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viernes, 3 de febrero de 2017

La “otra” leyenda del Señor del Hospital de Salamanca

   Parece increíble que haya sido en la Biblioteca de la Universidad de Princenton (Dei sub nomine viget «Bajo el nombre de Dios florece»), en su Seminario de Teología en donde haya encontrado esta otra leyenda que trata de darle sentido a la llegada de la imagen a nuestra población. Varias cosas llaman la atención, una que nuevamente se refieran a un “viejo manuscrito” en la sacristía del templo de Nativitas, otra que no mencionen ningún hecho milagroso que la haya convertido del blanco al negro y que se mencione un pueblo próximo a la ciudad de México del que nunca había oído hablar, Cárdenas, y que se le dé el nombre de Preciosa Sangre de Cristo. Este dato me remite a una interesante pintura de “devoción” que existe en el templo Expiatorio, quizá la leyenda que ahora vemos se tejió en torno a éste lienzo que fue ejecutado en 1801.

   El personaje central de la leyenda lleva por nombre Cristóbal, que nos remite a Christóforos, nombre antiguo de ese santo que forma parte de la Leyenda Dorada, una especie de catálogo de santos (hagiografía) que incluía a los más “famosos” de la Edad Media. Christóforos se traduce como “el portador de Cristo” de ahí que no nos sorprenda que quien creó la leyenda lo haya usado. Me sorprende que ubique la parte intensa del relato en la Hacienda de Marigómez. La puntillada final del escrito que estás por leer es cuando menciona que los Cristos, eran dos imágenes, fueron pintadas de negro.

   “Allá por los años 1581 vivía en el pueblo de Cárdenas, cercano a la ciudad de México un piadoso hombre llamado Juan Cristóbal, gran devoto del Santo Cristo bajo la advocación de la Preciosa Sangre de Cristo que era adorado grandemente en el lugar. Un día que el Cabildo de la Ciudad de México venía rumbo al norte del país, Juan Cristóbal desapareció del pueblo, y al día siguiente, con gran asombro del vecindario, la santa imagen del Cristo no estaba en su altar. La tradición dice que la imagen era de la propiedad de Juan, pero el hecho es que el mencionado Cristóbal sacó la imagen del templo y la trajo consigo acompañando al Cabildo hasta San Juan del Río.

  Las autoridades civiles y eclesiásticas del pueblo de Cárdenas, entre tanto, justamente alarmadas, convocaron al vecindario y determinaron que tres personas salieran en busca del santo crucifijo y que no regresaran hasta no encontrarlo, por lo tanto, s pasados tres años no volvían, los darían por muertos. El párroco dio a los comisionados la bendición, se les rezaron responsos y se tocaron dobles a la hora de su partida.

   "Tenía cuatro años de instalado Juan Cristóbal en San Juan del Río cuando supo que los vecinos de Cárdenas, venían en su persecución y entonces, tomó la imagen a cuestas y se trasladó a Santiago de Querétaro, y a los cuatro meses volvió a informársele que sus perseguidores se acercaban a esa población, y ésta vez, caminó con su Señor más lejos hasta llegar a San Miguel el Grande donde duró un año. Pero los incansables vecinos de Cárdenas le seguían la pista.

  "Sabedor Juan que ya llegaban a San Miguel, se fue a las Cañadas de Landín, jurisdicción de Salamanca, durando en este punto tres meses, pero la persecución seguía y tuvo que cambiarse a Marigómez donde ocultó a la imagen en una cueva, que todavía es conocida por el nombre de la Cueva del Señor del Hospital, lugar que dista 5 leguas de Salamanca, durando en ese escondite muchos años, hasta que por fin aquellas infatigables tres personas que lo buscaban dieron con él. Una vez que se encontraron con Juan Cristóbal, éste les dijo que la sagrada imagen no podía volver a Cárdenas, pero que fueran a aquel lugar y trajeran al maestro que la había hecho, para que hicieran una igual y la llevaran a Cárdenas para que los vecinos quedaron contentos.

  “Se fueron dos de aquellos quedando uno al lado de Cristóbal, regresaron al poco tiempo con el maestro, quien duró seis meses para hacer la copia del santo Cristo, pues trabajaba únicamente los viernes, dice el manuscrito.   Una vez terminada la pintó de negro, la pintó a mano cubriendo las dos imágenes para que se secaran y librarlas del polvo, no sabiéndose a punto fijo, cuál de las dos quedó en Marigómez.

 "Ya sin pendiente, el Señor crucificado tenía más culto y al poco tiempo hizo el milagro de volver la vista a un ciego, y haciendo muchos de éstos y muy patentes a los vecinos del Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato, éstos señores hicieron gestiones para llevarse la milagrosa imagen a aquellos lugares.

   “Una viejecita ciega e inválida, escuchó estos preparativos en Salamanca y casi a rastrándose se encaminó a Marigómez a dar la noticia a Juan Cristóbal; la anciana en el camino sanó de la parálisis y de la ceguera. Inmediatamente que supo la noticia, Juan Cristóbal trasladó a su Señor a Salamanca, ocultándolo en San Juan de la Presa, y entonces todos los vecinos de Nativitas, unidos con los del Gobierno de Indias quisieron, llevados por la fe, que se colocara la milagrosa imagen en el templo del hospital que estaba edificado en la Villa de Salamaca, donde se le rendiría culto y no permitiría que lo sacaran los de Guanajuato.

  Juan Cristóbal seguía acompañando a su idolatrada imagen y al ser colocada en el altar dijo que el santo Cristo sería venerado con el título de la Preciosa Sangre de Cristo del Hospital de Salamanca y manifestó también que su voluntad y pedimento era que al morir, su cuerpo fuera colocado a los pies del Divino Redentor. A los cuatro meses exactos, murió Juan Cristóbal, y se cumplió su voluntad. Estos datos están tomados de un manuscrito que tiene 66 años (1895), y que fue legado por sus antepasados al Sr. Presbítero D. Francisco Soto.

  “Se dice también que se venera dicho santo Cristo desde tiempos de don Vasco de Quiroga y que cuatro siglos estuvo en la capilla del Hospital que en Salamanca mandó construir este virtuoso Obispo de Michoacán, por lo cual se le conoce con el nombre de El Señor del Hospital de Salamanca.

  Es uno de los más taumaturgos en el centro del país, pues apenas si hay persona alguna a la que no se le haya hecho algún favor o maravilla. Sus festividades se celebran el martes Santo y constituye toda una romería de los pueblos vecinos y una fiesta tradicional donde se compran las charamuscas más sabrosas del centro de la República. Su templo es ahora uno de los más hermosos y el Cristo tiene un altar mayor precioso, retablo en cantera regional, y existe el proyecto de pedir su elevación a la categoría de Basílica Menor. Su torre es esbelta y de elegante arquitectura moderna, en su interior existen frescos de bello colorido y de no escaso mérito con motivos de la pasión de Cristo, la capilla de las Tres Caídas posee frescos de un extraño dibujo y raro colorido que parecen ser copiados de una vieja Biblia Sajona. (1)”

Fuente:

1.- Ojeda Sánchez, José de Jesús. Cristos de México. Dentro de la revista Cristo Rey en México. No. 11 y 12, Año VIII, Vol. VIII. León. Nov. Dic. 1961.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El Señor de Ojo Zarco en San Miguel Istla, municipio de Apaseo, Guanajuato.

 Como bien lo sabrás -eso espero, como quiera ahora te lo cuento- este blog surgió a raíz de la celebración del 450 aniversario de la llegada del Cristo Negro del Señor del Hospital a Salamanca, dentro de lo mucho que publiqué sobre el tema, un capítulo importante consistió en la recopilación de las historias de los muchos Cristos que son venerados no solo en la región del Bajío, sino, prácticamente  en todo el país. Hoy retomo el concepto y llegamos al enigmático pueblo de San Miguel Istla en el municipio de Apaseo el Grande, estado de Guanajuato para ver allí al Cristo de pasta de caña de maíz denominado El Señor de Ojo Zarco. En su historia encuentro un dato que me indica una estrecha relación con El Señor del Hospital de Salamanca el cual, bien lo sabemos, mantiene una tradición franciscana que es del mismo origen de ambas imágenes.

 "Del olvido sólo se salvó la noción de que , en sus orígenes, Istla (lugar donde abunda la obsidiana) fue lugar de paso de las tribus chichimecas, y que las sucesivas tragedias que cayeron en el lugar obedecieron a castigo divino: según oyó decir a su padre el agricultor José Olvera, de 60 años de edad, el águila legendaria que hallaron los aztecas en lo que hoy es el DF, pasó primero por Istla, pero fue ahuyentada a pedradas por los indígenas. A raíz de aquel suceso, dice Olvera, no volvió a llover en Istla en muchos años, y precisamente por eso, cuando llegaron los españoles al lugar, comenzaron a "construir capillas a fin de atraer la gracia divina y terminar con las sequías (la licenciada Rosa María Sánchez Lara, en un estudio elaborado para el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, señala que la fundación de Pueblo de Istla se debió, quizás, a la necesidad de detener la invasión de tribu chichimecas hacia el centro del país). Al cabo, lo que pareció terminar con el tiempo de seca fue, según Eutimio Sánchez Ayala, antiguo delegado político del lugar, la aparición del Señor de Ojo Zarco.

 "En una época indeterminada, en el rancho de Ojo Zarco un campesino halló, entre 2 milpas, una planta de 3 mazorcas que semejaba la imagen de Cristo. El campesino mostró el hallazgo a su patrón y éste dio la noticia a las autoridades religiosas, quienes decidieron erigir una capilla en Istla, para agradecer el milagro. La capilla (en la cual permaneció el Cristo, hecho de caña de maíz hasta 1959, año en que fue trasladada a la a la iglesia principal) es una de las más bellas del lugar: su portada ostenta un par de ángeles guardianes, labrados en cantera, que por fortuna no fueron saqueados y permanecen intactos, al igual que la cruz atrial, "historiada" en bajorrelieve al estilo del siglo XVI. Según la creencia popular, en cuanto se comenzó a adorar la imagen, el cielo prodigó sus frutos nuevamente sobre Istla y el Señor de Ojo Zarco repartió milagros a granel: curó enfermos, resolvió problemas, atrajo a gente de los alrededores, revivió Istla.

 "Al correr de los años, la fama de la imagen se extendió y comenzaron a llegar al santuario peregrinaciones procedentes de lejanos puntos del país. El 31 de diciembre, día de la veneración, 40 autobuses hacen viajes de Querétaro a Istla para trasladar a los devotos: se ofrendan flores, se encienden veladoras, se colocan puestos de antojitos y fritangas por la calle principal, se cumplen mandas y se entregan generosas limosnas. En la capilla especial, adornada con una gran pila bautismal al centro, se colocan ex votos, trozos de cabello, cartas, fotografías, certificados de escuela y aun huaraches de los agraciados. Otra de las peregrinaciones importantes se realiza el Miércoles Santo: a los peregrinos se les cobra el derecho de entrada y, a los vendedores, el espacio para sus puestos. Hasta hace unos años, los encargados de cobrar eran los representantes de las autoridades municipales, por lo que el dinero rara vez beneficia a Istla. Lo mismo ocurre con las limosnas recaudadas por el cura del Santuario: sólo él sabe a dónde van a parar". (1)

 Hasta aquí una interesante reseña que encontré en la revista Contenido de hace 22 años, en donde nos dice, de modo muy puntual, como fue que surgió la veneración al Señor de Ojo Zarco; por cierto, por si no lo sabes, zarco era la manera en el siglo XIX y siglos anteriores a denominar algo que fuera de color azul. Ahora bien, en el texto que a continuación sigue, escrito por el cronista de Apaseo el Grande, encuentro esa relación intensa en cuanto a la concepción de la idea de veneración del Cristo Negro de Salamanca, que conocemos como Señor del Hospital, ese que, como San Miguel Arcángel, expulsa al demonio de los cielos:

 "No hay razones para creer que la evangelización, especialmente de un pueblo aliado, impidiera la continuación de la práctica de erigir capillas-oratorios, ahora en honor del Dios de los Cristianos y sus diversos atributos y de ciertos santos, particularmente San Miguel Arcángel, el santo soldado quien con su espad expulsó al demonio del cielo, como los otomíes expulsaron a los chichimecas del Bajío. (...) A partir de los anteriores datos, podemos deducir que en el siglo XVIII, los otomíes de la cuenca alta del Río Laja, que habían sufrido un sistemático ataque a sus derechos obtenidos durante la conquista del Bajío y que ahora habían sido desplazados de sus posiciones políticas en pueblos cabecera como Querétaro y Apaseo, deciden  que en el último de sus pueblos cabecera se erija por cada comunidad de la región una capilla, signo de reafirmación racial y política". (2)


 "Los habitantes de Istla y comunidades circunvecinas son tradicionalmente religiosos y profesan una devoción muy señalada a la imagen de Cristo crucificado, hecha con técnica de pasta de caña, a quien llaman el Señor de Ojo Zarco. Antiguamente venerada en otra capilla, se ha quedado permanentemente en el templo parroquial de Istla, a donde acuden peregrinaciones del municipio, de otros municipios, de Estados vecinos y del Distrito Federal, la fiesta principal tiene lugar el miércoles dela Semana Santa". (3)

Al recordar la historia, matizada de leyenda, de cómo fue la llegada del Cristo Negro a Salamanca, vemos que el trayecto fue, una vez llegados a Salamanca los otomíes que la traían, continuaron rumbo a Apaseo y ahora aprendemos que, en San Miguel Istla, era el paso del Camino Real justo al medio de ambas poblaciones. Esto, aunado a la idea marcadamente franciscana en cuanto a parámetros seguidos en la evangelización de lo que hoy conocemos como El Bajío nos da una posible escala más en el trayecto, pero, sobre todo, nos dice de una ruta "del alma", en cuanto a ideas religiosas se refiere.

 Esta es la capilla en donde estuviera depositado el Señor de Ojo Zarco, es una de las cuatro capillas restauradas, del total de cuarenta que se dice existen en el lugar, aunque hay quien dice de 60 o, incluso 72 capillas que hubo en un pueblo que abarca una superficie de 40 kilómetros cuadrados. (Foto tomada de Wikipedia).

Fuentes:

1.- De Mauleón, Héctor. Las fantasmales capillas de Ixtla, Gto. Revista Contenido, número 322. México, Abril de 1990.

2 y 3.- Buenrrostro López, José G. Apaseo el Grande, la primera frontera. Colección Monografías Municipales. Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2010.

4.- Muñoz-Ledo C., Luis. Apaseo, monografía histórica. Edición Privada. Apaseo el Grande, 1995.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El Señor del Socorro, Salvatierra, Guanajuato.

Este es otro de los Cristos que tienen una antigua tradición, en su caso particular son ya 329 los años en que se le venera durante su fiesta, señalada el segundo domingo de noviembre de cada año: El Señor del Socorro. Es en el templo de San Juan Bautista en Salvatierra donde fue depositado en 1682, ya que es allí donde se levantó el pueblo de indios, al lado sur del río Lerma. Fue en 1644, casi cuarenta años antes del inicio de la veneración la Señor del Socorro que el virrey, García Sarmiento de Sotomayor, conde de Salvatierra, otorgara la licencia para la fundación de la ciudad de San Andrés de Salvatierra.

En torno al Señor del Socorro se tejió una leyenda, al parecer fue escrita por el canónigo don Agustín Francisco de Esquivel y Vargas, oriundo de Salvatierra y reconocido por su obra El fénix del amor, publicada en 1764; en ella el canónigo Esquivel y Vargas rescata la historia del Señor de la Piedad la cual tiene una ligera similitud con la del Señor del Socorro en relación a que luego de "descascarar el árbol apareció un Cristo", si bien en el Señor de la Piedad fue un tronco que nunca se consumió en el fuego, en la del Señor del Socorro era el tronco de un árbol al que al irlo "descascarando apareció la imagen del Cristo". Para ver la historia del Señor de la Piedad entra aquí.

Del Señor del Socorro se dice que cuando los indios congregados en el barrio de San Juan terminaron la construcción de su templo, tenían una imagen de Nuestra Señora de la Concepción la cual ocupaba el altar mayor, y solicitaban les fuera entregada una imagen de Cristo, aprobada la petición dispusieron la salida de cuatro indios por los cuatro rumbos de San Andrés de Salvatierra, al día siguiente regresó uno de ellos diciendo que había encontrado el árbol que presentaba la forma adecuada para allí esculpir a un Cristo, cuando fueron a cortar el árbol y comenzaron a descascararlo se dieron cuenta de que allí estaba ya formada la talla del Cristo, hechos ocurridos, dicen, hacia 1682.

En la actualidad la devoción al Señor del Socorro sigue, su festividad es el segundo domingo de noviembre conocidas como las Fiestas Patronales del Buen Temporal del Barrio de San Juan.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El Cristo de la fachada del Templo de San Agustín en Salamanca, Guanajuato.

Mucha gente que vive en Salamanca está tan habituada a ver la mole que representa el conjunto agustino de San Juan de Sahagún y más específicamente el templo que conocemos como de San Agustín que dice es plano y que no tiene nada. No todos se han dado cuenta de que al centro, en la parte más alta está un Cristo, es el que vemos en la fotografía.

Efectivamente, siendo tan lisa la fachada del templo, no prestamos la debida atención y este Cristo merece que se le ponga mucha atención para ver la perfección con que está hecho, si bien el cuerpo es bastante sencillo y plano su rostro es de una especial belleza.

Aquí enfocamos al rostro del Cristo desde el lado izquierdo.

Desde aquí lo vemos del lado derecho, en verdad que es hermoso.

(Descanse en paz la Sra. Anita Martínez de Bravo)

miércoles, 16 de marzo de 2011

El Templo del Señor de Santa Teresa en Villa González, Zacatecas

La extraordinaria construcción y su magnífico diseño le han logrado obtener, apenas hace unos meses, en agosto de 2010, el título de Patrimonio de la Humanidad dentro del programa del Camino Real de Tierra Adentro, a este que es el extraordinario templo del Cristo de Santa Teresa, conocido también como de Nuestra Señora de los Dolores.

Del más depurado estilo Neoclásico el templo se encuentra en magníficas condiciones, deslumbrando a todo aquel que llega a visitar esta apartada parte del estado de Zacatecas.

Es este un claro ejemplo de como la riqueza que hubo en las haciendas mexicanas fueron trasladas al arte, y nos damos cuenta de que, si se hubieran conservado todos y cada uno de los templos y capillas que había en las haciendas, la riqueza arquitectónica de nuestro país sería inconmensurable.

Santo Mateo Correa Magallanes, (23 de julio de 1866, † 6 de febrero de 1927) sacerdote canonizado por Juan Pablo II. Nació en Tepechitlán, Zac. (Diócesis de Zacatecas) Valparaíso, México, lugar donde hoy es muy venerado. Mártir del secreto de la confesión, fue fusilado cerca de Durango, durante la guerra cristera por negarse a revelar los secretos que conoció en el ejercicio del sacramento de la confesión, de prisioneros rebeldes condenados a muerte, al general que les combatía. Sus restos quedaron abandonados tres días en el campo, y hoy descansan en la Catedral de Durango. La iglesia de Fátima en Zacatecas, y otra que lleva su nombre en Fresnillo, se dedican a su veneración.


sábado, 12 de marzo de 2011

El Cristo de la Capilla, Saltillo, Coahuila.

La imagen más antigua de la que tenemos noticias documentales es también la más renombrada de Saltillo: El Santo Cristo de la Capilla, un Jesús crucificado de tamaño natural que tiene fama de muy milagroso. Envuelto en leyendas el Santo Cristo puede considerarse como el alma de la historia regional en muchos sentidos.

El padre Fuentes asegura que la imagen, igual que otras, fue hecha en España “allá en los tiempos de Carlos V o de sus inmediatos sucesores para mandarlas a estas recién conquistadas Indias” y que el comerciante Santos Rojo la trajo en marzo de 1608 desde Jalapa donde la había comprado y la colocó en el crucero de la parroquia donde había una capilla de Ánimas que él mismo había fabricado…


Las fotos y la nota fueron tomadas del libro: La Catedral de Saltillo y sus imágenes. Clara Bargellini. UNAM. México, 2005.

viernes, 4 de marzo de 2011

Los Cristos en pasta de caña de maíz, la perfección del arte con el arte de la perfección.

El día de hoy este espacio de El Señor del Hospital cumple dos años de haber iniciado. El motivo para el cual fue creado ha sido logrado: difundir la imagen, historia y veneración del Cristo Negro que se conserva en Salamanca. En esta nueva etapa seguiremos complementando la información ahora no solo enfocada a Salamanca y su Cristo del Señor del Hospital sino incursionaremos en un tema que seguramente a ti que lees y ves este espacio te agrada: el arte religioso y la Hagiografía. Para concluir esta etapa, tengo la suerte de encontrar y compartir contigo un capítulo del libro del maestro Estrada Jasso sobre las imágenes hechas en pasta de caña de maíz.

Templo de Santa María en Villa González, Zacatecas. Antigua Hacienda de Carro.

“… las fechas más o menos exactas de los Cristos que voy a citar a continuación, obligan en efecto a situarlo en una época realmente muy temprana. El crucifijo que aparece fechado es el del noviciado de Santo Domingo de la ciudad de México donado a fray Domingo de Betanzos en 1538; por si este dato fuera poco, citaré al de Chalma, colocado en las cuevas por Nicolás de Perea y Sebastián de Tolentino en 1530 según Sardo, o 1543 según otros. Alonso de Villaseca donó el de Ixmilquilpan-Santa Teresa por 1540. Antonio de Roa adquirió el de Totoloapan, Morelos, en 1541.

Estas fechas siguen la presencia en México de un buen escultor ya en 1538, y este no puede ser más que Matías de la Cerda, con lo que queda confirmado el dicho de Mota Padilla, que sigue a Ornelas (ambos historiadores del arte virreinal).

Cúpula del templo en la Ex Hacienda de Carro, Zacatecas. Recién nombrada (1/8/2010) como Patrimonio de la Humanidad.

Como el primer escultor que aparece claramente distinguido de los canteros es Juan de Arrué, llegado de Europa en 1549, y Matías de la Cerda tenía ya para esa fecha 11 años de radicar en estas tierras, es evidente que este es el primer escultor de nombre conocido que llegó a la Nueva España.

A su paso por la capital del virreinato dejó las esculturas mencionadas y algunas otras, como la hermosísima del Cristo de Nexquipaya, Tlaxcala. Sin embargo, el estilo renacentista, las facciones y el color moreno lo demuestran que sea de él.

Seguramente no se hallaba en Michoacán en 1538 cuando se hizo la Virgen de la Salud; pero tampoco creo que la presencia de De la Cerda en Pátzcuaro sea ajena al plan gigantesco de Don Vasco.

Santuario del Señor de Chalma en el Estado de México

Mariano Torres, otro historiador del arte, que confunde a los dos Cerdas, pone a Luis, el hijo “como viviendo en la ciudad de Pátzcuaro por los años de quinientos treinta y tantos, según parece”. Aunque la cita es problemática, es innegable que él fue el primero que enseñó el arte de la escultura a los tarascos y su aplicación a la estatuaria religiosa.

Casó con una india, tal vez tarasca, y de ella tuvo por lo menos un hijo que va a continuar su oficio: Luis de la Cerda.

Capilla del Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.

Su obra tuvo que haber sido muy abundante, aunque en la mayoría de los casos es difícil separarla de la de su hijo, pues los cronistas con frecuencia los confunden. Pero es lógico aplicarle las obras más tempranas, y en las que el sentido europeo sea más patente, tanto en los rasgos físicos como en las proporciones, elementos, que suponen un aprendizaje académico metódico, bajo buenos maestros y frente a un buen número de ejemplares, y respirando un aire de tradición cultural que no se puede suponer en el hijo en el ambiente patzcuareño.

Difícil es precisar la fecha de su muerte, don Manuel Toussaint, al hablar de los escultores renacentistas en la Nueva España nota que “dos escultores aparecen en la Nueva Galicia por los años de 1619 a 1625, uno llamado Gándara, que intervino en la restauración de la escultura de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, y otro, Matías de la Cerda, fue padre de Luis de la Cerda”.

El Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.

Si se conocen pocos datos de la vida del mejor heredero de la técnica de imágenes de caña, Luis de la Cerda, en cambio, se poseen más datos sobre su biografía espiritual. El arte de este mestizo, aprendido en el taller de su padre, en Pátzcuaro, es producto de una intensa vida de perfección cristiana. Ornelas nos lo pinta juntando “la perfección del arte con el arte de la perfección”, lo tiene por un excelente artista y modelo de cristiano “que comulgaba y confesaba a menudo, y siempre que comenzaba alguna hechura de un Santo Cristo”. De esta íntima unión con el crucificado obtenía su inspiración y las múltiples configuraciones de sus esculturas eran frutos de sus meditaciones contemplativas. Por eso podemos creer –concluye el cronista- que el Señor concurría a sus obras por su buen obrar”, y sus imágenes son tan tenidas por el pueblo como taumaturgas; pero si no se quiere creer en milagros, téngase por sabido que fueron ellas las que obraron el prodigio de la extensión y unidad de una fe entre pueblos a cual más diferentes en raza y cultura, unidad que aun existe hasta hoy, a pesar de las distancias.

Templo de Guadalupe, en Guadalupe, Zacatecas.

El autor de La Loza Americana lo juzgó un primoroso escultor (que hacía primores) que copiando en sí primero, con su ajustada vida, la imagen de Cristo crucificado, especialmente en la pureza, pues lo enterraron con las insignias de haber triunfado del más inmundo de los vicios… las sacó tan vivas, que hasta en hacer bien a los hombres, con sus milagros, salieron parecidas…”

Probablemente su único maestro fue su padre, cuyo obrador continuó en Pátzcuaro.

De la abundante producción de este modelador da cuanta el mismo Ornelas; al relatar el viaje de fray Francisco de Guadalajara a comprar el Cristo de Amacueca, dice que “llegó a Pátzcuaro, supo la gracia de Cerda, fue a visitarlo, y entre muchas hechuras que tenía, tenía la admirable de este Santo Cristo. Su fama llegó hasta Europa y “fue muy nombrado por las muchas hechuras que de su mano se han llevado a los reinos de España y en estas partes hay muchos.”

El Señor de Zoacoalco, en Zacoalco, Jalisco.

Son de él, ciertamente, los Cristos de Zacoalco, Amacueca, Magdalena, Mezquititlán (San Juan de los Lagos) y otros muchos en los que los rasgos corporales y las proporciones, sobre todo la abundancia de la sangre y el excesivo realismo de las heridas acusan ya el alma mestiza. Nace así, a la historia del arte, el Cristo mexicano, distinto del imaginado por el europeo, con el dolor reflejado en el rostro, el color moreno, la sangre manchando todo el cuerpo en abundancia tal, que solo así se podía enternecer a los indios acostumbrados a verla derramada a chorros en las guerras, y untadas a los cuerpos de los ídolos.

Cúpula en la capilla del Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.

Tales extremos en el realismo dotan a éstas imágenes de un carácter impresionante tan fuerte, que a veces impone y sobrecoge, como miedo y pavor producían terrible de los ídolos. Y llegó a tanto este impresionismo que es el mexicano el creador de una serie de representaciones en la figura escultórica de Cristo paciente, como el Señor de la Columna, desollado, el que representa a Cristo sentado como Rey de burlas; o el Cristo expuesto a la mofa del pueblo deicida, etc. Todas ellas notables contribuciones mexicanas a la escultura universal.

Ignoramos el lugar y la fecha de la muerte de Luis de la Cerda, que podemos suponer en el primer tercio del siglo XVII. El juicio de la posteridad le es en todo favorable: “la perfección de sus hechuras fue reflejo de su perfección que podemos creer que Dios Nuestro Señor concurrió a sus obras por su buen obrar.”

El Señor de Amacueca, en Amacueca, Jalisco.

Fuente:

Estrada Jasso, Andrés. Imágenes en caña de maíz: estudio, catálogo y bibliografía. UASLP. San Luis Potosí, 1996.

martes, 1 de marzo de 2011

El Señor de la Parroquia en la Catedral de Zacatecas

Hay en la Catedral de Zacatecas un Cristo que bien puede estar incluido en esta especie de catálogo que de Cristos de pasta de caña de maíz hemos venido anotando sus historias. Si bien no me fue posible encontrar más datos de la procedencia de El Señor de la Parroquia, encuentro, en cambio, una muy interesante entrevista realizada al español, maestro en historia del arte, Pablo Amador Marrero; esto en la revista del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Antes de pasar a ella, solo anoto que esto que vemos en la foto es la fachada lateral, norte, de la Catedral de Zacatecas en donde hay un altorrelieve del Señor de la Parroquia.

Esta es la parte media de la fachada lateral en donde apreciamos las columnas con tan singulares cariátides.

¿Cuál es su definición de estofado?

El estofado es la imitación textil de las decoraciones en escultura. Es el ajuar del santo. Las razones por las cuales el santo se viste de tal manera, así como todas las características técnicas y estilísticas de las policromías, de lo que adorna al santo.

El entrevistador agrega otra definición de estofado: "Técnica de la imaginería en madera policromada. Tiene sus orígenes en el arte gótico y fue adoptado por el arte barroco español y por esa vía se traspasó al arte colonial americano. Se realiza aplicando finas láminas de oro sobre partes de la imagen; luego se colocan pigmentos de color encima y después el color mismo se raspa o rasguña haciendo dibujos, de manera tal que quede descubierto el oro."

Un artístico anagrama del IHS aparece en ambas bases de las columnas, siempre en la fachada lateral norte.

Estas esculturas se visten, tienen lágrimas de cristal, etcétera. ¿Por qué? ¿Acaso se busca realismo en las esculturas?

El oro es en sí mismo un elemento pagano, desde la época más remota, la prehispánica, en el caso de México. Al catolicismo el oro siempre le ha llamado mucho la atención. La riqueza ornamental hacia el dios, hacia lo sagrado en lo general, provoca su ostentación, su riqueza.

A mediados del siglo XVI en el Concilio de Trento se entendió perfectamente cuál es el poder de la imagen y lo que ello conlleva. Ese poder de la propia imagen significa provocar su ornamentación y decoración como un trámite para la conexión con lo divino.

México todavía es un país muy religioso; se observa claramente en el plano de las costumbres y de las tradiciones populares. Es posible percatarse de la ornamentación del santo porque está unida a la mentalidad de la gente. Cada pueblo se identifica con una serie de formas decorativas: las pelucas, las lágrimas, los ojos de cristal, las uñas postizas, las heridas sangrantes, los corazones que palpitan. Es una forma teatral que posee la imagen para acercar lo divino a lo humano. El estofado es una riqueza visual y a su vez es el realismo que se le da a la pieza al vestirla.

En la nave izquierda de la Catedral se encuentra el altar donde se venera a El Señor de la Parroquia.

El poder de la imagen está directamente relacionado con el carácter devocional de los pueblos. El cristiano necesita de la imagen. De eso se vale el Concilio de Trento en el siglo XVI en un momento histórico contrarreformista. La imagen es el arma perfecta de la que se vale el conquistador -según Andrés Ricardo- para la evangelización de los pueblos americanos. Ese poder visual sigue activo en nuestros días; le resulta mucho más fácil al devoto relacionarse con un elemento de bulto que con el concepto cristiano, cualquiera que éste sea.

Dicho lo anterior, entonces el estofado es una técnica meramente religiosa

La ornamentación estofada es prácticamente de devoción cristiana. Pero también la encontramos en ciertos elementos civiles de España como marcos de pinturas del siglo XVIII y XIX y en algunas tumbas. Pero en efecto es más bien religioso.

Las soberbias torres de la Catedral de Zacatecas, obra máxima del barroco novohispano.

Para ver toda la entrevista completa, entra en el siguiente enlace:

http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/dialogos/dia_pablo06.html