miércoles, 17 de febrero de 2010

Los personajes que participan en el relato del Señor del Hospital de Salamanca. 2ª parte.

Templo de Santiago y el que fuera el Colegio Imperial de la Santa Cruz.


Continuando con los personajes mencionados en el relato, siguiendo el orden de aparición encontramos los siguientes:


6.- Ignacio de Alarcón y Roquetilla, Acualmetzli.


De él ya hemos hablado antes aquí en este espacio, su presencia en el relato es fundamental ya que es él el primer personaje que lleva el centro de la historia en los primeros acontecimientos. Su presencia comienza al ubicarlo en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, lugar en donde roba al Cristo de los Agonizantes, un Cristo blanco, hecho con pasta de caña de maíz. Si consideramos la historia de México, cuando el Colegio de la Santa Cruz es levantado, en 1533; es con la intención de que los futuros sacerdotes que ayuden a la evangelización de los indios de la Nueva España sea hecha por gente nativa y no sacerdotes europeos, Wikipedia dice que: “El Colegio de Santa Cruz fue una institución franciscana de élite creada para que niños indígenas de entre diez y doce años pudieran internarse para ser educados. Se eligieron a los hijos más aptos de la nobleza indígena, de los señores y principales de los mayores pueblos o provincias de Nueva España —dos o tres por cada cabecera o pueblo principal, aproximadamente cien niños en total. Durante los primeros cuatro años de su funcionamiento, la escuela no aceptó a más estudiantes”.


Sabemos que uno de los primeros franciscanos instalados en el Colegio fue el francés fray Arnaldo de Bassacio encargado de la enseñanza de gramática latina dada en lengua española a los indígenas. A Bassacio lo vemos asociado con Acualmetzli según la única biografía que de él existe, la escrita por el periodista campechano Francisco Sosa (1848-1925), en ella dice: “En 1537, es decir, cuando Acualmetzli tenía diez y siete años, entró al Colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco, siendo uno de sus fundadores, y allí aprendió el latín, teniendo por maestro al franciscano Arnoldo Balzac, francés. Este sacerdote llegó a estimar tanto al joven indio, que le trataba como hijo, le vestía y le alimentaba, y le hizo confirmar poniéndole en aquel acto el nombre de Roque sobre los que ya tenía”. (1)


Portada lateral del Templo franciscano de Santiago Tlatelolco


Es Acualmetzli forma parte de un selecto grupo de personas que atendieron al Colegio de la Santa Cruz en su primera generación; Carlos Ometochtzin, Antonio Valeriano, Domingo Francisco Chimalpahin Quauhtlehuanitzin, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, uno más, aunque no está comprobado, que formó parte de tan selecto grupo fue Hernando de Alvarado Tezozómoc. De los antecedentes de Acualmetzli, el mismo Francisco de Sosa dice que “Nació en Coyoacán en 1520. Tenía un año cuando su padre murió combatiendo a los españoles. La madre, según el padre Oviedo, fue mutilada de las orejas, en castigo de una ofensa hecha a uno de los capitanes de Cortés, muriendo a consecuencia de aquella mutilación. Acualmetzli (mala-luna) quedó bajo la tutela de un español que lo llevó a bautizar y le dio el nombre de Ignacio Alarcón; le educó cristianamente, le enseñó con perfección la lengua castellana y el manejo de las armas”. (2)


Salta aquí la duda, si Hernando o Fernando de Alarcón, su padre adoptivo, que fue quién obtuvo autorización del virrey Antonio de Mendoza para hacer la exploración de la parte norte del territorio desconocido de la Nueva España: fue entonces su obra pía el darle nombre extremeño y título a Acualmetzli y darle ingreso al Colegio de la Santa Cruz. Es interesante saber que Alarcón fue el descubridor del río Colorado y el primer español en llegar a lo que actualmente conocemos como California en los Estados Unidos.


Este es el perfil de la Sierra Gorda de Querétaro visto desde las cercanías de Huichapan en el estado de Hidalgo.


Detalles, datos, relaciones sobre Acualmetzli hay pocas, Francisco de Sosa dice que hay (o había) un manuscrito o la antigua Universidad de México en donde se relataba la batalla en donde pereció. Más detalles de su vida no existen, la única persona que lo relaciona, Sosa, dice que “Realizó, pues, su proyecto de combatir contra los conquistadores, hasta que murió en un encuentro que tuvieron los chichimecas con las tropas del Virrey ya citado. (Refiriéndose a don Antonio de Mendoza). “(3). En el relato se da, obviamente, una versión épica: “El virrey don Antonio de Mendoza emprendió la expedición contra los indios de tierra adentro por el año de 1541 y Roquetilla combatió con los chichimecas contra los ejércitos del Virrey a quienes ocasionó muchas desazones, trabajos y penas durante los dos años que duró esta terrible lucha hasta que sucumbió Roquetilla el año de 1542, a los 22 años de edad terminando a su muerte la pelea. Murió cristianamente auxiliado por un misionero de la orden de nuestro venerable padre San Francisco invocando el Santo Nombre del Señor del los Agonizantes que le dio buena agonía”. (4)


A Acualmetzli lo debemos incluir en la lista de los más importantes patriotas mexicanos que lucharon en contra de la imposición española, su nombre debe quedar incluido junto al de Cuauhtémoc, Francisco Tenamaztle, y Nachi Cocom. Quizá algún día veamos levantado un monumento que recuerde a su persona y, sobre todo a su ideal de mantenerse siempre del lado de sus raíces indígenas.


En 1968 el servicio postal español sacó a la circulación la estampilla en donde podemos ver al virrey Antonio de Mendoza y Pacheco.


7.- Antonio de Mendoza


Este es el séptimo de los personajes que aparece en el relato, el que fuera primer Virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza y Pacheco. Nacido en Mondéjar o Alcalá la Real, España; entre 1490-1493. Fue también el segundo virrey del Perú, en donde falleció en 1552. De su vida sabemos que: “Fue Antonio de Mendoza el primer hombre que recibió el cargo de Virrey en un territorio americano, obteniendo el nombramiento de Virrey, gobernador, capitán general de la Nueva España y Presidente de la Real Audiencia de México, el 17 de abril de 1535. Durante su gobierno se continuaron los viajes de exploración, apoyó a Hernán Cortés en los viajes que dieron por resultado el descubrimiento de la península de Baja California, apoyó a Fray Marcos de Niza en 1539 en la empresa exploratoria en la búsqueda de las míticas ciudades de Cíbola y Quivira, así como a Francisco Vázquez de Coronado en 1540, en cuya expedición se exploraron los territorios que constituyen actualmente el suroeste de Estados Unidos y noroeste de México.


Apoyó el viaje por mar hacia el Pacífico norte del navegante y explorador Juan Rodríguez Cabrillo, que en 1542 reconoció las hoy costas de los estados de Baja California Sur, Baja California y California (EE.UU.), quien nombró un cabo en California con el nombre de Cabo Mendocino en honor del Virrey.


Una de las tantas magníficas esquinas con su respectiva hornacina levantada durante el virreinato de don Antonio de Mendoza en la Ciudad de México.


Fundó en 1535 la Casa de la Moneda en la Ciudad de México, en 1536 se empezaron a acuñar monedas de plata y cobre como las españolas, llamadas por su forma macuquinas, también se fundó el Colegio Imperial de Santa Cruz de Tlatelolco, destinado a la educación de los indios nobles, dictó ordenanzas para dar buen trato a los nativos, impulsó y ordenó la minería, inició el acondicionamiento del Puerto de Veracruz, estableció la imprenta que fue la primera de América, fundó la ciudad de Valladolid (hoy Morelia, Michoacán) y La Barca, e inició las gestiones para crear la primera universidad”. Texto tomado de Wikipedia.


Hay un punto en donde las vidas de Acualmetzli y el virrey de Mendoza se unen, y Francisco de Sosa, en el libro ya mencionado lo comenta de la siguiente manera: “Acerca de la muerte de Acualmetzli, dice el autor de un manuscrito que existía en el museo de la extinguida Universidad de México y en el que, en forma de diario, se refiere la expedición del Virrey don Antonio de Mendoza, lo siguiente:


"Dos años de continuos combates fueron necesarios para reducir a estos terribles chichimecas, que se extendían desde las serranías de los alrededores de Querétaro hasta Jalisco; pero el Virrey Mendoza pudo al fin vencer, aprovechando el otoño del año de 1524, para dar una lección a estos indios, que parecía eran los únicos que mantenían vivo el patriotismo en esta pare del Nuevo Mundo. En esta campaña era admirable el orden con que los chichimecas se batían, desconociendo a los indios, pues se presentaban en batallones de siete hombres de fondo, sus filas eran cerradas, sus movimientos regulares, y se hubiera dicho que algún desertor español les habían enseñado la táctica de Europa, si entre los cadáveres de los vencidos no se hubiera encontrado el de un indio muy conocido en México por amigos de los españoles, y llamado Roquetilla ó Ignacio Alarcón, pues era ya bautizado del demonio, con los montaraces chichimecas." (5)


Placa que recuerda la fundación de la Universidad de México, organizada durante el periodo del virrey Antonio de Mendoza en 1553.


Bibliografía:


1.- Biografía de mexicanos distinguidos. Francisco Sosa, Editorial Porrúa, México, 1884.


2.- Biografía de mexicanos distinguidos. Francisco Sosa, Editorial Porrúa, México, 1884.


3.- Biografía de mexicanos distinguidos. Francisco Sosa, Editorial Porrúa, México, 1884.


4.- Historia de la milagrosa imagen del Señor del Hospital de Salamanca. Introducción atribuida a José Rojas Garcidueñas. Imprenta del Bosque, México DF. 1967.


5.- Biografía de mexicanos distinguidos. Francisco Sosa, Editorial Porrúa, México, 1884.


Razón más que justificada para que a la Ciudad de México se le llamara “la Ciudad de los Palacios”.



martes, 16 de febrero de 2010

Los personajes que participan en el relato del Señor del Hospital de Salamanca. 1ª parte.

Portada del libro publicado en 1967 del relato de la llegada del Cristo Negro del Señor del Hospital a Salamanca.


Son 28 los personajes que se nombran a lo largo del relato que todos conocemos que es, en buena medida, el que se ha asentado como historia, siendo que carece de las referencias propias de un verdadero estudio histórico. Ese relato, casi leyenda, hermoso en verdad no deja de ser eso, un relato, pero, hay que anotarlo, está muy bien hecho pues lo que va narrando encalva perfectamente en la geografía Novohispana conocida en la época y ni que decir de los participantes de la narración. Veamos con atención a cada uno de ellos.


1.- Dr. Don Vicente Flores.


“El doctor don Vicente Flores, que fue uno de los poquísimo investigadores de la historia local salmantina, encontró y copió el relato del origen, procedencia y llegada a la que hoy es Salamanca, de la imagen de Cristo crucificado que desde hace cuatro siglos se conoce con el nombre del Señor del Hospital”. (1)


Partiendo de la idea de que fue don José Rojas quién hace la introducción al relato de la llegada de la imagen del Cristo Negro a Salamanca, y que es él, precisamente, quien nos comenta que el Dr. Flores fue un investigador de la historia de Salamanca, y que las notas que aparecen a lo largo del relato, tales como, la del manejo de nombres de poblaciones en lengua otomí; la del uso del bálsamo del Perú; las referencias de personajes ilustres relacionados a la fecha de 1560 y, la más contundente, cuando estampa su firma dando fe a que es una copia fiel del manuscrito original y lo fecha el 10 de noviembre de 1930; podríamos llegar a concluir de quién fue adaptando los personajes históricos y geográficos al relato fue, precisamente él.


2.- Alonso de Marañón.


Sobre Alonso de Marañón no se sabe absolutamente nada, fuera de lo que se menciona en la introducción al relato de que fue a él a quién el Cura don Luís G. Saavedra autorizó hacer. Se presume que este relato fue escrito originalmente en lengua otomí.


Lo que actualmente forman las esquinas de Hidalgo y Zaragoza, propiedad ya subdividida, fue la casa del Cura Luís G. Saavedra.


3.- Luís G. Saavedra.


A él lo encontramos en el relato como la autoridad, dado que era el Párroco de Salamanca, que autoriza dando su licencia a Alonso Marañón para que escriba el relato de la llegada del Cristo Negro del señor del Hospital a Salamanca. Encontramos en la Monografía de Salamanca de 1987, escrita por Guillermo Razo lo siguiente: “Del Cura don Luís G. Saavedra se sabe poco, pero lo suficiente como para recordarlo en estas páginas, pues fue un personaje muy importante no solo en Salamanca, sino ten todo el estado, ya que figuró en algunos cargos políticos.


Fue diputado propietario por el Departamento de Guanajuato, tomando parte del Congreso que estuvo en funciones del 1 de enero al 29 de diciembre de 1844, y enmarcado en un gobierno donde convivían liberales moderados y conservadores, regido por las Bases Orgánicas proclamadas en 1843.


Curiosamente también fue Cura Párroco en Salamanca de 1847 a 1866, año de su muerte. Fue también empresario, pues para crear unas fuentes de trabajo fundó una fábrica de loza, con acciones de los vecinos, la cual fue inaugurada por el entonces Presidente de la República, don Ignacio Comonfort. (2)


Aun queda en pie el horno que fuera de la fábrica de loza de la que se recuerda se producía las mejores piezas de porcelana de todo México a mediados del siglo XIX.


José Rojas, uno de los salmantinos más destacados en el estudio de la historia local, nos dice al respecto que “Otra industria que existió, en la primera mitad del siglo pasado (se refiere al XX) fue la fábrica de loza y porcelana del señor Cura don Luís Saavedra. Tuvo verdadera importancia tanto por lo moderno de su instalación como por la calidad de los objetos que producía, además de que, muy probablemente, fue la primera en aprovechar debidamente los caolines y otras tierras, abundantes en varias partes del Estado, que solamente un siglo después volvieron a ser explotadas. El señor Saavedra tenía esa fábrica en una finca de su propiedad (no su residencia, que como antes quedó dicho, estaba en la esquina de Hidalgo y Zaragoza), su industria estuvo en la esquina de las calles de Tomasa Estévez y Aldama, casa que fue después propiedad de Cástulo Acosta. Todavía hace algunos años se podían ver restos de lo que fueron los hornos de esa fábrica. Parece que parte de su maquinaria y hasta algunos de sus más expertos obreros pasaron luego a México, cuando en la capital se estableció la primera fábrica de loza, del Niño Perdido. Don Luís Saavedra fue Cura Párroco de Salamanca desde 1845, aproximadamente, hasta poco antes de la caída del segundo Imperio”. (3)


Es don Florentino López Lira quién nos da un testimonio más del Cura Saavedra: “…fue un hombre muy inteligente y progresista. Impulsó con tesón el desarrollo de la industria sobre la fabricación de la porcelana. En el museo de Guadalajara existe cerámica que aún se admira, procedente de las fábricas salmantinas. Es conocido el hecho de que una persona, al ver una estatua de cupido cubierta con un velo de punto, quiso alzar éste que se hizo pedazos, pues también era de porcelana hecha filigrana. Casi puede decirse que en toda la República fue el único que en aquellos tiempos consiguió gran perfección con los procedimientos, considerándosele como uno de los elementos más conspicuos para su florecimiento y desarrollo. Por otra parte, era reconocida su intelectualidad; gozaba, además, de gran prestigio y respeto…” (4)


4.- Papa Urbano VIII


Encontramos al primer gran personaje que se menciona dentro del relato, al Papa Urbano VIII. La razón por la cual aparece es debido a que fue el quién: “Reservó la beatificación de los santos a la Santa Sede y en una Bula de fecha 30 de octubre de 1625, prohibió la representación con el halo de santidad a personas no beatificadas o canonizadas, la colocación de velas, retablos, etc., ante sus sepulcros, y la impresión de sus supuestos milagros o revelaciones.”


Urbano VIII tiene importantísimos actos que conforman parte esencial de la historia universal, conozcamos brevemente su vida: Maffeo Barberini, nació en Florencia en abril de 1568; fue electo papa el 6 de agosto de 1623; murió en Roma el 29 de julio de 1644. El nuevo Papa tomó el nombre de Urbano VIII. Al ser atacado por la fiebre que azotaba Roma, fue obligado a posponer su coronación hasta el 29 de septiembre. Se relata que, antes de permitir ser investido en las túnicas papales, se postró ante el altar, rogando que Dios le permitiera morir si su pontificado no era para bien de la Iglesia.


Inició su reinado emitiendo el mismo día de su elección las Bulas de canonización de Felipe Neri, Ignacio Loyola y Francisco Xavier, quien había sido canonizado por Gregorio XV. Urbano mismo canonizó a Elizabeth de Portugal, el 25 de mayo de 1625; y a Andrés Corsini, el 22 de abril de 1629. Beatificó a Francis Borgia, un Jesuita, el 23 de noviembre de 1624; Cayetano, el fundador de los Teatinos, el 8 de octubre de 1625; Juan de Dios, el 21 de septiembre de 1630


En Roma encontramos en Sant Ivo alla Sapienza el palacio donde se ven los símbolos de los Barberini, la abeja. Si te interesa saber la razón por la cual era usado en su escudo nobiliario, entra en el siguiente enlace:

http://www.es.catholic.net/turismoreligioso/661/1985/articulo.php?id=1746


En una Bula posterior, de fecha 13 de septiembre de 1642, redujo el número de días santos de precepto a treinta y cuatro, además de los Domingos. Urbano introdujo muchos oficios nuevos en el Breviario. Durante el pontificado de Urbano ocurrió el segundo juicio y condenación de Galileo por la Inquisición Romana.


Urbano fue un gran favorecedor de las misiones católicas en el extranjero. Erigió varias diócesis y vicariatos en países paganos y alentó a los misioneros de palabra y con ayuda financiera. En una Bula, de fecha 22 de abril de 1639, prohibió estrictamente la esclavitud de cualquier tipo entre los indígenas de Paraguay, Brasil y todas las Indias Occidentales. Urbano tuvo poco éxito en sus esfuerzos para restablecer el Catolicismo en Inglaterra.


El gran error de Urbano fue su excesivo nepotismo. Tres días después de su coronación hizo cardenal a su sobrino Francesco Barberini; en 1627 le nombró bibliotecario del Vaticano; y en 1632 vicecanciller. Francesco no abusó de su poder. Construyó el gran Palacio Barberini y fundó la famosa Biblioteca Barberini que fue adquirida en 1902 por León XIII y pasó a formar parte de la Biblioteca del Vaticano. El sobrino de Urbano, Antonio Barberini, el Joven, fue nombrado cardenal en 1627, después fue nombrado camerlengo en 1638, y después comandante en jefe de las tropas papales. Fue delegado en Aviñón y Urbino en 1633; en Bolonia, Ferrara y Romagna en 1641. El hermano de Urbano, Antonio, quien era capuchino, recibió la Diócesis de Senigaglia en 1625, fue nombrado cardenal en 1628 y después designado gran penitenciario y bibliotecario del Vaticano. Un tercer sobrino de Urbano, Tadeo Barberini, fue nombrado Príncipe de Palestina y Prefecto de Roma. Son casi increíbles las inmensas riquezas acumuladas en la familia Barberini a través del nepotismo de Urbano.


El Castillo de Castel Gandolfo, ahora usado como residencia de verano del Papa, la guardia suiza con sus característicos uniformes diseñados por Miguel Angel, está presente.


Urbano gastó fuertes sumas en armamento, fortificaciones y estructuras de todo tipo. En Castelfranco construyó el costoso pero mal situado Fuerte Urbano, estableció una gran fábrica de armas en Tívoli, y transformó Civitavecchia en un puerto militar. Fortificó fuertemente el Castelo de San Ángelo, Monte Caballo, y construyó varias fortificaciones en el lado derecho del Tíber en Roma. Construyó la villa papal bellamente situada en Castel Gandolfo, fundó el Seminario del Vaticano, construyó varias iglesias y monasterios, embelleció calles, plazas y fuentes. Las tres abejas en su escudo atrajeron la atención de todo visitante a roma. En la Basílica de San Pedro construyó el baldaquín sobre el altar, la tumba de la Condesa Matilda, trasladando sus restos de Mantua, y su propia tumba, al frente de la de Pablo III. Para algunas de estas estructuras empleó bronce del techo del Panteón, con lo que surgió la bien conocida pero injustificada pasquinada: “Quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini(5)


Imagen de San Diego de Alcalá en el templo dedicado en su honor en San Diego de la Unión, Guanajuato.


5- Fray Diego.


Este personaje aparece en el relato como aquél que narra el inicio de la historia, contándoles a los naturales como fue que apareció un joven cargando un Santo Cristo por la sierra de Huichapan. Tratar de identificar quien era este fraile es cosa prácticamente imposible, pues el nombre Diego fue uno de los más comunes a principios del siglo XVI.


Recordemos que los nombres de las personas se han regido siempre por tradiciones, devociones y modas. San Diego de Alcalá vivió de 1400 a 1463, forma parte de los más importantes santos franciscanos. Fue canonizado por el papa Sixto V en 1588 en la única canonización realizada por la Iglesia Católica durante el siglo XVI, ya a finales del mismo. Es considerado patrono de los Hermanos legos franciscanos (no clérigos) por haber sido el primer hermano lego canonizado en la Orden. (5)


Si consideramos que su canonización fue en 1588, seguramente que toda su causa corrió a finales del XV y principios del XVI, por lo cual no es de dudar la popularidad del nombre, también tengamos en cuenta que era común que los frailes adquirieran nombres distintos al del bautismo en el momento de su consagración y, normalmente, los franciscanos elegían nombres que fueran de santos de su congregación.


El nombre de Diego nos transporta a una serie de datos muy curiosos, pues tanto Diego como Yago, Santiago y Jaime tiene su origen en el nombre bíblico de Jacobo. En Wikipedia encontramos que Jacobo, Jacob, Yago, Iago, Jaime, Santiago y Diego son variantes en español del nombre propio Ya'akov (en hebreo יַעֲקֹב), que significa "sostenido por el talón" y fue el nombre del patriarca que después se llamó Israel. El nombre de este patriarca fue traído al castellano como Jacob.


Santiago en su Advocación de Apóstol. Esta es la imagen venerada en su templo de Santiago de los Coras en el municipio de San José del Cabo, en Baja California Sur.


Bibliografía:


1.- Historia de la milagrosa imagen del Señor del Hospital de Salamanca. Introducción atribuida a José Rojas Garcidueñas. Imprenta del Bosque, México DF. 1967.


2.- Monografía de Salamanca. Guillermo Razo. Revista Radar. Salamanca, Gto. 1987


3.- Salamanca, dimensión económica municipal. Preliminar histórico de José Rojas Garcideuñas. Edición del Municipio de Salamanca. Salamanca, Gto. 1971.


4.- Salamanca Legendaria. Florentino López Lira. Sin editorial. Salamanca, Gto. 1934.


5.- La Biografía de Urbano VIII fue escrita por Michael Ott, trascrito por Carol Kerstner y traducido por Lucía Lezna. Tomado de La Enciclopedia Católica, Volumen I. 1907. Sitio electrónico: http://ec.aciprensa.com/u/urbano8.htm


5.- http://www.franciscanos.org/bac/diegoalcala.html



domingo, 14 de febrero de 2010

Las conclusiones que ofrece el Canónigo don Luís Enrique Orozco, Historiador de la Arquidiócesis de Guadalajara, en torno al relato

Esta es la primera página del libro que en repetidas ocasiones se ha reimpreso, en donde se transcribe el relato original, en este caso, el publicado el 28 de abril de 1967.


Esto que a continuación leerás, lo transcribo integro del libro Los Cristos de caña de maíz y otras venerables imágenes de Nuestro Señor Jesucristo escrito por el Canónigo Luís Enrique Orozco, miembro de la comisión diocesana de historia de Guadalajara. Publicación privada, sin editorial, impresa en Guadalajara, Jalisco, en 1970. Tomo I, páginas 112 y 113.


Esta es la portada del libro publicado por el Canónigo Orozco en 1970, un poco difícil de conseguir, por cierto. Gracias al cronista de Salamanca, Juan José Rodríguez Chávez, obtuve una copia de la parte concerniente al Cristo Negro del Señor del Hospital.


"... Esta relación tiene, a mi modo de ver, un sabor del siglo XVIII, en el que muy en boga estuvieron las áureas leyendas, con las que la falsa piedad adornaba a las sagradas imágenes para darles mayor importancia y celebridad, sin tener en cuenta una sana Critica Histórica. Véase que este segundo escrito (se refiere al de Marañón) que si tiene fecha y también todo salió de la cabeza de un Alonso Marañón, puesto que un autor afirma que: "le había concedido permiso el Sr. Cura Don Luís Saavedra PARA ESCRIBIR LO QUE SABIA, acerca de la tradición del Santo Cristo de Salamanca", lo que claramente indica que no tuvo a la vista documentación histórica ninguna para escribirlo y el escrito solo se apoya en la calenturienta cabeza del Marañón quien, en su intento de darle vida, pone su narración en boca de un fraile no identificado y así escribe: "el ya dicho Fr. Diego, les refería..etc.". Lo cual basta para caer en la cuenta de que ambas relaciones son meras leyendas o conseja, y no hechos históricos verdaderos.


Añadiré que, después de haber leído estos escritos, aparece que el Autor carecía de conocimientos históricos para escribir como lo demuestran las siguientes razones:


Antiguo dibujo del que fuera el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, actualmente Biblioteca de la Secretaría de Relaciones Exteriores.


1.- Decir que el Roquetilla estuvo en el Colegio de Santiago Tlatelolco de los frailes de San Francisco, es muy posible; pero asegurar que "Iba vestido con el hábito de NVP San Francisco", a enseñar a los indios a guerrear contra los españoles, jamás lo hubieran tolerado los religiosos franciscanos. Recordemos los trabajos que costaron al noble indio Juan de Rarecuato el hacerse denado de San Francisco. Solo permitieron por religiosos que: "con el mismo hábito a trajo que traía anduviese entre los frailes". El P. Fr. Jerónimo de Mendieta afirma que por aquellas calendas del siglo XVI, los religiosos franciscanos estaban firmes y determinados respecto de los indios. "El no consentirles túnica larga como hábito de fraile, ni manto ni sombrero de fraile, con que parezcan frailes (lo que) muy bien me parece Y NO DEJARLOS ANDAR SOLOS FUERA DEL MONASTERIO". Si alguna contada vez se admitía como ----- un indio después abandonaba el monasterio afirma el mismo P. Mendieta: "No hay más dificultad que QUITARLE LA TUNICA y decirle que se vaya con Dios" Véase pues si será cierto que el Roquetilla anduviese vestido del hábito de San Francisco, portando un Santo Cristo de tamaño natural y empeñado en enseñar a los indios a pelar contra los españoles. Los religiosos de San Francisco no lo hubieran consentido jamás. Esto es, pues, una mera leyenda que Marañón asintió sin tener en cuenta estas disposiciones de la Orden de San Francisco y por lo mismo es una verdadera mentira.


Retrato de Pedro de Alvarado, uno de los conquistadores, conocido como Tonatiuh entre los Aztecas, debido al color de sus cabellos. Conocido también por ser protagonista de la noche triste con su célebre “salto de Alvarado”, participante activo en la guerra del Mixtón.


2.- Es también falso que cuando el Virrey don Antonio de Mendoza "emprendió la expedición contra los indios de dentro, el año de 1541, y Roquetilla cambió CON LOS CHICHIMECAS contra los ejércitos del Virrey a quienes ocasionó muchas desazones, trabajos y penas, etc.". Porque al Virrey Mendoza en dicho año no hizo una expedición contra los chichimecas del interior, sino que salió de la Ciudad de México a la pacificación de los indios de la entonces Nueva Galicia, hoy Jalisco, que revelándose contra los encomenderos y los frailes doctrineros se habían hecho inexpugnables en el Cerro del Mixtón, cerca de Apozol, Zac., y en cuyo levantamiento perdieron la vida muchos españoles, entre ellos el valiente Capitán Pedro de Alvarado, llamado Tonatiuh por los indios Investigadores fidedignos y acuciosos, como Fr. Antonio Tello, Beaumont, Mota Padilla, Pérez Perdía, Fr. Luís del Refugio del Palacio y otros, que dan minuciosas detalles de esta afamada tierra, nada dicen de un indio que hubiera andado peleando contra el Virrey y cargando un Santo Cristo del tamaño natural, cosa inaudita en aquella feroz campaña y hecho increíble que solo cabe en la cabeza ignorante de aquellos temibles circunstancias.


El padre José Guadalupe Romero, historiador del Obispado de Michoacán durante la parte media del siglo XIX.


3.- Esta guerra del Mixtón fue tan ardua, tan llena de pelea, y causó tantas muertes de millares de indio que solo un idiota se hubiera atrevido a pelear en esta contienda portando un Santo Cristo de tamaño natural entre los idolatras guerreros que, en aquellas circunstancias, odiaban cuantos objetos piadosos se relacionaban con la religión de los conquistadores que ellos, precisamente con dicho levantamiento trataban de sacudirse. Con furibunda y sacrílega saña hubieran hecho pedazos aquella imagen que simbolizaba la nueva civilización cristiana y si no perdonaron las capillas con las humildes imágenes que tenían, en los pueblos que incendiaron, menos habrían perdonado esta imagen, insignia de la piedad española. Añádase que también hubiera sido imposible salvar al Crucifijo, que en aquellas circunstancias era un verdadero estorbo, cuando solo algunos, no sin muchísimos trabajos y dificultades, podrían poner a salvo suicida en casos muy particulares. Por esto es también una mentira cuando afirma Marañón a este respecto.


De todos es bien conocido Cuahutémoc, ahora sabemos de Tenamaxtli y Acualmetzli, importantes patriotas mexicanos, éste último, personaje inicial en el relato de la Leyenda del Cristo Negro del Señor del Hospital.


4.- Añadiré que si estas relaciones fueran verídicas, el Dr. D. J Guadalupe Romero que por lo menos conoció la Relación del siglo XVIII y que fue severo y desconfiado en aceptar tradiciones no bien cimentadas, hubiera hecho alguna mención de ella al tocar el Curanto de Salamanca y su Santo Cristo en sus Noticias para formar la Historia y la Estadística del Obispado de Michoacán. Como lo hizo al referirse a algunos otros curatos.; pero al no tomar en cuenta esta Relación está indicando que también lo encontró sin fundamento histórico ninguno y por lo mismo es solo un conjunto de consejas fantásticas e inverosímiles.


No es lo mismo correr montes, campos, cerros, montañas, atravesar ríos, con una imagen de estas dimensiones a cuestas que con un Santo Cristo de tamaño real… escena tomada durante la peregrinación de Sanjuaneros de enero pasado.


5.- No sufriré dejar en el tintero que si como quiera las relaciones citadas del indio Juan Cristóbal o Juan Cardona, hubiera aunado huyendo con el estorboso Santo Cristo, por ser de tamaño natural, y caminando a salto de mata desde Cárdenas o Xilotepec, hasta Salamanca, para no caer en manos de los indios perseguidores, por asperísimas serranías, salvando profundísimas barrancas y por aquellas imperceptibles veredas del siglo XVI, entre espesísimas bosques de pinares y tupidos breñales, algunos veces vadeando crecidos ríos y soportando copiosísimas lluvias, siendo como es el Santo Cristo, hecho de pasta de cañas de maíz y por consiguiente de materia débil, frágil y deleznable, aun contra la voluntad del indio portador se hubiera desperfeccionado y aun destruido Pero la perfecta conservación del crucifijo está demostrado lo contrario. Luego también es falso lo que a este respecto han asentado las referidas relaciones.


Altar dedicado al Señor de la Conquista en San Miguel Allende, por cierto, esta es una copia, el original se encuentra en San Felipe Torresmochas. Para el traslado de este Cristo, dos frailes franciscanos murieron en el camino de Pátzcuaro, donde adquirieron la imagen a San Felipe, en las inmediaciones de Chamacuero, actual Comonfort, Guanajuato.


6.- Si estas razones no bastaran, piense el lector que la época en que ambas relaciones sitúan la caminata del Santo Cristo a Salamanca, es entre los años de 1560 y 1561, o en 1581, época en que precisamente esas regiones estaban infestadas de belicosísimos indios chichimecas que tantas preocupación dieron a los virreyes de la Nueva España porque a sangre y flechas asaltaban a los caminantes para robárselos y quitarles la vida, sin perdonar a los frailes mismos, cono no perdonaron las vidas de los VVPP Fr. Francisco Doncel y Fr. Pedro de Burgos quienes, precisamente por esos lugares, caminaban portando unos crucifijos del tamaño natural para sus iglesias conduciéndolos desde Pátzcuaro. No es posible que, en análogas circunstancias hubiera escapado el indio con vida y con el Crucifijo cuando, más aun, caminaba en condiciones trabajosísimas y violentas, caminando meses, hasta llegar a Salamanca. Asegurar lo contrario, como lo hacen las relaciones, es desconocer completamente las difíciles circunstancias de la región por aquella época.


Fotografía del Templo del Señor del Hospital, tomada en 1928, aun se puede ver la torre construida por el Padre Vicente Bustos.


7.- Finalmente, hay otras circunstancias que no pueden pasar, como las estupendas curaciones realizadas en la choza de Roquetilla, el misterioso sueño de Juan Cardona, el aparecer la Cruz maravillosamente clavada media vara en tierra, el aparecer el Cristo con la cabeza caída sobre el pecho, que antes tenía levantada, etc. No es posible admitir todo esto por no estar sólidamente bien probado. No se puede aceptar milagros cuando no hay la debida e histórica constancia de ellos. Por lo cual ambas relaciones sobre el Señor del Hospital de Salamanca serán siempre unas muy hermosas, poéticas y agradables leyendas, tejidas en la Época Colonial, para rodear de encanto a esta venerabilísima imagen de Jesús Crucificado.


Entrada del Santo Cristo Negro a su morada en el Templo del Señor del Hospital de Salamanca.


Como reflexión final diré que todo esto trascrito aquí viene de la pluma de un canónigo, experto en arte sacro, que examinó varias docenas de Cristos hechos en pasta de caña de maíz. Sus comentarios, aunque fuertes en momentos, no dejan de ser bastante realistas y acertados, ya que vienen de un experto en la materia.


Lo sucedido en el Mixtón, en el actual estado de Zacatecas es un episodio interesantísimo de la historia de México, para saber un poco más, entra en el siguiente enlace:


http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Mixt%C3%B3n


NOTA. Lo anotado en café es texto mío, el resto en negro es la transcripción del texto del Canónigo Orozco.