lunes, 28 de septiembre de 2009
The ancient history of Señor del Hospital
miércoles, 12 de agosto de 2009
La Arquitectura de la Fe
El Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato publicó en 2004 un libro por demás interesante enfocado a estudiar a detalle todo lo relativo a la espléndida Arquitectura del Templo de San Agustín, el que oficialmente se llama Templo Agustino de San Juan de Sahagún, pero que, por tradición popular nos referimos a él como Templo de San Agustín. En dicha publicación, la cual es obra de Ediciones la Rana, escrito por José de Santiago Silva. El autor hace un especial énfasis en el agradecimiento que da a Juan Diego Razo Oliva, en quién basa mucha de la información vertida en el libro. Menciona en los agradecimientos al Cronista de Salamanca, Juan José Rodríguez y hace una mención especial a Antonio Cevallos. Un capítulo de la obra está titulado "El Cristo de Acualmetzli", en el que se hace un profundo análisis de la obra por muchos conocida del manuscrito encontrado en Nativitas de Alonso Marañón, el cual fuera autorizado por el entonces Cura de Salamanca, don Luis Saavedra. Se deduce que el escrito fue realizado entre 1845 y 1865.
No hay autor o historiador interesado en las raíces de la historia de Salamanca que no conozca dicho manuscrito, (la cual se vende, ya mecanografiado, en la pequeña tienda de objetos religiosos en la entrada de la Parroquia del Señor del Hospital), Pedro González en 1904, José Rojas Garcidueñas en 1984 y ahora José de Santiago Silva en 2004, toman ciertos datos del manuscrito y en especial, este último, De Santiago, nos da un muy objetivo análisis del que se duda si sea un documento con validez histórica, pero que, siendo tan completo, haciendo tantas referencias que encuadran en lo que es la historia de México del siglo XVI, dando los pormenores de una ruta perfectamente clara y lógica que siguió la imagen en su peregrinar para llegar a quedarse en Salamanca que es, en efecto, algo digno del análisis que De Santiago Silva hace. Dice, entre otras cosas que "sin embargo, la argumentación de nuestra Historia tiene rasgos inéditos e insólitos como la legitimación de la resistencia armada de los indígenas, que si no se elogia abiertamente, es, por lo menos, vista con simpatía".
Sigue el estudio interesantísimo de De Santiago Silva diciendo que "primero se asienta que , en su origen, la imagen es bandera de una causa indígena, histórica y legítima, que exalta la figura de un combatiente contra la conquista, ciertamente bravo y rebelde pero al mismo tiempo ferviente cristiano, conocedor del dogma, la moral y el culto, revestido de virtudes extraordinarias, taumaturgo que finalmente sucumbió pero dejó la herencia de su Cristo, el Cristo de Acualmetzli, como símbolo anfibológico de fe católica y resistencia Chichimeca". Un dato mas que sobresale en este análisis es el que refiere a los personajes que huyen de Xilotepec llevando con ellos al Cristo de los Agonizantes en donde comenta que Juan Cardona el, digámoslo así, custodio de la imagen, "se dispuso a cumplir la orden, vendió sus propiedades y arregló todo para salir a hurtadillas, al amparo de la noche, sin ser notado; iban con él su hijo Ignacio Cardona, Francisco de la Cruz, Juan Crisóstomo, José María Miñó y Cristóbal Buti." Estos personajes son enlistados en el relato de Alonso Marañón como los que llegan a la Estancia de Barahona cargando al Cristo y perseguidos por los Xilotepecanos, de lo cual De Santiago hace esta interpretación sutil: "También llama la atención la carga emblemática del nombre propio de algunos protagonistas: San Juan Crisóstomo fue doctor de la Iglesia griega; Lucas Evangelista, según antiquísima tradición, fue pintor y ejecutó el retrato de la virgen María; san Buenaventura, fraile Franciscano, también doctor de la Iglesia, contemporáneo de San Francisco.”
Este libro es una auténtica joya para todo aquel interesado en conocer a fondo la Historia de Salamanca, el libro se puede adquirir en la Librería Educal en Salamanca, ($ 400.00 pesos en Agosto 2009) por si alguien que lee esto y vive en otra zona del país, la ficha completa es:
El Templo Agustino de San Juan de Sahagún en Salamanca
Apoteosis Barroca
José de Santiago Silva
Ediciones la Rana
Guanajuato, Gto. 2004
ISBN es 970-724-005-9
viernes, 3 de abril de 2009
Ignacio Acualmetzli Alarcón y Roquetilla
Vamos a consagrar un recuerdo a un guerrero azteca. Su apellido indígena es el que va al frente de estas líneas, auque fue bautizado con el nombre de Ignacio Alarcón de Roquetilla.Nació en Coyoacán en 1520. Tenía un año cuando su padre murió combatiendo a los españoles. La madre, según el padre Oviedo, fué mutilada de las orejas, en castigo de una ofensa hecha a uno de los capitanes de Cortés, muriendo a consecuencia de aquella mutilaciòn. Acualmetzli (mala-luna) quedó bajo la tutela de un español que lo llevó a bautizar y le dió el nombre de Ignacio Alarcón; le educó cristianamente, le enseñó con perfección la lengua castellana y el manejo de las armas.
En 1537, es decir, cuando Acualmetzli tenía diez y siete años, entró al Colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco, siendo uno de sus fundadores, y allí aprendió el latín, teniendo por maestro al franciscano Arnoldo Balzac, francés. Este sacerdote llegó a estimar tanto al jóven indio, que le trataba como hijo, le vestía y le alimentaba, y le hizo confirmar poniéndole en aquel acto el nombre de Roque sobre los que ya tenía. A la edad de veinte años, Acualmetzli púsose a escribir en lengua mexicana una sencilla relación de su vida y estudios, y como para hablar de su nacimiento necesitaba saber de su orígen, comenzó hacer pesquizas hasta que descubrió el fin de sus padres. Apenas adquiró estas noticias, concibió la idea de reunirse a los chichimecas para combatir con ellos a los verdugos de su madre.
La gratitud que abrigaba hacia Fray Arnoldo, le hizo descubrirle su proyecto. Su protector, como es fácil comprender, se opuso a él; pero fueron vanas las razones, las súplicas, las más generosas ofertas y amenazas para la firmeza de su discípulo, recurrió a la astucia que no solo le dejaría ir, sino que le proporcionaría una orden del Virrey Don Antonio de Mendoza para enviarlo a un Colegio de España para que allí concluyese su educación; mas el astuto joven supo, o llegó a sospechar, lo que intentaba, y un día partió furtivamente para la Sierra de Querétaro. Realizó, pues, su proyecto de combatir contra los conquistadores, hasta que murió en un encuentro que tuvieron los chichimecas con las tropas del Virrey ya citado.Acerca de este encuentro en que murió Acualmetzli, dice el autor de un manuscrito que existía en el museo de la extinguida Universidad de México y en el que, en forma de diario, se refiere la expedición del Virrey don Antonio de Mendoza, lo siguiente:
"Dos años de continuos combates fueron necesarios para reducir a estos terribles chichimecas, que se extendían desde las serranías de los alrededores de Querétaro hasta Jalisco; pero el Virrey Mendoza pudo al fin vencer, aprovechando el otoño del año de 1524, para dar una lección a estos indios, que parecía eran los únicos que mantenían vivo el patriotismo en esta pare del Nuevo Mundo. En esta campaña era admirable el orden con que los chichimecas se batían, desconociendo a los indios, pues se presentaban en batallones de siete hombres de fondo, sus filas eran cerradas, sus movimientos regulares, y se hubiera dicho que algún desertor español les habían enseñado la táctica de Europa, si entre los cadáveres de los vencidos no se hubiera encontrado el de un indio muy conocido en México por amigos de los españoles, y llamado Roquetilla ó Ignacio Alarcón, pues era ya bautizado del demonio, con los montaraces chichimecas."
Del pasaje transcrito se deduce que Acualmetzli murió en 1542, a los 22 años de edad, y lo que es más importante todavía, la confesión escapada al autor del diario, de que los indios chichimecas conservaban vivo el patriotismo, título sobrado para que enaltezca la memoria de aquella raza un historiador imparcial. Acualmetzli es, pues, un dechado de virtud como hijo, y de patriotismo como ciudadano.
Texto tomado del libro Biografías de Mexicanos Distinguidos de Francisco Sosa, publicado originalmente en 1884. Editorial Porrúa, Sepan Cuantos Núm. 472
viernes, 6 de marzo de 2009
Acualmeztli
Códice Teotzotlán, fotografía de la Newberry Library.Existe una referencia en Internet que menciona la existencia de un natural de la zona de Tlatelolco, que había perdido a sus padres durante la conquista de la Gran Tenochtitlán y que había sido adoptado y criado por un caballero español, su nombre era Acualmeztli. La sociedad durante los primeros años de la conquista mantenía un estricto sistema social, y si un indio era adoptado por español, su rango social era elevado, tal fue el caso de este personaje. En Santiago Tlatelolco asistía al Colegio Imperial de la Cruz adquiriendo una fuerte devoción a la imagen de El Cristo de los Agonizantes.
Acualmeztli al descubrir su verdadero origen y enterarse de que sus padres habían sido asesinados durante la conquista española, decide escapar del Colegio Imperial para unirse a los indios que aun combatían contra los conquistadores. Al tener tanto amor y devoción al Cristo de los Agonizantes huye llevándose la imagen, convirtiéndose mas tarde el líder de los rebeldes y El Santo Cristo de los Agonizantes en su protector.
Rostro de una de las representaciones de El Cristo de los Agonizantes.Los españoles ya asentados en la Nueva España inician hacia la década de los treintas en el siglo XVI la expansión de los territorios conquistados con rumbo norte en donde se encontraban los asentamientos otomíes cuya principal población era Xilotepetl (la actual Jilotepec), mas al norte aun se encontraban las tribus mas belicosas de toda Mesoamérica, los Chichimecas.
Siendo los Otomíes enemigos ancestrales de los Aztecas, estando sometidos, al igual que los demás pueblos circundantes a la Gran Tenochtitlán, durante tanto tiempo, que guardaban cierto odio hacia ellos, cosa aprovechada por los españoles a su favor, creando un asentamiento que daría paso a la evangelización y conquista de la zona del Bajío. Es allí, en Xilotepetl donde Acualmeztli es herido en una batalla, muriendo al poco tiempo.
El códice Huichapan–Xilotepec, tomada de la Revista Arqueología Mexicana.Es en este momento que un segundo personaje, vital en la historia de El Cristo de los Agonizantes, otro indígena más, que formó parte de la lucha de Acualmeztli, Juan Cardona. Es en este momento que se inicia la leyenda ya que se dice que “Una noche este indígena tuvo un sueño en el que el Cristo le mandaba que lo sacara de Jilotepec, que lo llevara con rumbo al sur, tierra adentro, hasta un lugar en donde, habiendo ahí pasado la noche, se encontraran al amanecer con la cruz enterrada en el suelo”.
Jilotepec tiene una importancia muy grande para entender mejor la llegada del cristianismo a la zona centro de México. Siendo los Jilotepecanos aliados de los españoles, estos crean cacicazgos, quedando en manos de personajes de la altura de Diego de Tapia, mejor conocido como Indio Conín, el fundador de Santiago de Querétaro. Nicolás de San Luis, Francisco de Urdiñola, que entre otras funda San Miguel el Grande, San Felipe y San Luis de la Paz en el actual estado de Guanajuato. Juan de Santamaría y Nicolás Montaño ó Montañéz fueron también caciques originarios de Jilotepec que fundan poblaciones en los actuales estados de Querétaro y San Luis Potosí.
Nicolás de San Luis uno de los caciques de Jilotepec, fundador de Acámbaro y Apaseo, entre otras ciudades del Bajío.Hay un par de datos curiosos en torno a los acontecimientos sucedidos en Jilotepec, uno de ellos fue la llegada de uno de los Encomenderos, que estaba casado con la sobrina del Virrey de Mendoza, el cual poco tiempo después hizo de su propiedad lo que se le había otorgado, no cabe duda de que las relaciones familiares han tenido sus “premios” desde los tiempos coloniales.
Para entender mejor lo que era una encomienda citaremos a Wikipedia: “Antiguamente, se llamaba Encomendero al que por merced real tenía indígenas encomendados, como parte de la institución colonial de la encomienda. El encomendero tenía la obligación de enseñarles la doctrina cristiana y defender sus personas y bienes, pero sobre todo se beneficiaba de rentas cuantiosas y del trabajo semi-esclavo que por concepto de "servicios personales" debían tributarle sus encomendados. En las colonias españolas el ser encomendero era considerado un premio y privilegio, por el que se solicitaba y rogaba insistentemente a la autoridad.”
Otro detalle se dio durante la visita del Virrey Antonio Mendoza a la localidad ya que en su honor se organizó una montería, fue tal el éxito que el virrey decidió organizar otra de iguales dimensiones pasados dos años. Recordemos que las monterías tuvieron un gran arraigo en las cortes europeas poco después del Renacimiento, eran aquellas en las que la jauría de perros acompañaba a los caballeros que iban en pos de una zorra.

