Mostrando entradas con la etiqueta Virreinato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Virreinato. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de octubre de 2016

De la salitrera que había en la "junta de los ríos", 1780.

  En la continua búsqueda de datos que nos digan lo sucedido en Salamanca encuentro este mapa en el Archivo General de la Nación, levantado el 28 de agosto de 1781 por la persona que tenía el asiento de la pólvora, don Teodomiro de Cañizares y, para producir pólvora era necesario el salitre, razón por la cual en 1780 y 1781 hace un viaje entre la ciudad de México y Durango para visitar las salitreras, en su periplo incluye también a San Luis Potosí.

Archivo General de la Nación/ Instituciones Coloniales/ Colecciones/ Mapas, Planos e Ilustraciones (280)/ Título: Ruta del viaje hecho por Teodomiro de Cañizares, en la visita de Salitreros desde la Ciudad de México hasta Durango.

Fecha(s): 28 de Agosto de 1781.
Nivel de descripción: Unidad documental simple (Pieza Documental)
Volumen y soporte: 1 Mapa, soporte papel marquilla con dimensiones de 66.5 x 39.7 cm
Productores: Teodomiro de Cañizares.

Alcance y contenido: México. Se observa la ruta que corrió Teodomiro de Cañizares en 1781 a los Salitreros que van desde México a Durango; Zumpango, Rosa de Castilla, Celaya, Pueblo de San Bartholo, Culiacán, Terecuaro, La Noria de Alday, San Luis Potosí, Sierra Madre, etc. El reconocimiento de 1780 abarca 537 leguas, mientras que el de 1781 abarca 1543 leguas, e incluye cuevas y tierras salitrosas. El mapa esta compuesto por dos líneas; una roja que es el camino que recorrió Cañízares de ida, y la línea verde que significa el camino de regreso. Este plano es producto del cálculo del costo que tendría la fábrica de un almacén de pólvora. (Proyecto de 1775).


   Muchos de los puntos que marca en el mapa de su recorrido eran lagunas, lugares propicios para ubicar el salitre que buscaba, vemos que de San Juan del Río continúa a la salitrera de Joseph de Aguilar,  no sé si sea por El Pueblito en Querétar o un poco antes, luego sigue al pueblo de San Bartolo, intuyo que se refiere a San Bartolo Aguascalientes o Agua Caliente, en Apaseo el Alto. De Celaya hace varias rutas, una hasta Jerécuaro, pasando por la Salitrera del Cerro del Culiacán, luego por Acámbaro. 

 De Celaya continua a San Miguel, Xichú, Dolores, San Felipe y varios sitios más, todos en los que hay salitreras los marca, por ahí continúa por Zacatecas y Durango, pero, a partir de Celaya hace una incursión a Salamanca hasta llegar a otra salitrera, de la cual nunca antes había visto referencia alguna. Menciona "la junta de los ríos", quizá sea por Pueblo Nuevo pues dice que era propiedad de Ignacio Azconoveitia.

Creo, en este documento de 1894, confirmamos que, la salitrera estaba en Valle de Santiago, en la Hacienda del Salitre.

jueves, 18 de agosto de 2016

Pequeñas cosas ocurridas en la Villa de Salamanca al comenzar el siglo XIX

  Hace algunos años, muchos años, cuando no había la digitalización ni las redes sociales ni todas las ventajas que ofrece el avance de la cibernética, era muy difícil encontrar datos de hechos ocurridos siglos atrás. Razón por la cual la historia salmantina se limitó las anécdotas familiares que algunas personas guardaron y compartieron. Fueron pocos los estudiosos del siglo XIX alcanzaron a oír de primera mano algunos acontecimientos ocurridos en la villa durante la guerra de Independencia, algunos otros oyeron esos acontecimientos con el consabido revestimiento que el tiempo les va dando y que, en consecuencia, les son añadidos fantasías, exageraciones, tergiversaciones y de los hechos históricos concretos, documentados, nada o muy poco se sabía.

  Ya en este siglo XXI que nos ha tocado vivir, con todos sus problemas de sobrepoblación, de contaminación, de pérdida de valores, de nula civilidad, de inseguridad, y todo lo que quieras agregarle pero con algo muy bueno: la accesibilidad a bibliotecas digitalizadas. Y eso nos permite escudriñar en acontecimientos que por simples que sean nos dicen lo sucedido en Salamanca, los personajes, los acontecimientos importantes... y eso, al ir hilvanando uno y otro nos dará una, digamos, Historia de la Vida Cotidiana de Salamanca. Es más, ahora que lo escribo, creo será bueno agregar una etiqueta más a este blog que se llame: Vida Cotidiana y ahí iremos acumulando estos pasajes. Luego de un tiempo (tal vez una década) tendremos una idea más completa de lo que fue Salamanca en la época virreinal... o republicana, o en el Segundo Imperio.

  La Gazeta de México era un periódico que salía con frecuencia, ahí se concentraban noticias relativas a la vida política de España, sus guerras y los envíos que se hacían a México, es decir, de la Vieja España, a la Nueva España. Los puestos en el ejército o en la administración pública que eran aprobados por Su Majestad el Rey; avisos de testamentarias, eso que hoy entendemos como Edictos y muchas cosas más. En este caso estamos viendo que en la Gazeta del 31 de diciembre de 1800 se aprobaba el título de Regidor Llano en la villa de Salamanca al español Plácido Soldevilla.

  La presencia de las autoridades eclesiásticas estaban a la par de las políticas, en ocasiones un poco más arriba ya que la Iglesia era la que acumulaba el dinero, la Iglesia fue, en buena medida, el Banco de México, era quién prestaba dinero, financiaba la incipiente industria y... cobraba el diezmo. Gracias a esos padrones que levantaban frecuentemente para que nadie se les escapara del pago del diezmo correspondiente es que sabemos nombre de los habitantes de cada población y el número de moradores de cada rancho, hacienda, pueblo, villa y ciudad.

  Es por la Gaceta del 24 de febrero de 1801 que sabemos que el Promotor Fiscal de la Curia Eclesiástica era el cura de Salamanca, el Doctor D. Bartolomé Puente. El Derecho Canónico es bastante complicado, si quieres tener una idea de las funciones del Promotor Fiscal, entra aquí.

  Así como hoy acudimos al Diario Oficial para estar al tanto de decretos, implementaciones, reglamentaciones de alguna nueva ley y de los Edictos, igual ocurría, con esto último pero se le denominaba como Avisos y es el siguiente que encontramos el 20 de enero de 1801:



lunes, 8 de agosto de 2016

De Naipes, Estancos y Monopolios en la villa de Salamanca en 1731

  En la época virreinal había algo igual a lo que ocurre en nuestros tiempos con el Gobierno Federal: el monopolio. Para ti y para mi, no es nada nuevo saber que la energía eléctrica solamente la podemos tener de la Comisión Federal de Electricidad y que la gasolina que se vende en México es solamente la que provee Pemex. Pues hace tres siglos el monopolio existía pero eran otros los productos que la Corona española monopolizaba: el pulque, el tabaco, la nieve, el azogue (mercurio para las minas) y los naipes. Había algún otro estanco, como se le denominaba al monopolio, los que anoto son los que recuerdo.

 En la villa de Salamanca había el estanco del pulque, el cual controlaba todas las bebidas alcohólicas en general, había también el de tabacos y, como vemos en la carátula de un documento del Archivo General de la Nación, había también un estanco de Naipes, sí, de barajas, de cartas para jugar. Esto no quiere decir que existiera una especie de Casino, no, simplemente que las barajas estaban solamente autorizadas aquellas que eran emitidas por las imprentas autorizadas para tal fin. Claro es que tanto alcoholes, como tabacos y napies se podían comprar (igual que en nuestros días) en el mercado negro.

 Nada es nuevo bajo el sol, definitivamente. Y fue don José Solórzano el autorizado para vender los napies que legalmente se vendían en la Nueva España, pero él solamente los podía vender en Salamanca.


jueves, 18 de febrero de 2016

Don José Escandón, conde de la Sierra Gorda.

   Quizá has oído del Conde de la Sierra Gorda, su nombre fue José de Escandón (1700-1770) él fue quien pacificó la conflictiva Sierra Gorda, entre Guanajuato y Querétaro, de allí su título, obtenido gracias a su estrategia militar y, sobre todo, a la incursión que hizo hacia el norte, a la llamada Nuevo Santander, eso que conocemos ahora como Tamaulipas. Lo del nombre se debe a que era de Cantabria, cuya capital es Santander. El conde, no estuvo propiamente en Salamanca, aunque sí pasó por aquí cuando iba rumbo a Guanajuato en 1732. Y antes, cuando vino por el rumbo a pacificar un levantamiento de indios en Celaya, en 1728, quizá llegó a las inmediaciones de la villa, pero eso no lo sabemos. Me parece un personaje interesante que bien vale la pena saber algo sobre su vida:

   "…pasan tres años más en Mérida hasta que el año 1721, no sabemos si por propia voluntad o por traslado, es destinado a Querétaro, a la Compañía de Milicias urbanas. Querétaro era entonces una de las primeras ciudades de la Nueva España, con unos 35.000 habitantes, y una de las más ricas con sus 20 obrajes, en los que se consumían unas 30.000 arrobas de lana y unas 200.000 libras de algodón. Con Puebla formaba el nudo industrial en cuanto a tejidos. De los 35.000 habitantes unos 10.000 eran españoles, repartiéndose en partes similares los indios y las castas, y como dato curioso el predominio de las mujeres era aproximadamente de unas 1.500 más que varones en cada uno de los estamentos sociales.

  Esta misma riqueza y el estar rodeada de muchas tribus indias hacían necesario el estar preparados, ya que eran frecuentes los ataques a las villas cercanas e incluso a la misma capital. Asentado en la ciudad, Escandón contrae matrimonio por primera vez el año 1724 con María Antonia Ocio Ocampo, que quizá fuera el arranque de Escandón como hombre de empresa, la de tener un obraje, donde era una industria que rendía pingües beneficios.

   El año 1727 hubo de sofocar uno de los muchos levantamientos de los indios, esta vez en Celaya, donde tuvo que ir acompañado de 80 lanceros, poniendo fin a la rebelión apresando a sus principales cabecillas. Un año después, el 22 de agosto de 1728, el virrey Marqués de Casafuerte firma un decreto con el ascenso de Sargento Mayor en favor de Escandón. La situación en aquella zona no era para lucir charreteras ni galones, sino para demostrar las dotes de un buen militar, aunque Escandón hizo uso más veces de la diplomacia que de las armas para apaciguar a los indios, tal como sucediera con la tribu que mandaba el indio Lázaro, quien llegó a reducirse admitiendo un sacerdote para que les instruyera en el cristianismo.

   Otras veces sin embargo tuvo que hacer valer sus dotes y fama de buen soldado como le sucedió con motivo de la sublevación de los indios en 1732 en el Real de Minas de Guanajuato e Irapuato donde, con sólo su presencia dado su prestigio, apaciguó los ánimos de los aborígenes llevando la tranquilidad a los pobladores. El año 1734 San Miguel el Grande fue abandonado por sus habitantes dejando a merced de los 10.000 indios que se habían sublevado casas y haciendas.

   Avisado Escandón por el Alcalde Mayor de la villa don Gaspar Hurtado de Mendoza acudió en su auxilio con cinco compañías de caballería, logrando sofocar la rebelión aprehendiendo a más de 400 de los indios más significativos, con 10 que volvió la paz a la villa y con ella los habitantes a sus domicilios.

  La actuación de Escandón hasta entonces se había limitado a lugares que se podían considerar como colonizados. Pero muy cerca, -en la Sierra Gorda, estaba el refugio inaccesible de pueblos indios temidos por su belicosidad; mecos, chichimecas, janambres, jonaces, etc., eran lo suficientemente valientes y atrevidos para que sus tierras no fueran invadidas por los españoles obligando a éstos a permanecer incluso alejados de lo que consideraban sus fronteras.

  El año 1735 Escandón entró por primera vez en la Sierra Gorda llegando hasta un cerro conocido por San Cristóbal en el paraje de la Media Luna y allí estableció un poblado con 50 familias de colonos para que defendieran la explotación de una mina que había sido abandonada por los continuos ataques indios.

   No pasaron desapercibidos para sus superiores estos hechos militares y a la muerte del Alférez Real José Ortiaga se le dio el despacho de Coronel de las Compañías de Infantería y Caballería de Santiago de Querétaro el 24 de febrero de 1740. Al año siguiente, el día 18 de noviembre de 1741, la Capitanía General de México despachó el título de Teniente de Capitán General de la Sierra Gorda y Fronteras en favor de José de Escandón”. (1)

Fuente:

1.- Canales Ruiz, Jesús. José de Escandón: La Sierra Gorda y el Nuevo Santander. Institución Cultural de Cantabria. Santander, 1985 pp.

viernes, 6 de abril de 2012

José de Iturrigaray, el único Virrey de la Nueva España que visitó Salamanca

José Joaquín Vicente de Iturrigaray y Aróstegui (1742-1815) fue designado como Virrey de la Nueva España en 1802, durante el reinado de Carlos IV, lo suyo fue más que una selección, una impoisción hecha por la persona más influyente con el Rey, Manuel Godoy, que fungía como su primer ministro. Sobre Godoy pesaban habladurías, como ser el amante de la reina de España, María Luisa de Parma. Es así como Iturrigaray es llamado a Sevilla, lugar en donde se daban los nombramientos para los virreyes de Nueva España y fue allí en donde comenzó a aprovecharse a su favor la nueva posición. La corrupción estaba en los más altos niveles y venía para México.

" En 1803 Godoy impuso como virrey a Iturrigaray, un militar que había combatido en Portugal y en España contra los invasores franceses. Iturrigaray fue tan rapaz como sus antecesores Marquina y Branciforte. Con el pretexto de que no tenía tiempo para hacerse de vestiduras apropiadas, en España, se le dio autorización para traer telas excentas de impuestos, de manera que apenas desembarcado en Veracruz se apresuró a venderlas en cerca de ciento cincuenta mil pesos¨. (1)
.
Iturrigaray hace el recorrido triunfal, como marcaba la tradición, luego de descansar del largo viaje en Veracruz, era el 6 de diciembre de 1802, sería recibido con honores en Puebla, Tlaxcala y finalmente llegaría, guardando también la tradición a la Villa de Guadalupe, para entrar triunfalmente a la ciudad de México y asumir el cargo el 4 de enero de 1803. Se dispondría de una gigantesca valla que lo recibiría, así como de espectaculares arcos triunfales de flores para conmemorar su arribo. Dentro de los primeros decretos que dicta está el separar políticamente a la Alta de la Baja California, asignando al comandante José Joaquín de Arrillaga como Gobernador de la Alta California con sede en Monterey y a Felipe de Goycochea como Gobernador de la Baja California con sede en Loreto.
.
Las minas era la mayor riqueza de la Nueva España, especialmente las ubicadas en el Real de Santa Fe de Guanajuato, esto era bien sabido por el nuevo virrey, más aun, sabía que para que las minas funcionaran había la necesidad del azogue o mercurio, razón por la cual, con su influencia como virrey se apodera del control de este producto y acepta, gustoso la invitación que uno de los más acaudalados mineros de Guanajuato le hace para visitar el Real de Minas, don Antonio Pérez de Gálvez, que al año siguiente se convertiría en el segundo conde consorte de Valenciana; igualmente la invitación viene de otro acaudalado minero, además regidor y alcalde ordinario de Guanajuato, José Mariano de Sardaneta y Llorente, marqués de San Juan de Rayas.
.
Es así como en julio de 1803 Iturrigaray y su largo séquito toman el Camino Real de Tierra Adentro, pasando por Tepeji del Río, San Juan del Río y Querétaro, lugar en donde se hace la primera escala de tipo "oficial", es don Miguel Domínguez el corregidor de Querétaro quien hace los honores a su visita, el camino continuaría rumbo a Celaya. En la fotografía vemos el Puente Tresguerras, a la entrada oriente de Celaya, el cual se mandó construir con el beneficio que se obtuvo de las corridas de toros, que fueron aprobadas a realizarse en esa ciudad por el virrey Iturrigaray, convirtiéndose así, Celaya, en la única ciudad que saca provecho de la visita del Virrey a Guanajuato. "El único pueblo que sacó provecho de él fue Celaya, pues concedió licencia para que se hiciesen corridas de toros, con cuyo producto se construyó el puente del río del Laja, inmediato a dicha ciudad, y cuya falta causaba mucho perjuicio a los pasajeros. Este puente es más que regular, obra de don Francisco Tres-Guerras; pero está mal situado, y no teniendo los arcos bastante capacidad para dar tránsito al caudal muy copioso de aguas, las hace retroceder e inunda varios terrenos". (2)
.
Se dice que fue el sábado 18 de junio de 1803 cuando el virrey Iturrigaray pasó por Salamanca, la que días después sería catalogada por el Barón Alejandro de Humboldt como "ciudad pequeña pero bonita". Seguramente se oyó un fuerte repique de campanas al entrar el virrey, quizá la población, que apenas llegaba a las 13 mil almas se volcó en la Calle Real, la actual Hidalgo, para verlo pasar, quizá los padres Agustinos salieron a su encuentro, tal vez el virrey entró para deslumbrarse con el oro de los retablos del Templo de San Juan de Sahagún, tal vez el virrey asistió a un pequeño rezo en la Parroquia Antigua que entonces era el templo principal del curato de la villa de Salamanca. El virrey continuaría su recorrido y entraría, a Irapuato... es lo que se dice, pero, creo que más bien el virrey siguió por Temascatío y de allí directo a la Hacienda de Burras, en donde su anfitrión, el Marqués de Rayas lo estaba ya esperando. Quizá fue allí que pasó la noche del 18 de junio pues el día 19 hace su entrada triunfal a Guanajuato.
.
"A la una de la tarde de este día hace su solemnísima entrada ala capital de Guanajuato el Exmo. Sr. D. José de Iturrigaray, 56 virrey de la Nueva España, y se aloja en la Plaza Mayor en en la casa de Don Antonio de Pérez Gálvez. La magnificencia de su recepción fue verdaderamente extraordinaria, pues se le trató y obsequió como si hubiera sido el monarca en persona: además de las manifestaciones prevenidas en el programa del ayuntamiento, que se cumplieron en todas sus partes, los operarios de la mina de la Valenciana, vestidos con un lujo deslumbrador, fueron a recibir hasta Pardo, y quitando las mulas de su carroza lo condujeron hasta su alojamiento, tirándola con sus propias manos: allí recibió las felicitaciones de todas las autoridades y corporaciones eclesiásticas y civiles, y valiosos regalos de la ciudad, de las minas de Rayas y Valenciana, de la Diputación de Minería y otros".
.
20 de junio de 1803.-
Al día siguiente de su llegada (lunes) se ocupó en la mañana el virrey Iturrigaray en visitar la iglesia matriz y otros templos; y en la tarde recorrió a pie la ciudad, vio el resto de los templos, los cuarteles, y la obra de Granaditas: el inmediato martes estuvo por la mañana en algunas haciendas de beneficio y en diversas oficinas, y en la tarde visitó las cárceles y las presas de la Olla y de los Pozuelos: el miércoles pasó el día en Rayas, y el jueves en Valenciana, en cuyos lugares fue recibido, y obsequiado con regia pompa: en Valenciana bajó a la mina, y se colocó después una lápida conmemorativa en el punto hasta donde llegó.
.
24 de junio de 1803.-
A las tres de la tarde sale de Guanajuato para México el virrey Iturrigaray y, recibiendo en este acto una nueva y espléndida ovación de parte de la ciudad y los mineros. Los operarios de la mina de Rayas se presentaron oportunamente en el alojamiento del alto funcionario, vestidos con lujos semejante al que ostentaron los de Valenciana el día del recibimiento, pero con traje de riguroso luto, para demostrar la pesadumbre que les causaba la partida del virrey y desenganchando las mulas del carruaje los llevaron hasta Prado, continuando luego todo lo más florido de la ciudad encaminando al ilustre viajero hasta la calzada de Jalapita en Marfil.

2 de julio de 1803.-
Escribe el virrey Iturrigaray manifestando que llegó felizmente a México, de vuelta de esta ciudad y ofreciendo de nuevo sus facultades a favor del ayuntamiento. (3)

Hubo otro viaje que realizo Iturrigaray, lo hizo rumbo a Orizaba, Córdoba y Jalapa. Fue de los pocos virreyes, a excepción del primero de ellos, don Antonio de Mendoza, que se adentró en la provincia mexicana. Pero estos viajes ocasionaban problemas serios a la población pues "... por ejemplo, cuando Iturrigaray abandonó la ciudad de México en sus viajes, los comerciantes utilizaron su ausencia para subir los precios de los artículos de comercio y de consumo. Por otra parte, las interrupciones de los viajes produjeron muchas dificultades para los subdelegados, las justicias, los curas y, particularmente, para las comunidades de los indios en la ruta que recibieron la responsabilidad de pagar una gran porción de los costos del carbón, gallinas, cocineros y el mantenimento de los animales... (4)

Vemos pues, que, si bien la breve visita del virrey a Salamanca fue cosa que se anotó (y ya casi se olvidó) en la historia regional, el precio de la misma fue alto. Algo habrá sucedido en Salamanca durante este acontecimiento, quizá en el archivo parroquial se anotó algún detalle al respecto, será trabajo de los historiadores que, si tienen la oportunidad de consultar el mes de junio del año 1803, nos digan, a los mortales, que fue lo que sucedió durante esa fugaz visita. En México de lo poco que queda de recuerdo del virrey Iturrigaray es la estatua de Carlos IV que mandó colocar en el zócalo, y, según reza la placa, se conserva solamente como obra de arte y es la que vemos en la fotografía


Fuentes:
.
1.- Benitez, Fernando. El peso de la noche, Nueva España de la edad de plata a la edad de fuego. Ediciones Era. México, 1996.
.
2.- Bustamante, Carlos María. Los tres siglos de México durante el gobierno español hasta la entrada del Ejército Trigarante, obra escrita en Roma por el padre Andrés Calvo, de la Compañía de Jesús, publicada con notas y suplementos por el Lic. Carlos María de Bustamante. Imprenta de J. R. Navarro. México, 1852. (datos tomados del blog:
http://ahtm.worldpres.com/)

3.- Marmolejo, Lucio. Efemérides Guanajuatenses. Imprenta del Colegio de Artes y Oficios. Guanajuato, 1883.
.
4.- Archer, Christon I. México en 1810: el fin del principio, el principio del fin. México en tres momentos 1810-1910-2010. UNAM, México, 2007.

lunes, 5 de septiembre de 2011

" Y que se nombre e intitule para siempre jamás..."

La primera vez que leí la licencia y merced para la fundación de la villa de Salamanca hubo una frase que se me grabó instantaneamente, me pareció el más florido y elegante de los lenguajes, un español en vías de lo barroco, por lo tanto rebuscado, aterciopelado, dorado y... complicado. Poético y emblemático. Todo eso pensé cuando leí y releí la frase: "... por la presente en su Real nombre, doy y consedo lisensia y facultad para que en la dicha parte de Baltierra junto a la dicha estancia de Baraona y el dicho rio grande se pueble de españoles conforme a la traza que se diere una villa, que se llame nombre e yntitule Villa de Salamanca por aora y para siempre jamas..."

Imaginaba que el propio Rey, sentado en su trono, así como vemos a Carlos III en esta pintura que se exhibe en el Castillo de Chapultepec, dictaba el acta y el estampaba su firma, esa impositiva forma de plasmar su real presencia en su más pura y perfecta primera forma del singular: "Yo, el Rey". Cabrá mencionar que quién reinaba en España y los territorios de ultramar cuando se dio la licencia y merced para fundar la villa de Salamanca era Felipe III, Rey de España, Portugal, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duque de Milán. Era el 16 de agosto de 1602.

Luego aprendí, buscando por aquí y por allá, leyendo esto y aquello y, sobre todo, con las ventajas que tenemos actualmente en los buscadores de Internet, que esta no era ni una fórmula mágica, ni mucho menos romántica, sino simplemente era el lenguaje oficial que en la época, siglo XVII se utlizaba regularmente y que tenía su orígen en el latín, en el más clásico de los latines:

"... SIT PERPETUO, SICQUE VOCETUR, INTITULETUR, NOMINETUR SCRIBATUR ETDICATUR. ATQUE UNA CUM OMNIBUS ET SIGULIS ILLUS CIVIBUS..."

Vemos ya, en una versión traducida al español actual, al entendible, eso que acabamos de leer en latín. Se dio en Córdoba, el 26 de julio de 1490 el rey de España dictaba lo siguiente: "Por cuanto decretamos, concedemos, deseamos y establecemos por este Edicto Real, que la que hasta ahora fue la villa de Alicante en adelante deje de ser villa al convertirse en Ciudad para siempre y así se la llame, denomine e intitule, y así se la mencione, diga y nombre de palabra y por escrito." Palabras más, palabras menos, será lo mismo que se diga para la villa de Salamanca 113 años después.

Nos damos cuenta que esta "fórmula romántica", insisto en el concepto, no solo se usaba en el nombramiento de villas, pueblos y ciudades, sino también en los títulos nobiliarios. El 20 de julio de 1529, el rey de España, Carlos V, que no era V sino I (I de España y V de Alemania) otorga a Hernán Cortés el título de Marqués del Valle de Oaxaca (marquesado que abarcaba desde Coyoacán hasta Huatulco) y, entre otras cosas, dicta: "... por la presente vos hacemos merced, gracia e donación pura, perfecta yno revocable que es dicha entre vivos para agora e para siempre jamas de las villas y pueblos de Coyoacan, Atlacubaya, Matlazingo, Toluca, Calimaya, Guanavaca, Guastepeque, Acapixtla, Yautepeque, Tepoztlán, Oaxaca..."

Por su parte don Felipe II que además de ser rey de España lo era de Portugal, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, lo era también de Inglaterra e Irlanda y de los Países Bajos, era también duque de Milán y conde de Borgoña, es decir, era poderoso en serio. El dictó en Monzón el 18 de octubre de 1585 esto: "... Por la presente quiero y es mi voluntad, que agora y aquí adelante para siempre jamás, aquella población sea y se intitule La Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas..."

Vemos al virrey don Martín Enríquez de Almanza, pero es su sucesor, don García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra; ese que se enemistara con el ahora Beato Juan de Palafox y Mendoza porque le estaba dando apoyo a los Jesuitas, quién, casualidades de la vida, otorga el título de ciudad a una que lleva, precisamente su nombre: "... Por el presente en nombre de su majestad, y como su Virrey Lugarteniente, concedo licencia y facultad para que en dicho puesto y congregación el antiguo pueblo de Chochones se funde y pueble una Ciudad de Españoles, conforme a la traza que se diere en toda policía que se intitule y se llame la Ciudad de San Andrés de Salvatierra ahora y para siempre jamás..."

El que vemos en la fotografía, como podrás notar en su gesto, fue una de las tantas "joyitas" que enviaron a gobernar la Nueva España y que, en buena medida, son los portadores a estas tierras de esa semilla que fructifica abundantemente en la actualidad y que se llama corrupción, pero esa es una historia que trataremos por separado. Este individuo es Juan Francisco Jacinto de la Cerda de La Lama y de la Cueva Leyva Arteaga y Gamboa, conocido como Juan Francisco de Leiva, conde de Baños. Y que mejor personaje para ver un caso que se antoja difícil de entender pero que sucedió el 16 de marzo de 1660, cuando los españoles avecindados en Tehuacán, Puebla, pagaron, sí lo estás leyendo bien, pagaron mil pesos (una fortuna en la época) para cambiarle el nombre a la población: "...En nombre de su Majestad y en dichas reales cédulas y del capítulo noveno de la real instrucción que se inserte con pie y cabeza de ella y mandamiento de excelencia cuya ejecución y cumplimiento le está cometida por el excelentísimo Señor Duque de Albunquerque, Virrey Gobernador y Capitán General de las Provincias y Reinos de este dicho pueblo de Nuestra Señora de la Concepción de Tehuacán del título y nombre de Ciudad de Indios para que de aquí en adelante y para siempre jamás se pueda intitular e intitule la Ciudad de Nuestra Señora de la Concepción y Cueva, según y en la forma y manera que con los mismos privilegios que puede, concede de los que tiene y goza la ciudad de Tlaxcala..."

Seguimos en el siglo XVII, es ahora Felipe IV quien gobierna en España, lo hace también en los mismos sitios que Felipe II, pero ya sin Inglaterra e Irlanda; es él quien da la siguiente ordenanza el 7 de diciembre de 1668: "... Yo, el Rey, ordeno que de hoy en adelante y para siempre jamás se intitule y nombre intitulada y nombrada por escrito y de palabra, la Muy Noble y Leal Ciudad de Celaya de la Purísima Concepción..."

Yo no peco de regionalista, sin embargo hay cosas que las considero únicas. Luego de ver todo esto que hemos visto, luego de enteraron que eso de que se nombre e intitule era una fórmula establecida y que el concepto del para siempre jamás, venia a reforzar una sola idea, sigo pensando que hay un cierto romanticismo, barroquismo o como lo gustes nombrar en las licencias y mercedes reales y que tanto como únicas, no lo son... en cuanto a texto.