Encontramos en la ciudad de Pátzcuaro, un cristo muy venerado, casi tanto como Nuestra Señora de la Salud, cuya historia es bastante particular y tiene una relación, en buena medida con El Señor del Hospital de Salamanca, pues, como bien lo sabemos, el milagro, el portento que sucedió con el Cristo Negro fue aquel en el que se presentó clavado a una vara de distancia de donde lo habían dejado y la campana del primitivo templo del hospital doblaba a duelo. Solo que, en el caso del Señor de la Tercera Orden, hubo la precaución de certificar ante oidor o notario los acontecimientos presenciados por un buen número de personas.
“Piérdese en la oscuridad del pasado el origen de la milagrosa imagen de El Señor de la Tercera Orden que se venera en el templo de San Francisco de Pátzcuaro, Michoacán. Probablemente es contemporánea de a imagen de la Virgen de la Saludad mandada hacer por don Vasco de Quiroga el año de 1540; ya que las dos imágenes son de caña de maíz, materia que usaban los indios para hacer sus ídolos. La actitud que se observa en este crucifijo es verdaderamente notable ya que es la de un cuerpo muerto colgado de la cruz, muy diferente de otras imágenes del Crucificado que se ven ordinariamente rígidas. Con respecto a esa actitud no se sabe si sería la primitiva que le dio el artista o quedaría así, después de los movimientos milagrosos que se observaron en ella…” (1)
Los hechos se dieron el 21 de julio de 1656, hace poco más de 350 años, era el Alcalde Mayor de Pátzcuaro el Sr. Don Diego Bracamonte Dávila, fue el quien asentó los hechos y los hizo saber de inmediato y por escrito al Obispo de Michoacán, Fr. Marcos Ramírez del Prado y Ovando, O.F.M. quien ostentara el título de 1640 a1666. La relación dice que: “Ilustrísimo y Reverendísimo Señor, ayer veintiuno de los corrientes sucedió, Ilustrísimo Señor, un prodigio en esta ciudad como a las cinco y media de la tarde que aún al contarlo espeluzna los cabellos, oí tocar muy aprisa la campana que está junto a la capilla de la Cruz Milagrosa, pregunté la causa y dijérnome que era cierta señal de que temblaba, acudí con toda presteza para ver una cosa que deseaba mucho y llegando cerca me dieron noticia de que temblaba el Cristo (que está en la capilla de los Religiosos de San Francisco) y no la cruz; fui allá con diez u doce personas a ver esta maravilla; vimos todos y lo juraremos (si fuese necesario) temblar el brazo izquierdo algunas veces y después todo el cuerpo, clara y distintamente apartándose de la cruz como dos o tres dedos poco más o menos, con notable asombro, temor y ternura de los que nos hallábamos presentes; yo me hice predicador y les dije que nuestros pecados eran tan grandes y tan excesivos, que parece a nuestro modo de entender hacían temblar al mismo Dios.
Doy cuenta a V.S. Ilustrísima para cumplir con la obligación de mi oficio, y para que como tan Santo y Celoso Prelado cumpla V.S. con las que le tocasen en el suyo, cuya persona guarde Dios en las grandezas y puestos que merece.
Carpo de Aro y Julio Michoacán, veinte y dos de mil seiscientos cincuenta y seis años.
Besa la mano de V.S. Ilustrísima su más afecto servidor:
José Diego de Bracamontes y Dávila”. (2)
Tres días tardó en llegar la información a Valladolid, el Obispo al día siguiente giró instrucciones para que el Cura de Santa Clara del Cobre fuera a certificar que lo relacionado eran hechos reales, para ello designo dando “comisión cumplida, como de derecho se requiere y es necesaria al Bachiller Agustín Arévalo, Cura beneficiado del Partido de Santa Clara…” de aquí siguió la averiguación, misma que con ligeras variantes, era igual a lo relacionado por el Alcalde Mayor, de entre los declarantes aparece “Don Antonio Cortés de Heredia, Teniente General de esta Provincia quien mandó quitar la gente que estaba cerca del Crucifijo para cerciorarse de que nadie movía la imagen, declara en su testimonio que lo vio él y el Padre fray Pedro de Sanda de la Orden de San Agustín que estuvo también presente…” (3)
Fueron muchas más personas las que dieron testimonio escrito y jurado del portento. En la actualidad la imagen original se encuentra en el altar mayor del Templo Franciscano y el pueblo de Pátzcuaro le tiene gran reverencia. Una réplica se encuentra en el mismo templo en un altar lateral a donde todos los fieles tienen libre acceso a la misma es la que vemos en las primeras fotografías, con fondo de madera. Esta es una de las tantas imágenes de Santos Cristos que existen en el actual Estado de Michoacán y cada una de ellas guarda una historia por demás sorprendente. Para finalizar solamente hay que anotar que hubo una época en la que Pátzuaro se le denominaba como Carpo de Aro, Carpo de Aro y Julio, Carpo de Aro y Julio Michoacán, luego se le nombró Michoacán, para finalmente qudar con su nombre original, el que todos conocemos: Pátzcuaro.
Bibliografía:
1.- Señor de la Tercera Orden. Novena y Triduo. R.P. Juan M. Camacho, OFM. Lipak Impresos. Celaya, 1961.
Siendo más metódico y no tan visceral como el Presbítero Orozco, cuyas conclusiones sobre lo escrito en el relato de la llegada del Señor del Hospital a Salamanca, le quita toda credibilidad, el Doctor José de Santiago Silva nos da sus conclusiones haciendo un profundo análisis con sus doctos conocimientos en la materia de arte, teatro, religión y costumbres, las que, conjuntadas, nos ofrecen una visión real de lo vertido en el relato. (1)
El Doctor de Santiago comienza diciendo que “Estamos en presencia de un fenómeno en que se conjugan elementos de la tradición oral con alguna fuente escrita, que se ha pulido, con el propósito de crear un arquetipo de fundación con base en un hecho sobrenatural que justifique el asentamiento de los grupos allí establecidos. Este es el caso se destaca la legítima posesión del Cristo milagroso por parte de los otomíes, que ayudados por los estancieros españoles salen triunfantes frente a los mexicanos”.
Con su experiencia en teatro, el Doctor de Santiago ve en el relato el reflejo de una forma de evangelización muy al estilo colonial: “No puede soslayarse el hálito poético-literario de la narración; su estructura dramática, manifiesta en sus partes, sugiere que podría tratarse de una pieza relacionada con formas teatrales de cuño medieval como los autos sacramentales, que tuvieron un renacimiento muy florido en el teatro de evangelización. El desenlace de estas piezas casi invariablemente era la conversión por el bautismo. Los franciscanos fueron especialmente prolíficos en este género de representaciones”. (2)
Una observación muy interesante que hace el Doctor de Santiago es la relacionada al personaje llamado “El Fani”: ”… después encuentran a un personaje de atributos casi mágicos que también es víctima de la injusticia y abusos de los en comenderos, con su ayuda llegan al lugar predestinado pero sus dificultades solamente son superadas con el auxilio de los estancieros españoles; finalmente, los mexicanos son burlados y el Señor de los Agonizantes manifiesta abiertamente el cumplimiento de su deseo, su entronización que sacraliza el lugar y celebra el triunfo de sus habitantes...”
Algo por demás notorio en el relato es la cantidad de personajes de rica influencia en la Historia de México, además de la exactitud geográfica que se va señalando a lo largo del relato De Santiago así lo manifiesta: “Llama la atención el recuerdo de datos geográficos e históricos con que se acompañan los pormenores del relato, circunstancia que ha llevado a algunos a darle un valor testimonial que está lejos de poseer; pero de cualquier manera su valor es incalculable, sintomático de cierta necesidad de generar o fortalecer una devoción que fundamenta la erección de un centro religioso cuyos orígenes prodigiosos lo justifiquen, lo distingan y lo privilegien”.
La carga simbólica esta íntimamente relacionada con los personajes del relato, la observación del Doctor De Santiago lo señala de este modo: “Diríase que se trata de un arquetipo fundacional según el cual la devoción al Señor del los Agonizantes integra a la comunidad en torno a valores de identidad étnica, religiosa e histórica. También llama la atención la carga emblemática del nombre propio de algunos protagonistas: san Juan Crisóstomo fue doctor de la Iglesia griega; Lucas Evangelista, según antiquísima tradición, fue pintor y ejecutó el retrato de la virgen María; san Buenaventura, fraile franciscano, también es doctor de la Iglesia, contemporáneo a san Francisco”.
La Esancia de Barahona es el lugar donde buena parte del relato se escenifica, esto lo interpreta De Santiago como: “Por otra parte, a pesar de sus objetivos específicamente piadosos, es una de las pocas fuentes, junto con las Mercedes, que mencionan datos claves sobre el lugar que ahora ocupa Salamanca, como el relativo a la estancia ganadera de Sancho Barahona, que colindaba con el pueblecito de Xidóo al obtiene, al sur su límite era río Lerma y por el poniente se extendía tanto como para llegar a sus límites después de haber caminado del amanecer al anochecer”.
La observación que hace de la ubicación de los primitivos templos de Salamanca le da un valor histórico a muchas de las cosas que no se han fundamentado del todo: “También consigna que existían en los primeros tiempos tres capillas que corresponden a los núcleos poblacionales primigenios, la de San Juan Bautista, en Xidóo; otra donde primero colocaron la imagen del Cristo de los Agonizantes que no sabemos donde se encontraba, podría haber sido el lugar de la primitiva parroquia o también es posible que estuviera en Santa María de Nativitas, y una tercera, edificada, según afirma el relato, por orden del obispo Quiroga, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, en el Hospital, que entonces todavía atendían los padres franciscanos”.
Y profundiza aún más en torno a la parte menos conocida de la historia de Salamanca diciendo que: “Podría suponerse, por lo temprano de la fecha, que el “hospitalito” del que habla el relato corresponda a las fundaciones que por iniciativa de fray Juan de San Miguel se establecieron en la región del Bajío y después consolidó Vasco de Quiroga por todo el obispado de Michoacán, que en realidad había comenzado a organizarlos desde antes en Santa Fe, cunado se desempeñaba como miembro de la segunda Audiencia.
Se sabe que ya entonces existía, en las inmediaciones de lo que ahora es Salamanca, una parroquia doctrina (3), y de acuerdo a lo dispuesto por Vasco de Quiroga, cada una de esas fundaciones tenía hospital. En ocasiones contaba con su capilla, distinta del templo parroquial, sobre todo si –como suponemos- aquélla fue establecida con anterioridad. Tal parece ser el caso descrito en la historia del Señor del Hospital”.
Una autoridad en el tema, como lo es De Santiago Silva nos refuerza a concluir que el relato de la llegada del Señor del Hospital a Salamanca es una bellísima leyenda que nos conduce magistralmente en una etapa de la historia de México que por su riqueza y abundancia nos obliga a leer aun más, a profundizar más en el tema para poderlo digerir adecuadamente.
Bibliografía:
Todo lo escrito en cursiva ha sido tomado del estupendo libro:
1.- El templo agustino de San Juan de Sahagún en Salamanca. Apoteosis barroca. José de Santiago Silva. Ediciones La Rana. Guanajuato, 2004.
Las siguientes notas son referencias que hace el autor, De Santiago, dentro de su obra:
2.- Anderson Imbert, Enrique, Historia de la literatura hispanoamericana, vol. 1, 2ª ed. México FCE, 1970
3.- Romero, José Guadalupe, Noticias para formar la historia y la estadística del obispado de Michoacán. México, Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Imprenta de Vicente García Torres, 1862. Citado por Ana Luisa Sohn Raeber, El conjunto conventual de San Juan de Sahagún en Salamanca, Gto. Tesis de maestría. México UNAM, Facultad de Filosofía y Letras. 1991.
Fue en Pátzcuaro, Michoacán en donde por una afortunada casualidad, encontré el siguiente documento, demostración de fe hacia El Señor del Hospital. Considero que este volante que circuló en 1896 es sumamente importante, razón por la cual, transcribo completamente su texto:
Verificado en la persona de Tomás Escamilla por haber blasfemado de su divina Majestad, ó sea el milagro que obró el Señor del Hospital, inmediaciones de la Ciudad de Querétaro con María Teodora Salazar, que hiba ser victima de mano de su hijo el día 20 del mes pasado del presente año de 1896.
Es muy triste padres de familia, escuchar el crimen más espantoso que á cometido el desgraciado Tomás Escamilla pero quizá esto servirá de escarmiento á los hijos desobedientes que viven sin temor de Dios y sin respecto de sus padres. Tomás Esacamilla, hijo de don Pedro Escamilla y de Teodora Salazar, siempre fue muy consentido de su querida madre, quién nunca procuró darle buena educación, Don Pedro trataba muchas ocasiones de corregirlo pero por no entrar en cuestión con su esposa mejor lo dejó libre á su propia voluntad; pero ¡ay! Desgraciado momento padres de familia, porque el desobediente Tomás Escamilla fue cresiendo prostituido en la pervercidad, sin temor de Dios y sin respecto de sus mayores, se entregó al juego, a la embriaguez y a toda clase de vicios y placeres del mundo. Más viendo sus padres que su hijo se había corrompido, le prometieron al Señor del Hospital de la Villa de Salamanca, que si su divina Magestad les prestaba vida y saluda á su hijo en estado de enmienda hirían ambas tres personas á visitarlo a su santísimo templo, alumbrarlo con una libra de cera cada uno en acción de gracias por tan singular milagro que había obrado en ellos. Pero el desgraciado Tomás Escamilla, se fue un día para el rancho del Colorado, la pobre madre viendo que hacia cinco días que su hijo no se paraba en la casa salió á buscarlo á la calle, cuando encontró á unos amigos de él con quién este se juntaba, y les preguntó que si no habían visto, y le dijeron que no lo andubiera buscando, que se había hido para el rancho del Colorado á un negocio que tenía. Por lo que esta señora se puso en camino á ver si lo encontraba ó tenía noticia del, cuando á distancia de una legua lo encontró,y luego que lo vió le dijo: balgame Dios hijo de mi corazón, ¿adonde estabas que me tenías con bastante cuidado? sabiendo que tu padre no está en la casa te pones á salir sin avisarme, sabiendo que tenemos que salir para Salamanca, apagarle la manda al Señor del Hospital, que le hemos prometido por tu felicidad.
Pero Tomás en ves de atender á lo que su Señora madre le decía, le contestó diciendole: A usted nada le importa el andarme buscando, yo soy hombre libre para pasearme y hacer lo que se me de la gana, ni yo les he mandando á ustedes que prometan mandas á ningun Santo por mi, ni yo he de ser la persona que los hede acomodañar á visitar á ningun Santo, dejenme á mi aunque me lleve el demonio. La madre le dijo: desgraciado de ti hijo desobediente, ¿Por qué me respondes tan altivo y al tanero? sabiendo que después Dios á mi me deves el ser que tienes, sigue tu carrera malvado, que viniendo tu padre yo le pondre enconocimiento tus maldades.
El mencionado Escamilla, indignado como una serpiente ponzoñosa, agarró á la pobre anciana del pescuezo dandole fuertes golpes y bofetadas, por lo que esta señor hallandose en aquella tribulación invocaba con fervor al Señor del Hospital de Salamanca, pidiéndole quela favoreciera de morir en manos de su ingrato hijo. Cuando en esos momentos por la Providencia del Señor, se formó una culebra de agua que despedia una tempestad de rayos y centellas, y el desgraciado Tomás Escamilla, fué arrebatado en medió del huracán y hasta hoydía no se sabe el paradero que tendría. A si castiga el Señor a los hijos desobedientes que viven sin temor de Dios, y sin respecto de sus padres.
Primero amarás a Dios, después de Dios á tus padres miren este ejemplo atroz que Escamilla cometió, a la madre la golpeó indignado y muy furioso, pero Dios que es Poderoso su crimen le castigó.
Se mantiene la ortografía original del documento, mismo que me fue facilitado por el Sr. Enrique Soto González, Director de Cultura, H. Ayuntamiento de Pátzcuaro, Mich. 2008-2011, a quién agradezco enormemente sus atenciones.
Este volante fue impreso en Morelia, Michoacán en la Tipografía de Manuel Jaramillo y su valor fue de 6 centavos.
Cerro de Trincheras fue un pueblo prehispánico de primer orden y un centro regional tan importante como Paquimé (Chihuahua). Entre sus elementos arquitectónicos destacan las cerca de 900 terrazas que alberga y estructuras como la Cancha, el Caracol y el Mirador. Como resultado de las investigaciones en Cerro de Trincheras, es probable que muy pronto el sitio se abra al público. Foto cortesía del Padre Jesús Juárez.
Hay una de esas pequeñas historias, muy personales, muy íntimas, que doña María Murrieta, devota fiel del Señor del Hospital desde hace más de treinta años, ha decidido compartir en este espacio para dar a conocer la razón de su devoción hacia el Santo Cristo Negro, algo que ella conoce como El Señor de Salamanca. Doña María es originaria de una remota tierra, en el norte de nuestro país, en el estado de Sonora, Trincheras se llama, fue cerca de allí, en Pitiquito, muy cerca de Caborca, en donde ella tuvo su primer encuentro con El Señor del Hospital, o, para seguir nombrándolo como ella lo conoció, El Señor de Salamanca.
Zona Arqueológica en Trincheras, Sonora. Foto cortesía del Padre Jesús Juárez.
La vida en Sonora no es nada fácil, encalvada en el Desierto de Altar, la zona presenta dificultades, aunque tienen la bendición de estar muy cerca de una fértil zona agrícola, razón por la cual, doña María y su esposo deciden establecerse precisamente en Estación Pitiquito, lugar en donde pudieron llevar una vida más holgada, eran los años sesenta cuando la mamá de Doña María murió, nos lo cuenta así: “Pues fue precisamente que en 1963, murió mi madre.Doña Jesusita, su vecina, asistió al funeral.Fue entonces que la conocí. La vi en el novenario completo. De ese modo, un poco en la tristeza, fue como nació nuestra amistad, ella tendría unos 50 años más o menos”.Doña Jesusita era oriunda de Irapuato pero toda su vida la había vivido en Salamanca, su esposo era Jerónimo Rodríguez.
María como buena sonorense, cabal, trabajadora, honesta, sincera y siempre con fe, establecida ya en Estación Pitiquito se gana el sustento diario en una pequeña tienda que establece, lugar a donde Jesusita acude diariamente a hacer su compra, la amistad se sigue manteniendo. Jesusita y su marido Jerónimo pasaban la temporada de pizca de algodón y uva en esa parte de Sonora, pues era el oficio que sabían desempeñar y cada año, terminada la temporada volvían a Salamanca para que, luego de seis meses, volver a la labor del campo en las cercanías del desierto de Altar.
La pizca del algodón en Sonora, años setenta. Foto cortesía de Carlos de Hoyos
Dice María que: “Doña Jesusita me ayudaba mucho a cuidar a mis hijos pues yo me la pasaba muy ocupada atendiendo mi mercadito. Fue así que oía las historias que Doña Jesusita me contaba con pasión, historias todas en donde se mencionaba al milagroso Señor del Hospital, como supe luego que se llamaba, pues al principio lo conocí como El Señor de Salamanca; de este modo fui conociendo de los milagros que ha concedido y de su devoción por él. Cada año le entregaba a Jesusita un dólar para que cuando regresara a Salamanca lo llevara de ofrenda al Santo Cristo del Señor del Hospital. Fue de ese modo que me hice ferviente devota de Él”.
Gran movimiento de gente había en Sonora durante la pizca del algodón. Foto cortesía de Calos de Hoyos.
Más la vida es cruel en ocasiones, sucedió que con el tiempo, una vez de vuelta en Sonora, Jesuista y su marido, ya entrados en años, no fueron aceptados en la pizca y se encontraron allí, solos, desamparados y lo peor, si dinero suficiente para sobrevivir. Fue entonces que los designios del Señor se manifiestan, María y su marido habían prosperado atendiendo con afán la tienda y habían abierto una más, un poco más cercana a la estación. Les ofrecieron empleo y casa donde vivir, ella ayudando en las labores domésticas y él atendiendo la pequeña tienda. Nos cuenta doña María que “Todos los días salía don Jerónimo para atender la tiendita.Doña Jesusita se quedaba en casa ayudándome a atender a mis hijos y al quehacer de la casa.Mi esposo le pagaba a los dos por su trabajo, aunque Doña Jesusita no quería aceptar el dinero porque me decía que lo hacia con gusto y en agradecimiento al apoyo recibido”. Trabajando así vivieron por tres años, hasta que un día, ya con muchos años de vida encima, decidieron regresar a Salamanca.
Templo de San diego en Pitiquito, Sonora.
La comunicación entre María y Doña Jesusita siguió por medio de cartas.Un año después recibió por correo el novenario de El Señordel Hospital y si imagen, en la carta Doña Jesusita le contaba que estaban bien y que le mandaba el novenario y la imagen que ya estaban bendecidas.Fueron casi dos años de comunicación y de pronto ya no volvíasaber más de ellos.La última vez que recibió una carta en 1985. Dice María: “El novenario lo tengo desde hace más de 23 años y lo sigo aún usando.”
Y esta hermosa historia y testimonio de devoción al Señor del Hospital termina cuando María nos comenta: “De Jesusita y Jerónimo, no volví a saber más, en donde quiera que estén siempre les estaré muy agradecida. Fue por ellos que conocí al Señor de Salamanca, al que todo lo que le he pedido siempre me lo ha cumplido, por eso le tengo mucha fe. Una de las cosas que siempre le pedí al Señor del Hospital fue que cuidara a mi querida hija Ilde ya que entró en el Ejercito Norteamericano rezándole su novenario, hasta el último día que ella perteneció a esa institución luego de 4 años de servicio y aquí la tengo, llena de vida, expresándole gran gratitud al Señor del Hospital, que para mi es, y será siempre mi Santo Señor de Salamanca”.