lunes, 8 de marzo de 2010

El Vía Crucis del 5 de marzo de 2010 en Salamanca, Guanajuato

El pasado viernes se dio inicio a los festejos previos a la declaratoria oficial de Santuario Diocesano, categoría a la que será elevada la Parroquia del Señor del Hospital el próximo Martes Santo día en que la tradición marca como la fecha de devoción al Cristo Negro del Señor del Hospital de Salamanca.


En un artículo publicado en este espacio, vimos como dentro del recinto de la Parroquia existe ese Vía Crucis magistralmente pintados en sus 15 estaciones por las manos del célebre pintor zacatecano Candelario Rivas y su hijo José. Seguramente fue el primero quién dio la idea seguir ya que José Rivas fue el encargado de ejecutar esa obra.


Y es ahora que iniciamos el mes de marzo, que nos aproximamos al gran día de la elevación que se decidió hacer un Vía Crucis por las calles de la ciudad, para ello se determinó colocar a lo largo de ese recorrido las Cruces conmemorativas de tan importante evento.


Para entender mejor el alto significado del Vía Crucis recurrimos al sitio de Internet www.conoze.com encargado de difundir los Documentos de Congregación para el Culto Divino y la Disciplina, encontrando que “entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. A través de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el "huerto llamado Getsemani" (Mc 14,32) el Señor fue "presa de la angustia" (Lc 22,44), hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores (cfr. Lc 23,33), al jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca (cfr. Jn 19,40-42)”.


“El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las "caídas de Cristo" bajo el peso de la Cruz; la devoción a los "caminos dolorosos de Cristo", que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las "estaciones de Cristo", esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario, o porque le obligan sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a su Pasión”.


“En el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen también diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana: la comprensión de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias de la sequela Christi, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (cfr. Lc 9,23)”.


“Por todo esto el Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma”.


La forma tradicional, con sus catorce estaciones, se debe considerar como la forma típica de este ejercicio de piedad; sin embargo, en algunas ocasiones, no se debe excluir la sustitución de una u otra "estación" por otras que reflejen episodios evangélicos del camino doloroso de Cristo, y que no se consideran en la forma tradicional;


En todo caso, existen formas alternativas del Vía Crucis aprobadas por la Sede Apostólica o usadas públicamente por el Romano Pontífice: estas se deben considerar formas auténticas del mismo, que se pueden emplear según sea oportuno;


El Vía Crucis es un ejercicio de piedad que se refiere a la Pasión de Cristo; sin embargo es oportuno que concluya de manera que los fieles se abran a la expectativa, llena de fe y de esperanza, de la Resurrección; tomando como modelo la estación de la Anastasis al final del Vía Crucis de Jerusalén, se puede concluir el ejercicio de piedad con la memoria de la Resurrección del Señor.


“La selección del texto, teniendo presente las eventuales indicaciones del Obispo, se deberá hacer considerando sobre todo las características de los que participan en el ejercicio de piedad y el principio pastoral de combinar sabiamente la continuidad y la innovación. En todo caso, serán preferibles los textos en los que resuenen, correctamente aplicadas, las palabras de la Biblia, y que estén escritos con un estilo digno y sencillo”.


“Un desarrollo inteligente del Vía Crucis, en el que se alternan de manera equilibrada: palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa, contribuye a que se obtengan los frutos espirituales de este ejercicio de piedad”.








Si te interesa conocer todo el documento, entra en este enlace:


http://www.conoze.com/doc.php?doc=2960#c408



Llegada de la imagen del Señor de Esquipulitas a Moroleón, Guanajuato.

Esta es una historia, que a diferencia de la mayoría de las que hemos ido conociendo en este espacio, la del señor del Veneno, El Señor de Chalma, el Señor de la Tercera Orden, el peruano Señor de Taytacha, el Señor de Araró, todos ellos son manufacturados para su culto al inicio del periodo colonial, que abarca la segunda mitad del siglo XVI y la primera del siglo XVII. El que veremos el día de hoy, pertenece ya al último periodo de la colonia, pues llega a Moroleón en el año de 1805.


La historia que escribe don Jesús López López inicia así: “El siglo XIX principió venturosamente para los habitantes de la Congregación, puesto que en el año de 1805 tuvo realización un hecho singular y extraño, así como trascendental cual fue el advenimiento de la preciosa imagen del Señor de Esquipulas, cuya narración tradicional vamos a transcribir al lector tal y como la recibimos y conservamos de nuestros mayores”. (1)


Para ubicarnos mejor, es necesario referirnos al Señor de Esquipulas, imagen de Cristo que se ubica en el pueblo del mismo nombre en Guatemala, muy cercano a la frontera con Honduras y es desde su colación en 1595 el más venerado de toda la región Centroamericana. Este Cristo de Esquipulas guarda también su leyenda, ya que fue esculpido en madera de la riquísima región, donde se encuentran las mejores caobas, pero los indígenas querían que fuera de su mismo color, al paso del tiempo con la continua adoración y centenares de velas encendidas, la imagen adquirió un color más oscuro satisfaciendo así la petición original. Así pues, siglos más adelante, a finales de 1804 encontramos a un misterioso español, del cual no se sabe mucho, solo su nombre, Alonso de Velasco, que viviendo en algún sitio de Guatemala, sabía de la existencia de un templo muy venerado en las riquísimas minas de Guanajuato y fue su deseo mandar hacer un réplica de la Santa imagen del Señor de Esquipulas, de dimensiones cortas, fácil de transportar, cosa que sucedió y por casualidades de la vida, se encuentra, tiempo más tarde en la región chiapaneca del Soconusco, ubicada en la actual frontera de México con Guatemala con José María Aguilar, conocido en la región de la Congregación, es decir, el actual Uriangato y Moroleón.


El profesor López López continua el relato diciendo que “Una calurosa mañana del mes de Mayo de 1805 llegaron al poblado de la Congregación dos caminantes o viajeros, uno de ellos de color blanco y de color trigueño el otro, pero ambos requemados por los ardientes rayos del solo y por el polvo del camino. Era uno de estos individuos un comerciante muy conocido en el pueblo con el sobrenombre de “El hermano Chema”, cuyo nombre completo fue José María Aguilar, mientras que su compañero de viaje era un sujeto extraño y desconocido para la gente del poblado. El hombre blanco entró montado en un potente macho, entre tanto José María caminaba a pie cargando en su espalda una pequeña caja de madera, a la vez que arriaba dos o tres mulas cargadas con tercios de mercancía”. (2)


La razón por la cual la ruta tomada por Alonso de Velasco desde Guatemala a Guanajuato la hizo a través de Valladolid, así como la razón por la cual “Chema” se encontraba en el Soconusco es un misterio, el caso es que llegando a la antigua Valladolid el español estaba, a pesar de sus 35 años, mal de salud, quizá era la dieta rigurosa y esas mortificaciones al cuerpo que los creyentes de esa época practicaban, le deterioró su fortaleza. Acordaron seguir hasta la Congregación, lugar en donde Chema era conocido y hacer una escala para que se recuperara. Fue hospedado en la casa de don Agustín Guzmán, buen amigo de Chema. “Accedió don Agustín de buena gana y con mucho comedimiento salió a recibirlo diciéndole que “era muy bien llegado a su pobre casa. Don Agustín instaló al extranjero lo mejor que pudo, destinándole cuarto y cama, donde trasladó sus escasos menesteres y la caja donde guardaba la escultura”. (3)


Pocos días pasaron y el español sintiendo su próxima muerte hizo un testamento en el cual dejaba todas sus pertenencias a don Agustín, y la caja donde guardaba la imagen la donó al templo del lugar para que la hicieran su Santo Patrono. Falleció auxiliado por los congregatenses y el misterio de este hombre, su origen, su familia, sus razones, se fueron junto con el a la tumba y nunca se supo la razón por la cual se dirigía rumbo al Real de Santa Fe de Guanajuato. De los hechos fue notificado el personaje que desarrollaría, tiempo más tarde, a la comunidad de Moroleón, Fray Francisco Quintana, padre Agustino que se encontraba en Yuriria y de allá llegó para dar fe de los hechos.


Llegado el padre Quintana al actual Moroleón sucede que: “vivamente impresionado el R. padre Quintana ante tan fastuoso acontecimiento declaró a las personas allí reunidas que el advenimiento de aquella augusta imagen de Jesucristo crucificado era patentemente providencial y milagroso, puesto que claramente se veía en tan grato suceso la mano providente de Dios, para que aquella adorable efigie del Redentor quedara en el seno del pueblo de la Congregación, para que se le acogiera amorosamente y se le aclamara con entusiasmo filial “Patrono Principal” del pueblo y para que obedeciendo la última voluntad de su autor y dueño, se le erigiera su iglesia, desde cuyo tronco colmaría de bendiciones y de bienes al pueblo que Dios ponía bajo su amparo y protección”. (4)


Todas las fotos corresponden al interior de la Parroquia de Moroleón, Guanajuato, la que vemos aquí es el nuevo monumento levantado al Padre Quintana y la anterior es el antiguo monumento a él levantado también.


Bibliografía:


1.- M.R.P. Fr. Francisco Quintana, datos biográficos. Farmacéutico y Profesor J. Jesús López López. Symbol. Moroleón, Gto. 2010.


2.- Ibid.


3.- Moroleón, tiempo y espacio. Alfonso Ortiz Ortiz. Symbol. Moroleón, Gto. 2008.


4.- M.R.P. Fr. Francisco Quintana…



domingo, 7 de marzo de 2010

El Señor de Araró

Una historia en verdad interesante es la que nos hace entender la razón por la cual en Araró, Michoacán, existe un Cristo tan celebrado, tanto así que adquirió el nombre del pueblo mismo y ahora lo conocemos como El Señor de Araró. Adentrarnos en su historia implica entender una de las civilizaciones que, contemporáneo a los Aztecas, vivían en su propio territorio, sus propias costumbres y tradiciones, por lo tanto, su propia religión, dentro de lo que es nuestro México y específicamente en lo que actualmente es el Estado de Michoacán y parte de Guanajuato.


Para entender al Señor de Araró debemos primero saber de la existencia de una de las principales deidades dentro del panteón tarasco, la diosa Cuerauaperi, Madre de los dioses terrestres. Era la que hacía llover, se consideraba la diosa de la fecundidad.


“Se creía que Cuerauaperi mandaba las nubes (y en consecuencia la lluvia) desde el oriente, específicamente desde Araró donde se formaban por el vapor que salía de las fuentes termales que hay allí. En tanto que Cuerauaperi enviaba la lluvia y con ella las mies y semillas, también era capaz de provocar sequías y por lo tanto era la causante de las hambrunas”. (1).


Sabemos que en la zona hay manantiales de aguas sulfurosas, de allí la fama de los tantos balnearios que existen, cosa nada nueva, pues su existencia se pierde en la noche de los tiempos. Era costumbre en Araró, cuyo nombre en lengua purépecha, significa “lugar en donde se agujeran los tarascos las orejas y las narices”; ir, precisamente a eso, a horadarse las orejas con el fin de sacarse sangre que ofrendaban a la diosa Cuerauaperi, sangre que al mezclarse con el agua hirviente producía vapor y de allí todo la tradición que los primeros evangelistas vieron y no lograron entender.


El Señor de Araró tiene su celebración principal el segundo viernes de cuaresma, son miles de personas las que llegan atraídas por la Santa Imagen, para entender la razón de su existencia, recurrimos al texto que se vende como la historia oficial del lugar: “En el orden religioso el pueblo de Araró tiene un tesoro riquísimo que guarda con suma veneración. Este tesoro es la sagrad imagen del Soberano Señor de Araró. Es un precioso Cristo Crucificado.


Quién contempla esta imagen siente en el espíritu un hondo placer estético y una tierna devoción, nacida de los más profundos hontanares del alma”. (2)


Para entender como fue que llegó la imagen a esa comunidad nos referiremos a lo que el Cura López Lara escribe: “En la capilla de los Mezquititos empezó el culto a la imagen del Señor de Araró. La hipótesis que vamos a exponer tiene, según creemos, bastante fundamente, dado el modo de proceder de los misioneros en algunos casos y lugares.


Históricamente consta que la diosa Cuerapaveri tenía templo en Araró. Dice la Relación de Michoacán que “Tenía sus cúes en el pueblo de Araró y otros pueblos, y su ídolo principal en un cú, que está en el pueblo de Zinapécuaro, encima de un cerro, donde aparece hoy derribado”


Había, pues, templo de la diosa en Araró. Había allí sacerdotes dedicados a su culto. Tan es así que la misma Relación de Michoacán nombra a uno de ellos que residía en Araró en el tiempo del rey tarasco Zuangua. Este sacerdote se llamaba Barrica.


El templo de Zinapécuaro fue derribado. En esta forma los misioneros trataban de acabar con el culto de los ídolos. En Araró, probablemente a pesar de la prohibición que hicieron los religiosos para el culto de la diosa, no se hizo caso, y entonces, en una noche, sin que se dieran cuenta los indios idólatras, los franciscanos destruyeron la imagen de la diosa y en su lugar pusieron alguna imagen cristiana, la cual, poco tiempo después, fue sustituida por la actual, traída de Pátzcuaro. Y quedó así un santuario de sustitución: la imagen de Cuaraváperi fue sustituida por una imagen cristiana” (3). Lo que notamos aquí es exactamente lo mismo que sucedió en Chalma, al sustituir la representación de la deidad Azteca, Tezcatlipoca, por el Santo Cristo, conocido como Señor de Chalma. (4)


Bibliografía:


1.- Relación de Michoacán. Este libro lo puedes consultar directamente en Internet en la siguiente dirección:

http://etzakutarakua.colmich.edu.mx/proyectos/relaciondemichoacan/default.asp


2.- Breve historia de la imagen y su santuario. Cura Ramón López Lara. Sin editorial ni fecha. Aparentemente 1996.


3.- Ibid.


4.- La conquista espiritual de México: ensayo sobre el apostolado y los Métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523-1524 a 1572. Robert Ricard. FCE. México 1986. (Citado por López Lara).


Las fotografías fueron tomadas en el Templo del Señor de Araró en su reciente celebración que fue el segundo viernes de cuaresma. 26 de febrero de 2010.