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martes, 30 de junio de 2015

Félix Calleja, otro de los personajes que pasa por Salamanca

  Hace poco hablábamos de los gobernantes que han pasado por Salamanca, dimos cuenta de que solamente un virrey, Iturrigaray, lo hizo cuando iba rumbo a Guanajuato. Pasó por aquí, pero no se detuvo, hubo otro que, si bien no tenía el título, lo recibiría un poco después, se trata de Félix María Calleja del Rey que era General del Ejército español, en 1810, cuando estalla la guerra de Independencia sería él quien encabezaría el movimiento en contra de la insurrección, su odio fue tal que llegó a proclamar la prohibición de la palabra insurgente o insurrección en cualquier documento. Sucedió, bien lo sabemos, que el 28 de Septiembre de 1810 fue la toma de Granaditas, enfrentamiento que se dice fue "glorioso" pero que en realidad fue sanguinario. Pero no nos metamos en filosofías de la guerra, sino en el paso de él por Salamanca, el cual ocurrió luego del enfrentamiento y derrota que los Insurgentes tuvieron en Aculco. De allí se dio una separación entre Hidalgo y Allende, cada uno cogió para un lado, Guadalajara y Guanajuato respectivamente. Calleja seguiría a Allende, así que enfila rumbo a Guanajuato el 8 de noviembre, llegando a Querétaro y permaneciendo allí algunos días. No sabemos cuando retoma camino pero él mismo asienta que pasaría por Apaseo, Celaya, Salamanca e Irapuato, para seguir a Guanajuato. Y lo hace de este modo:

   "Batido y derrotado el ejército de los insurgentes el día 7 del mes último en Aculco, levanté el campo al siguiente, y me dirigí a Querétaro, donde di algún descanso a las tropas; pero con noticia de que el mayor número de los enemigos que huyeron de aquella acción, se había reunido en Guanajuato con Allende y los principales cabecillas, y que en esta ciudad, al abrigo de su numerosa plebe y fuerte situación, se proponían hacer la mayor resistencia, habiendo acopiado al efecto sus mayores recursos de artillería, municiones y gente, me encaminé a aquel punto por los pueblos de Apaseo, Celaya, Salamanca e Irapuato, con el doble objeto de reducirlos a la obediencia y organizar su gobierno, como lo verifiqué, y asegurarme las subsistencias impidiéndoselas al enemigo.

   "La tarde del 23 tomé posición en Puerto Molinero, distante cuatro leguas de Guanajuato, y a las siete de la mañana siguiente emprendió el ejército su marcha hacia la cañada de Marfil, que es la entrada principal de aquella ciudad, no con otro objeto que con el de practicar un prolijo reconocimiento del terreno, y disponer en consecuencia el ataque para el día siguiente; pero la anticipación con que el enemigo empezó a batir con su artillería colocada en dos lomas a la orilla izquierda del camino, me puso en la necesidad de desalojarle de ellas para situarme y verificar después mi intento". (1)

  Así, pues, agreguemos a un personaje más que pasa, solamente pasa por Salamanca y sigue su recorrido: Calleja.

Fuente:

1.- J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. Seis tomos. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007. Universidad Nacional Autónoma de México.

Versión digitalizada por la UNAM: http://www.pim.unam.mx/catalogos/juanhdzc.html

viernes, 6 de abril de 2012

José de Iturrigaray, el único Virrey de la Nueva España que visitó Salamanca

José Joaquín Vicente de Iturrigaray y Aróstegui (1742-1815) fue designado como Virrey de la Nueva España en 1802, durante el reinado de Carlos IV, lo suyo fue más que una selección, una impoisción hecha por la persona más influyente con el Rey, Manuel Godoy, que fungía como su primer ministro. Sobre Godoy pesaban habladurías, como ser el amante de la reina de España, María Luisa de Parma. Es así como Iturrigaray es llamado a Sevilla, lugar en donde se daban los nombramientos para los virreyes de Nueva España y fue allí en donde comenzó a aprovecharse a su favor la nueva posición. La corrupción estaba en los más altos niveles y venía para México.

" En 1803 Godoy impuso como virrey a Iturrigaray, un militar que había combatido en Portugal y en España contra los invasores franceses. Iturrigaray fue tan rapaz como sus antecesores Marquina y Branciforte. Con el pretexto de que no tenía tiempo para hacerse de vestiduras apropiadas, en España, se le dio autorización para traer telas excentas de impuestos, de manera que apenas desembarcado en Veracruz se apresuró a venderlas en cerca de ciento cincuenta mil pesos¨. (1)
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Iturrigaray hace el recorrido triunfal, como marcaba la tradición, luego de descansar del largo viaje en Veracruz, era el 6 de diciembre de 1802, sería recibido con honores en Puebla, Tlaxcala y finalmente llegaría, guardando también la tradición a la Villa de Guadalupe, para entrar triunfalmente a la ciudad de México y asumir el cargo el 4 de enero de 1803. Se dispondría de una gigantesca valla que lo recibiría, así como de espectaculares arcos triunfales de flores para conmemorar su arribo. Dentro de los primeros decretos que dicta está el separar políticamente a la Alta de la Baja California, asignando al comandante José Joaquín de Arrillaga como Gobernador de la Alta California con sede en Monterey y a Felipe de Goycochea como Gobernador de la Baja California con sede en Loreto.
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Las minas era la mayor riqueza de la Nueva España, especialmente las ubicadas en el Real de Santa Fe de Guanajuato, esto era bien sabido por el nuevo virrey, más aun, sabía que para que las minas funcionaran había la necesidad del azogue o mercurio, razón por la cual, con su influencia como virrey se apodera del control de este producto y acepta, gustoso la invitación que uno de los más acaudalados mineros de Guanajuato le hace para visitar el Real de Minas, don Antonio Pérez de Gálvez, que al año siguiente se convertiría en el segundo conde consorte de Valenciana; igualmente la invitación viene de otro acaudalado minero, además regidor y alcalde ordinario de Guanajuato, José Mariano de Sardaneta y Llorente, marqués de San Juan de Rayas.
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Es así como en julio de 1803 Iturrigaray y su largo séquito toman el Camino Real de Tierra Adentro, pasando por Tepeji del Río, San Juan del Río y Querétaro, lugar en donde se hace la primera escala de tipo "oficial", es don Miguel Domínguez el corregidor de Querétaro quien hace los honores a su visita, el camino continuaría rumbo a Celaya. En la fotografía vemos el Puente Tresguerras, a la entrada oriente de Celaya, el cual se mandó construir con el beneficio que se obtuvo de las corridas de toros, que fueron aprobadas a realizarse en esa ciudad por el virrey Iturrigaray, convirtiéndose así, Celaya, en la única ciudad que saca provecho de la visita del Virrey a Guanajuato. "El único pueblo que sacó provecho de él fue Celaya, pues concedió licencia para que se hiciesen corridas de toros, con cuyo producto se construyó el puente del río del Laja, inmediato a dicha ciudad, y cuya falta causaba mucho perjuicio a los pasajeros. Este puente es más que regular, obra de don Francisco Tres-Guerras; pero está mal situado, y no teniendo los arcos bastante capacidad para dar tránsito al caudal muy copioso de aguas, las hace retroceder e inunda varios terrenos". (2)
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Se dice que fue el sábado 18 de junio de 1803 cuando el virrey Iturrigaray pasó por Salamanca, la que días después sería catalogada por el Barón Alejandro de Humboldt como "ciudad pequeña pero bonita". Seguramente se oyó un fuerte repique de campanas al entrar el virrey, quizá la población, que apenas llegaba a las 13 mil almas se volcó en la Calle Real, la actual Hidalgo, para verlo pasar, quizá los padres Agustinos salieron a su encuentro, tal vez el virrey entró para deslumbrarse con el oro de los retablos del Templo de San Juan de Sahagún, tal vez el virrey asistió a un pequeño rezo en la Parroquia Antigua que entonces era el templo principal del curato de la villa de Salamanca. El virrey continuaría su recorrido y entraría, a Irapuato... es lo que se dice, pero, creo que más bien el virrey siguió por Temascatío y de allí directo a la Hacienda de Burras, en donde su anfitrión, el Marqués de Rayas lo estaba ya esperando. Quizá fue allí que pasó la noche del 18 de junio pues el día 19 hace su entrada triunfal a Guanajuato.
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"A la una de la tarde de este día hace su solemnísima entrada ala capital de Guanajuato el Exmo. Sr. D. José de Iturrigaray, 56 virrey de la Nueva España, y se aloja en la Plaza Mayor en en la casa de Don Antonio de Pérez Gálvez. La magnificencia de su recepción fue verdaderamente extraordinaria, pues se le trató y obsequió como si hubiera sido el monarca en persona: además de las manifestaciones prevenidas en el programa del ayuntamiento, que se cumplieron en todas sus partes, los operarios de la mina de la Valenciana, vestidos con un lujo deslumbrador, fueron a recibir hasta Pardo, y quitando las mulas de su carroza lo condujeron hasta su alojamiento, tirándola con sus propias manos: allí recibió las felicitaciones de todas las autoridades y corporaciones eclesiásticas y civiles, y valiosos regalos de la ciudad, de las minas de Rayas y Valenciana, de la Diputación de Minería y otros".
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20 de junio de 1803.-
Al día siguiente de su llegada (lunes) se ocupó en la mañana el virrey Iturrigaray en visitar la iglesia matriz y otros templos; y en la tarde recorrió a pie la ciudad, vio el resto de los templos, los cuarteles, y la obra de Granaditas: el inmediato martes estuvo por la mañana en algunas haciendas de beneficio y en diversas oficinas, y en la tarde visitó las cárceles y las presas de la Olla y de los Pozuelos: el miércoles pasó el día en Rayas, y el jueves en Valenciana, en cuyos lugares fue recibido, y obsequiado con regia pompa: en Valenciana bajó a la mina, y se colocó después una lápida conmemorativa en el punto hasta donde llegó.
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24 de junio de 1803.-
A las tres de la tarde sale de Guanajuato para México el virrey Iturrigaray y, recibiendo en este acto una nueva y espléndida ovación de parte de la ciudad y los mineros. Los operarios de la mina de Rayas se presentaron oportunamente en el alojamiento del alto funcionario, vestidos con lujos semejante al que ostentaron los de Valenciana el día del recibimiento, pero con traje de riguroso luto, para demostrar la pesadumbre que les causaba la partida del virrey y desenganchando las mulas del carruaje los llevaron hasta Prado, continuando luego todo lo más florido de la ciudad encaminando al ilustre viajero hasta la calzada de Jalapita en Marfil.

2 de julio de 1803.-
Escribe el virrey Iturrigaray manifestando que llegó felizmente a México, de vuelta de esta ciudad y ofreciendo de nuevo sus facultades a favor del ayuntamiento. (3)

Hubo otro viaje que realizo Iturrigaray, lo hizo rumbo a Orizaba, Córdoba y Jalapa. Fue de los pocos virreyes, a excepción del primero de ellos, don Antonio de Mendoza, que se adentró en la provincia mexicana. Pero estos viajes ocasionaban problemas serios a la población pues "... por ejemplo, cuando Iturrigaray abandonó la ciudad de México en sus viajes, los comerciantes utilizaron su ausencia para subir los precios de los artículos de comercio y de consumo. Por otra parte, las interrupciones de los viajes produjeron muchas dificultades para los subdelegados, las justicias, los curas y, particularmente, para las comunidades de los indios en la ruta que recibieron la responsabilidad de pagar una gran porción de los costos del carbón, gallinas, cocineros y el mantenimento de los animales... (4)

Vemos pues, que, si bien la breve visita del virrey a Salamanca fue cosa que se anotó (y ya casi se olvidó) en la historia regional, el precio de la misma fue alto. Algo habrá sucedido en Salamanca durante este acontecimiento, quizá en el archivo parroquial se anotó algún detalle al respecto, será trabajo de los historiadores que, si tienen la oportunidad de consultar el mes de junio del año 1803, nos digan, a los mortales, que fue lo que sucedió durante esa fugaz visita. En México de lo poco que queda de recuerdo del virrey Iturrigaray es la estatua de Carlos IV que mandó colocar en el zócalo, y, según reza la placa, se conserva solamente como obra de arte y es la que vemos en la fotografía


Fuentes:
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1.- Benitez, Fernando. El peso de la noche, Nueva España de la edad de plata a la edad de fuego. Ediciones Era. México, 1996.
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2.- Bustamante, Carlos María. Los tres siglos de México durante el gobierno español hasta la entrada del Ejército Trigarante, obra escrita en Roma por el padre Andrés Calvo, de la Compañía de Jesús, publicada con notas y suplementos por el Lic. Carlos María de Bustamante. Imprenta de J. R. Navarro. México, 1852. (datos tomados del blog:
http://ahtm.worldpres.com/)

3.- Marmolejo, Lucio. Efemérides Guanajuatenses. Imprenta del Colegio de Artes y Oficios. Guanajuato, 1883.
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4.- Archer, Christon I. México en 1810: el fin del principio, el principio del fin. México en tres momentos 1810-1910-2010. UNAM, México, 2007.

lunes, 5 de septiembre de 2011

" Y que se nombre e intitule para siempre jamás..."

La primera vez que leí la licencia y merced para la fundación de la villa de Salamanca hubo una frase que se me grabó instantaneamente, me pareció el más florido y elegante de los lenguajes, un español en vías de lo barroco, por lo tanto rebuscado, aterciopelado, dorado y... complicado. Poético y emblemático. Todo eso pensé cuando leí y releí la frase: "... por la presente en su Real nombre, doy y consedo lisensia y facultad para que en la dicha parte de Baltierra junto a la dicha estancia de Baraona y el dicho rio grande se pueble de españoles conforme a la traza que se diere una villa, que se llame nombre e yntitule Villa de Salamanca por aora y para siempre jamas..."

Imaginaba que el propio Rey, sentado en su trono, así como vemos a Carlos III en esta pintura que se exhibe en el Castillo de Chapultepec, dictaba el acta y el estampaba su firma, esa impositiva forma de plasmar su real presencia en su más pura y perfecta primera forma del singular: "Yo, el Rey". Cabrá mencionar que quién reinaba en España y los territorios de ultramar cuando se dio la licencia y merced para fundar la villa de Salamanca era Felipe III, Rey de España, Portugal, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duque de Milán. Era el 16 de agosto de 1602.

Luego aprendí, buscando por aquí y por allá, leyendo esto y aquello y, sobre todo, con las ventajas que tenemos actualmente en los buscadores de Internet, que esta no era ni una fórmula mágica, ni mucho menos romántica, sino simplemente era el lenguaje oficial que en la época, siglo XVII se utlizaba regularmente y que tenía su orígen en el latín, en el más clásico de los latines:

"... SIT PERPETUO, SICQUE VOCETUR, INTITULETUR, NOMINETUR SCRIBATUR ETDICATUR. ATQUE UNA CUM OMNIBUS ET SIGULIS ILLUS CIVIBUS..."

Vemos ya, en una versión traducida al español actual, al entendible, eso que acabamos de leer en latín. Se dio en Córdoba, el 26 de julio de 1490 el rey de España dictaba lo siguiente: "Por cuanto decretamos, concedemos, deseamos y establecemos por este Edicto Real, que la que hasta ahora fue la villa de Alicante en adelante deje de ser villa al convertirse en Ciudad para siempre y así se la llame, denomine e intitule, y así se la mencione, diga y nombre de palabra y por escrito." Palabras más, palabras menos, será lo mismo que se diga para la villa de Salamanca 113 años después.

Nos damos cuenta que esta "fórmula romántica", insisto en el concepto, no solo se usaba en el nombramiento de villas, pueblos y ciudades, sino también en los títulos nobiliarios. El 20 de julio de 1529, el rey de España, Carlos V, que no era V sino I (I de España y V de Alemania) otorga a Hernán Cortés el título de Marqués del Valle de Oaxaca (marquesado que abarcaba desde Coyoacán hasta Huatulco) y, entre otras cosas, dicta: "... por la presente vos hacemos merced, gracia e donación pura, perfecta yno revocable que es dicha entre vivos para agora e para siempre jamas de las villas y pueblos de Coyoacan, Atlacubaya, Matlazingo, Toluca, Calimaya, Guanavaca, Guastepeque, Acapixtla, Yautepeque, Tepoztlán, Oaxaca..."

Por su parte don Felipe II que además de ser rey de España lo era de Portugal, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, lo era también de Inglaterra e Irlanda y de los Países Bajos, era también duque de Milán y conde de Borgoña, es decir, era poderoso en serio. El dictó en Monzón el 18 de octubre de 1585 esto: "... Por la presente quiero y es mi voluntad, que agora y aquí adelante para siempre jamás, aquella población sea y se intitule La Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas..."

Vemos al virrey don Martín Enríquez de Almanza, pero es su sucesor, don García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra; ese que se enemistara con el ahora Beato Juan de Palafox y Mendoza porque le estaba dando apoyo a los Jesuitas, quién, casualidades de la vida, otorga el título de ciudad a una que lleva, precisamente su nombre: "... Por el presente en nombre de su majestad, y como su Virrey Lugarteniente, concedo licencia y facultad para que en dicho puesto y congregación el antiguo pueblo de Chochones se funde y pueble una Ciudad de Españoles, conforme a la traza que se diere en toda policía que se intitule y se llame la Ciudad de San Andrés de Salvatierra ahora y para siempre jamás..."

El que vemos en la fotografía, como podrás notar en su gesto, fue una de las tantas "joyitas" que enviaron a gobernar la Nueva España y que, en buena medida, son los portadores a estas tierras de esa semilla que fructifica abundantemente en la actualidad y que se llama corrupción, pero esa es una historia que trataremos por separado. Este individuo es Juan Francisco Jacinto de la Cerda de La Lama y de la Cueva Leyva Arteaga y Gamboa, conocido como Juan Francisco de Leiva, conde de Baños. Y que mejor personaje para ver un caso que se antoja difícil de entender pero que sucedió el 16 de marzo de 1660, cuando los españoles avecindados en Tehuacán, Puebla, pagaron, sí lo estás leyendo bien, pagaron mil pesos (una fortuna en la época) para cambiarle el nombre a la población: "...En nombre de su Majestad y en dichas reales cédulas y del capítulo noveno de la real instrucción que se inserte con pie y cabeza de ella y mandamiento de excelencia cuya ejecución y cumplimiento le está cometida por el excelentísimo Señor Duque de Albunquerque, Virrey Gobernador y Capitán General de las Provincias y Reinos de este dicho pueblo de Nuestra Señora de la Concepción de Tehuacán del título y nombre de Ciudad de Indios para que de aquí en adelante y para siempre jamás se pueda intitular e intitule la Ciudad de Nuestra Señora de la Concepción y Cueva, según y en la forma y manera que con los mismos privilegios que puede, concede de los que tiene y goza la ciudad de Tlaxcala..."

Seguimos en el siglo XVII, es ahora Felipe IV quien gobierna en España, lo hace también en los mismos sitios que Felipe II, pero ya sin Inglaterra e Irlanda; es él quien da la siguiente ordenanza el 7 de diciembre de 1668: "... Yo, el Rey, ordeno que de hoy en adelante y para siempre jamás se intitule y nombre intitulada y nombrada por escrito y de palabra, la Muy Noble y Leal Ciudad de Celaya de la Purísima Concepción..."

Yo no peco de regionalista, sin embargo hay cosas que las considero únicas. Luego de ver todo esto que hemos visto, luego de enteraron que eso de que se nombre e intitule era una fórmula establecida y que el concepto del para siempre jamás, venia a reforzar una sola idea, sigo pensando que hay un cierto romanticismo, barroquismo o como lo gustes nombrar en las licencias y mercedes reales y que tanto como únicas, no lo son... en cuanto a texto.

sábado, 20 de febrero de 2010

Los personajes que participan en el relato del Señor del Hospital de Salamanca. 5ª parte.

En esta quinta parte de los personajes que aparecen en el relato que describe la llegada del Cristo Negro del Señor del Hospital a Salamanca, nos damos cuenta de que la persona que haya escrito tal relato era alguien muy bien documentado. Esto lo corroboramos al ver las biografías de estos personajes, los que a continuación aparecen, que son cruciales en la historia del México Colonial, Luís Montañéz, el cacique de Tula que fundó una buena cantidad de poblaciones en el actual Querétaro y Guanajuato, el rey de Espaya, Felipe II, que consolidó las posesiones de ese reino en ultramar y el virrey Luís de Velasco “el viejo”, nos indica que la persona que compuso el relato contaba con un vasto conocimiento en la historia y la política de ese período.


El Gral. Dn. Nicolás Montañez yndio cazique y Sr. que fue de Tula, Caballero de la Orden de Santiago, que con el auxilio de 33 Caciques Cabos prinsipales de Tula, yXilotepec, y de 25,OOO yndios combatientes, y 300 caballos, el día 25 de ju1io de 1531, dio la famosa batalla a un Exercito de mallor numero de Indios bárbaros de la Nación Chichimeca, en el Campo y Cerro de San Gremal, donde oy se venera el Colegio de los Apostólicos Misioneros de la Santa Cruz de Querétaro.


Durante el sangriento combate onze horas con higual furia de uno y otro campo, hasta que por ultimo se aclamó la Victoria por el exercito Christiano, con auxilio del Patrón de las Españas del Apostol Santiago y de la Sma. Cruz que visiblemente se vió en el cielo, la que copiada se hallo después entre las lajas pies de los montes de aquel circuito, i oy se benera Milagrosa en esta Ciudad en el espresado Colegio, como a quien se deve la Conquista i población.


Discrepcion panegirica del P. Franco Xavier de Santa Gertrudis impreso en el año de 1722. Se colocó este lienzo a expensas del Dr. Don Ignacio Montañez, profesor en cirugía c v años de 1807.


19.- Nicolás Montañés


A este cacique otomí se le menciona en el relato asociado a Gitzin, el que se supone fue el que estaba a cargo del pueblo de indios de sido, conocido también como Nicolás de San Luís Potosí Montañés “fue un guerrero mexicano del siglo XVI, nacido en Tula, se desconoce la fecha exacta. Descendía de los reyes toltecas y era pariente muy cercano de Moctezuma II. Se alió a los conquistadores y desempeñó un gran papel. Carlos V le nombró cacique de la ciudad de Tula y capitán general para que pacificase el país de los chichimecas y otomíes, nombramientos que, con el de Caballero de Santiago, le entregó por su propia mano el virrey Luís de Velasco en 1551Después de haber reunido un pequeño ejército fue con él al encuentro del cacique chichimeca Maxorro, al que consiguió derrotar y hacer prisionero. No se sabe que tomara parte en ningún hecho posterior, pues algún tiempo más tarde Valerio de la Cruz desempañaba el mismo cargo que Montañés, que murió en México y fue enterrado el convento de san Francisco”. (1)


“En el Caso de Montañés, cae dentro de los hombres y héroe s con historia que han sido ignorados en gran parte ya que sus hazañas, batallas o hechos históricos de muchos de ellos han pasado desapercibidos para los historiadores, mas no para la historia en si. A quien esto escribe gran decepción y asombro le ha causado cuando acudiendo al Archivo Histórico Municipal de la Ciudad de Querétaro no se pudo encontrar documento alguno que por los méritos del citado fundador de Querétaro se le hiciera justicia, no obstante el importante papel que junto con Fernando de Tapia (CONIN), a quien si le han dado un lugar preponderante en la fundación de Querétaro, acontecimiento que se llevó a cabo en el cerro de San Gremal, como se describe en el óleo que hemos citado, cuya trascripción es fiel al original”. (2)


De entre otras ciudades fundadas por Nicolás Montañés están: Acámbaro, el 19 de septiembre de 1526; Huimilpan, 10 de julio de 1529; Apaseo en 1525 y otras mas del Bajío.



20.- Pío IV


Es ya al final del relato que se hace mención de varios personajes trascendentales en la historia, entre ellos el Papa Pío IV, Giovanni Angelo Medici, nacido en Milán el 31 de marzo de 1499 y muerto en Roma el 9 de diciembre de 1565, siendo el Papa n.º 224 de la Iglesia católica de 1559 a 1565. “Perteneciente a una rama secundaria de los Médicis florentinos, conocido por eso como el Medichino, tras acceder a la dignidad papal se esforzó desde el principio en paliar los desastrosos efectos de la estrategia de enfrentamiento de su predecesor Pablo IV. Estrechó lazos de buena concordia con la regente francesa Catalina de Médicis (Médicis, en definitiva, como él) y, sobre todo, abjuró de la malquerencia de su predecesor hacia Felipe II, con quien mantuvo en lo sucesivo una cordial relación.


En todo caso, el clima internacional era en estos momentos más propicio a la consumación del inconcluso Concilio de Trento. Seguía habiendo, a pesar de todo, un cierto talante objetor entre aquellos a quienes incumbía su prosecución y remate: Felipe II, viudo de la reina María Tudor de Inglaterra, no desechaba ciertas aspiraciones a mantener la condición de rey consorte uniéndose ahora en matrimonio a la protestante Isabel I; a Fernando I de Austria, como le sucediera antes a Carlos V, le convenía, más que un concilio condenatorio de las doctrinas luteranas seguidas por un elevado número de sus súbditos, unas asambleas coloquiales de entendimiento y pacto consensual; algo similar pretendía Catalina, en cuyo reino iba tomando crecido auge el movimiento protestante. En Francia dejó de ser posible cualquier arreglo cuando, a raíz de la promulgación en enero de 1562 de un edicto contra los hugonotes, la intervención manu militari de Francisco de Guisa en Vassy intentando imponer su cumplimiento acabó en una matanza que provocó el estallido de la guerra civil. Por su parte, el fracaso de la inicial propuesta matrimonial de Felipe II le llevó a tomar por esposa en 1559 a Isabel de Valois, hija de Enrique II y Catalina de Médicis, con lo que se acercó a Francia y se apartó de cualquier tentación de moderada tolerancia del anglicanismo.


La situación era, pues, digna de ser aprovechada. Pío IV convocó a la cristiandad para que acudiera a Trento a la reanudación del concilio. En enero de 1562 entraba el sínodo en su última fase que se prolongaría hasta el 3 de diciembre de 1563. Por fin hubo acuerdo sobre importantes aspectos dogmáticos y se declaraba anatematizada la herejía protestante”. Texto tomado de Wipipedia.


21.- Felipe II


Cuando se trata de corroborar la fecha en que se dan los acontecimientos del relato, aparece Felipe II de Austria (o Habsburgo), llamado El Prudente, nacido en Valladolid el 21 de mayo de 1527 y muerto en El Escorial el 13 de septiembre de 1598, “fue Rey de España desde el 15 de enero de 1556 hasta su muerte, de Nápoles y Sicilia desde 1554 y de Portugal y los Algarves (como Felipe I) desde 1580, realizando una ansiada unión dinástica con Portugal, que duró 60 años. Fue asimismo Rey de Inglaterra, por su matrimonio con María I, entre 1554 y 1558.


Hijo y heredero de Carlos I de España e Isabel de Portugal, hermano de María de Austria y Juana de Austria, nieto por vía paterna de Juana I de Castilla y Felipe I y de Manuel I de Portugal y María de Castilla por vía materna. Murió a los 71 años de edad el 13 de septiembre de 1598, tras pasar unos años en unas condiciones de vida malas debido a la enfermedad que padecía, y que se agravaba con el paso del tiempo.


Desde su muerte fue presentado por sus defensores como arquetipo de virtudes, y como un monstruo fanático y despótico por sus enemigos. Esta dicotomía entre la Leyenda Negra y la Leyenda Blanca o Rosa fue favorecida por el propio Rey Prudente, que se negó a que se publicaran biografías suyas en vida y ordenó la destrucción de su correspondencia. Aún hoy en día, la historiografía anglosajona y protestante representa a Felipe II como un ser fanático, despótico, criminal, monstruo imperialista y genocida. Sus victorias fueron minimizadas hasta lo anecdótico (salvo unos pocos ejemplos como la Batalla de Lepanto) y sus derrotas magnificadas en exceso, a pesar de que no supusieron grandes cambios políticos o militares, como la pérdida de una pequeña parte de la Grande y Felicísima Armada debido a un fuerte temporal, que además los historiadores anglosajones "transformaron" en una gran victoria inglesa.


Durante su gobierno, el Imperio español dirigió la exploración global y la extensión colonial a través del Atlántico y Océano Pacífico, convirtiéndose durante mucho tiempo en el principal país y potencia europea en todo el mundo. Su imperio, el Imperio español se convirtió bajo su gobierno en el primer imperio global, porque por primera vez un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes, las cuales, a diferencia de lo que ocurría en el Imperio romano o en el Carolingio, no se comunicaban por tierra las unas con las otras”. Texto tomado de Wikipedia.


22.- Luis de Velasco (padre)


Luís de Velasco y Ruiz de Alarcón, nacido en Carrión de los Condes, Palencia, España en 1511, fallecido en la Ciudad de México en 1564, Señor de Salinas fue el segundo virrey de Nueva España, entre 1550 y 1564, tras haber sido Virrey de Navarra entre 1547 y 1549.


“Pariente de los Condestables de Castilla, sucedió en el virreinato de Nueva España a Antonio de Mendoza, quien tuvo que elegir entre este y el de Perú, mientras Luís de Velasco ocuparía el otro puesto. Llegó a San Juan de Ulúa el 23 de agosto de 1550 y pasó el mes de septiembre en Puebla, mientras Mendoza tomaba su decisión. Finalmente los dos se reunieron en Cholula y Mendoza eligió el Perú. El 25 de noviembre del mismo año, Velasco llegó oficialmente a la Ciudad de México como virrey de Nueva España, cargo que ocupó hasta su muerte el 31 de julio de 1564.


Suele considerársele gobernante prudente. Ayudó a los nativos a defenderse frente a los abusos de los propietarios de minas de oro, y liberó a 150.000 esclavos. De su mandato destacan la abolición efectiva de la encomienda, la liberación de los indios ilegalmente esclavizados, la urbanización de poblados, la realización de importantes obras públicas, la apertura en 1553 de la Universidad de México y la colonización, pacificación y conquista de territorios del norte del virreinato, fundando ciudades como San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende), Durango (1563), San Felipe de Ixtlahuaca y Nombre de Dios. Su hijo Luís de Velasco y Castilla, Marqués de Salinas también fue Virrey de Nueva España.


La supresión de la encomienda y la mejora del trato a los indios habían sido prescritas por la corona española desde 1542, con la promulgación de las llamadas Leyes Nuevas, inspiradas por Fray Bartolomé de las Casas. A diferencia de su predecesor, que no exigió su cumplimiento, aunque nominalmente las acatara, y que incluso llegó a suspenderlas, Luís de Velasco las puso en práctica venciendo con energía la oposición de los encomenderos españoles, como por otra parte le había ordenado detalladamente Carlos I al nombrarle Virrey en Bruselas, en 1549. Otras realizaciones del mandato de Velasco fueron también resultado del disciplinado y tenaz cumplimiento de las instrucciones recibidas de la metrópoli, desde las cortes de Carlos V y de Felipe II.


En 1558 México sufrió su primera gran inundación de la época española, que se convirtió en epidémica. El Virrey hizo todo lo que estuvo en su mano para ayudar a las víctimas.


Hasta 1560 Velasco gobernó con autoridad ilimitada. Aunque no cometió ningún abuso, en este año la Audiencia y otros influyentes españoles intentaron que el Emperador limitara la autoridad del Virrey, poniendo el requisito de que sus actuaciones necesitaran la autorización de la Audiencia.


En sus años finales, Velasco se centró en fundar asentamientos en Florida, en explorar el Océano Pacífico y en aumentar las riquezas del Imperio. El 22 de mayo de 1559 fundó lo que es ahora la ciudad de Yurécuaro en el estado de Michoacán. En ese mismo año envió una flota de trece naves bajo el mando de Tristán de Luna y Arellano para establecerse en la costa oriental de Florida, pero la expedición fracasó debido a la hambruna y a las revueltas de los hostiles guerreros nativos. Los españoles se vieron forzados a marcharse.


Al principio de 1564 Velasco encargó a Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta una expedición por el Pacífico hasta las islas Filipinas, donde Fernando de Magallanes y Ruy López de Villalobos habían llegado en 1521 y 1543.


Luís de Velasco y Ruiz de Alarcón murió en 1564, y más tarde se descubrió que, lejos de enriquecerse, se endeudó personalmente en favor de los pobres y los indios. Le sucedió Gastón de Peralta, Marqués de Falces”. Texto tomado de Wikipedia.


Bibliografía:


1.- Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana (Espasa), tomo 36. Madrid, 1930


2.- Datos del autor, dar clic aquí:



viernes, 6 de marzo de 2009

Acualmeztli

Códice Teotzotlán, fotografía de la Newberry Library.

Existe una referencia en Internet que menciona la existencia de un natural de la zona de Tlatelolco, que había perdido a sus padres durante la conquista de la Gran Tenochtitlán y que había sido adoptado y criado por un caballero español, su nombre era Acualmeztli. La sociedad durante los primeros años de la conquista mantenía un estricto sistema social, y si un indio era adoptado por español, su rango social era elevado, tal fue el caso de este personaje. En Santiago Tlatelolco asistía al Colegio Imperial de la Cruz adquiriendo una fuerte devoción a la imagen de El Cristo de los Agonizantes.

Acualmeztli al descubrir su verdadero origen y enterarse de que sus padres habían sido asesinados durante la conquista española, decide escapar del Colegio Imperial para unirse a los indios que aun combatían contra los conquistadores. Al tener tanto amor y devoción al Cristo de los Agonizantes huye llevándose la imagen, convirtiéndose mas tarde el líder de los rebeldes y El Santo Cristo de los Agonizantes en su protector.

Rostro de una de las representaciones de El Cristo de los Agonizantes.

Los españoles ya asentados en la Nueva España inician hacia la década de los treintas en el siglo XVI la expansión de los territorios conquistados con rumbo norte en donde se encontraban los asentamientos otomíes cuya principal población era Xilotepetl (la actual Jilotepec), mas al norte aun se encontraban las tribus mas belicosas de toda Mesoamérica, los Chichimecas.

Siendo los Otomíes enemigos ancestrales de los Aztecas, estando sometidos, al igual que los demás pueblos circundantes a la Gran Tenochtitlán, durante tanto tiempo, que guardaban cierto odio hacia ellos, cosa aprovechada por los españoles a su favor, creando un asentamiento que daría paso a la evangelización y conquista de la zona del Bajío. Es allí, en Xilotepetl donde Acualmeztli es herido en una batalla, muriendo al poco tiempo.

El códice Huichapan–Xilotepec, tomada de la Revista Arqueología Mexicana.

Es en este momento que un segundo personaje, vital en la historia de El Cristo de los Agonizantes, otro indígena más, que formó parte de la lucha de Acualmeztli, Juan Cardona. Es en este momento que se inicia la leyenda ya que se dice que “Una noche este indígena tuvo un sueño en el que el Cristo le mandaba que lo sacara de Jilotepec, que lo llevara con rumbo al sur, tierra adentro, hasta un lugar en donde, habiendo ahí pasado la noche, se encontraran al amanecer con la cruz enterrada en el suelo”.

Jilotepec tiene una importancia muy grande para entender mejor la llegada del cristianismo a la zona centro de México. Siendo los Jilotepecanos aliados de los españoles, estos crean cacicazgos, quedando en manos de personajes de la altura de Diego de Tapia, mejor conocido como Indio Conín, el fundador de Santiago de Querétaro. Nicolás de San Luis, Francisco de Urdiñola, que entre otras funda San Miguel el Grande, San Felipe y San Luis de la Paz en el actual estado de Guanajuato. Juan de Santamaría y Nicolás Montaño ó Montañéz fueron también caciques originarios de Jilotepec que fundan poblaciones en los actuales estados de Querétaro y San Luis Potosí.

Nicolás de San Luis uno de los caciques de Jilotepec, fundador de Acámbaro y Apaseo, entre otras ciudades del Bajío.

Hay un par de datos curiosos en torno a los acontecimientos sucedidos en Jilotepec, uno de ellos fue la llegada de uno de los Encomenderos, que estaba casado con la sobrina del Virrey de Mendoza, el cual poco tiempo después hizo de su propiedad lo que se le había otorgado, no cabe duda de que las relaciones familiares han tenido sus “premios” desde los tiempos coloniales.

Para entender mejor lo que era una encomienda citaremos a Wikipedia: “Antiguamente, se llamaba Encomendero al que por merced real tenía indígenas encomendados, como parte de la institución colonial de la encomienda. El encomendero tenía la obligación de enseñarles la doctrina cristiana y defender sus personas y bienes, pero sobre todo se beneficiaba de rentas cuantiosas y del trabajo semi-esclavo que por concepto de "servicios personales" debían tributarle sus encomendados. En las colonias españolas el ser encomendero era considerado un premio y privilegio, por el que se solicitaba y rogaba insistentemente a la autoridad.”

Otro detalle se dio durante la visita del Virrey Antonio Mendoza a la localidad ya que en su honor se organizó una montería, fue tal el éxito que el virrey decidió organizar otra de iguales dimensiones pasados dos años. Recordemos que las monterías tuvieron un gran arraigo en las cortes europeas poco después del Renacimiento, eran aquellas en las que la jauría de perros acompañaba a los caballeros que iban en pos de una zorra.

El primer Virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, durante su mandato fue quien autorizó las incursiones de españoles en la parte actualmente conocida como Bajío.