lunes, 19 de mayo de 2014

El paso del coronel Albert S. Evans por Salamanca, noviembre 8 de 1869.

     Muchos fueron los viajeros que, por motivos diversos, llegaron a México cuando aun se llamaba Nueva España. Por muchos quiero decir no más de una docena, pues la Corona española no veía con buenos ojos que vinieran a cerciorarse de las riquezas de México, a todos los catalogaban como espías. Durante el siglo XVIII dejan testimonio de su paso por la villa el franciscano Francisco Ajofrín, así como Francisco Mourelle. En el siglo XIX, son más los viajeros. Quizá el más célebre y conocido en Salamanca es, en primerísimo lugar, el barón de Humboldt, el cual más bien cruzó rápido por la villa, incluso, dudo que lo haya hecho, más bien tomó la "vía corta" a Guanajuato pues da mediciones de Temascatío y gracias a él, toda la producción cartográfica de la primera mitad del siglo XIX que hubo sobre México, siempre aparecen mencionados tanto Salamanca como Temascatío.

    El inglés Henry G. Ward dejaría constancia de su paso por Salamanca en el viaje que hizo para cerciorarse de las condiciones del país una vez consumada la Independencia, en 1827. Duplessis, uno de los viajeros desconocidos, cuenta que, cuando pasó por Salamanca observó cabezas colgadas de varios insurgentes, lo curioso es que no fue poco después de la guerra, sino cuatro décadas después... ¡y las cabezas seguían colgadas!

    Agregamos un viajero más, que llegó más que de espía, en una especie de embajada de buena amistad por parte de los Estados Unidos para comprobar "de ojos" lo que sucedía en México luego de la caída del Imperio de Maximiliano, sus fines no eran ni militares, aunque él era Coronel, sino meramente de observación, sale de San Francisco y llega a Manzanillo, en donde desembarca, sigue para Guadalajara y de allí a Guanajuato. Continuará a Querétaro y la ciudad de México, continua por Puebla, Orizaba y en Veracruz se embarca de regreso a los Estados Unidos. El viaje lo realiza de octubre de 1869 a enero de 1870, su paso por Salamanca ocurre el 8 de noviembre, consultando el calendario perpetuo veo que era un lunes. Venía como parte de la comitiva del entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos, William H. Seward. personaje que había estado en contra de la invasión francesa.

    El libro se titula, al modo de la época, con largo nombre: Nuestra República Hermana: Viaje de gala a través del México Tropical en 1869-70. Aventuras y visitas en la tierra de los aztecas, con descripción pintoresca del país y la gente, y reminiscencias del Imperio y su caída. Está escrito, evidentemente, en inglés. Al salir de Guanajuato y dirigirse a la ciudad de México, con escalas en Celaya y Querétaro, pasan por Salamanca. En realidad no es mucho lo que dicen pues el relato es muy general:

   "Teníamos la opción de la "Empresa General de Diligencias" en cada estación y, como el camino estaba en excelentes condiciones el viaje se desarrolló en una gloriosa paz. Esta es la mejor parte de México que hemos visto hasta el momento. Los campos son amplios, planos, de gran fertilidad y en general muy bien sembrados. Vimos muchos campos de maíz, comparándolos con los de Illinois ,estos son mejores. Las granjas y ranchos son inmensos, solamente separados por mojoneras de mampostería que marcan los límites de la propiedad, y cada hacienda es una verdadera fortaleza, rodeada por un caserío en donde viven los peones.

    A Evans, como a tantos otros extranjeros, le llamó la atención el uso de los órganos, esos cactus delgados y largos, usados como bardas marcando cada propiedad. Este detalle lo veremos también reflejado en los fotógrafos que vinieron en esas tres últimas décadas del siglo XIX.

    "A las 12 del mediodía estábamos en la antigua ciudad de Salamanca, la capital carcelaria de Guanajuato, habíamos pasado ya por el pueblo de Irapuato que tiene unos cinco mil habitantes y dos iglesias muy antiguas con elaboradas fachadas ya muy dañadas por el paso del tiempo. La Cárcel Estatal  en Salamanca se localiza en lo que era un convento, en el cual ladrones y bandidos cumplen su pena en el mismo lugar en donde las monjas llevaban sus monótonas vidas en pía ociosidad. Los convictos, quinientos en número, están comprometidos en varias labores...

  Luego de hablar sobre la secularización de conventos y demás propiedades de la Iglesia, el autor termina diciendo: "No había nada más que ver en Salamanca, nos encaminamos rumbo a Celaya a través de un valle amplio de al menos veinte millas, casi sin dejar de ver plantíos de maíz. En uno de esos sembradíos contamos treinta y cuatro arados movidos por bueyes, todos trabajando; al igual que en otro casi con el mismo número, vimos muchas huertas de naranjas en rededor de caseríos y en una hacienda un extenso olivar. Los terrenos están compuestos de tierras negras, de las mejores y más productivas..."

   Es todo lo que el coronel Evans escribe sobre Salamanca, ningún dato es relevante, como quiera, me parece interesante que, en un libro más se hable de lo que había en la zona. Y anotamos un nombre a la ya abundante lista de personajes que escribieron algo sobre Salamanca.

  Para quienes esto leen y están interesados en la historia de Celaya, les recomiendo buscar este libro, es fácil de ubicarlo en las digitalizaciones de Google, pues dedica al menos 5 páginas a reseñar lo que allí experimentó.

miércoles, 7 de mayo de 2014

La población en Salamanca en 1950. Congregaciones, Ranchos y Haciendas.

    No sé si tu te has hecho la misma pregunta al ver las estadísticas históricas de población de Salamanca, o de cualquier municipio del país, en donde aparece una serie de clasificaciones en su calidad política de cada comunidad que la conforma. En México hubo un gran censo, el primero levantado en el siglo XIX que se publicó en 1887 el doctor Alfonso Peñafiel, encargado de la sección estadística del Ministerio de Fomento. Los números que arrojó para Salamanca fueron que se conformaban de 1 Villa, 2 Pueblos, 24 Haciendas y 90 Ranchos. El siguiente Censo se hace en 1895 año en que, conicidentemente, Salamanca es elevada de Villa a Ciudad, es decir, su categoría política cambia. En 1900 se institucionalizan los Censos, los cuales se efectuarán cada diez años, con la salvedad de que en en 1920, por motivos de la Revolución, fue elaborado hasta 1921.

  En 1900 el Censo de Salamanca nos dice que había 1 Ciudad, 1 Pueblo, 3 Congregaciones, 22 Haciendas y 116 ranchos. La población, bien lo sabemos, era eminentemente rural, no solo en Salamanca, no solo en el Estado de Guanajuato, sino en todo México. En la tabla que sigue aparee el porcentaje de población urbana de 1950 a 2010, el cual ha ido en incremento, al grado de invertirse, prácticamente, en cien años y en la actualidad vemos que México es un país netamente urbano con un 77.8%, contra, apenas, un 22.2% rural. Esto es alarmante ¿quiénes serán ahora quienes hagan producir al campo?

   Pero no nos salgamos del tema. Lo que nos interesa ver es esa división política de los Municipios, no me refiero a los Distritos Electorales, ese es otro tema, sino, en función a su población. La Ley Orgánica Municipal para el Estado de Guanajuato en su Artículo 23 establece que una Ciudad debe contar con, al menos, 20 000 habitantes. Una Villa con 7 000; un Pueblo con 2 500 y una Ranchería con 500. Pero no vemos el concepto: Congregación. Habrá que tener en cuenta que esta Ley fue promulgada el 7 de Julio de 1977.

   La congregación fue una práctica común en los primeros años del virreinato, se congregaban a los indios, es decir, se juntaban para evitar que siguieran dispersos y ejercer un mejor control sobre ellos o, en todo caso, una más controlada explotación de su trabajo y su obligación del pago al encomendero o al clero, según fuera el caso. El ejemplo más claro lo tenemos, en 1603, cuando ya existía la Congregación de Irapuato y se fundaba la Villa de Salamanca.

   Mucho tiempo después, comenzado el siglo XX, el concepto de Congregación se aplicaba a una población que era mayor a un Rancho o Hacienda, y menor a la de un Pueblo, de acuerdo a los números que aparecen en la mencionada Ley, estaría entre los 1 000 y 1 500. Números muy cortos para los tiempos actuales en los que hay ranchos que rebasan los mil habitantes.

    Miguel Alemán gobernó de 1946 a 1952, en ese periodo fue cuando se llevó a cabo el 7º Censo General de Población y Vivienda, los resultados del mismo no se darían a conocer hasta 1952, el que fuera Año de Hidalgo, por cierto. Para entonces ocupaba ya la Presidencia de la República Adolfo Ruiz Cortines. Y es precisamente de ese Censo que se desprende la siguiente información, la cual, creo, resulta ser de lo más interesante pues nos da una imagen de lo que era México, el Estado de Guanajuato y Salamanca a mediados del siglo XX en términos de población:

  "En 1940 México era un país de ranchos y de rancherías. Todavía el número de haciendas y fincas era mayor que el de localidades con la categoría de ejidos. Las unidades industriales localizadas fuera de las ciudades y villas eran muy escasas. Pocas ciudades. Los pueblos y las congregaciones ocupaban el tercero y cuarto lugares después de las rancherías. Un país de ranchos y rancherías, de pueblos y congregaciones, de haciendas, fincas y ejidos, es un país predominantemente rural y agrícola con una importante de población dispersa, necesariamente mal comunicada, de bajos niveles de productividad agrícola y de vida rural con fuertes características locales y regionales en la cultura, con graves y extendidos problemas económicos, sociales y políticos entre los cuales los más importantes son: la alta proporción de economías rurales casi cerradas, el bajísimo coeficiente de riqueza y de renta per capita de esa población rural, la debilidad o inexistencia de las instituciones municipales, la persistencia  de características culturales de tipo antiguo, con su resultante de resistencia a la adopción y desarrollo de formas culturales modernas.

    "Un país que tenía según el censo de 1940, que fue preparado y realizado cuidadosamente, 122 434 localidades, poseía solo 841 localidades urbanas en el sentido social y económico (310 ciudades y 531 villas); contaba con 9 294 localidades rurales libres, núcleos casi incipientes por su desarrollo y fuerza, aunque muchos de ellos antiguos por su fecha de fundación, de vida institucional primaria, de agrupamientos humanos liberados por la revolución en donde en el último cuarto del siglo pasado y a principios de éste, se refugiaban los indígenas y mestizos que tenían espíritu menos conformista, y vivía y se multiplicaba una población con conciencia típicamente mexicana no siempre bien definida. Estos 9 294 núcleos rurales libres que existían en 1940, se dividían en dos grupos: 5 403 pueblos y 3 891 congregaciones. El feudalismo vencido por la Revolución como fuerza política, en algunas regiones, subsistía, agonizaba o se transformaba en 7 237 localidades de propiedad privada.


   "Estas 7 287 unidades de supervivencia o de agonía feudal, se dividían en 5 688 haciendas y 1 599 fincas. Además deben considerarse 600 estaciones de ferrocarril que tenían el carácter de pequeños centros poblados y 5 808 pequeñas localidades sin categoría política, verdaderos núcleos de unas cuantas chozas o casas de adobe o de varas, esparcidas en el territorio nacional.

    "Pero lo que le daba a ésta modalidad de la geografía política y social de México, a que nos estamos refiriendo, su carácter dominante, era el número importante de unidades de trabajo agrícola en donde vivían pequeños propietarios libres: me refiero a los 81 458 ranchos. Existían 12 916 rancherías formadas por pequeños propietarios rurales, ínfimos comerciantes, pastores y artesanos, y 4 109 localidades que tenían el carácter de ejidos, es decir, localidades formadas por agrupamientos de chozas y casas modestas en donde vivían ejidatarios situadas en los terrenos ejidales y no pertenecientes a la jurisdicciones de otras localidades. Aquí la palabra ejido está tomada como localidad por esta categoría política; no como unidad en el sentido del Código Agrario". (1)

   A continuación los datos que nos dicen cual era el estado del país en cuando a clasificaciones de centros de población en 1940:




   El tema de Haciendas, lo sabes bien, me es de gran interés. La historia de muchas de las Haciendas de Salamanca las he ido relatando, a medida de que me han sido posible conocerlas. Pensaba que luego de la Revolución y el consecuente Reparto Agrario, el concepto de Hacienda había desaparecido totalmente del catálogo de poblaciones en México y que se mantenía por mera tradición, pero a ver el resumen de los resultados del Censo de 1940, me doy cuenta de que su número seguía siendo representativo. De las 8 471 registradas en 1910, treinta años después, se contaban 5 688, el autor dice que son datos reveladores y ya lo creo que sí. Esas Haciendas, se localizaban en:

Yucatán                   985
Nuevo León            479
Guanajuato             392
Jalisco                     374
Chiapas                   373
Tabasco                  301
Estado de México  275
Sonora                    275
Michoacán              270
Puebla                     266

    En el caso del Estado de Guanajuato, la evolución de las haciendas había sido así: en 1877 421; para 1900 eran 428; en 1910 se contaban 511, en 1940: 392. El número seguía siendo interesante.

   Ahora bien, los datos que arroja el Censo de 1950 en Salamanca, Guanajuato nos dice que había una población total, en el municipio, de 49,200, de ellos, 41.5% era urbano y 58.5% rural. Había un Pueblo, Valtierrilla, con 2 509 habitantes. Cuatro Congregaciones: Cañada de Ortega (55); Cárdenas (1 040); Loma de Flores (764) y La Ordeña (732). Los Ranchos eran un total de 139 y 10 las Haciendas cuya población  anoto en la columna:

1.- Mendoza                         1 055
2.- San José Temascatío     467
3.- Cerro Gordo                      459
4.- Los Aguilares                      249
5.- Ancón                                 219
6.- Sotelo                                 206
7.- Mancera                             194
8.- El Fuerte                             178
9.- San Rafael de Uruétaro 135
10.- San Bernardo                  112

    Para el siguiente Censo, el de 1960, ya no se hace tanto énfasis en la categoría política de la población, sino en una clasificación que la divide entre urbana y rural: "Se considera 'urbana' la población que habitan localidades con más de 2 500 habitantes, y como 'rural' la que habitan en localidades con población no mayor de la cifra indicada" (2). En 1960 había 67 097 habitantes en el Municipio de Salamanca.

   Como lo vimos en la tabla del principio, la población, para 1960 casi era mitad urbana, mitad rural, para 1970, cuando se realiza el IX Censo General de Población y Vivienda el resultado era que la rural había bajado en 10 puntos, aumentando en esa población la urbana. Es allí  en donde el concepto de Congregación, Hacienda o Rancho, prácticamente desaparece y se le comienza a llamar, con el genérico de "Localidad".

   "Localidad: Es todo lugar poblado como ciudad, pueblo, hacienda, rancho, etc., que tenga un nombre y una categoría política, ya sea por ley o costumbre. Dada la gran extensión del Territorio Nacional y la falta de elementos adecuados para ubicar con claridad aglomeraciones o núcleos de población en los que las unidades de habitación tienen una cercanía relativa, la definición usada de localidad tiene algunas limitaciones. Hay la posibilidad de que aparezcan dentro de una sola localidad, centros poblados o viviendas distantes entre sí, o bien, que se especifiquen localidades que en realidad forman parte de una aglomeración mayor de población". (3)

   Y ya para concluir, enfocándonos directamente al concepto de Hacienda, encuentro que es el Gobierno Municipal de Tepic, Nayarit, quien lo define y quizá lo podamos aplicar, por ejemplo, al caso de Salamanca:

"Hacienda : 

A. Sea cual fuere el número de habitantes. 

B. Que las casas donde habiten los peones sean de la propiedad particular del dueño de una Hacienda, y expresamente construidas por cuenta de el o de los propietarios de la Hacienda o de quienes lo antecedieron en la propiedad. 

C. Que todo el terreno perteneciente a la Hacienda se explote en el momento de levantar el censo de que abajo se trata, y se halle explotado desde un año antes de la expedición de esta Ley, por cuenta y riesgo exclusivamente del o de los propietarios, utilizando los servicios de todos los vecinos aptos para el trabajo y que habiten el caserío precisamente como peones a jornal o destajo en la forma descrita por el artículo 44 de la Ley del Trabajo del Estado". (4)


Fuentes:

1.- VII Censo General de Población y Vivienda. Secretaría de Economía. Dirección General de Estadística, México, 1952. pp.4-5

2.- VIII Censo General de Población y Vivienda. Secretaría de Industria y Comercio. México, 1961.

3.- IX Censo General de Población y Vivienda. Secretaría de Industria y Comercio, Dirección General de Estadística. México. 1971. p.LXV.

4.- Ley de Categorías Políticas para las poblaciones que forman el Estado de Nayarit, en relación a su división política territorial. Periódico Oficial del Estado de Nayarit el 28 de enero de 1926.

lunes, 5 de mayo de 2014

Discrepancia en la muerte de Tomasa Estéves.

   Han sido días intensos para mi. Adentrarme en un tema que medianamente conocía y que por la consabida "falta de tiempo" no le había dado la suficiente importancia resultó ser una especie de plataforma para de allí seguir incursionando más en lo acontecido en Salamanca durante la guerra de Independencia que bien lo podemos catalogar como "eslabón" entre el esplendor que hubo desde que se pobló por españoles hasta la crisis ocasionada por la revolución de 1810, para luego retomar su paso una vez esclarecidos un sin número de problemas de tenencia de la tierra, a partir de los convulsionados tiempos previos a la Guerra de la Reforma. Haciendas y ranchos se vieron inmersos en un problema de inseguridad de tal dimensión que muchos de ellos fueron abandonados, otros incendiados, y otros apoderados por las huestes de quien menos podríamos pensar: los realistas.

    No me salgo del tema y enfilo a lo que hoy nos ocupa: esclarecer la fecha en que María Tomasa Estéves fue ejecutada pues encuentro una discrepancia, nada del otro mundo, tan solo un día, y dos personas; pero, a sabiendas de que las pequeñas imprecisiones al paso del tiempo van creando dudas en la veracidad de los relatos, creo prudente las aclaremos. 

   Todos en Salamanca sabemos que María Tomasa Estéves fue fusilada, se dice que junto a dos personas más, otros han dicho que tres. Se dice que ella pidió unos alfileres para colocárselos en las enaguas y evitar que al caer mostrara las piernas, detalle que me parece exagerado pues, independientemente del pudor, creo que a la hora de estar en el paredón de fusilamiento hay mejores cosas en que pensar en esos cruciales momentos y no en si se muestran o no los calzones. Se ha dicho que era bella, que era seductora y, para no seguir abultando el saco de mentiras, diré que en torno a ella se han tejido no mil, pero al menos una media docena de fantasías, todas basadas en lo anotado por Iturbide en su Diario Militar, y por él mismo en el reporte que envió al virrey Calleja y que se publicó en la Gazeta del Gobierno de México.

   Se dice que luego del fusilamiento se le cortó la cabeza y ésta fue colocada en una estaca en algún lugar de la Plaza principal, se dice que el paredón estaba localizado a un lado del Templo del Hospital, ese que conocemos ahora por Expiatorio. Lo que no se dice es quién le cortó la cabeza, por cuánto tiempo estuvo expuesta, no sabemos quién la bajó, en fin, hay una enorme laguna que envuelve todo el hecho en un manto de misterio. Lo único que sabemos es lo anotado por Iturbide:

   Dice la Gaceta del Gobierno de México:  “...Se fusiló también al mismo tiempo a María Tomasa Estéves, comisionada para seducir la tropa, y habría sacado mucho fruto por su bella figura, a no ser tan acendrado el patriotismo de estos soldados...”. Esto del "al mismo tiempo" dio paso para la confusión de que si dos, de que si tres los fusilados junto a Tomasa. Todo indica que ella fue fusilada sola.

   Escribe Iturbide en su Diario Militar:

   “Viernes 5 de agosto de 1814.- Fueron pasados por las armas los tres reos aprendidos en Valtierra; y como por sus declaraciones se averiguó que una mujer de esta vecindad ha sido la principal agente de procurar la deserción de los patriotas que escandalosamente se ha verificado en el mes anterior, después de aprehendida y sustanciado su proceso, mandé que se pusiese en capilla para que se le aplique la pena ordinaria, en castigo de tan enormes delitos y para escarmiento de las de su sexo.

   “Martes 9 de agosto.- Fue pasada por las armas la mujer seductora, cuya cabeza se ha puesto en la Plaza Pública”.

   Aquí ya aclaramos que los tres reos fueron fusilados un día y Tomasa en otro, pues, gracias a las declaraciones que hacen de ella se organizaron en su búsqueda y las consecuencias ya las sabemos. Aparece aquí lo de la cabeza, pero, siendo Iturbide uno de los aduladores más grandes que hubo en las tropas realistas, no es de dudar que muchos de sus textos, de sus reportes, de sus partes militares enviadas al virrey eran del tipo: "para quedar bien con el jefe".

    Así pues, vemos que Iturbide anota que el viernes 5 de agosto de 1814 fueron pasados por las armas tres personas, en la Gaceta se anotarán sus nombres: Miguel Yáñez, José Esquivel y Eustaquio Hernández. Se sabrá luego (desconozco la fuente) que dos eran soldados desertores y el otro un "paisano". Sí eran soldados, de seguro conocían sus nombres. Difícil sería saber el del paisano.

  Al ver el registro de defunción en el Libro Parroquial leemos, en primer término, la palabra "ajustisiados" eso se ve en la imagen de arriba, luego anotarán los nombres, de los tres juntos en un sólo registro: Miguel Yáñez, José Cornelio Esquivel y Toribio Prieto. No aparece el que Iturbide notifica al virrey: Eustaquio Hernández. Al revisar los registros previos y posteriores, no aparece ningún Eustaquio Hernández. ¿Error de dedo? más bien creo es un error de reporte, de los muchos que Iturbide recibía.

    Los ajusticiados fueron enterrados en el panteón de Guadalupe, que se encontraba en el costado poniente del Santuario Guadalupano de Salamanca, el registro no dice más.

  Este es el registro completo de los tres ajusticiados. Y hay un detalle más, la fecha anotada es del 6 de agosto, y no la del 5 como lo dice Iturbide. Ahora bien, dando credibilidad a todo, quizá el ajusticiamiento fue, efectivamente el 5, y hasta el día siguiente fue el Cura notificado y esa sea la razón.

    Pero las cosas no quedan clara en la defunción de Tomasa Esteves que ahora estamos viendo. Allí dice que ocurrió el 8 de Agosto, Iturbide la anota el 9, al día siguiente. Dice que fue enterrada en el panteón del Hospital, pero no hay la palabra clave de "ajusticiada". Habrá que investigar aun más al respecto...

Dicen que era bella... ¿qué tan bella habrá sido Tomasa Estéves?

sábado, 3 de mayo de 2014

Una descripción poco afortunada de Iturbide en el "México a través de los siglos".

   Comentábamos que de Iturbide hay muchos datos, datos que el mismo anotó en su Diario Militar, y que aparecen, además en las distintas Gacetas del Gobierno. Comentábamos también de la destitución de que fue objeto y de cómo él anota en su Manifiesto que lo hizo por regresar a su vida cotidiana en el campo, no el de batalla sino el de la siembra en sus propiedades. Leyendo a Rojas Garcidueñas, el menciona los sucesos por los cuales es destituido y hace referencia al doctor Labarrieta, el cual "envió informes con cargos muy graves, en 1815, de tal modo que en México se inició una causa judicial a Iturbide, la que luego Calleja hizo dejar en suspenso, pero afortunadamente no regresó a Guanajuato". (1)

  El cura, Dr. D. Antonio Labarrieta era bien conocido en Guanajuato pues llevaba varios años ejerciendo su oficio en la población, de él sabemos que fue quien encabezó la ceremonia de la jura de Nuestra Señora de Guanajuato como patrona del Ejército Realista el 24 de noviembre de 1811; con ello nos damos cuenta de que él, si tenía alguna preferencia, seguramente su inclinación era hacia los realistas.

  El cura Labarrieta era bien conocido en la ciudad de México, pues anteriormente Calleja, cuando era Capitán del Ejéricto, recibió los informes que él le enviaba en relación a los ataques de Albino García a Guanajuato, a tan solo cuatro días después de la Jura, El informe lo puedes leer aquí. Pocos meses más adelante Calleja sería nombrado virrey, y calleja mantendría -seguramente- esa, digamos, amistad con Labarrieta.

   Es Julio Zárate el comisionado por Riva Palacio para escribir el tercer tomo de la monumental obra México a través de los siglos, de ella transcribimos íntegras dos páginas en donde se habla de Iturbide, con ella nos daremos una idea de su actuar y cómo esa ambición se refleja claramente en un pasaje no muy conocido de la Historia de Salamanca.

   "Tan ávido de riqueza como sanguinario, el activo coronel realista, venía ejerciendo, desde que su mérito militar lo elevó a mandos superiores, un comercio abusivo. hacía llevar a Guanajuato cargamentos de azogue y de otros efectos necesarios para las minas; los cuales vendía a precios exorbitantes, pudiendo retardar, según le convenía, la llegada de los convoyes, perjudicando así en provecho propio a la minería y al comercio. Su mando militar en Guanajuato le facilitó más y más el ejercicio de una especulación que no tardó en ser descubierta por aquellos que sufrían sus desastrosas consecuencias. Además, estableció el monopolio de granos, situando agentes suyos en todas las poblaciones del Bajío que compraban a vil precio los acopios de las haciendas circunvecinas, a cuyos dueños obligaba a vender a pretexto de evitar que se hiciesen dueños de ellos los independientes; y luego, los granos así adquiridos eran vueltos a vender por su agente a un precio cuatro veces mayor. Crecieron a tal grado sus abusos en esta materia, que algunas casas de comercio en Querétaro y las principales en Guanajuato se quejaron al virrey y le pidieron que Iturbide fuese removido del mando de las provincias que explotaba con tan desenfrenada codicia.

   "Esta acusación llegó a México en marzo (1816), y Calleja, en vista de que los cargos que se hacían a uno de sus jefes más estimados se vio forzado a suspenderlo del mando que ejercía y a prevenirle que se presentase en la capital para depurar su conducta. El virrey cuya reputación no era inmaculada en materia de intereses, estaba resuelto a sostener a Iturbide, de cuyos servicios en la orden militar se hallaba satisfecho, y lejos de apresurarse a esclarecer los hechos de que a éste se acusaba anduvo remiso y lento en los procedimientos subsecuentes. hasta el 24 de junio, tres meses después de haber llegado a sus manos la queja, pidió informe a las principales corporaciones y personas notables de Guanajuato y Querétaro sobre la conducta política, civil, militar y cristiana del acusado. No ignoraron mucho tiempo aquellos a quienes se pidió el informe la decisión de calleja por salvar a Itrubide, y unos por cobarde de complacencia, y otros por temerosos de la venganza que éste individualmente ejercería al ser repuesto en sus mandos militar y político, declararon falsamente en su favor y omitieron todo lo que pudiera ofenderle atreviéndose los más resueltos a informar en términos ambiguos.


  "Sin embargo, el cura de Guanajuato Labarrieta, solo entre todos, tuvo el valor de decir la verdad y no obstante ser compatriota y antiguo amigo de Iturbide, instruyó exactamente al virrey de todo lo que pasaba. Después de elogiar su conducta privada en su juventud y su decisión y valor en la campaña desde el principio de la revolución, refería todos los medios adoptados por Iturbide para hacerse de dinero, y los excesos a que le empujaba su codicia, así como los actos injustos a que era arrastrado por motivo de agravios personales. Ponía la sinceridad de los sentimientos cristianos de aquel jefe, no obstante las prácticas exteriores de oír misa y rezar el rosario en alta voz par que los soldados lo oyesen, y terminaba asegurando que con tales manejos, Iturbide había hecho más insurgentes que los por él destruidos en los campos de batalla; que sólo sus criaturas lo soportaban, pero que todos los habitantes de la provincia lo detestaban, y a tal grado, que pensaron en mandar celebrar una misa de gracias cuando supieron que fue removido del mando

   "Omitió Labarrieta en su informe todos los hechos atroces cometidos por Iturbide contra los insurgentes, quizá porque creyó, y justamente, que no podían aparecer responsables a los ojos de Calleja, como lo asienta juiciosamente Alamán, y quizá también por la notoriedad de aquellas execrables y repetidas matanzas ordenadas por el coronel realista, y que tan lúgubre celebridad dieron a su nombre en el ámbito de Nueva España". (2)

   Con los datos que Julio Zárate nos acaba de dar, aunados a los que ya habíamos comentado en torno a la figura del "compadre incómodo" que era Manuel de Iruela Zamora, el "Zamorita" compadre de Agustín de Iturbide y quien, entre otras lindeces, había dejado cuentas pendientes de pagar durante su estancia en Xalapa, Veracruz; (3) bien nos podemos hacer la idea de cuál era el verdadero interés de mantenerlo al frente del poder político y militar en Salamanca. Agreguemos  los nombres de Plácido Sodevilla, Pedro Delgado, del teniente coronel Pablo Gallardo y del misterioso capitán Rivero. Todos ellos ocuparon el cargo, al menos por un año, como alcalde ordinario en la villa de Salamanca; excepción hecha con el capitán Rivero del que, definitivamente, debemos seguir sus pasos.

   Para entender mejor esta historia debemos comenzar a mediados del siglo XVIII, cuando un capitán, originario de la villa de Lagos, avecindado en Guanajuato, decide invertir gran parte de su fortuna en Salamanca, compra ocho haciendas, un rancho y once casas, se vuelve, además, alcalde ordinario durante el año de 1781. El capitan Juan Antonio Santana era propietario del 15% de la mina de la Valenciana, no era él el único minero de Guanajuato con propiedades en esta región del Bajío, Diego de Rul, Alonso Marañón, y, más adelante Pedro Belausarán también las tendría.

   El punto interesante se vuelve al ver que, a la muerte del capitán Santana, sus propiedades son anunciadas en una testamentaria, era 1795, no sabemos quien se hizo propietario de ellas, uno de sus hijos, más bien nietos, aparece registrado como alcalde ordinario de la villa en 1824. Es en este pasaje oscuro de la vida de Iturbide en donde veo una relación. Las producciones de maíz y trigo en la jurisdicción de Salamanca eran de las grandes del Bajío, quien encabezaba la lista de productores, en el último cuarto del sigo XVIII es precisamente Juan Antonio Santana. Y lo más curioso es que, para 1818, cuando el "Ylustre Ayuntamiento" de la villa instruye la comandante general, coronel D. Antonio Linares, a levantar un registro de las propiedades rurales baldías o "en giro" de la jurisdicción, el resultado es que todas aquellas que eran propiedad del capitán Santana, ahora lo eran del capitán Rivero; personaje a quien lo catalogo de "misterioso" por no contar con mayor dato fuera del que arroja registro elaborado por el coronel Linares. (4)

   En esta toma aérea de Salamanca, hecha en 1950, cuando RIAMA estaba en construcción, eran 20,586 los habitantes de la ciudad y esta era la dimensión urbana. Durante la época de la guerra de la Independencia la villa de Salamanca contaba entre 6 y 9 mil habitantes, podemos imaginar su dimensión física y ubicar las zanjas o parapetos que Iturbide pretendía construir para fortificarla. Será muy interesante ir descifrando todos los enigmas que hay en torno a las trinquiñuelas, por no decir las tranzas, que Iturbide tenía organizadas en la villa. A los nombres arriba anotados agrego el de otro militar, el coronel Joaquín de los Ríos, que aparece como propietario en 1818 de las haciendas de La Charca, El Zapote, Cerro Gordo y Sotelillo.

  A este punto solo puedo agregar que espero lograr el apoyo suficiente (el moral ya lo tengo) para seguir investigando más de este punto que, sin lugar a dudas es importantísimo en la Historia de Salamanca.


Fuentes:

1.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca, recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa. México, 1982. p.84

2.- Zárate, Julio. México a través de los siglos. Tomo III. pp.507-508

3.- "Don Juan (Bautista) Soler, socio de la compañía de interés titulada Félix Soler Oriach y Compañía, ubicada en esta villa presentó ante el escribano una libranza donde exige un pago a D. manuel de Yruela Zamora, Capitán del Regimiento de Infantería de Milicias Provinciales de Valladolid. En cuya virtud contestó Yruela que aunque se ha cumplido el término de la libranza que tiene aceptada no puede de pronto hacer el pago por hallarse como transeúnte, por esta causa no tiene consigo el valor en efectivo; pero que sí lo pagará remitiendo a su casa ubicada en el Real de Angangueo, donde tiene su residencia o permitiéndole el tiempo necesario para que desde allí pueda hacerle llegar el importe, ya que no se le anticipó el aviso acostumbrado, de cuya exposición pidió el enunciado Soler libre testimonio". Acta 1-1806-19220. No.70, Folio 91-92, 14 de Marzo de 1806, Xalapa.

4.- Archivo Histórico Municipal de Salamanca. Gobierno. Censo y Padrones, Caja 84. 1818-1895.

jueves, 1 de mayo de 2014

Conociendo un poco más de Iturbide: su nacimiento y sus coincidencias.

    Los biógrafos de Agustín de Iturbide han recreado siempre la escena de su nacimiento, esto debido a los problemas que su madre, María Josefa de Arámburu y Carrillo de Figueroa, presenta los días previos a su advenimiento. Ella, dama piadosa, invoca a todos los santos del cielo para sortear los problemas que se avecinaban y gracias a esa, digamos, intervención divina, les agradece al poner los nombres que el efímero emperador llevaría, no uno, no dos, sino cuatro de ellos.

    Se dice que ella, María Josefa Arámburo, era apegada a los agustinos, y ese es el motivo por el cual le da por nombre el del fundador de la misma, Agustín de Hipona, a su hijo. El segundo nombre, que no siempre aparece cuando se le menciona en las crónicas, fue el de Diego, esto en honor a Diego de Basalenque, el cronista agustino cuyos restos descansan en el templo agustino de Morelia, ciudad en la que nación don Agustín I.

    Diego de Basalenque es bien conocido por todos aquellos estudiosos de la Historia y del Arte, pues es el que da noticia de todo lo construido por los agustinos en la Provincia de San Nicolás de Teolentino en su obra Historia de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán del Orden de N. P. S. Agustín. 

   Se dice que a doña María Josefa le llevan una de las reliquias de Basalenque, que, por cierto, no es santo ni beato, y el parto sucede, ella en agradecimiento da su nombre a su hijo: Agustín Diego.

  Era el 27 de septiembre de 1783, el calendario litúrgico marcaba una fecha importante para la época, una que va en el Cánon Romano, la de San Cosme y San Damián, los santos médicos, así que, manteniendo la tradición de que uno llevará el nombre del santo en el que uno nace, le otorgan estos dos, quedando como Agustín Diego Cosme Damián.

  Pero las curiosidades no terminan allí, el 27 de septiembre era el día del santo y el día del cumpleaños de Agustín de Iturbide y sucedió que él, seguramente por ese motivo, es el que fija la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad de México precisamente el 27 de septiembre, día de su cumpleaños, día de la Consumación de la Independencia. Esto me recuerda la leyenda que se ha tejido en torno al 15 de septiembre y don Porfirio Díaz. Y, ya para concluir, agreguemos otra casualidad más. El calendario litúrgico marca el 15 de septiembre como el Día de Nuestra Señora de los Dolores, es decir, ese 15 de Septiembre de 1810, en la Villa de Dolores estaban de fiesta.

    "Nació Iturbide el 27 de Noviembre de 1783 en Vallaodlid de Michoacán. Fueron sus padre D. José Joaquín de Iturbide, español, natural de Pamplona, y doña Josefa de Aramburu, mejicana, que pertenecía a una antigua y noble familia del mismo Valladolid. En el nacimiento y en los primeros instantes de la existencia de Iturbide se vieron algunos de esos signos, que no por ser naturales o hijos de la casualidad, dejan de ser miradas por el vulgo como anuncios de predestinación. 

   El parto que le dio a luz fue muy laborioso, y al cuarto día, cuando se daba casi por muerta a la madre y por perdido al feto, aquella se acogió con fervor a la intecesión del P. Fr. Diego de Basalenque, uno e los fundadores de los Padres Agustinos de la Provincia, cuyo cadáver momificado se conserva en el presbiterio de la iglesia de San Agustín  en Valladolid, y a quien s adora por santo; trájose además, una reliquia de ses beato, la capa que el buen Padre usaba y guardaba el convento con piedad suma; de modo que, habiendo dado a luz un niño con toda felicidad, se le puso en la pila bautismal el nombre de Agustín.

   A los once meses parece que el niño conservó también la vida como por milagro. Cuéntase que, habiendo una criada indiscreta, una luz cercadel pabell´n que cubría la cuna en que dormía el niño, se incendió aquel y habiéndose comunicado el fuego a los cordones que sostenían la cuna, el niño, con feliz instinto, se asió con fuerza del único que quedó ileso salvó la vida". (1)

Fuente:

1.- Navarro y Rodrigo, Carlos. Itúrbide. Imprenta y Librería Universal. Madrid. 1869. pp.23-24

miércoles, 30 de abril de 2014

Manuel de Iruela y Zamora, el Comandante Militar y Político de la Villa de Salamanca que no se menciona en la ejecución de Tomasa Estéves.

    Difíciles y complicados han sido los últimos artículos que he publicado en este espacio. De los personajes que estamos viendo, fuera de Iturbide y Calleja (de quien vemos un retrato), los demás se vuelven complicados para rastrear pues no se les ha estudiado cabalmente a pesar de que, el que hoy nos ocupa dejó, al igual que Iturbide, una buena cantidad de documentos que se conservan en bilbiliotecas especializadas, como las de Carso y Condumex. Nos referimos al comandante Manuel de Iruela y Zamora.

   Para la Historia de Salamanca Iruela y Zamora se vuelve un personaje importante debido a que fueron varios los años que vivió en la Villa siempre ostentando cargos importantes. El llegó a Salamanca en 1812 a ocupar el cargo de Comanante de la demarcación. En un "Acta de la Villa de Salamanca, publicada en la Gaceta del gobierno de México se especifica mejor su cargo: "En la villa de Salamanca a 2 de agosto de 1815: el muy ilustre cabildo, justicia y regimiento compuesto de los seres. presidente teniente coronel D. Manuel de Iruela Zamora comandante militar y político de ella y su jurisdicción..." (1)

   Gran relación guardaba Iruela con Iturbide, eran conocidos de tiempo atrás. En el peculiar estilo adulatorio que Iturbide mantenía en su correspondencia se refiere a él en estos términos: "Nada tengo que añadir a dichas partes, sino que Zamora es uno de aquellos oficiales que tienen más celo y empeño por el bien de la patria y cumplimiento de sus deberes". Esto lo anota en uno de los partes que rinde al virrey Calleja, fechado en Apaseo, el 3 de abril de 1814. Todo indica que se entendían muy bien entre ellos, y que él, Iruela, protegía los intereses de Iturbide. Salamanca era un destacamento importante por ser el cruce de caminos y por ser el primer descanso que las conductas, en ocasiones cientos de mulas, que llevaban la plata de Guanajuato a México.

  Las cosas en Salamanca no eran nada fáciles: "En materia administrativa el caso de la Villa de Salamanca también nos muestra como el mando militar adquirió importancia durante los años de la guerra, modificando un serie de rutinas y dificultando la aplicación de las reformas constitucionales. Durante el mes de diciembre de 1813 Iturbide, atribuyéndose una vez más, funciones que no le corresponden, se encargó de designar  al administrador de alcabalas de esta Villa (I). El hecho en sí no tendría mucha importancia de no ser porque el funcionario, que al parecer tenía todo el apoyo del jefe de armas de Salamanca para que ocupara el cargo a título de propietario tenía muy poca idea de lo que debía hacer como administrador de alcabalas y ni siquiera se había preocupado por hacer el pago de sus finanzas. Para corregir estos contratiempos, el jefe de armas Manuel Iruela debió darle permiso para que pasara a Irapuato a hacer el pago de su finanza; por otro lado, a finales de diciembre de 1813, el promotor fiscal de la intendencia de Guanajuato debió comunicarle, vía el intendente, todas las contribuciones que estaba obligado a cobrar, aquellas que en ese momento estaban exentas y la forma de llevar la contabilidad".(2)

   Sabemos que dentro del proyecto de Iturbide para proteger las poblaciones del Bajío de ataques insurgentes, planeaba fortificarlas, en relación a la que se pensaba construir en Salamanca, los documentos nos dicen que ya había ciertos manejos de los recursos que no eran del todo claro y se comenzaban a dar ciertos visos de prepotencia pues "En enero de 1814, el jefe de armas de Salamanca, citando solamente una orden verbal de Agustín de Iturbide, solicitó al intendente de Guanajauto la remisión de 8,000 pesos "para la fortificación de esta villa, la de las tropas que estoy levantando y vistiendo, y las regladas que tengo para su defensa" (II). (3)

    El temor de la gente, especialmente de la pudiente, era grande en la villa, muchos preferían vivir en zonas más seguras, se había dado la orden de la proclamación de la Constitución de Cádiz, Salamanca no era la excepción, al respecto, Iruela anota: "Me hallo de comandante de armas de esta villa con el gobierno político mientras que se reúnen los vecinos más principales que están viviendo en diversos pueblos de esta provincia mandados venir para publicar la Constitución y poner en práctica los superiores decretos. (4) (III)
 
   Escribe Iturbide en su Manifiesto: "En el año de 1816 mandaba la provincia de Guanajuato y Valladolid y el ejército del Norte; todo lo renuncié por delicadeza, retirándome a vivir según mi natural inclinación, cultivando mis posesiones". Esa era su versión, lo que sucedió fue que: "Las denuncias acumuladas en su contra, sumadas a nuevas protestas de los comerciantes de Guanajuato, llevaron al virrey Félix María Calleja a destituirlo en 1816, acusado de malversación de fondos y abuso de autoridad" (5). En Salamanca los allegados a Iturbide seguían ocupando la Alcaldía, tocaba el turno a Plácido Sodevilla; quien lo haría en 1816, 1818  y 1819, sin embargo él estaba sujeto a las órdenes de Iruela..

  Ya para los últimos meses de la guerra de Independencia, Manuel Iruela Zamora ocupaba el cargo de Comandante para la región de Oaxaca, una vez dada la Consumación, es nombrado Comandante General e Intendente de ese Estado. Le fue otorgado el título de Caballero de Número por el Imperio Mexicano tanto a él como a su hijo ¿o era su hermano? Célso Iruela Zamora, quien, por cierto, también vivió en Salamanca.

   En resumen y en función al acontecimiento de la detención y fusilamiento de Tomasa Estevez ocurrido en Agosto de 1814. Iturbide no se encontraba en Salamanca, sino en San Luis Potosí. Celaya era, militarmente, el punto más importante de la región oriente de la Intendencia de Guanajuato, era una Comandancia a cargo del teniente coronel Francisco de Guizarnotegui. El capitán de patriotas de la Villa de Salamanca era Ignacio García, él fue quién aprehendió a los dos desertores y a un paisano. Se ha interpretado que fueron pasados por las armas junto a Tomasa Estévez. Pero ellos fueron ejecutados el 6 de agosto y ella el día 8. Las discrepancias en estos registros las veremos más adelante, ahora lo que nos interesa es ver los personajes que estaban encargados de la parte realista en la región de Salamanca.

   Según se anota en la Monografía de Salamanca (6) en 1814 hubo dos períodos de Alcalde Ordinario, uno encabezado por Manuel Iruela Zamora, seguramente fue un cargo interino, pues luego se anotan a dos alcaldes: el Primero lo fue Tomas Agapito Machuca, el Segundo Alcalde era José María Fonseca; no se especifican las fechas de cuando ostentaron el título. Lo más seguro es que esto sea otra confusión pues, al final, quien estaba encargado de lo político y lo militar era Iruela. Sin embargo ninguno de ellos se menciona en el caso de la ejecución de Tomasa Estéves. ¿Por que?, la pregunta me la dejo de tarea para profundizar aun más en el tema.


Fuentes:

1.- Gaceta del gobierno de México. Volumen 11. p.46

2.- Jáurgui, Luis. La real hacienda de Nueva España: su administración en la época de los intendentes, 1786-1821. Facultad de Economía. UNAM. México, 1999. p.316

3.- ibid. p.314

4.- Ibid.

5.- Wikipedia.

6.- Monografía de Salamanca. Comité del Bicentenario del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2010. p.236

Las siguientes referencias las da Luis Jauregui en su libro de La real hacienda de Nueva España:

I.- Manuel de Iruela Zamora a Fernando Pérez Marañón, Salamanca, 6 y 22 de diciembre, 1813. CEHM, XXXVIII-I, E.R. carp. 1-3 dctos. 5, 7.

II.- Manuel de Iruela Zamora a Fernando Pérez Marañón, Salamanca, 3 de enero de 1814. CEHM ,XXXVIII-I, E.R. carp. 1-3, docto. 5.

III.- Manuel de Iruela Zamora a Manuel Abad y Queipo, Salamanca, 5 de noviembre de 1813. CEHM, XXXVIII-I, E.R. carp. 1-3. docto. 5.

lunes, 28 de abril de 2014

El "Manifiesto" de Agustín de Iturbide.

    Hay personajes en la Historia, sea la de México que la Universal, aun en la Regional, que nos son atractivos, que nos son interesantes y averiguamos más sobre su vida, su obra, su pensamiento. Hay otros que nos son totalmente ajenos, o poco atractivos y, claro es, otros que nos son antipáticos. El interés que tengo en el Padre de la Patria, Miguel Hidalgo, creo lo he mostrado en el blog Cabezas de Águila, esto incluye el capítulo inicial de la Guerra de Independencia, ese que queda marcado con la Ruta de Hidalgo. El resto, esos 10 largos años de lucha, habrá que estudiarlo con calma, no sé si tendré la oportunidad de hacerlo. Y sucede que, ahora, que estamos en busca de datos sólidos para darnos una idea de lo acontecido en Salamanca en los años 1812, 13 y 14, hay un personaje que, perteneciendo a la tercera clasificación que hago, me ha ido sorprendiendo su persona, más aun, porque él es uno de los que dejó constancia de su pensamiento por escrito. Es en esa base que me permito transcribir los primeros párrafos del Manifiesto de Agustín de Iturbide:

  "No escribo para ostentar erudición; quiero ser entendido por todas las clases del pueblo. La época en que he vivido ha sido delicada; no lo es menos en la que voy a presentar al mundo el cuadro de mi conducta política. Mi nombre es bastante conocido, mis acciones lo son también; empero, éstas tomaron el colorido que les dieron los intereses de los que las transmitieron a regiones distantes. Una nación grande y muchos individuos en particular se creyeron ofendidos y me denigraron.

  Yo diré con la franqueza de un militar lo que fui y lo que soy, lo que hice y por qué; los imparciales juzgarán mejor aun la posteridad. No conozco otra pasión que la de la gloria, ni otro interés que el de conservar mi nombre de manera que no se avergüencen mis hijos de llevarlo.

  Tengo por puerilidad perder el tiempo en refutar los libelos que se escribieron contra mí. Ellos están concebidos del modo más a propósito para desacreditar a sus autores -parecen inspirados por las Furias-, venganza y sangre solamente respiran y, poseídos de pasiones bajas sin reflexionar, caen en contradicciones. ¡Miserables! Ellos me honran, ¿cuál fue el hombre de bien que trabajó por su patria a quien no le persiguieron enemigos envidiosos?

   Di la libertad a la mía. Tuve la condescendencia, o llámese debilidad, de permitir que me sentasen en un trono que crié destinándolo a otros, y ya en él tuve también valor para oponerme a la intriga y al desorden; éstos son mis delitos, no obstante ellos, ahora y siempre me presentaré con semblante tan sereno a los españoles y a su Rey, como a los mexicanos y a sus nuevos jefes; a unos y a otros hice importantes servicios; ni aquéllos ni éstos supieron aprovecharse de las ventajas que les proporcioné, y las faltas que ellos cometieron son las mismas con que me acriminan.

    "En el año de 1810 era un simple subalterno. Hizo su explosión la revolución proyectada por don Miguel Hidalgo, cura de Dolores, quien me ofreció la faja de teniente general. La propuesta era seductora para un joven sin experiencia, y en edad de ambicionar; la desprecié, sin embargo, porque me persuadí de que los planes del cura estaban mal concebidos, no podían producir el objeto que se proponía llegara a verificarse. El tiempo demostró la certeza de mis predicciones. Hidalgo y los que lo sucedieron, siguiendo su ejemplo desolaron al país, destruyeron las fortunas, radicaron el odio entre europeos y americanos, sacrificaron millares de víctimas, obstruyeron las fuentes de las riquezas, desorganizaron el ejército, aniquilaron la industria, hicieron de peor condición la suerte de los americanos, excitando la vigilancia de los españoles a vista del peligro que los amenazaba, corrompiendo las costumbres; y lejos de conseguir la independencia, aumentaron los obstáculos que a ella se oponían.

   Si tomé las armas en aquella época, no fue para hacer la guerra a los americanos, sino a los que infestaban el país.

   Por octubre del mismo 1810, se me ofreció un salvoconducto para mi padre y para mi familia, e igualmente que las fincas de éste y mías estarían exentas del saqueo y del incendio, y libres de ser asesinados los dependientes destinados a su servicio (cual fuera entonces la costumbre) con sólo la condición de que me separara de las banderas del Rey y permaneciese neutral. Tuvo igual suerte esta segunda proposición que la anterior. Siempre consideré criminal al indolente cobarde que en tiempo de convulsiones políticas se conservase apático espectador de los males que afligen a la sociedad, sin tomar en ellos una parte para disminuir, al menos, los de sus conciudadanos. Salí, pues, a campaña para servir a los mexicanos, al Rey de España y a los españoles.

   Siempre fui feliz en la guerra; la victoria fue compañera inseparable de las tropas que mandé. No perdí una acción. Batí a cuantos enemigos se me presentaron o encontré, muchas veces con fuerzas inferiores en proporción de uno a diez, o de ocho a veinte.

   Mandé en jefe sitios de puntos fortificados, de todos desalojé al enemigo, y destruí aquellos en que se fomentaba la discordia (8). No tuve otros contrarios que los que lo eran de la causa que defendía, ni más rivales que los que en lo sucesivo me atrajo la envidia, por mi buena suerte. ¡Ah! ¿A quién le faltaron cuando le lisorijeó la fortuna?

   "En el año de 1816 mandaba la provincia de Guanajuato y Valladolid y el ejército del Norte; todo lo renuncié por delicadeza, retirándome a vivir según mi natural inclinación, cultivando mis posesiones. La ingratitud de los hombres me había herido en lo más sensible, y su mala fe obligado a evitar las ocasiones de volver a ser el blanco de sus tiros; por otra parte, deshecho el mayor número de partidas disidentes y casi en tranquilidad el país, ya estaba libre del compromiso que seis años antes me obligó a tomar las armas. La patria no me necesitaba, y podía sin faltar a mi deber descansar de los trabajos de la campaña.

   "Restablecióse el año de 20 la constitución en las Españas. El nuevo orden de cosas, el estado de fermentación en que se hallaba la península, las maquinaciones de los descontentos, la falta de moderación en los nuevos amantes del sistema, la indecisión de las autoridades y la conducta del gobierno de Madrid y de las cortes, que parecían empeñadas en perder aquellas posesiones, según los decretos que expedían, según los discursos que algunos diputados pronunciaron, avivaron en los buenos patricios el deseo de la independencia; en los españoles establecidos en el país, el temor de que se repitiesen las horrorosas escenas de la insurrección; los gobernantes tomaron la actitud del que recela y tiene la fuerza, y los que antes habían vivido del desorden se preparaban a continuar en él. En tal estado, la más bella y rica parte de la América del Septentrión iba a ser despedazada por facciones. Por todas partes se hacían juntas clandestinas que trataban del sistema de gobierno que debía adoptarse: entre los europeos y sus adictos, unos trabajaban por consolidar la constitución, que mal obedecida y truncada era preludio de su poca duración; otros pensaban en reformarla, porque en efecto, tal cual la dictaron las Cortes de Cádiz era inadaptable en lo que se llamó Nueva España; otros suspiraban por el gobierno absoluto, apoyo de sus empleos y de sus fortunas, que ejercían con despotismo y adquirían con monopolios. Las clases privilegiadas y los poderosos fomentaban estos partidos, decidiéndose a uno y a otro, según su ilustración y los proyectos de engrandecimiento que su imaginación les presentaba. (1)

   Iturbide llegó a Livorno el 2 de agosto de 1823. Se alojó en la casa de campo de Paulina Bonaparte e intentó trasladarse a Roma pero no se le permitió. También se entrevistó con el ex cónsul de España, Mariano Torrente, quien mostró su interés por conocer la historia del ex emperador. Por su parte, Iturbide escribió en Livorno, Toscana, su Manifiesto al mundo —fechado el 27 de septiembre de 1823— pero no pudo publicarlo. Debido a persecuciones y acosos, viajó por Suiza, la ribera del Rin y Bélgica hasta llegar a Ostende. Posteriormente cruzó el canal de la Mancha para llegar a Londres, en donde se estableció el 1 de enero de 1824. Mediante la ayuda de un amigo suyo, llamado Quin, pudo publicar su Manifiesto. Los movimientos de Iturbide fueron observados e informados por el padre José María Marchena, espía mexicano, que puntualmente mantuvo informado al ministro de Interior y Relaciones Exteriores Lucas Alamán. Durante su estancia en Londres, el ex emperador recibió cartas de México, en la que sus partidarios le animaban a regresar. El 13 de febrero, Iturbide envió mensaje dirigido al Congreso, en el que notificó su salida de Italia, así como su deseo y disposición para prestar sus servicios al gobierno de México, pues consideraba que la independencia la nación corría peligro por los esfuerzos que hacía España con ayuda de la Santa Alianza para reconquistar los territorios americanos. (Wikipedia)

El 19 de julio de 1824 Iturbide fue fusilado, sus últimas palabras fueron: «¡Mexicanos!, en el acto mismo de mi muerte, os recomiendo el amor a la patria y observancia de nuestra santa religión; ella es quien os ha de conducir a la gloria. Muero por haber venido a ayudaros, y muero gustoso, porque muero entre vosotros: muero con honor, no como traidor: no quedará a mis hijos y su posteridad esta mancha: no soy traidor, no». Al día siguiente, fue sepultado en Padilla.

Fuente:

1.- Iturbide de, Agustín. Manifiesto. Lo he transcrito de la Biblioteca Virutal Antorcha. Lo puedes ver completo aquí.