lunes, 4 de marzo de 2013

El hospital de indios de la Limpia Concepción en la villa de Salamanca.

    Quizá este pudiera ser uno de los artículos más importantes de este Blog. Lo digo por su nombre: El Señor del Hospital. Nombre que asociamos todos los que somos originarios del Bajío, especialmente los salmantinos, con la imagen del Cristo negro que lleva es nombre precisamente, el ser del Hospital. El hospital no como el término que entendemos en la actualidad de nosocomio, sino de la hospitalidad. Sabemos, los de Salamanca, que hubo allí, siguiendo las ordenes de don Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán, un hospital de indios. Creemos que su advocación estaba puesta en la Asunción de María pero eso, al parecer es un error pues la advocación a la que estaban puestos todos los hospitales de indios en el obispado michoacano eran a la Inmaculada Concepción de María, esto por disposición del propio tata Vasco. El documento que ahora vemos nos da las pruebas necesarias para sustentar que el dato que hemos mantenido es erróneo, el templo que conocemos como Expiatorio no llevó el nombre original de Capilla de la Asunción, sino Capilla de la Inmaculada Concepción
.
   "Como es sabido, en el obispado de Michoacán la fundación y organización de los hospitales comunales y organización de los hospitales comunales tuvo sus orígenes en el siglo XVI, gracias a la labor desplegada tanto por el obispo Vasco de Quiroga como por los misioneros de las órdenes religiosas de San Francisco y San Agustín. Dichos hospitales, entendidos en el amplio sentido de la palabra no solamente eran lugar de reposo y curación para los enfermos sino también servían como centros de atención para los pobres y desvalidos, lugar de hospedaje para los forasteros, recinto oficial de las autoridades civiles en los pueblos indígenas y centros en torno al cual se organizaba y giraba el culto y la religiosidad e toda la comunidad.

    "En este sentido, para el siglo XVII observamos que a pesar d los claros síntomas de decadencia y pobreza que se vivían en varios pueblos y comunidades indígenas de Michoacán, la organización y el funcionamiento de sus hospitales permanecía casi igual que en el siglo XVI, tan es así que  ese era tal vez el aspecto con el que mayor orgullo se describía la vida cotidiana de los pueblos en todas y cada una de las relaciones que hemos venido analizando. Por ejemplo, basta citar el breve texto escrito por el obispo Covarrubias en su relación de 1619, donde dice: (1)

   "Que en cuanto los pueblos de los indios de este obispado, así grandes como pequeños, cabeceras y sujetos, todos tienen un hospital y los bienes de él son de a comunidad de todo el pueblo, porque todos en común acuden a hacer sementeras para el sustento de los pobres, y de lo que de esto sobre, se gasta en pro y utilidad del propio hospital. Y asimismo, acuden a la guarda de los ganados menores de que se sustentan y esto con gran voluntad y devoción curándose en cada uno de todas enfermedades; sirviendo en ellos por semanas por naturales, así hombres como mujeres, en que se aventaja este obispado a todos los demás de esta Nueva España, pues en ninguno de ellos se halla semejante instituto, caridad y devoción, teniendo salas divididas para mujeres y hombres.

    "Y la advocación de todos es de la Limpia Concepción, a quien tienen  tal afecto y devoción, que en procesión llevan la imagen los sábados por la mañana, las mujeres en hombros, con guirnaldas en la cabeza, a la iglesia, a donde se dice y ellos oyen la misa de Nuestra Señora, pagando la limosna de la que recoge y junta el hospital. Y con el mismo orden, cantando himnos en su lengua -en que están traducidos todos los que canta la iglesia-, vuelven su imagen a la capilla del hospital, que en general son todas tan adornadas y curiosas en lo material que haya alguna que pudiera servir de principal iglesia de otras partes". (2)

   "Otro elemento integrador de la sociedad colonial, inspirado al igual que los hospitales en la advocación religiosa, fue la cofradía. En este sentido, poco cabe dudar que durante el siglo XVII las cofradías se erigieron como elemento más importante de integración entre los diferentes grupos sociales de la colonia y que su número aumentó cosiderablemente en unos cuantos años.

   "Al menos para el caso del obispado de Michoacán tenemos que, hacia 1619 -según la relación del obispo Covarrubias-, había un total de 30 cofradías en todo el obispado, y todas ellas funcionaban solamente en las ciudades de Pátzcuaro y Valladolid, las villas de San Miguel, Celaya y Colima, y el real de minas de San Luis Potosí. Estas cofradías eran en general pobres o "de limosna" excepto la del Santísimo Sacramento, que funciona en la Catedral de Valladolid, y la del Tránsito, que existía en la villa de Celaya, cuya renta ascendía a más de dos mil y tres mil reales, respectivamente, mientras que "en los demás lugares (del obispado), por ser cortos y las limosnas muy pocas (cofradías) no las hay.

   "Sin embargo, ya para la segunda mitad del siglo XVII -de acuerdo con el estudio de Alberto Carrillo Cázares-, había más de 240 cofradías, tan sólo en 50 de los más de 120 partidos eclesiásticos en que se dividía el obispado. Dichas cofradías se encontraban bajo las más diversas advocaciones y sus rentas y bienes ascendían en muchos de los casos a varios miles de pesos, lo que nos demuestra su gran importancia tanto en el sentido religioso, como económico y social". (3)


Fuentes:

1.- León Alanís, Ricardo. Los hospitales y cofradías: Factores de integración Social. El obispado de Michoacán en el siglo XVII. Un análisis global a partir de cuatro descripciones generales. Novohispania. No. 2. UNAM. México, 1996. p.246

2.- Covrrubias, Baltazar. Relación del obispado de Michoacán dirigida al rey por el obispo Baltazar de Covarrubias de Michoacán 1619. p.159. Citado por León Alanís, Ricardo en Los hospitales y cofradías... p.p. 247-248

3.- León Alanís, Ricardo. op. cit. p. 249

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