viernes, 26 de julio de 2013

La imagen tocada de la Virgen de Guadalupe en su Santuario de Salamanca, Guanajuato.

   Encuentro un dato que me parece excepcional para todos quienes vivimos en Salamanca y gustamos de la Historia y el Arte. Podemos ahora afirmar que la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es una que, independientemente del valor que, como imagen religiosa tiene, su valor artístico es aun mayor dado que entra dentro de la categoría de vírgenes tocadas promovidas a mediados del siglo XVIII. Sucedió que Nuestra Señora de Guadalupe fue jurada patrona de la ciudad de México en 1737, diez años después, en 1747 fue nombrada Patrona de toda la Nueva España.


  "Fue en aquél año en que se mandó a que en los calendarios eclesiásticos se señalara el 12 de diciembre como fiesta de precepto, "hasta que la Santa Sede Apostólica no conceda oficio y misa propios". Benedicto XIV  fue quien, en 1756, oficialmente sancionó estas peticiones, a la vez que otorgó los usos litúrgicos propios que se habían requerido para Guadalupe. Pero el culto comenzó a salir de México, pues en 1743 se había producido la Real Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe de México, cuyo primer firmante fue el rey Felipe V de España". (1)


  La autora de este texto anota la fecha de 1756 como oficial para el oficio propio a la Virgen de Guadalupe, pero la mayoría de los autores lo anotan como 25 de abril de 1754 y fue cuando el Papa mencionado expresó aquella frase que se volvió lema de la Guadalupana: "Non fecit talier omni nationi", tomada del Salmo 147.20, esto cuando la vio, por cierto, era la primera vez que la imagen de Guadalupe se conocía en El Vaticano y fue precisamente una copia realizada por el pintor mexicano que se volvió el mejor copista de la venerada imagen: Miguel Cabrera de quien vemos su autorretrato en la imagen.


  "El 30 de abril de 1751, otro grupo de pintores vuelve a examinar la pintura. Entre ellos se encuentra el conocido pintor mexicano Miguel Cabrera, transcribimos lo que se ha escrito sobre aquel examen: "..."en compañía de José de Ibarra, Patricio Morlete Ruiz y Manuel Osorio, que entonces figuraban entre los pintores de más crédito, pudo estudiar detenidamente, sin el embarazo del cristal que la cubría, la imagen de la Virgen del Tepeyac (...) el 15 de abril del año de 1752, Cabrera, ayudado por José de Alcíbar y José Ventura Arnáez, hizo tres copias de la Guadalupana. Arnáez escribe que la primera fue para don Manuel Rubio y Salinas (Arzobispo de México de 1748-1765); la segunda para el Padre Juan Francisco López, de la Compañía de Jesús, quien estaba para marchar de Procurador a Roma, en donde presentó al papa Benedicto XIV (esta pintura se encuentra actualmente en la Capilla del Pontificio Colegio Mexicano en Roma), y el tercer lienzo es el que 'Vmd. -dice Arnáez a Cabrera- mantiene en su casa para beneficio de que se logren otras copias por la que salió la original". (2)

  Con todos esos antecedentes pasaba algo sumamente curioso en toda la Nueva España, esto era que cada población, ciudad o villa, quería tener un templo dedicado a la veneración de Nuestra Señora de Guadalupe. Franciscanos y Jesuitas se habían avocado a difundir su culto. La villa de Salamanca no sería la excepción y en el último cuarto del siglo XVIII la capilla que había sido levantada en honor a San Juan Nepomuceno, santo, por cierto, muy asociado a los Jesuitas sin que él haya pertenecido a esa orden; fue cambiada su dedicación a la virgen de Guadalupe, creándose así el Santurario de Gaudalupe en la Villa de Salamanca.

   Este es San Juan Nepomuceno, una imagen que se encuentra en la Parroquia de la Asunción en Lagos de Moreno, Jalisco. Aquí en Salamanca existió una imagen a él dedicada pero se desconoce cual sea su paradero. Estaba en lo que era su capilla, la que fue transformada en Santuario Guadalupano. Y algo que sí podemos apreciar en la actualidad es una obra de arte excepcional, una de las llamadas "tocadas" que adquieren una relevancia e importancia especial.

  Para esa segunda mitad del siglo XVIII si de algo hubo demanda en exceso, estas fueron imágenes de la Virgen de Guadalupe, los más pudientes pudieron hacerse de las más costosas que había, pues eran consideradas copias files: las de Miguel Cabrera, los que no tenían los fondos suficientes para hacerse de una copia, lo más fiel posible, acudían a pintores de precios más accesibles pero que igual estaban autorizados para realizar copias "fieles". Tal es el caso del pintor, posiblemente queretano, Ignacio Rivas Estrada. Es así como sabemos ya con certeza que en Salamanca existen una imagen Guadalupana tocada en su Santuario, el dato nos lo confirma don Pedro González en un libro que nunca ha sido publicado y cuyo manuscrito es un verdadero tesoro para Salamanca. Es por esta razón que me atrevo a transcribir todo lo escrito por él relacionado al Santuario de Guadalupe.

  "Alguien ha dicho que "los pueblos se forman al rededor de una cruz. Sus recuerdos, sus santos, aspiraciones que se vinculan en el tiempo". Pues bien, nuestros indígenas antepasado, observando en parte las mismas leyes y costumbres de los pueblos cristianos, levantaban en cada barrio un templo o una capilla cuando menos. En el barrio de San Juan Nepomuceno, nombre con que fue designado éste, casi desde la fundación de la Villa, se levantó una capilla en la cual se le daba culto al Santo del nombre que lleva el barrio. Ya en el siglo XVIII fue dedcada la capilla de San Juan Nepomuceno a la Santísima Virgen de Guadalupe; a la sazón era Obispo de Michoacán el Illmo. Sr. Dn. Fray Antonio de San Miguel. Cuyo Gobierno fue desde el 15 de diciembre de 1783 hasta el 16 de diciembre de 1804.

  "El V. R. de N. Sra de Guadalupe que hoy se venera en su Santuario, fue tocada a su original a devoción del Br. D. Luis María Fernando de Cos y León por mano del R. P. Fray Antonio de San Juan Bautista, carmelita descalzo; y quien lo ejecutó fue el Br. D. Cristóbal de Medina, Sacristán Mayor de la Colegiata de la Santísima Sra.; siendo testigos al verla tocar el Sr. Lic. D. Francisco Ruiz Castañeda. canónigo de la referida Colegiata, el Sr. Dr. Gorostiaga; el Sr. D. José Garaicochea y el Dr. D. Manuel Villaseñor el día 23 de octubre del año de 1791. Al calce del hermoso cuadro de la Sma. Virgen, está el nombre de: Ygnacio Rivas Estada. Es de suponerse que fue quien la pintó.

  "En la Sacristía de éste Santuario se conserva un retrato del Br. Ygnacio Muñoz de Ahumada, clérigo Pbro. capellán que fue de éste mismo templo. Nació en Guanajuato el día 31 de julio de 1769 y murió en la misma ciudad el día 7 de diciembre de 1826. Quizá fue el primer capellán que hubo en dicho Santuario.

  "Después de algunos años se pretendió fabricar al lado izquierdo del templo actual, y en el amplio solar o cementerio, otro templo de la Santísima Virgen de Guadalupe; los cimientos fueron abiertos y se levantaron nada más a flor de tierra. Este templo iba a ser amplísimo, quizá tan grande o más que el templo nuevo del Señor del Hospital. = No hay memoria o noticia que se diga a que capellán tocó empezar aquel templo que no pudo llevarse a debido efecto. Solo se sabe que unos señores Santana, empezaron los cimientos de dicho templo.= Se supone que en esto haya tenido parte el Sr. Pioquinto Olvera, quien tuvo bajo su cuidado mucho tiempo el Santuario; a él se le atribuye que quitó todo el techo de vigas que tenía el templo, sustituyéndolo con las bóvedas que hoy tiene.

  "El capitán d. Cayetano Martínez (español) fue otro de los benefactores del Santuario de Guadalupe  pues también tomó mucho empeño porque se fabricaría el nuevo templo, no se sabe por que causa no se llevó a debido efecto su construcción pero es de suponerse que por la falta de recursos se quedó solamente empezado. El capitán Martínez fabricó el segundo cuerpo de la torre del templo viejo del Santuario por los años de 1854 a 1855. El albañil que trabajó en dicha obra fue D. Alejo Naba. =Hizo también una bóveda que da al lado de la Sacristía; dos arbotantes de calicanto para sostener por el lado izquierdo las paredes del templo; la portada del atrio y una reformada al altar mayor.

  "El Sr. Pbro. D. Benito Natera, hizo la portada de la puerta mayor del templo; formó el presbiterio y una parte del templo le puso pavimento con losa de Guanajuato. Mandó hacer los altares del Patriarca Señor San José  y del Sagrado Corazón de Jesús; compró la custodia y estableció el depósito de Jesús Sacramentado, compró algunos paramentos y vasos sagrados así como también algunas imágenes de Santos como Sr. Sn. José, Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen de la Soledad. =Al Padre D. Anastacio Alcalá se debe la hermosa imagen de la Purísima Concepción.

  "Por el Santuario de Guadalupe han pasado muchos capellanes, se hace memoria de Fray Gregorio García, Pbros. Alcalá, Morín, Padilla, Ramírez hsta el actual capellán Sr. Pbro. D. toribio Muñiz, sacerdote que ha embellecido mucho el templo. En el año de 1839 reconstruyó de nuevo el altar mayor; reedificó la sacristía, puso el pavimento de madera, formó los jardines del atrio del templo; compró el solar donde ahora tiene el vía crucis; está fabricando actualmente una casa para ejercicios. En octubre de 1907 comenzó a hacer los cuatro camarines que hoy tiene el templo y en agosto de 1908 empezó a decorarlo todo, habiendo terminado en diciembre del mismo año. Puso igualmente los barandales del presbiterio y el de dos altares laterales, así como también el púlpito, cambiándolo al lado del evangelio. =Ha comprado muchas imágenes de Santos y mandado retocar otros. Él estableció también las peregrinaciones de los fieles al Santuario, entre todos los habitantes de la jurisdicción parroquial. Como devoto de la Santísima Virgen, ha levantado mucho su culto. (3)

Efectivamente, en Salamanca tenemos el privilegio de tener una Virgen de Guadalupe Tocada de la original.

Fuentes:

1.- Camacho de la Torre, María Cristina. Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. CONACULTA, México, 2001. p.75

2.- González Fernández, Fidel. Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo. Ediciones Encuentro, Madrid, 2004. p 151.

3.- González Gasca, Pedro. Apuntes históricos de la ciudad de Salamanca. Obra inedita. Salamanca, 1908. pp. 31-33

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