sotelo del lado oriente. Al norte, entre la A y la T de Guanajuato aparece una que no puedo identificar, por el rumbo de La Ordeña. Luego, hacia abajo vemos Marigomez y Ancón, Dolores. Al centro, en la parte alta, está Jaripitío (Aldama), Lo de Sierra,  Mendoza, Temascatío, Cuces, Marañón. Al sur del río Lerma vemos el Pto. Molino, (el Molinito), la Cal,  Uruétaro, Santo Domingo y Labor (de Valtierra), entre otras.

   Llegamos al punto a donde quería: La Charca. Yo recuerdo que, siendo niño, se decía que a los muertos no se les podía enterrar en Salamanca a 3 metros de profundidad, porque se se hacían esos hoyos se llenaban de agua. Recuedo que había un arroyo que cruzaba por donde ahora es la Secundaria 18 de Marzo, se llamaba Arroyo de San Antonio. Recuerdo que había unos manantiales pequeños, o, en todo caso, borobtones de agua por el rumbo de lo que ahora es el Casino Petrolero y el Campo de Golf de RIAMA; es decir había abundancia de agua. Y en esta imagen que ahora ves aparece en el Diccionario de Poblaciones de la República Mexicana, publicado en 1887 por el Dr. Antonio Peñafiel, marca claramente que esa Charca era una "ciñenega que en tiempo de aguas se forma en una gran extensión de terreno por la parte N. de Salamanca, Estado de Guanajuato.

   Lamentablemente este acercamiento que hice al mapa de 1860 en donde aparece marcada La Charca o Ciénega de Salamanca no es del todo clara, trataré de hacer una más detallada). Aquí vemos que, como eran ya tiempos de la invasión francesa, ellos, los franceses requerían de más detalles de la geografía mexicana. Razón por la cual apareció este mapa en donde con claridad se ve el tamaño de la Charca, la cual, se comenta, llegaba a dejar totalmente incomunicada a la villa, razón por la cual el camino que iba de Salamanca a Temascatío, se hizo en forma elevada en su terraplén, para salvar las aguas que, en los meses de verano formaban esa enorme laguna e inundaba varias haciendas, una de ellas, la más afectada era la de Sardinas, Thena y Thenita, por mencionar solo tres de ellas. 

martes, 15 de enero de 2013

1897: De cuando en el Bajío se cultivaba tabaco.

 En la diaria búsqueda que vengo haciendo desde hace 5 años de todos los datos posibles que nos digan cómo era la vida en el Bajío, -especialmente en Salamanca-, en tiempos ya idos que, por motivos varios, llámese incendios, inundaciones o desinterés, se nos fueron desapareciendo de las manos; pero, por fortuna, los sistemas actuales de que disponemos en el mundo virtual nos permiten ir hilvanando esos detalles que nos sorprenden y que nos dejan concebir una idea más exacta de lo que hubo algún día por el Bajío. Hoy no hablaremos precisamente de Salamanca pero sí del estado de Guanajuato, algo en verdad sorprendente pues, aunque sea difícil de creer, hubo una vez en la que, en el Bajío se producía tabaco. El dato aparece en la página 171 del tomo segundo de la Guía General Descriptiva de la República Mexicana cuya portada estamos viendo en la imagen. (1)

Algo que aun no acabo de entender ese complicado sistema de pesos y medidas que se usaba en el último cuarto del siglo XIX y las primeras décadas del XX pues algunos granos eran pesados en hectolitros, medida que nos da la idea de un líquido y no de un sólido, pero esa era la forma en que se pesaban las producciones de Maíz, Frijol y Garbanzo. En cambio el Trigo se pesaba en Kilogramos, lo cual entendemos perfectamente. Si observas con atención, en la quinta columna aparece un producto que, para 1899, tenía tal importancia (quizá por su precio) que se enlistaba como producto relevante del Estado de Guanajuato: el Tabaco.

 Efectivamente, en la producción del año de 1897 hubo en el Estado de Guanajuato, en los municipios de Abasolo se produjeron 20 toneladas de Tabaco; 110 en Apaseo; 6 en Comonfort; 7.5 en Jerécuaro; 1.5 en Pénjamo; 2.3 en Salvatierra; 50 en San Francisco del Rincón y 1.7 en Santa Cruz. La principal fábrica de cigarros estuvo en Celaya, esto desde 1833, luego vendría la instalación de una cigarrera, ya entrado el siglo XX, en Irapuato pero, en todas las poblaciones del estado era normal la producción de cigarros para el consumo local. En Salamanca, nos dice don Pedro González (2) había 6 fábricas de cigarros y Rojas Gracidueñas (3) nos dice quiénes eran los roductores: Edaurdo Hernández, Jesús Rojas, José María Rivera, Tomás Solache, Jesús García y Francisco Estrella. Había, además, una fábrica de puros, propiedad de Jorge Sánchez. Ahora bien, por fábrica no nos imaginemos una industria, eran producciones artesanales, de tipo casero, que servían para satisfacer apenas una parte del consumo local. 

 Todo libro que se respetase en la época llevaba la imagen del Señor Presidente, éste no fue la excepción. "La industria agrícola del Estado de Guanajuato adquiere de año en año mayores proporciones, y dadas las condiciones especiales de sus fértiles campos, entre los que se distinguen los llanos del Bajío, donde se halla enclavada la ciudad de León, no es de dudar que un gran porvenir le está reservado y que alcanzará pronto una producción tal vez no superada por ningún otro Estado de la República. La variedad inmensa de cultivos  á que se presta el suelo, hace creer que son aclimatables a él todos los vegetales conocidos, como se ha demostrado últimamente con el de la vid, del que se se obtienen magníficos resultados .." (1). Estamos leyendo bien, en el Estado de Guanajuato hubo también producción vitivinícola.

 Este libro lleva, además de la imagen de don Porfirio, la dedicatoria a él y tuvo un tiro de 20 mil ejemplares, se distribuyó en distintos países, especialmente en los Estados Unidos y Europa, pues la promoción que el gobierno de Díaz era grande ya que se buscaba atraer la inversión. 

Volviendo al tema de lo que Salamanca produjo en es 1897, las cantidades fueron así: 120,000 hectolitros de Maíz; 368 toneladas de Trigo; Frijol 1000 hectolitros y 500 hectolitros de Garbanzo. Cifras realmente bajas si las comparamos con las de Irapuato, por ejemplo, allí se produjeron 14 mil toneladas de Trigo.

"Otros productos como uva y sus derivados, chile ó pimientos, caña de azúcar, pulque, aguardiente, etc., revisten también importancia, no solamente por las cantidades que se obtienen, sino por la buena calidad de los mismos. Cuenta el Estado de Guanajuato con 386 Haciendas de campo principales, destinadas 17 á la caña de azúcar, 364 a cereales, 4 a la explotación de maderas y una al cultivo de la vid". (1)


Fuentes:

1.- Figueroa Domenech, J. Guía General Decriptiva de la República Mexicana. Imprenta de Henrich y Compañía. Barcelona, 1899.

2.- González, Pedro. Geografía Local del Estado de Guanajuato. Ediciones La Rana. Guanajuato, 2004.

3.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca. Recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa. México, 1982.