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lunes, 28 de septiembre de 2009

The ancient history of Señor del Hospital

The history of Mexico is replete with legends and art. The mix of two cultures that came together in this part of the world arrived like an explosion. On one hand there were the original Mexican cultures that extend many centuries into the past, with knowledge about the movements of the earth and the planets and all of the related ceremonial rituals regarding the sky, the sun, the rain, and devotion to all of nature, and on the other hand there was the subsequent imposition of European middle age beliefs brought by the Spaniards from another part of the world. The combination made for a kaleidoscope of ideas.

The Franciscan friars arrived in New Spain just a few years after the conquest. It just so happened that one year before the fall of the great city of Tenochtitlan in 1521 a baby was born who at a very tender age suffered from the devastation brought on by the invaders. The small child was named Acualmetzli. His father died during the last battle between the Aztecs and the soldiers of Hernán Cortes. A few months later his mother died from the torture that she received from refusing to accept the idea of losing her civilization. Because she confronted the conquistadors she received a wound which became infected and she died. Acuametzli became an orphan. At that point a man named Hernando de Alarcón, one of the captains in Cortes’s army, decided to adopt him.

Little Acualmetzli became Ignacio de Alarcón y Roquetilla. As a criollo (Creole) he received the best education at the first school that the Spaniards established in New Spain, the Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. He learned Spanish, Latin, Nahuatl, Otomi, and all commonly accepted sciences of that era. Of course, he also received a thorough education in Catholicism. At the age of sixteen he was prepared to go to Spain to get a university degree. For the application he had to write a full autobiography and after searching for information on his heritage he learned the fate of both of his parents. As a result he developed a deep hatred for the Spaniards. He ran away from the Colegio and took with him a sculpture of Jesus Christ. He fled to the Chichimeca people who did not accept defeat by the Conquistadors and who fought for many years for their freedom. For six years Acualmetzli fought against the Spaniards. Finally, he died at Xilotepec, leaving the sculpture of Santo Cristo de los Agonizantes as the most precious inheritance for his companions.

Local people at Xilotepec had begun a devotion to the Cristo de los Agonizantes but since it was their inheritance from Acualmeztli his companions took advantage of the darkness of night and ran away with the Christ, bypassing all of the small towns which existed at the time. It was the year 1560. The people of Xilotepec decided to follow them to recover this precious image and after a few days the companions of Acualmeztli were all tired and hungry and found themselves in the middle of the dry highlands near the village of Dañú (nowadays Nopala, State of Hidalgo). Then something happened that caused them to believe that a miracle had occurred. The precious image of Christ turned black in the middle of the night to avoid being captured by the Xilotepecanos who wanted to recapture the Christ. As part of the legend it sounds magnificent but what really happened is that the sculpture was covered with an oil that comes from a type of mesquite tree known as a Pirul or “Palo de Pirú”. This oil is sometimes used by people to prevent termites.

The travel to avoid capture continued to an area known as El Bajío where the flat land is turned into wetlands during the rainy season. There the companions of Acuameztli while on a road called El Camino Real de Tierra Adentro met a Spaniard who was the owner of La Estancia de Barahona, Balthazar Lopez Ledesma. He offered them his protection en route to La Estancia de Barahona, a predecessor of the Villa de Salamanca. Señor Lopez Ledesma decided to guard the image there and protect the companions of Acualmeztli by turning away the Xilotepecanos with a plan that consisted of getting them drunk on pulque, the liquor made from the maguey plant, and then giving them a fake sculpture of the Christ in white. The ruse worked and they went back to Xilotepec with the copy thinking that it was the original. At Estancia de Barahona remained the real sculpture, black as the darkest night.

The Templo de la Asunción which was the only church available at that time was the place where el Cristo de los Agonizantes was deposited, so the veneration of the Cristo started in the ancient Estancia de Barahona, known now as Salamanca, Guanajuato. The story, however, does not end there. It was the night of Holy Thursday, 1560, when the bell started calling all Christians to church. Everyone was startled because having a bell ring without previous notice wasn’t good news. All of the people ran to the church to see a most incredible thing. The bell was tolling for a death mass and when they entered the church they saw a real miracle. The Black Christ sculpture had hung its head in the position of death making a signal that its journey was ended and that it would stay always in Salamanca.

Since that time, 450 years ago, the Black Christ became a most precious Catholic image which the town of Salamanca keeps as their jewel; know known as El Señor del Hospital.


I would like to thank Mr. Bob Mrotek for his valuable help in translate this post in English.

miércoles, 12 de agosto de 2009

La Arquitectura de la Fe

Primer plano de la escultura en pasta de caña de maíz de El Señor del Hospital de Salamanca.


El Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato publicó en 2004 un libro por demás interesante enfocado a estudiar a detalle todo lo relativo a la espléndida Arquitectura del Templo de San Agustín, el que oficialmente se llama Templo Agustino de San Juan de Sahagún, pero que, por tradición popular nos referimos a él como Templo de San Agustín. En dicha publicación, la cual es obra de Ediciones la Rana, escrito por José de Santiago Silva. El autor hace un especial énfasis en el agradecimiento que da a Juan Diego Razo Oliva, en quién basa mucha de la información vertida en el libro. Menciona en los agradecimientos al Cronista de Salamanca, Juan José Rodríguez y hace una mención especial a Antonio Cevallos. Un capítulo de la obra está titulado "El Cristo de Acualmetzli", en el que se hace un profundo análisis de la obra por muchos conocida del manuscrito encontrado en Nativitas de Alonso Marañón, el cual fuera autorizado por el entonces Cura de Salamanca, don Luis Saavedra. Se deduce que el escrito fue realizado entre 1845 y 1865.

Ruta que, según la crónica de Alonso Marañón, siguió el Cristo de los Agonizantes desde su salida de Xilotepec en el actual Estado de México, diagrama tomado del libro que se menciona aquí.

No hay autor o historiador interesado en las raíces de la historia de Salamanca que no conozca dicho manuscrito, (la cual se vende, ya mecanografiado, en la pequeña tienda de objetos religiosos en la entrada de la Parroquia del Señor del Hospital), Pedro González en 1904, José Rojas Garcidueñas en 1984 y ahora José de Santiago Silva en 2004, toman ciertos datos del manuscrito y en especial, este último, De Santiago, nos da un muy objetivo análisis del que se duda si sea un documento con validez histórica, pero que, siendo tan completo, haciendo tantas referencias que encuadran en lo que es la historia de México del siglo XVI, dando los pormenores de una ruta perfectamente clara y lógica que siguió la imagen en su peregrinar para llegar a quedarse en Salamanca que es, en efecto, algo digno del análisis que De Santiago Silva hace. Dice, entre otras cosas que "sin embargo, la argumentación de nuestra Historia tiene rasgos inéditos e insólitos como la legitimación de la resistencia armada de los indígenas, que si no se elogia abiertamente, es, por lo menos, vista con simpatía".

Portada del libro de Ediciones la Rana del Gobierno del Estado de Guanajuato.

Sigue el estudio interesantísimo de De Santiago Silva diciendo que "primero se asienta que , en su origen, la imagen es bandera de una causa indígena, histórica y legítima, que exalta la figura de un combatiente contra la conquista, ciertamente bravo y rebelde pero al mismo tiempo ferviente cristiano, conocedor del dogma, la moral y el culto, revestido de virtudes extraordinarias, taumaturgo que finalmente sucumbió pero dejó la herencia de su Cristo, el Cristo de Acualmetzli, como símbolo anfibológico de fe católica y resistencia Chichimeca". Un dato mas que sobresale en este análisis es el que refiere a los personajes que huyen de Xilotepec llevando con ellos al Cristo de los Agonizantes en donde comenta que Juan Cardona el, digámoslo así, custodio de la imagen, "se dispuso a cumplir la orden, vendió sus propiedades y arregló todo para salir a hurtadillas, al amparo de la noche, sin ser notado; iban con él su hijo Ignacio Cardona, Francisco de la Cruz, Juan Crisóstomo, José María Miñó y Cristóbal Buti." Estos personajes son enlistados en el relato de Alonso Marañón como los que llegan a la Estancia de Barahona cargando al Cristo y perseguidos por los Xilotepecanos, de lo cual De Santiago hace esta interpretación sutil: "También llama la atención la carga emblemática del nombre propio de algunos protagonistas: San Juan Crisóstomo fue doctor de la Iglesia griega; Lucas Evangelista, según antiquísima tradición, fue pintor y ejecutó el retrato de la virgen María; san Buenaventura, fraile Franciscano, también doctor de la Iglesia, contemporáneo de San Francisco.”

Medallón del recientemente remodelado Templo del Expiatorio, el que anteriormente se denominara Templo de Nuestra Señora de la Asunción.

Este libro es una auténtica joya para todo aquel interesado en conocer a fondo la Historia de Salamanca, el libro se puede adquirir en la Librería Educal en Salamanca, ($ 400.00 pesos en Agosto 2009) por si alguien que lee esto y vive en otra zona del país, la ficha completa es:

El Templo Agustino de San Juan de Sahagún en Salamanca
Apoteosis Barroca
José de Santiago Silva
Ediciones la Rana
Serie: Arquitectura de la Fe
Guanajuato, Gto. 2004
ISBN es 970-724-005-9

viernes, 3 de abril de 2009

Ignacio Acualmetzli Alarcón y Roquetilla

En una nota aterior habíamos comentado acerca de este personaje, por cierto, importante en la historia de México, y totalmente olvidado. Primero aclararé que su nombre no es, como lo anoté, Acualmeztli, sino Acualmetzli. Su biografìa, la única que me fue posible encontrar es la escrita en 1884 por el escritor y periodista, oriundo de Campeche, Francisco Sosa Castilla. Es tan impresionante el relato, que la transcribo completa:

Vamos a consagrar un recuerdo a un guerrero azteca. Su apellido indígena es el que va al frente de estas líneas, auque fue bautizado con el nombre de Ignacio Alarcón de Roquetilla.

Nació en Coyoacán en 1520. Tenía un año cuando su padre murió combatiendo a los españoles. La madre, según el padre Oviedo, fué mutilada de las orejas, en castigo de una ofensa hecha a uno de los capitanes de Cortés, muriendo a consecuencia de aquella mutilaciòn. Acualmetzli (mala-luna) quedó bajo la tutela de un español que lo llevó a bautizar y le dió el nombre de Ignacio Alarcón; le educó cristianamente, le enseñó con perfección la lengua castellana y el manejo de las armas.

En 1537, es decir, cuando Acualmetzli tenía diez y siete años, entró al Colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco, siendo uno de sus fundadores, y allí aprendió el latín, teniendo por maestro al franciscano Arnoldo Balzac, francés. Este sacerdote llegó a estimar tanto al jóven indio, que le trataba como hijo, le vestía y le alimentaba, y le hizo confirmar poniéndole en aquel acto el nombre de Roque sobre los que ya tenía. A la edad de veinte años, Acualmetzli púsose a escribir en lengua mexicana una sencilla relación de su vida y estudios, y como para hablar de su nacimiento necesitaba saber de su orígen, comenzó hacer pesquizas hasta que descubrió el fin de sus padres. Apenas adquiró estas noticias, concibió la idea de reunirse a los chichimecas para combatir con ellos a los verdugos de su madre.

La gratitud que abrigaba hacia Fray Arnoldo, le hizo descubrirle su proyecto. Su protector, como es fácil comprender, se opuso a él; pero fueron vanas las razones, las súplicas, las más generosas ofertas y amenazas para la firmeza de su discípulo, recurrió a la astucia que no solo le dejaría ir, sino que le proporcionaría una orden del Virrey Don Antonio de Mendoza para enviarlo a un Colegio de España para que allí concluyese su educación; mas el astuto joven supo, o llegó a sospechar, lo que intentaba, y un día partió furtivamente para la Sierra de Querétaro. Realizó, pues, su proyecto de combatir contra los conquistadores, hasta que murió en un encuentro que tuvieron los chichimecas con las tropas del Virrey ya citado.

Acerca de este encuentro en que murió Acualmetzli, dice el autor de un manuscrito que existía en el museo de la extinguida Universidad de México y en el que, en forma de diario, se refiere la expedición del Virrey don Antonio de Mendoza, lo siguiente:


"Dos años de continuos combates fueron necesarios para reducir a estos terribles chichimecas, que se extendían desde las serranías de los alrededores de Querétaro hasta Jalisco; pero el Virrey Mendoza pudo al fin vencer, aprovechando el otoño del año de 1524, para dar una lección a estos indios, que parecía eran los únicos que mantenían vivo el patriotismo en esta pare del Nuevo Mundo. En esta campaña era admirable el orden con que los chichimecas se batían, desconociendo a los indios, pues se presentaban en batallones de siete hombres de fondo, sus filas eran cerradas, sus movimientos regulares, y se hubiera dicho que algún desertor español les habían enseñado la táctica de Europa, si entre los cadáveres de los vencidos no se hubiera encontrado el de un indio muy conocido en México por amigos de los españoles, y llamado Roquetilla ó Ignacio Alarcón, pues era ya bautizado del demonio, con los montaraces chichimecas."

Del pasaje transcrito se deduce que Acualmetzli murió en 1542, a los 22 años de edad, y lo que es más importante todavía, la confesión escapada al autor del diario, de que los indios chichimecas conservaban vivo el patriotismo, título sobrado para que enaltezca la memoria de aquella raza un historiador imparcial. Acualmetzli es, pues, un dechado de virtud como hijo, y de patriotismo como ciudadano.

Texto tomado del libro Biografías de Mexicanos Distinguidos de Francisco Sosa, publicado originalmente en 1884. Editorial Porrúa, Sepan Cuantos Núm. 472

viernes, 6 de marzo de 2009

Acualmeztli

Códice Teotzotlán, fotografía de la Newberry Library.

Existe una referencia en Internet que menciona la existencia de un natural de la zona de Tlatelolco, que había perdido a sus padres durante la conquista de la Gran Tenochtitlán y que había sido adoptado y criado por un caballero español, su nombre era Acualmeztli. La sociedad durante los primeros años de la conquista mantenía un estricto sistema social, y si un indio era adoptado por español, su rango social era elevado, tal fue el caso de este personaje. En Santiago Tlatelolco asistía al Colegio Imperial de la Cruz adquiriendo una fuerte devoción a la imagen de El Cristo de los Agonizantes.

Acualmeztli al descubrir su verdadero origen y enterarse de que sus padres habían sido asesinados durante la conquista española, decide escapar del Colegio Imperial para unirse a los indios que aun combatían contra los conquistadores. Al tener tanto amor y devoción al Cristo de los Agonizantes huye llevándose la imagen, convirtiéndose mas tarde el líder de los rebeldes y El Santo Cristo de los Agonizantes en su protector.

Rostro de una de las representaciones de El Cristo de los Agonizantes.

Los españoles ya asentados en la Nueva España inician hacia la década de los treintas en el siglo XVI la expansión de los territorios conquistados con rumbo norte en donde se encontraban los asentamientos otomíes cuya principal población era Xilotepetl (la actual Jilotepec), mas al norte aun se encontraban las tribus mas belicosas de toda Mesoamérica, los Chichimecas.

Siendo los Otomíes enemigos ancestrales de los Aztecas, estando sometidos, al igual que los demás pueblos circundantes a la Gran Tenochtitlán, durante tanto tiempo, que guardaban cierto odio hacia ellos, cosa aprovechada por los españoles a su favor, creando un asentamiento que daría paso a la evangelización y conquista de la zona del Bajío. Es allí, en Xilotepetl donde Acualmeztli es herido en una batalla, muriendo al poco tiempo.

El códice Huichapan–Xilotepec, tomada de la Revista Arqueología Mexicana.

Es en este momento que un segundo personaje, vital en la historia de El Cristo de los Agonizantes, otro indígena más, que formó parte de la lucha de Acualmeztli, Juan Cardona. Es en este momento que se inicia la leyenda ya que se dice que “Una noche este indígena tuvo un sueño en el que el Cristo le mandaba que lo sacara de Jilotepec, que lo llevara con rumbo al sur, tierra adentro, hasta un lugar en donde, habiendo ahí pasado la noche, se encontraran al amanecer con la cruz enterrada en el suelo”.

Jilotepec tiene una importancia muy grande para entender mejor la llegada del cristianismo a la zona centro de México. Siendo los Jilotepecanos aliados de los españoles, estos crean cacicazgos, quedando en manos de personajes de la altura de Diego de Tapia, mejor conocido como Indio Conín, el fundador de Santiago de Querétaro. Nicolás de San Luis, Francisco de Urdiñola, que entre otras funda San Miguel el Grande, San Felipe y San Luis de la Paz en el actual estado de Guanajuato. Juan de Santamaría y Nicolás Montaño ó Montañéz fueron también caciques originarios de Jilotepec que fundan poblaciones en los actuales estados de Querétaro y San Luis Potosí.

Nicolás de San Luis uno de los caciques de Jilotepec, fundador de Acámbaro y Apaseo, entre otras ciudades del Bajío.

Hay un par de datos curiosos en torno a los acontecimientos sucedidos en Jilotepec, uno de ellos fue la llegada de uno de los Encomenderos, que estaba casado con la sobrina del Virrey de Mendoza, el cual poco tiempo después hizo de su propiedad lo que se le había otorgado, no cabe duda de que las relaciones familiares han tenido sus “premios” desde los tiempos coloniales.

Para entender mejor lo que era una encomienda citaremos a Wikipedia: “Antiguamente, se llamaba Encomendero al que por merced real tenía indígenas encomendados, como parte de la institución colonial de la encomienda. El encomendero tenía la obligación de enseñarles la doctrina cristiana y defender sus personas y bienes, pero sobre todo se beneficiaba de rentas cuantiosas y del trabajo semi-esclavo que por concepto de "servicios personales" debían tributarle sus encomendados. En las colonias españolas el ser encomendero era considerado un premio y privilegio, por el que se solicitaba y rogaba insistentemente a la autoridad.”

Otro detalle se dio durante la visita del Virrey Antonio Mendoza a la localidad ya que en su honor se organizó una montería, fue tal el éxito que el virrey decidió organizar otra de iguales dimensiones pasados dos años. Recordemos que las monterías tuvieron un gran arraigo en las cortes europeas poco después del Renacimiento, eran aquellas en las que la jauría de perros acompañaba a los caballeros que iban en pos de una zorra.

El primer Virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, durante su mandato fue quien autorizó las incursiones de españoles en la parte actualmente conocida como Bajío.