1.- Ojeda Sánchez, José de Jesús. Cristos de México. Dentro de la revista Cristo Rey en México. No. 11 y 12, Año VIII, Vol. VIII. León. Nov. Dic. 1961.
viernes, 3 de febrero de 2017
La “otra” leyenda del Señor del Hospital de Salamanca
1.- Ojeda Sánchez, José de Jesús. Cristos de México. Dentro de la revista Cristo Rey en México. No. 11 y 12, Año VIII, Vol. VIII. León. Nov. Dic. 1961.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
El Señor de Ojo Zarco en San Miguel Istla, municipio de Apaseo, Guanajuato.
Fuentes:
1.- De Mauleón, Héctor. Las fantasmales capillas de Ixtla, Gto. Revista Contenido, número 322. México, Abril de 1990.
4.- Muñoz-Ledo C., Luis. Apaseo, monografía histórica. Edición Privada. Apaseo el Grande, 1995.
lunes, 14 de noviembre de 2011
El Señor del Socorro, Salvatierra, Guanajuato.
miércoles, 26 de octubre de 2011
El Cristo de la fachada del Templo de San Agustín en Salamanca, Guanajuato.
(Descanse en paz la Sra. Anita Martínez de Bravo)
miércoles, 16 de marzo de 2011
El Templo del Señor de Santa Teresa en Villa González, Zacatecas
Santo Mateo Correa Magallanes, (23 de julio de 1866, † 6 de febrero de 1927) sacerdote canonizado por Juan Pablo II. Nació en Tepechitlán, Zac. (Diócesis de Zacatecas) Valparaíso, México, lugar donde hoy es muy venerado. Mártir del secreto de la confesión, fue fusilado cerca de Durango, durante la guerra cristera por negarse a revelar los secretos que conoció en el ejercicio del sacramento de la confesión, de prisioneros rebeldes condenados a muerte, al general que les combatía. Sus restos quedaron abandonados tres días en el campo, y hoy descansan en la Catedral de Durango. La iglesia de Fátima en Zacatecas, y otra que lleva su nombre en Fresnillo, se dedican a su veneración.
sábado, 12 de marzo de 2011
El Cristo de la Capilla, Saltillo, Coahuila.

La imagen más antigua de la que tenemos noticias documentales es también la más renombrada de Saltillo: El Santo Cristo de la Capilla, un Jesús crucificado de tamaño natural que tiene fama de muy milagroso. Envuelto en leyendas el Santo Cristo puede considerarse como el alma de la historia regional en muchos sentidos.

El padre Fuentes asegura que la imagen, igual que otras, fue hecha en España “allá en los tiempos de Carlos V o de sus inmediatos sucesores para mandarlas a estas recién conquistadas Indias” y que el comerciante Santos Rojo la trajo en marzo de 1608 desde Jalapa donde la había comprado y la colocó en el crucero de la parroquia donde había una capilla de Ánimas que él mismo había fabricado…


Las fotos y la nota fueron tomadas del libro: La Catedral de Saltillo y sus imágenes. Clara Bargellini. UNAM. México, 2005.
viernes, 4 de marzo de 2011
Los Cristos en pasta de caña de maíz, la perfección del arte con el arte de la perfección.
El día de hoy este espacio de El Señor del Hospital cumple dos años de haber iniciado. El motivo para el cual fue creado ha sido logrado: difundir la imagen, historia y veneración del Cristo Negro que se conserva en Salamanca. En esta nueva etapa seguiremos complementando la información ahora no solo enfocada a Salamanca y su Cristo del Señor del Hospital sino incursionaremos en un tema que seguramente a ti que lees y ves este espacio te agrada: el arte religioso y la Hagiografía. Para concluir esta etapa, tengo la suerte de encontrar y compartir contigo un capítulo del libro del maestro Estrada Jasso sobre las imágenes hechas en pasta de caña de maíz.
Templo de Santa María en Villa González, Zacatecas. Antigua Hacienda de Carro.
“… las fechas más o menos exactas de los Cristos que voy a citar a continuación, obligan en efecto a situarlo en una época realmente muy temprana. El crucifijo que aparece fechado es el del noviciado de Santo Domingo de la ciudad de México donado a fray Domingo de Betanzos en 1538; por si este dato fuera poco, citaré al de Chalma, colocado en las cuevas por Nicolás de Perea y Sebastián de Tolentino en 1530 según Sardo, o 1543 según otros. Alonso de Villaseca donó el de Ixmilquilpan-Santa Teresa por 1540. Antonio de Roa adquirió el de Totoloapan, Morelos, en 1541.
Estas fechas siguen la presencia en México de un buen escultor ya en 1538, y este no puede ser más que Matías de la Cerda, con lo que queda confirmado el dicho de Mota Padilla, que sigue a Ornelas (ambos historiadores del arte virreinal).
Cúpula del templo en la Ex Hacienda de Carro, Zacatecas. Recién nombrada (1/8/2010) como Patrimonio de la Humanidad.
Como el primer escultor que aparece claramente distinguido de los canteros es Juan de Arrué, llegado de Europa en 1549, y Matías de la Cerda tenía ya para esa fecha 11 años de radicar en estas tierras, es evidente que este es el primer escultor de nombre conocido que llegó a la Nueva España.
A su paso por la capital del virreinato dejó las esculturas mencionadas y algunas otras, como la hermosísima del Cristo de Nexquipaya, Tlaxcala. Sin embargo, el estilo renacentista, las facciones y el color moreno lo demuestran que sea de él.
Seguramente no se hallaba en Michoacán en 1538 cuando se hizo la Virgen de la Salud; pero tampoco creo que la presencia de De la Cerda en Pátzcuaro sea ajena al plan gigantesco de Don Vasco.

Santuario del Señor de Chalma en el Estado de México
Mariano Torres, otro historiador del arte, que confunde a los dos Cerdas, pone a Luis, el hijo “como viviendo en la ciudad de Pátzcuaro por los años de quinientos treinta y tantos, según parece”. Aunque la cita es problemática, es innegable que él fue el primero que enseñó el arte de la escultura a los tarascos y su aplicación a la estatuaria religiosa.
Casó con una india, tal vez tarasca, y de ella tuvo por lo menos un hijo que va a continuar su oficio: Luis de la Cerda.
Capilla del Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.
Su obra tuvo que haber sido muy abundante, aunque en la mayoría de los casos es difícil separarla de la de su hijo, pues los cronistas con frecuencia los confunden. Pero es lógico aplicarle las obras más tempranas, y en las que el sentido europeo sea más patente, tanto en los rasgos físicos como en las proporciones, elementos, que suponen un aprendizaje académico metódico, bajo buenos maestros y frente a un buen número de ejemplares, y respirando un aire de tradición cultural que no se puede suponer en el hijo en el ambiente patzcuareño.
Difícil es precisar la fecha de su muerte, don Manuel Toussaint, al hablar de los escultores renacentistas en la Nueva España nota que “dos escultores aparecen en la Nueva Galicia por los años de
El Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.
Si se conocen pocos datos de la vida del mejor heredero de la técnica de imágenes de caña, Luis de la Cerda, en cambio, se poseen más datos sobre su biografía espiritual. El arte de este mestizo, aprendido en el taller de su padre, en Pátzcuaro, es producto de una intensa vida de perfección cristiana. Ornelas nos lo pinta juntando “la perfección del arte con el arte de la perfección”, lo tiene por un excelente artista y modelo de cristiano “que comulgaba y confesaba a menudo, y siempre que comenzaba alguna hechura de un Santo Cristo”. De esta íntima unión con el crucificado obtenía su inspiración y las múltiples configuraciones de sus esculturas eran frutos de sus meditaciones contemplativas. Por eso podemos creer –concluye el cronista- que el Señor concurría a sus obras por su buen obrar”, y sus imágenes son tan tenidas por el pueblo como taumaturgas; pero si no se quiere creer en milagros, téngase por sabido que fueron ellas las que obraron el prodigio de la extensión y unidad de una fe entre pueblos a cual más diferentes en raza y cultura, unidad que aun existe hasta hoy, a pesar de las distancias.
Templo de Guadalupe, en Guadalupe, Zacatecas.
El autor de La Loza Americana lo juzgó un primoroso escultor (que hacía primores) que copiando en sí primero, con su ajustada vida, la imagen de Cristo crucificado, especialmente en la pureza, pues lo enterraron con las insignias de haber triunfado del más inmundo de los vicios… las sacó tan vivas, que hasta en hacer bien a los hombres, con sus milagros, salieron parecidas…”
Probablemente su único maestro fue su padre, cuyo obrador continuó en Pátzcuaro.
De la abundante producción de este modelador da cuanta el mismo Ornelas; al relatar el viaje de fray Francisco de Guadalajara a comprar el Cristo de Amacueca, dice que “llegó a Pátzcuaro, supo la gracia de Cerda, fue a visitarlo, y entre muchas hechuras que tenía, tenía la admirable de este Santo Cristo. Su fama llegó hasta Europa y “fue muy nombrado por las muchas hechuras que de su mano se han llevado a los reinos de España y en estas partes hay muchos.”

El Señor de Zoacoalco, en Zacoalco, Jalisco.
Son de él, ciertamente, los Cristos de Zacoalco, Amacueca, Magdalena, Mezquititlán (San Juan de los Lagos) y otros muchos en los que los rasgos corporales y las proporciones, sobre todo la abundancia de la sangre y el excesivo realismo de las heridas acusan ya el alma mestiza. Nace así, a la historia del arte, el Cristo mexicano, distinto del imaginado por el europeo, con el dolor reflejado en el rostro, el color moreno, la sangre manchando todo el cuerpo en abundancia tal, que solo así se podía enternecer a los indios acostumbrados a verla derramada a chorros en las guerras, y untadas a los cuerpos de los ídolos.
Cúpula en la capilla del Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.
Tales extremos en el realismo dotan a éstas imágenes de un carácter impresionante tan fuerte, que a veces impone y sobrecoge, como miedo y pavor producían terrible de los ídolos. Y llegó a tanto este impresionismo que es el mexicano el creador de una serie de representaciones en la figura escultórica de Cristo paciente, como el Señor de la Columna, desollado, el que representa a Cristo sentado como Rey de burlas; o el Cristo expuesto a la mofa del pueblo deicida, etc. Todas ellas notables contribuciones mexicanas a la escultura universal.
Ignoramos el lugar y la fecha de la muerte de Luis de la Cerda, que podemos suponer en el primer tercio del siglo XVII. El juicio de la posteridad le es en todo favorable: “la perfección de sus hechuras fue reflejo de su perfección que podemos creer que Dios Nuestro Señor concurrió a sus obras por su buen obrar.”

El Señor de Amacueca, en Amacueca, Jalisco.
Fuente:
Estrada Jasso, Andrés. Imágenes en caña de maíz: estudio, catálogo y bibliografía. UASLP. San Luis Potosí, 1996.
martes, 1 de marzo de 2011
El Señor de la Parroquia en la Catedral de Zacatecas
Hay en la Catedral de Zacatecas un Cristo que bien puede estar incluido en esta especie de catálogo que de Cristos de pasta de caña de maíz hemos venido anotando sus historias. Si bien no me fue posible encontrar más datos de la procedencia de El Señor de la Parroquia, encuentro, en cambio, una muy interesante entrevista realizada al español, maestro en historia del arte, Pablo Amador Marrero; esto en la revista del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Antes de pasar a ella, solo anoto que esto que vemos en la foto es la fachada lateral, norte, de la Catedral de Zacatecas en donde hay un altorrelieve del Señor de la Parroquia.
Esta es la parte media de la fachada lateral en donde apreciamos las columnas con tan singulares cariátides.
¿Cuál es su definición de estofado?
El estofado es la imitación textil de las decoraciones en escultura. Es el ajuar del santo. Las razones por las cuales el santo se viste de tal manera, así como todas las características técnicas y estilísticas de las policromías, de lo que adorna al santo.
El entrevistador agrega otra definición de estofado: "Técnica de la imaginería en madera policromada. Tiene sus orígenes en el arte gótico y fue adoptado por el arte barroco español y por esa vía se traspasó al arte colonial americano. Se realiza aplicando finas láminas de oro sobre partes de la imagen; luego se colocan pigmentos de color encima y después el color mismo se raspa o rasguña haciendo dibujos, de manera tal que quede descubierto el oro."
Un artístico anagrama del IHS aparece en ambas bases de las columnas, siempre en la fachada lateral norte.
Estas esculturas se visten, tienen lágrimas de cristal, etcétera. ¿Por qué? ¿Acaso se busca realismo en las esculturas?
El oro es en sí mismo un elemento pagano, desde la época más remota, la prehispánica, en el caso de México. Al catolicismo el oro siempre le ha llamado mucho la atención. La riqueza ornamental hacia el dios, hacia lo sagrado en lo general, provoca su ostentación, su riqueza.
A mediados del siglo XVI en el Concilio de Trento se entendió perfectamente cuál es el poder de la imagen y lo que ello conlleva. Ese poder de la propia imagen significa provocar su ornamentación y decoración como un trámite para la conexión con lo divino.
México todavía es un país muy religioso; se observa claramente en el plano de las costumbres y de las tradiciones populares. Es posible percatarse de la ornamentación del santo porque está unida a la mentalidad de la gente. Cada pueblo se identifica con una serie de formas decorativas: las pelucas, las lágrimas, los ojos de cristal, las uñas postizas, las heridas sangrantes, los corazones que palpitan. Es una forma teatral que posee la imagen para acercar lo divino a lo humano. El estofado es una riqueza visual y a su vez es el realismo que se le da a la pieza al vestirla.
En la nave izquierda de la Catedral se encuentra el altar donde se venera a El Señor de la Parroquia.
El poder de la imagen está directamente relacionado con el carácter devocional de los pueblos. El cristiano necesita de la imagen. De eso se vale el Concilio de Trento en el siglo XVI en un momento histórico contrarreformista. La imagen es el arma perfecta de la que se vale el conquistador -según Andrés Ricardo- para la evangelización de los pueblos americanos. Ese poder visual sigue activo en nuestros días; le resulta mucho más fácil al devoto relacionarse con un elemento de bulto que con el concepto cristiano, cualquiera que éste sea.
Dicho lo anterior, entonces el estofado es una técnica meramente religiosa
La ornamentación estofada es prácticamente de devoción cristiana. Pero también la encontramos en ciertos elementos civiles de España como marcos de pinturas del siglo XVIII y XIX y en algunas tumbas. Pero en efecto es más bien religioso.
Las soberbias torres de la Catedral de Zacatecas, obra máxima del barroco novohispano.
Para ver toda la entrevista completa, entra en el siguiente enlace:
http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/dialogos/dia_pablo06.html