jueves, 8 de octubre de 2009

Las Fiestas de Tabla en Salamanca

Esta es una de las casas más antiguas de Salamanca, seguramente allí se tomaban decisiones en torno a las Fiestas de Tabla en el siglo XVIII.

El término de fiesta de tabla suena un poco extraño en la actualidad pues tiene ya dos siglos en desuso, sin embargo las fiestas de tabla fueron algo sumamente importante en el México Colonial pues eran las que la costumbre oficializó al paso del tiempo. El origen del nombre es sencillo, ya que existía una tabla, es decir, una manera gráfica de mostrar como estaban establecidas las fiestas oficiales, las que por decreto real todos los súbitos debían de participar, es decir todos habitantes. Estas fiestas eran tan importantes que el ejército, los dirigentes religiosos y políticos participaban en las mismas. Las procesiones eran solemnes y en el caso de la de Corpus Christi eran las más fastuosas que se celebraban en la Ciudad de México.

La monarquía española se presentó siempre como abierta y altamente católica, la evangelización se hizo desde la llegada de los Franciscanos en 1523 y para difundir la palabra crearon una serie de sincretismos que siguen vigentes hasta nuestros días. Los antiguos mexicanos tenían muy bien establecido el calendario ritual y las celebraciones de las deidades, eran dieciocho las fiestas establecidas, una por cada mes del Calendario nahua, fiestas a las cuales se les fue dando el revestimiento de Catolicismo suficiente para adoptar de lo ya establecido por los autóctonos, los valores y poderes que cada imagen católica representaba.

Este es el Altar Mayor de la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios en Pénjamo, Gto.

En el ensayo de María José Garrido Asperó publicado en el sitio http://www.bibliojuridica.org/ “Las fiestas celebradas en la Ciudad de México” encontramos que “Las fiestas fueron tanto en el México Colonial como en el independiente un instrumento más de que se sirvieron los grupos en el poder para legitimar el sistema de dominación, reforzar el orden jerarquizado de la sociedad, dar a los individuos que la componían una formación compartida que coincidiera con el proyecto de Estado, facilitar así las tareas de dominación y confirmara, con cada celebración, el status quo inalterable de la sociedad. Fueron por su alto contenido simbólico la representación más acabada de los poderes y el medio ideal para establecerlos”.

Desde la antigua Gran Tenochtitlán el poder se centralizó en esa ciudad, a la llegada de los españoles y el establecimiento de la Ciudad de México como la capital del Virreinato de la Nueva España mantuvo la centralización de todo el poder, tanto político como religioso, económico y cultural. De allí se difundía, como se hace hasta la fecha, los patrones a seguir en los distintos aspectos ya mencionados. En el plano religioso, la Catedral Metropolitana, el Arzobispado de la ciudad, era el que establecía y controlaba las fiestas a celebrar y el modo de las mismas, por lo que lo sucedido en México bien lo podemos aplicar, guardando sus debidas proporciones, con lo que sucedía en Salamanca durante esos trescientos años de dominio español.

Este es el afamado “Caballito” estatua de Carlos IV en la Ciudad de México. El caballo se llamaba “el trueno” y era de Jaral de Berrio, Gto.

“Las fiestas religiosas celebradas en la capital de Nueva España en vísperas y durante la guerra de independencia fueron, según la reforma a las Fiestas de Tabla o de Guarda Obligatoria decretada por el rey Carlos IV en el año de 1789: fiesta de la Candelaria, Semana Santa, Corpus Christi y su Octaba, de la Asunción de Nuestra Señora, de Santa Rosa de Lima, de Nuestra Señora de los Remedios, de Nuestra Señora de Guadalupe y de los Desagravios y rogativas públicas”. Dos años después, el 9 de octubre de 1791 se sumó a éstas la festividad de San Pedro y San Pablo según la Cédula Real “Festividades Diversas” con esto nos podemos dar cuenta de la importancia que representaban estas ochos fiestas entre los mexicanos del siglo XVIII. “En la época colonial la voz tabla se refiere indistintamente a las fiestas religiosas y políticas obligatorias”.

Consumada la independencia, establecido ya el Primer Imperio con Agustín de Iturbide a la cabeza México se declaró abiertamente un país católico, en donde las celebraciones religiosas seguían manteniendo una importancia esencial en el desarrollo de la nueva nación independiente que apenas se estaba formando pese a encontrarse en bancarrota el gobierno a consecuencia de diez años de enfrentamiento de los distintos grupos a todo lo largo del enorme territorio Mexicano que en la época era el doble de extensión de lo que actualmente tiene.

Retablo de la Virgen de Guadalupe en la Parroquia de San José en Puebla, Pue.

“En 1822 se volvió a decretar cuales serían las fiestas obligatorias: la Candelaria, Semana Santa, Corpus Christi y su Octava, la Asunción, Santa Rosa de Lima, Nuestra Señora de los Remedios, San Pedro y San Pablo y Nuestra Señora de Guadalupe. La celebración de los Desagravios fue suprimida del calendario festivo tras la sugerencia de Carlos María de Bustamante, quién recordó a los diputados que en 1711, Felipe V ordenó se hicieran todos los domingos de la infraoctava de diciembre en recuerdo de la guerra de sucesión que llevó a los Borbones a ocupar el trono español. Señaló que siendo una fecha alusiva a los hechos peninsulares y estando separados de la monarquía española no había necesidad de perpetuarla porque ya no tenía relación con el Imperio Mexicano”.

Según el testimonio más antiguo de las Diputaciones y Mayordomías en Salamanca en ocasión de las celebraciones del Corpus Christi, en este caso del Gremio que actualmente conocemos como Textil, fue en 1703 cuando iniciaron los primeros festejos. Siendo afectados por los decretos reales y los que vinieron luego de la consumación de la Independencia.

Altar Mayor en la Parroquia Antigua de Salamanca, Gto.

Larga historia existe en las celebraciones que año con año vemos en Salamanca ante el Cristo Negro del Señor del Hospital.


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