Cabeza de Águila en las ruinas de la Hacienda de La Erré, municipio de Dolores Hidalgo, Guanajuato.
Si llegaste a este sitio es porque la historia de atrae, pero cuando caes en la historia de la Historia, estamos en problemas y, creo, este es el año preciso para que dejemos de hacer historias de la Historia y rescatemos los pasajes que forman parte de nuestra herencia común, de pueblo, de región, de país. Especialmente la que tenemos aquí en el Bajío.
Cabeza de Águila en la plaza de Sarabia, municipio de Villagrán, Guanajuato.
Hay algo que nos une, en cuanto a marcas, en este caso a monumentos… para ser más precisos en estelas, que es como se le denomina a este tipo de monumentos que fueron colocados a lo largo de la Ruta de la Libertad, la que siguió don Miguel Hidalgo desde que salió de Dolores, hasta que fue fusilado en Chihuahua.
Cabeza de Águila en la carretera 45, a la entrada de Jaripitío, municipio de Irapuato, Guanajuato.
Como suele suceder, aun teniendo las cosas tan cercanas físicamente, las tenemos tan alejadas en lo que a conocimiento se refiere, ni que decir de entendimiento, pues esas son palabras mayores. Quizá algunos de los lugares que aparecen en estas fotografías no te sean conocidos, Sarabia, Jaripitío, Loma de Zempoala o Araceo y son todos ellos lugares que pertenecen al estado de Guanajuato, y son tan solo cuatro de las 47 estelas de Cabeza de Águila que en “teoría” se colocaron en el estado de Guanajauato para conmemorar el sesquicentenario del inicio de la guerra de Independencia.
Cabeza de Águila en la Bajada del Tecolote, en Guanajuato, Guanajuato.
Yo te invito a que recorramos juntos esta Ruta de la Libertad que un guanajuatense, don Miguel Hidalgo realizó hace ya doscientos años para irnos enterando un poco más afondo de lo que verdaderamente es este HEROE que casi casi lo tenemos idealizado y que poco conocemos de su verdadera vida.
Una de las dos Cabezas de Águila que hay en Irapuato, Guanajuato.
Creo que si hay un personaje interesante en la historia de México ese es Hidalgo, no en balde se han escrito docenas y docenas de libros y en este año del Bicentenario siguen apareciendo más cosas sobre él y estamos apenas comenzando a entender la grandeza de su persona.
Cabeza de Águila en Loma de Zempoala, municipio de Yuriria, Guanajuato.
Una vez que el inició el movimiento independentista fueron varias las personas que se le fueron uniendo en el camino, ni que decir de los principales, Allende, Aldama, Abasolo, todos ellos guanajuatenses.
Cabeza de Águila en Salvatierra, Guanajuato.
En Salamanca fueron, entre otros, Albino García, Andrés Delgado y Tomasa Estévez quienes mantuvieron la insurrección en el mero centro del Bajío.
Cabeza de Águila en Acámbaro, Guanajuato.
Don José Antonio Torres, originario de San Pedro Piedra Gorda, la actual Ciudad Manuel Doblado, es decir, otro guanajuatense se le unió en Irapuato. Es de todos conocido la participación de Juan José de los Reyes Martínez en la toma de Granaditas.
Lo más vergonzoso que hay en el estado es la Cabeza de Águila de San Jerónimo Araceo, municipio de Valle de Santiago, Guanajuato.
La lista va creciendo, don Benito González en Valle de Santiago, Manuel Muñatones en Jaral, doña Gertrudis Vargas en Loma de Zempoala, se dice, esto más bien es una confusión en la ubicación de la historia, que La Fernandito apareció en Salvatierra y finalmente la participación por demás importante de doña Catalina Gómez de Larrondo en Acámbaro.
Cabeza de Águila en el Jardín Principal de Uriangato, Guanajuato.
La Ruta de Hidalgo sigue por Michoacán, Estado de México, Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, San Luis Potosí, Coahuila, Durango y Chihuahua, son 260 estelas de Cabeza de Águila las que van marcando la ruta y que nos van mostrando esto que fue, la primera etapa de la Guerra de Independencia de México.
Uno de los tres salmantinos que participa en la guerra de Independencia, cada uno de ellos pasa a la microhistoria regional con uno de sus apodos, La Friné, El Manco y El Giro; y es en este año de la celebraciones del Bicentenario que los tres juntos reclaman ser conocidos más allá de la región y que sus actos sean reconocidos en todo México. De él sabemos que le apodaban el Giro y que “originario de Salamanca, Guanajuato. Indudablemente fue uno de los más notables guerrilleros que en el Bajío combatieron al Gobierno realista, pues el temerario valor, la audacia, las hazañas y el patriotismo de Delgado no fueron inferiores a los de Albino García, los Ortiz, Salmerón, el Anglo Americanoy otros que se hicieron notables en aquel rumbo, durante la guerra de Independencia”. (1)
De sus primeros años hay datos que se encontraron en la Parroquia de Salamanca. “Cuando Andrés Delgado se presentó ante el cura Hidalgo, acababa de cumplir dieciocho años. El libro de bautismos de indios de la parroquia de Salamanca asienta la partida respectiva, diciendo que el diez de noviembre de 1792 fue bautizado un niño indio, del pueblo de Nativitas, nacido el día 7 de dicho mes, hijo legítimo de José Felipe y de María Juliana, y cuyos padrinos fueron Antonio y María Eusebia, indios del barrio de San Juan de la Presa”. (2)
Sobre su apodo de “El Giro” hay un par de versiones que, aunque medio coinciden en el término, distan mucho en la manera de transmitir el concepto: “Alguna vez, encontrándose rodeado de sus compañeros, que lo felicitaban por los ahorros que había conseguido reunir en fuerza de privaciones y miserias, les dice con semblante satisfecho, enseñándoles su limpia camisa, su flamante sombrero de alas anchas y su calzonera de pana negra:
¿No les parece a ustedes que ahora si estoy muy giro?-“.(3)
Y luego de esta referencia un tanto cuanto campirana con tintes de campechanería, vemos lo que la erudición nos dice: “Andrés Delgado le gustaban mucho los caballos y montaba muy bien, con los recursos de su trabajo tenía un buen caballo, no era entonces caro tenerlo, vestía de charro y así paseaba. Don Joaquín García Icazbalceta, en su Vocabulario de Mexicanismos, donde recopiló vocablos hace más o menos cien años, registra el termino Giro como adjetivo y copia la acepción del Diccionario de la Real Academia “hermoso, galán” y añade: “Hoy decimos giro al que está fuerte, sano, ligero. Fulano estuvo enfermo pero hay anda ya muy giro…” Así, al ver a Andrés en su buen caballo, bien montado, erguido, con aire alegre y fuerte, decían los conocidos y convecinos; “el muchacho va muy giro”, “es muy giro”, y el adjetivo convertido en sustantivo se le quedó por nombre: “El Giro”. (4)
“En 1812, y cuando la revolución había cundido por diferentes lugares del país, don Andrés Delgado preséntase de nuevo en Salamanca con el carácter de jefe de una poderosa guerrilla que en combinación con la de Albino García y su hermano, el brigadier don Panchito, operaba en ese lugar, Valle de Santiago, Santa Cruz, Irapuato y otras plazas de importancia.
Desde 1812 hasta mediados de 1819, delgado fue luchador invencible en las extensas comarcas del Bajío, tuvo por compañeros a los más adictos del bando independiente, hizo con don Francisco Javier Mina, la mayor parte de las campañas, sirviéndole con lealtad y desempeñando a conciencia las delicadas comisiones que le fueron encomendadas por aquel inolvidable caudillo”. (5)
“Andrés Delgado era indio, joven, de humilde origen, y se ocupaba como tejedor de mantas. No se sabe a punto fijo cuándo comenzó a luchar en favor de la causa insurgente; pero sí consta que el año de 1817 andaba unido con el padre don José Antonio Torres, con el doctor don José Antonio Magos y con don Miguel Borja, quienes mantenían el fuego de la revolución en la provincia de Guanajuato; sin dar ninguna tregua de descanso a las fuerzas realistas. El Jiro mandaba el cuerpo de Dragones de Santiago, uno de los mejores por bien armado, por sus buenos caballos y por sus expertos jinetes”. (6)
“William D. Robinson que, aunque seguramente no conoció personalmente a Andrés Delgado, si habló y trató con muchos que lo pudieron conocer y tenían de él datos muy de primera mano, dice del Giro que era “singularmente ingenioso y muy diestro en la guerra… su valor era impetuoso, su actividad asombraba al enemigo. Tenía apenas veinticinco años y en su corta carrera había recibido veintidós heridas. Mandaba los Dragones del Valle de Santiago que formaba a la sazón el más bello y útil de todos los cuerpos patriotas de Nueva España. Sus dragones montaban los mejores caballos del país, y contra la costumbre de los patriotas, estaban siempre en movimiento y alarmando constantemente a toda la parte del Bajío entre Celaya y Salamanca”. Eso fue escrito probablemente uno o dos años antes de la muerte de El Giro, porque Robinson publicó su libro Memories of the Mexican Revolution en 1821 en Londres”. (7)
“Al anochecer del 2 de julio de 1819, las fuerzas de don Anastasio Bustamante habían salido de Salamanca rumbo a Santa Cruz, en la seguridad de sorprender al indomable guerrillero que, según las nuevas recibidas de fuente autorizada, hallábase tranquilo sin sospechar de nadie en una choza en las inmediaciones del rancho de San Nicolás situado en el fondo de la barranca de la Laborcilla. En la madrugada del 3 de julio rodean la choza soldados de Bustamante a las ordenes de don José María castillo, alférez del cuerpo de dragones de San Luis; al ruido que producen los caballos depiértase el valeroso indígena y sin tiempo de recoger sus armas, deslizase a favor de la semioscuridad por entre el grupo de los acompañantes de Castillo; aun centenar de pasos, y en el fondo mismo de la barranca, lucha cuerpo a cuerpo con el jefe de la expedición hasta caer moribundo con terrible herida de lanza en el pecho; hace esfuerzos inauditos por levantarse y al fin lo consigue, apoya sus espaldas sobre unas piedras arráncase del pecho el arma mortífera y hiere con ella a Castillo y a tres de los soldados que lo acompañaban. La rendición del héroe se hace imposible y desde lejos y lapidándolo, es como logran terminar con su existencia.
El 3 de julio de 1819, por la mañana, agolpábanse numerosos vecinos de Santa Cruz frente a la capilla de bóveda, vetusta construcción de aspecto imponente que no ha mucho fue derriba desde sus cimientos. Allí, en el interior de la ruinosa capilla, como sangriento despojo e los rencores de la época, yacía el decapitado cuerpo de don Andrés el Giro; la cabeza había sido llevada en son de triunfo a la tierra natal del insurgente”. (8)
“El padre del Giro acaso solo por serlo, dice Alamán –citado por Zárate- había sido fusilado en la Hacienda de Pantoja en Febrero de 1816, por orden del comandante Realista Monsalve.
En cuanto a la madre, conocemos una solicitud de pensión, que presenta y se tramita, ya consumada la independencia y establecida la república, documento que transcribo como epílogo de todos los trágicos sucesos relatados; dice: “la viuda, madre don Andrés Delgado (alias el Giro) con el respeto y sumisión debida dice a V.A.S. que por los documentos que acompaña acredita que soy viuda, y madre del citado Delgado. Por ellos también conocerá de V.A.S. los pequeños esfuerzos que casi en todo el discurso de la guerra sin intermisión alguna, hizo mi hijo para librar a sus conciudadanos del yugo extranjero, hasta el 3 de julio de 1819 que la división del Exmo. Sor General Bustamante lo sorprendió en las lomas de San Cruz. Si estos cortos servicios unidos a la constante necesidad que padezco fueren en la consideración V.A.S. espero que se me declare comprendida en el arto. 10 del soberano decreto de 19 de julio; y que en estas administraciones nacionales se me de la pensión queV.A.S. estime justa y conveniente. Por lo cual a V.A.S. rendidamente suplico tenga la dignación de acceder a mi solicitud en lo que recibiré la mayor merced. –Sermo. Señor- no se firmar. –al margen: Méjico, octubre 10 de 1823. Pase a los comisionados. –Herrera, rúbrica”. (9)
Fuentes:
1.- Noticias biográficas de Insurgentes apodados. Biblioteca Enciclopédica Popular · 125, SEP. México, 1946.
2.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca. Recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa, México, 1982.
3.- Vargas, Fulgencio. La insurrección de 1810 en el Estado de Guanajuato. Ediciones La Rana. Guanajuato, 2001.
En este provechoso recorrido que estamos haciendo por las profundidades, ríos y cañadas que conforman la historia de Salamanca, la mestiza, la de México; llegamos al punto en el que vemos que la política de las pueblas de los territorios bárbaros del norte, según se dictaminó en su momento, tuvieron una buena acogida en Salamanca, ya que, gracias a esa migración forzada de tlaxcaltecas, pudo surgir, en su momento, la próspera industria textil que aun en los primeros cuarenta años del siglo XX mantenían en la zona una fuerte presencia.
“El emplazamiento que las crónicas ponderan como promisorio para el desarrollo amplio de la agricultura de regadío, la ganadería y los obrajes no defraudó a sus pioneros, fundadores y colonos, de manera que como parte del fenómeno más amplio del Bajío alcanzó prosperidad y ofreció las condiciones necesarias para su integración étnica y cultural, variada y rica como sus componentes originales; no en balde se considera a esa región el crisol en el que primero se ha integrado el perfil de lo mexicano. Pero además de lo bonancible de las condiciones naturales hay que ponderar la eficacia de la política colonizadora, principalmente en lo relativo a la promoción y regulación de los asentamientos tanto de indígenas como de españoles. Además, la acción evangelizadora del clero regular y de la administración episcopal procuró emparejar el adoctrinamiento con la educación en todos sus niveles, el adiestramiento artesanal y la asistencia social. A todo esto habría que agregar la diversidad de los componentes étnicos que allí concurrieron, purépechas, chichimecas y otomíes en un comienzo, después europeos, tlaxcaltecas y negros”. (1)
Debido a la gran importancia y poca literatura que sobre la presencia tlaxcalteca en Salamanca hay, a continuación transcribo toda la nota completa que José Rojas Garcidueñas escribe al respecto:
La Manta de Tlaxcala o Salamanca
“Un grupo, seguramente poco numeroso, de familias tlaxcaltecas, en esos años de 1592 o poco después, iría a vivir no propiamente en Salamanca (que todavía no existía), pero en parte de lo que hoy ocupa, tal vez cerca de San Juan Bautista Xidóo, y les darían terrenos para sus casas y para cultivar por ese rumbo, hoy Nativitas y tierras al oriente de allí tanto más fácilmente que hacia allá había propiedades, seguramente mal deslindadas de los Iricio y sus familiares, emparentados con el virrey Velasco. Algunos de esos tlaxcaltecas sin duda, persona de importancia y representación entre los dos, debe de haber pertenecido el curioso objeto al que voy a referirme denominado “La Manta de Tlaxcala o de Salamanca”; de eso, que era una especie de tapiz (o repostero como dirían entonces) trataron: Pedro González en 1895, el padre Agustín Rivera, luego en un folleto hoy inencontrble, y finalmente el historiador don Antonio Peñafiel, que es a quien aquí copiaré pues su monumental obra sobre Tlaxcala aunque ya libro raro, puede consultarse en algunas bibliotecas y trae, la dicha “manta” buena reproducción en fotograbado. Dice así:
“La Manta de Salamanca o Tlaxcala o de Salamanca. La siguiente descripción pertenece al señor Pbro. Don Agustín Rivera; de ella se ha trascrito solo lo conducente al fin de esta obra, suprimiendo las notas y agregando las etimologías de los nombre de los señores de Tlaxcala (que aquí no reproduzco por no venir al caso).
“I. la pintura materia de este artículo y a que yo he dado el nombre de manta de Tlaxcala (está copiando al padre Rivera), tiene 87 cms de larga y 63 de ancha. El lienzo está preparado con una composición opasta y betún que no puedo explicar por mi ignorancia en el arte de la pintura… se ven claramente las facciones del rostro de las personas y los demás detalles, los colores se conservan vivos y ningún deterioro es en parte interesante, excepto un pequeño agujero que está en la capa de Xicoténcatl.
En la parte inferior se ve dentro de cuatro cuadretes… los retratos de los cuatro senadores de la república de Tlaxcala… tienen jubón y calzón español hasta poco arriba de la rodilla y la famosa capa nahuatlaca… la capa de Maxiscatzin es verde, la de Xicoténcatl es violada, la de Citlalpopoca es roja y la de Tlahuexolotzin es azul, las cuatro con bellos mosaicos… en la cabeza tienen corona real española de oro…
“Cada gobernador tiene en la mano una ramillete de galanas flores rojas… este ramillete era una de las insignias de los nobles nahuatlacas; en la Manta de Tlaxcala, por la actitud que tiene la señoría me parece, salvo meliori, que es una ofrenda que los referidos reyes vasallos están presentado como símbolo de vasallaje al rey de España, representado por su escudo de armas, que está en la parte superior de la manta.
“Sobre cada cuadrete… se lee don Vicente Tlahuexolotzin… don Lorenzo Mahxiscatzin… don Bartolomé Citlatlpopoca… don Gonzalo Xicoténcatl.
“sobre cada inscripción se ve el escudo de armas de cada personaje, compuesto de jeroglíficos…
“en la parte superior de la manta está el escudo de armas de los reyes de España…
“II. Esta manta es de la propiedad de don Eufemio de la Cruz Zamora, indio vecino de Salamanca quién la adquirió de sus antepasados, la ha prestado por tiempo indeterminado al señor Pedro González, nativo de Salamanca, actual jefe Político de dolores Hidalgo, quien a mediados del año próximo pasado de 1891, me hizo el favor de prestármela y me ha suplicado que publiqué un folleto sobre este interesante monumento, y me regaló una copia fotográfica de él que tengo colocada en una de las paredes de mi gabinete. Tuve dos meses la manta en mi poder y la devolví al Señor González…
“III. Mas, ¿cómo esta manta vino a dar a Salamanca? Voy a decir mis opinionesfundada en graves publicaciones… opino pues: 1º Que esta pintura seejecutó en el segundo tercio del siglo XVI, en el reinado de Carlos V.2º Que fue ejecutada en Talxcala o en México por indios cristianos. 3º Que ejecutaron otras teres pinturas como esta, a saber una para cada uno de los gobernadores de Talxcala, hijo de Maxiscatzin, Xicoténcatl, Tlahuxolotzin y Citlatpopoca, para que sirviera a los descendientes de aquellos célebres gobernadores de monumento perpetuo en los altos hechos de sus antepasados y de título de nobleza a sus respecto linaje, titulo que hacia a los del mínimo linaje muy acreedores ante el gobierno español a alivio de los tributos, a la posesión de ciertos oficios y cargos civiles y a otros privilegios. 4º Que esta manta fue traída a la tierra adentro por alguna de las familias tlaxcaltecas de la cuatrocientas que vinieron a colonizar en la Tierra adentro en le último tercio del siglo XVI.” (2)
Como se ve, nada de las hipótesis del padre Rivera, aceptadas y abaladas por don Antonio Peñafiel, fuera de la útil descripción de la manta, informan acerca de ella mayormente. Además de la buena reproducción que publica Peñafiel he visto al menos otras dos, en otros folletos de Pedro González; (3) en la página 14 se ve una habitación atiborrada de objetos al fondo y a la derecha la manta de Tlaxcala o de Salamanca, y dice el pie: “Parte del museo de antigüedades del Señor don Ramón Alcázar… “Lo cual hace suponer que este señor había adquirido la propiedad de la manta; y en la página 16 hay una fotografía de la manta, encuadrada en un marco tallado del siglo pasado y este pie, que es curiosamente absurdo: “la sumisión del senado de Tlaxcala a Carlos V con el que se demostró a los otomíes la alianza de aquellos con España. Esta pintura semejante a la del bautismo de Maxiscatzin, de San Francisco de Tlaxcala, es del estilo de las alegorías que pintó Rodrigo de Cifuentes, compañero de Hernán Cortés”. Ese y otros pies de grabados del mismo folleto son realmente visibles (por más que en otras obras los informes de Pedro González sean muy apreciables) pero, para el lector no mayormente informado, simplemente diré que Rodrigo de Cifuentes nunca existió, (aunque con su nombre tenga dedicada una calle en Mixocac), sino que fue un puro infundio del mitómano o gran bromitas don José Justo Gómez de la Cortina, conde de la Cortina y de Castro, gran señor de las letras, militar y político de la primera mitad del siglo pasado.
Finalmente, para terminar con este asunto de la manta de Tlaxcala y de Salamanca, diré que el escudo de armas de España tiene grandes errores de diversas clases: está coronado con una corona imperial, de la que salen, hacia los lados, tal vez queriendo recordar los lambrequines que adornan unos escudos, dos listones casi horizontales con poca gracia y mucha tiesura; en escudo es de forma poco heráldica y mal dibujadas sus figuras; en el tercer cuartel el león está contornado, es decir vuelto hacia el lado izquierdo, lo cual es injustificado, es un puro error; el escusón sobre el todo; es decir, que está en el centro es circular, lo cual es anómalo, en el no se alcanzan a distinguir sus figuras; el toisón en torno al escudo está mal pintado, más parece que alternan frutas y hojas, en vez de pedernales y eslabones, que es lo que debería tener, y abajo hay otras cintas o filaterías que no tiene razón de ser; el cordero está muy mal dibujado, todo ello tal como se alcanza aver en la fotografía publicada en el libro citado de Peñafiel.
Otra aportación tlaxcalteca a Salamanca más trascendente, fue la fabricación de sarapes, conocidos y de cierta fama fueron los sarapes salmantinos: los mencionan algunos viajeros en el siglo pasado, (no tenemos relatos anteriores) y lo mismo hacen todas las guías y directorios comerciales muy reiteradamente. Esos sarapes que se fabricaban en salamanca eran del todo semejantes a los de Saltillo, similaridad que solo se explica por un común origen, pues en siglos pasados ninguna comunicación había entre una y otra de las citadas poblaciones, y ese común origen no pudo ser otro que los artesanos tlaxcaltecas que en Salamanca, como en Saltillo, confiarían trabajando en sus mantas de algodón y luego de lana, en los lugares en donde solo ellos sabían hacerlo, pues los otros indios no lo hacían. Esa artesanía, después industria, se conservó en Salamanca hasta que todos allí cambió con la gran transformación hincada al mediar el presente siglo.
Todavía en 1933, en una de sus gratas crónicas, publicada en El Universal, el jocundo político y periodista ramón V Santillo aludía a esos sarapes adquiridos como objetos típicos de los turistas: “viendo con curiosidad las excursiones de mises, cuando bajan del pullman a comprar sarapes en Salamanca”.
Durante los cinco años de su primer virreinato, don Luis de Velasco, el segundo, además de la pacificación de los chichimecas y arreglos sobre tal problema, también hizo mucho, como se le había encargado por reducir los indios a pueblos, como legalmente se decía; en esos años, 1590-1595, se estimuló la formación de núcleos de población indígena, cosa que en el Bajío era fácil para los que iban llegando, muy conveniente tanto para evitar los asaltos y depredaciones de indios bárbaros, cuanto por juntarse en región tan poco poblada; así, pues, en esos años, finales del siglo XVI, se reunieron grupos de pobladores indígenas, cerca de las estancias de españoles, y algunos de seos núcleos de población fueron germen u origen de lo que más tarde figuraron como barrios de la villa de Salamanca. (4)
Fuentes:
1.- De Santiago Silva, José. El templo agustino de San Juan de Sahún en Salamanca. Ediciones La Rana. Guanajuato, 2004.
2.-Peñafiel, Antonio. Ciudades coloniales y capitales de la república mexicana, Estado de Tlaxcala. Imprenta y fototipia de la Secretaríad e Fomento. México, 1909. Pg 16-19. Citado por Rojas Garcidueñas.
3.- González, Pedro. Algunos puntos y objetos memorables antiguos del Estado de Guanajuato (varios desconocidos) Presentados en el XI Congreso de Americanistas. Imprenta del Etado, Guanajuato, 1895. Citado por Rojas Garcidueñas.
4.- Rojas Gracidueñas, José. Salamanca. Recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa. México, 1982.