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viernes, 4 de marzo de 2011

Los Cristos en pasta de caña de maíz, la perfección del arte con el arte de la perfección.

El día de hoy este espacio de El Señor del Hospital cumple dos años de haber iniciado. El motivo para el cual fue creado ha sido logrado: difundir la imagen, historia y veneración del Cristo Negro que se conserva en Salamanca. En esta nueva etapa seguiremos complementando la información ahora no solo enfocada a Salamanca y su Cristo del Señor del Hospital sino incursionaremos en un tema que seguramente a ti que lees y ves este espacio te agrada: el arte religioso y la Hagiografía. Para concluir esta etapa, tengo la suerte de encontrar y compartir contigo un capítulo del libro del maestro Estrada Jasso sobre las imágenes hechas en pasta de caña de maíz.

Templo de Santa María en Villa González, Zacatecas. Antigua Hacienda de Carro.

“… las fechas más o menos exactas de los Cristos que voy a citar a continuación, obligan en efecto a situarlo en una época realmente muy temprana. El crucifijo que aparece fechado es el del noviciado de Santo Domingo de la ciudad de México donado a fray Domingo de Betanzos en 1538; por si este dato fuera poco, citaré al de Chalma, colocado en las cuevas por Nicolás de Perea y Sebastián de Tolentino en 1530 según Sardo, o 1543 según otros. Alonso de Villaseca donó el de Ixmilquilpan-Santa Teresa por 1540. Antonio de Roa adquirió el de Totoloapan, Morelos, en 1541.

Estas fechas siguen la presencia en México de un buen escultor ya en 1538, y este no puede ser más que Matías de la Cerda, con lo que queda confirmado el dicho de Mota Padilla, que sigue a Ornelas (ambos historiadores del arte virreinal).

Cúpula del templo en la Ex Hacienda de Carro, Zacatecas. Recién nombrada (1/8/2010) como Patrimonio de la Humanidad.

Como el primer escultor que aparece claramente distinguido de los canteros es Juan de Arrué, llegado de Europa en 1549, y Matías de la Cerda tenía ya para esa fecha 11 años de radicar en estas tierras, es evidente que este es el primer escultor de nombre conocido que llegó a la Nueva España.

A su paso por la capital del virreinato dejó las esculturas mencionadas y algunas otras, como la hermosísima del Cristo de Nexquipaya, Tlaxcala. Sin embargo, el estilo renacentista, las facciones y el color moreno lo demuestran que sea de él.

Seguramente no se hallaba en Michoacán en 1538 cuando se hizo la Virgen de la Salud; pero tampoco creo que la presencia de De la Cerda en Pátzcuaro sea ajena al plan gigantesco de Don Vasco.

Santuario del Señor de Chalma en el Estado de México

Mariano Torres, otro historiador del arte, que confunde a los dos Cerdas, pone a Luis, el hijo “como viviendo en la ciudad de Pátzcuaro por los años de quinientos treinta y tantos, según parece”. Aunque la cita es problemática, es innegable que él fue el primero que enseñó el arte de la escultura a los tarascos y su aplicación a la estatuaria religiosa.

Casó con una india, tal vez tarasca, y de ella tuvo por lo menos un hijo que va a continuar su oficio: Luis de la Cerda.

Capilla del Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.

Su obra tuvo que haber sido muy abundante, aunque en la mayoría de los casos es difícil separarla de la de su hijo, pues los cronistas con frecuencia los confunden. Pero es lógico aplicarle las obras más tempranas, y en las que el sentido europeo sea más patente, tanto en los rasgos físicos como en las proporciones, elementos, que suponen un aprendizaje académico metódico, bajo buenos maestros y frente a un buen número de ejemplares, y respirando un aire de tradición cultural que no se puede suponer en el hijo en el ambiente patzcuareño.

Difícil es precisar la fecha de su muerte, don Manuel Toussaint, al hablar de los escultores renacentistas en la Nueva España nota que “dos escultores aparecen en la Nueva Galicia por los años de 1619 a 1625, uno llamado Gándara, que intervino en la restauración de la escultura de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, y otro, Matías de la Cerda, fue padre de Luis de la Cerda”.

El Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.

Si se conocen pocos datos de la vida del mejor heredero de la técnica de imágenes de caña, Luis de la Cerda, en cambio, se poseen más datos sobre su biografía espiritual. El arte de este mestizo, aprendido en el taller de su padre, en Pátzcuaro, es producto de una intensa vida de perfección cristiana. Ornelas nos lo pinta juntando “la perfección del arte con el arte de la perfección”, lo tiene por un excelente artista y modelo de cristiano “que comulgaba y confesaba a menudo, y siempre que comenzaba alguna hechura de un Santo Cristo”. De esta íntima unión con el crucificado obtenía su inspiración y las múltiples configuraciones de sus esculturas eran frutos de sus meditaciones contemplativas. Por eso podemos creer –concluye el cronista- que el Señor concurría a sus obras por su buen obrar”, y sus imágenes son tan tenidas por el pueblo como taumaturgas; pero si no se quiere creer en milagros, téngase por sabido que fueron ellas las que obraron el prodigio de la extensión y unidad de una fe entre pueblos a cual más diferentes en raza y cultura, unidad que aun existe hasta hoy, a pesar de las distancias.

Templo de Guadalupe, en Guadalupe, Zacatecas.

El autor de La Loza Americana lo juzgó un primoroso escultor (que hacía primores) que copiando en sí primero, con su ajustada vida, la imagen de Cristo crucificado, especialmente en la pureza, pues lo enterraron con las insignias de haber triunfado del más inmundo de los vicios… las sacó tan vivas, que hasta en hacer bien a los hombres, con sus milagros, salieron parecidas…”

Probablemente su único maestro fue su padre, cuyo obrador continuó en Pátzcuaro.

De la abundante producción de este modelador da cuanta el mismo Ornelas; al relatar el viaje de fray Francisco de Guadalajara a comprar el Cristo de Amacueca, dice que “llegó a Pátzcuaro, supo la gracia de Cerda, fue a visitarlo, y entre muchas hechuras que tenía, tenía la admirable de este Santo Cristo. Su fama llegó hasta Europa y “fue muy nombrado por las muchas hechuras que de su mano se han llevado a los reinos de España y en estas partes hay muchos.”

El Señor de Zoacoalco, en Zacoalco, Jalisco.

Son de él, ciertamente, los Cristos de Zacoalco, Amacueca, Magdalena, Mezquititlán (San Juan de los Lagos) y otros muchos en los que los rasgos corporales y las proporciones, sobre todo la abundancia de la sangre y el excesivo realismo de las heridas acusan ya el alma mestiza. Nace así, a la historia del arte, el Cristo mexicano, distinto del imaginado por el europeo, con el dolor reflejado en el rostro, el color moreno, la sangre manchando todo el cuerpo en abundancia tal, que solo así se podía enternecer a los indios acostumbrados a verla derramada a chorros en las guerras, y untadas a los cuerpos de los ídolos.

Cúpula en la capilla del Señor de las Angustias en Rincón de Romos, Aguascalientes.

Tales extremos en el realismo dotan a éstas imágenes de un carácter impresionante tan fuerte, que a veces impone y sobrecoge, como miedo y pavor producían terrible de los ídolos. Y llegó a tanto este impresionismo que es el mexicano el creador de una serie de representaciones en la figura escultórica de Cristo paciente, como el Señor de la Columna, desollado, el que representa a Cristo sentado como Rey de burlas; o el Cristo expuesto a la mofa del pueblo deicida, etc. Todas ellas notables contribuciones mexicanas a la escultura universal.

Ignoramos el lugar y la fecha de la muerte de Luis de la Cerda, que podemos suponer en el primer tercio del siglo XVII. El juicio de la posteridad le es en todo favorable: “la perfección de sus hechuras fue reflejo de su perfección que podemos creer que Dios Nuestro Señor concurrió a sus obras por su buen obrar.”

El Señor de Amacueca, en Amacueca, Jalisco.

Fuente:

Estrada Jasso, Andrés. Imágenes en caña de maíz: estudio, catálogo y bibliografía. UASLP. San Luis Potosí, 1996.

martes, 1 de marzo de 2011

El Señor de la Parroquia en la Catedral de Zacatecas

Hay en la Catedral de Zacatecas un Cristo que bien puede estar incluido en esta especie de catálogo que de Cristos de pasta de caña de maíz hemos venido anotando sus historias. Si bien no me fue posible encontrar más datos de la procedencia de El Señor de la Parroquia, encuentro, en cambio, una muy interesante entrevista realizada al español, maestro en historia del arte, Pablo Amador Marrero; esto en la revista del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Antes de pasar a ella, solo anoto que esto que vemos en la foto es la fachada lateral, norte, de la Catedral de Zacatecas en donde hay un altorrelieve del Señor de la Parroquia.

Esta es la parte media de la fachada lateral en donde apreciamos las columnas con tan singulares cariátides.

¿Cuál es su definición de estofado?

El estofado es la imitación textil de las decoraciones en escultura. Es el ajuar del santo. Las razones por las cuales el santo se viste de tal manera, así como todas las características técnicas y estilísticas de las policromías, de lo que adorna al santo.

El entrevistador agrega otra definición de estofado: "Técnica de la imaginería en madera policromada. Tiene sus orígenes en el arte gótico y fue adoptado por el arte barroco español y por esa vía se traspasó al arte colonial americano. Se realiza aplicando finas láminas de oro sobre partes de la imagen; luego se colocan pigmentos de color encima y después el color mismo se raspa o rasguña haciendo dibujos, de manera tal que quede descubierto el oro."

Un artístico anagrama del IHS aparece en ambas bases de las columnas, siempre en la fachada lateral norte.

Estas esculturas se visten, tienen lágrimas de cristal, etcétera. ¿Por qué? ¿Acaso se busca realismo en las esculturas?

El oro es en sí mismo un elemento pagano, desde la época más remota, la prehispánica, en el caso de México. Al catolicismo el oro siempre le ha llamado mucho la atención. La riqueza ornamental hacia el dios, hacia lo sagrado en lo general, provoca su ostentación, su riqueza.

A mediados del siglo XVI en el Concilio de Trento se entendió perfectamente cuál es el poder de la imagen y lo que ello conlleva. Ese poder de la propia imagen significa provocar su ornamentación y decoración como un trámite para la conexión con lo divino.

México todavía es un país muy religioso; se observa claramente en el plano de las costumbres y de las tradiciones populares. Es posible percatarse de la ornamentación del santo porque está unida a la mentalidad de la gente. Cada pueblo se identifica con una serie de formas decorativas: las pelucas, las lágrimas, los ojos de cristal, las uñas postizas, las heridas sangrantes, los corazones que palpitan. Es una forma teatral que posee la imagen para acercar lo divino a lo humano. El estofado es una riqueza visual y a su vez es el realismo que se le da a la pieza al vestirla.

En la nave izquierda de la Catedral se encuentra el altar donde se venera a El Señor de la Parroquia.

El poder de la imagen está directamente relacionado con el carácter devocional de los pueblos. El cristiano necesita de la imagen. De eso se vale el Concilio de Trento en el siglo XVI en un momento histórico contrarreformista. La imagen es el arma perfecta de la que se vale el conquistador -según Andrés Ricardo- para la evangelización de los pueblos americanos. Ese poder visual sigue activo en nuestros días; le resulta mucho más fácil al devoto relacionarse con un elemento de bulto que con el concepto cristiano, cualquiera que éste sea.

Dicho lo anterior, entonces el estofado es una técnica meramente religiosa

La ornamentación estofada es prácticamente de devoción cristiana. Pero también la encontramos en ciertos elementos civiles de España como marcos de pinturas del siglo XVIII y XIX y en algunas tumbas. Pero en efecto es más bien religioso.

Las soberbias torres de la Catedral de Zacatecas, obra máxima del barroco novohispano.

Para ver toda la entrevista completa, entra en el siguiente enlace:

http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/dialogos/dia_pablo06.html

sábado, 13 de marzo de 2010

La tradición de “Tatzingueni”, los Cristos en pasta de caña de maíz

El proceso del “Tatzingueni” comienza amarrando los carrizos de la planta del maíz ya secos.


La importancia que tienen las imágenes hechas en pasta de caña de maíz hechas en Michoacán es enorme, esto lo comenta María del Consuelo Maquivar: “Los purépechas o tarascos de Michoacán legaron al mundo del arte una técnica extraordinaria, que fue muy apreciada y demandada por los europeos, no solo en la Nueva España, sino más allá de sus fronteras, hasta la misma sede del Rey; me refiero a la escultura en pasta de caña de maíz. A pesar de la importancia que estos trabajos tuvieron, no solo desde el punto de vista artístico, sino de la trascendencia que significó su extensa exportación durante los tres siglos del virreinato, poco, muy poco se ha escrito sobre estas imágenes”. (1)


Sin lugar a dudas tenemos en Salamanca una joya de enormes dimensiones, independientemente del gran valor devocional que representa, el Cristo Negro del Señor del Hospital en su concepción artística tiene un valor incalculable, se dice que fue hecho en los talleres de Matías Cerda en Pátzcuaro, pero aún no se ha certificado que haya salido de allí, sin embargo, los grandes estudiosos del arte sacro en pasta de caña de maíz así lo afirman, tanto el canónigo Luís Enrique Orozco en Guadalajara, como el ex Presbítero Estrada Jasso en San Luís Potosí.


Una vez que los carrizos han sido sumergidos en agua junto a los bulbos del “tatziqui”, ya secos, se les quitan los amarres y quedan todos unidos por el proceso químico, natural, que la planta desarrolla.


La técnica desarrollada por los tarascos de la pasta de caña de maíz se le conocía como “Tatzíngueni”, debido a que para su elaboración era necesario usar los bulbos de la orquídea silvestre que crece en las inmediaciones del lago de Pátzcuaro conocido como “Tatziqui”. “De esta pasta hacían los tarascos las imágenes de sus dioses, que resultaban de muy poco peso y podían llevarlas consigo a la guerra”. (2)


Para conocer la técnica desarrollada por los tarascos, nos referiremos al Canónigo Orozco: “cortadas las cañas de maíz, las hervían en agua con yerbas venenosas para matar en ellas todo germen de polilla. Vueltas a secar al sol, las descortezaban y aprovechaban la sola médula que molían cuidadosamente, y antes de reducirlas a polvo, estando más bien martajada, la mezclaban con la goma de una begonia u orquídea, llamada en tarasco “tatsiqui”. Los bulbos de esta planta se cocían en agua y soltaba el aglutinante o goma, que era el elemento aprovechable. De la mezcla de la médula y goma resultaba una pasta manejable, ligerísima y de grande duración, que, tomando el nombre de la orquídea empleada, denominaban “tatsíngueni”, y con esta pasta los “acahecha”, o sacerdotes, hacían los ídolos, ya fuera empleando moldes de barro cocido, para modelar las figuras, ya dándoles con sus propias manos su tosca fisonomía, siempre ruda y repulsiva.


Comienza entonces el esculpido de la pieza que se quiere ejecutar.


“Investigaciones modernas indican que la pasta de “tatzíngueni” era el resultado de dos partes de médula del tallo de maíz con cinco partes de la orquídea llamada “tatziqui”. Dicha begonia se ha identificado ahora con lo que actualmente llaman en Uruapan “orácula”, o también “aróracua”. En la ciudad de Morelia se le conoce como “limoncito”, porque el olor de sus frutos tiene parecido al zumo del limón. El mismo resultado se logró con las begonias, tan abundantes en Michoacán, llamadas “itzúmacua” o “flor de Corpus” y el llamado “lirio de San Francisco”. (3)


Fueron los franciscanos los que iniciaron la evangelización del actual Michoacán, estableciendo conventos en Tzintzuntzan y Pátzcuaro, esto sucedió entre 1525-1531, descubriendo allí la novedosa técnica, la cual se adaptaba a la perfección para los rituales establecidos, aun con tinte medieval, de las procesiones y, es entonces que se da ese sincretismo al inducir a los tarascos a la escultura no de ídolos sino de imágenes sacras ya que la ligereza de ellas facilitaron en mucho las “bajadas” y procesiones ceremoniales.


Una vez terminada la base de la escultura, se determinará cual es el acabado que se le quiere dar.


En un estudio realizado en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Marco Antonio López y Margarita Rodríguez Morales anotan la importancia de “Un cronista franciscano del siglo XVII, Fray Alonso de La Rea. Nació en la ciudad de Querétaro, ingresó a la Orden de los franciscanos en el convento de Valladolid, (hoy Morelia), fue provincial de esta orden y el primer criollo que desempeñó este cargo, también fue cronista de su orden en la provincia de Michoacán, 10 el título original de su obra es muy extenso como era costumbre en su época: Crónica de la orden de N. Seráfico Padre San Francisco. Provincia de San Pedro y san Pablo de Mechoacán en la Nueva España (4). Y es precisamente este fraile que asienta para la posteridad la importancia del trabajo en pasta de caña de maíz.


El acabado tipo “maque” es el más solicitado ya que da una brillantez y suavidad a la imagen que la hacen más atractiva, especialmente las que se dedican a la Santísima Virgen.


“También son los que dieron el cuerpo de Cristo Señor Nuestro la más viva representación que han visto los mortales. Y si no díganlo los hechos de los Cerdas, cuyo primor; en alas de la fama, llegó primero a gozar la estimación en toda la Europa que los encarecimientos de esa humilde historia. Y aunque el ejemplar de la efigie la tuvieron los tarascos (claro está) de los ministros evangélicos, el hacerla de una pasta tan ligera y tan capaz para darle el punto, ellos son los inventores. Porque cojen la caña de maíz y le sacan el corazón, que es a modo de corazón de cañeja, pero más delicado y moliéndolo se hace una pasta con un género de engrudo que ellos llaman tatzingueni, tan excelente que se hacen de ella las famosas hechuras de Cristos de Michoacán que fuera de ser tan propios y con tan lindos primores, son tan ligeros que siendo de dos varas, al respecto pesan lo que pesaran siendo de pluma y así han sido y son las hechuras más extrañas que conocen”. (5)


Hubo una época en que los Cristos de pasta de caña de maíz de Michoacán eran exportados a Europa. Aquí vemos el afamado Cristo de Telde, en las Islas Canarias.


Es en verdad sorprendente la técnica de la pasta de caña de maíz, sobre todo las exquisitas piezas de arte que salieron de los talleres de los Cerda en Pátzcuaro, su fama no fue solo regional, sino que prontamente se conocieron en el viejo mundo, uno de esos Cristos, manufacturados en el siglo XVI recibe gran veneración en las Islas Canarias. “Fue la devoción de los emigrantes canarios la causante de que la arribada de la mayoría de las piezas americanas conservadas en las islas sean de carácter sacro”. Afirma también que las primeras importaciones artísticas fueron precisamente los Cristos de caña y entre ellos destacan la imagen del Altar Mayor de la iglesia de San Juan en Telde. (6)


Más nos adentramos en el tema de los Cristos elaborados con la antigua técnica “tatzingueni” y más entenderemos la importancia artística que el Señor del Hospital guarda, si agregamos a ello que la posición de un Cristo ya muerto es única y, hasta la fecha, no se ha sabido de que exista otro que tenga la misma postura, lo envuelve aun más en un halo místico sin igual. ”Sin duda alguna el modelo en pasta de caña de maíz representó para los españoles una innovación técnica que atrajo desde el primero momento su atención. Por lo tanto no es de extrañar que los frailes misioneros se dieran a la tarea de propiciar e impulsar estos trabajos en os talleres conventuales”. Esto lo comenta el historiador de arte Jaime Cuadriello y continúa: “El material fundamental para los cristos era la caña de maíz, que servía tanto para extraer la pulpa con la que se modelaba la forma de la imagen, como la propia caña, la que al unirse con otros carrizos más hacía las veces de soporte”.


Todas las fotografías con el proceso del trabajo en la pasta de caña de maíz fueron tomadas en el taller artesanal Seshashi, localizado en la Casa de los Once Patios, Local 2, en Pátzucaro, Michoacán.


“Según Estrada Jasso, uno de los misterios aun no resueltos es el de la preparación de los materiales, sobre todo lo referente a la extracción del azúcar a la caña, para lo cual sugiere que pudieron haberlas pasado varias veces por corrientes de agua y después exponerlas al sol para obtener un secado completo”. (7)


Con todo esto concluimos que en Salamanca tenemos una enorme riqueza artística, representativa del inicio de la evangelización en la Nueva España, representativa del sincretismo generado en el encuentro de culturas, una auténtica obra de arte, invaluable de por si ya en la parte afectiva y devocional, debemos aunar el tremendo valor artístico de la pieza.


Vista de la Calle Real, actual Serrato, en Pátzcuaro, Michoacán, lugar donde se encontrara el afamado taller de Matías y Luís de la Cerda en el siglo XVI.


Bibliografía:


1.- Red de revistas científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal. Universidad Autónoma del Estado de México. Artículo escrito por María del Consuelo Maquivar en torno al libro Ingeniería michoacana en caña de maíz de Sofía Irene Velarde Cruz.


2.- Santo Cristo de Araró, breve historia de la imagen y su santuario. Edición privada. Cura Ramón López Lara. Morelia, 1996.


3.- Los Cristos de caña de maíz y otras venerables imágenes de Nuestro Señor Jesucristo. Tomo I. Canónigo Luís Enrique Orozco y Contreras. Edición privada. Guadalajara, 1970.


4.- Orígenes de las artesanías en Michoacán. Marco Antonio López y Margarita Rodríguez Morales, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

http://www.imced.edu.mx/Ethos/Archivo/33-34-88.pdf


5.- DE LA REA, Fray Alonso. Chronica de la orde de N. seraphico P.S. Francisco. Prouincia de S. Pedro y Pablo de Mechoacán en la Nueva España. Compuesta por el P. lector en Theología Fr. Alonso de la Rea, de la misma prouincia. Dedicada a N.P. Christoual Vaz, ministro provincial de ella. Cimatario. Querétaro, México, 1945. Citado por Federico Gómez de Orozco en Crónicas de Michoacán, Dirección General de Publicaciones, UNAM. México 1940.


6.- Traza española, ropaje indiano. El Cristo de Telde y la imaginería en caña de maíz. Pablo F. Amador Marrero, Ayuntamiento de Telde, Islas Canarias, España, 2002. Citado por María del Consuelo Maquivar. (ibid).


7.- México en el mundo de las colecciones de arte. Volumen 3. Jaime Cuadruelo, 1994.


Actualmente es una propiedad privada, lo que fuera el taller de los afamadísimos escultores Luís y Matías de la Cerda, quienes perfeccionaron el arte escultórico en pasta de caña de maíz.


Las fotografías fueron tomadas en el Taller Artesanal Seshashi, Casa de los Once Patios, 1er patio, local 2. Pátzcuaro, Michoacán. Agradezco enormemente a la Sra. Beatriz Ortega Ruiz sus atenciones. Tel. (434)342-4752.



domingo, 15 de noviembre de 2009

La influencia renacentista en las imágenes de pasta de caña de maíz

De acuerdo a la historia de la imagen del Cristo Negro del Señor del Hospital, ésta llegó desde Xilotepec, en el actual Estado de México, lugar en donde fue venerada por poco más de veinte años, este dato nos lo ofrece el sacristán Alonso Marañón que, autorizado por el Señor Cura don Luis Saavedra, hizo una recopilación manuscrita de la historia del Señor del Hospital a mediados del siglo XIX. En ese relato se dice que la imagen había sido traída de España por los padres Franciscanos y se encontraba en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Hay, por otro lado la idea de que la imagen procede de Pátzcuaro, quizá del taller del más renombrado escultor de imágenes en pasta de Caña de Maíz, Matías de la Cerda.

Cristo en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en Lagos de Moreno, Jal.

Existe un libro que hace un estudio detalladísimo de éste arte escultórico: Imágenes en caña de maíz, escrito por el maestro Andrés Estrada Jasso, publicado por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 1996. En el inciso B del capítulo VI, nos expone magistralmente parte de los resultados de su análisis:

Cristo en la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz en Abasolo, Gto.

“Plenamente clásicos son los Cristos de Matías de la Cerda. Clásicas en su efecto son las proporciones: inscrita la forma en un cuadro; su altura es sensiblemente igual a la longitud de los brazos extendidos –especificaciones de Leonardo- en sus tratados de pintura; la cara cabe hasta diez veces en lo largo del cuerpo y, de oreja a oreja hay lo mismo que de la ceja a la barbilla.

El semblante es hermoso y de gran dignidad, no divina, sino profundamente humana. Hay rostros tan nobles que llegan a ser regios. El dolor no los deforma, los dignifica, y la muerte deja plasmado para siempre un sello de gravedad que no aterra, pero si eleva. Lo que aquí se dirá de los rasgos sobresalientes del rostro, se puede aplicar a la inmensa mayoría de los crucifijos estudiados.

Cuando el pelo se modela de la misma pasta, aparece escaso en el cráneo porque se supone una corona, de espinas o de plata con crencha en medio y bien peinado hacia los lados: mas abundante es el que cuelga suelto, un poco ondulado y tratado con esmero con dos o una guedeja por delante del hombro derecho, pero nunca muy largo. Pocas cabezas lo tienen solamente pintado por estar pensadas para pelo natural. (A veces el pueblo desfigura las obras del escultor añadiéndoles pelucas largas y rizadas, o grandes cendales que ocultan todas las piernas. De la orilla del pelo arrancan las gotas o hilillos de sangre derramada por las espinas.

Altar Mayor del Templo de la Santísima Trinidad en Puebla, Pue.

A los Cristos primitivos se les llamaban “dormidos”, porque los hacían con los ojos cerrados; mejor dicho: no tenían ojos; en cambio a los posteriores se los ponían de vidrio (realismo popular) o simplemente se los pintaban; de vivo o de muerto, siempre ensombrecidos por una profunda tristeza. La nariz, a pesar de ser la más relevante, suele ser grande, como la de muchos españoles. La barba siempre cerrada; a veces rizada o partida en dos, abundante y bien recortada; entre ésta y el bigote en realce, la boca: si se la representaba entreabierta suelen asomarse los dientes entre los labios y a veces es visible la lengua. En la mejilla se marca la bofetada de Malco.

La musculatura del cuerpo, que revela un gran conocimiento anatómico, está por lo general, acentuada, expresando exacerbación por el dolor o la postura incómoda. Los pectorales siempre están bien representados, y a la prefiguración de los deltoides concurren los refuerzos de papel que unen los brazos con la armadura del tórax. Las costillas son delgadas y claras. No es rara, en los brazos y en las piernas y en los pies la nudosidad y anchura de las articulaciones.

Precisamente de las notas más distintivas es el detallismo naturalista de los pies. Los metatarsos y las falanges están largamente acusados y tratados con tanto verismo que se pueden contar los huesos. No así las manos, que son suaves y pensadas para ser vistas por la parte de adentro. Es notoria la oposición entre las manos que derramaron bendiciones y los pies que caminaron descalzos.

Altar Mayor de la Catedral de Toluca, Estado de México.

Las piernas aparecen siempre arqueadas para hacer posible la antinatural postura de los dos pies sujetos por un solo clavo y pegada la planta a la cruz, sin el apoyo que en otras épocas se les puso para resolver ese problema, soporte que en los Cristos de caña nunca aparece. Por la misma razón los pies están torcidos hacia adentro.

Peculiar es la preeminencia que se le da al lado derecho sobre el opuesto: la cabeza y cara, ya de frente, ya de tres cuartos, cae hacia el lado derecho de la línea media que divide el cuerpo en dos, verticalmente. Del mismo lado quedan la herida del costado, el nudo del cendal (que no siempre existe, pues algunas están pensadas para sobreponerles otro de tela bordada) y el pie derecho superpuesto al izquierdo. Por el contrario, al otro lado de la línea media, no se da ningún elemento notable.

Este centro de atracción se acentúa todavía más por una curvatura del cuerpo hacia el lado derecho, que en algunos casos es muy pronunciada, en parte compensad por el hombro izquierdo que se desencaja. Como estos Cristos están pensados para ser vistos de frente, la parte posterior está poco trabajada: la forma es plana, los músculos apenas están esbozados, y la espalda medianamente pintada.

Cristo en el Templo del Calvario en Lagos de Moreno, Jal.

En cuanto a al policromía, el cuerpo de Jesús generalmente es blanco, o de un color moreno oliváceo, como los andaluces, y está dado con verdadera maestría. Que los Cerdas eran también pintores, está comprobado con el dicho de don Nicolás León que asegura la existencia de algunos cuadros de ellos en Tzintzuntzan. El pincel está manejado con criterio renacentista: la sangre no baña exageradamente el cuerpo. Son pocas las fuentes de donde mana: las espinas de la corona, las llagas de los clavos, las rodillas golpeadas y principalmente la llaga del costado; pero no es muy abundante, hilillos tan solo.

La del costado con frecuencia atraviesa el cendal y escurre por la pierna derecha. Las llagas destilan sangre, pero nunca en abundancia, dejando la figura relativamente limpia. Un cristo sanguinolento sería inconcebible en el Renacimiento, cuyos ideales no eran ciertamente el dolor y la sangre".

Jesús flagelado, en la Parroquia de San Francisco en Pénjamo, Gto.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Ficha técnica del Cristo Negro del Señor del Hospital

Uno de los mejores y más completos estudios que se hayan hecho en México sobre las imágenes de pasta de caña de maíz es, sin lugar a dudas el realizado por el maestro Andrés Estrada Jasso en su libro Imágenes en Caña de Maíz, publicado por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 1996. De allí estoy tomando toda la ficha técnica respecto al Cristo Negro del Señor del Hospital.

#37.- Cristo crucificado, tamaño un poco mayor que el natural. Cuerpo bastante torcido a la derecha, en arco. Brazos tirantes. Nariz grande y afilada, barba partida. Color un poco oscurecido. Fue colocado inicialmente en el hospital para indios de la Limpia Concepción de María (al lado de la parroquia) donde permaneció casi cuatro siglos hasta que fue trasladado al interior de la parroquia a principios del siglo XX. El curato y el hospital fueron erigidos por don Vasco en 1563. El cristo es de esos años.

Hacen referencia de el los siguientes autores: Buitrón (citado por Orozco); Ojeda Sánchez en “Cristos”; Orozco en “Cristos”; Romero J.G. en “Noticias” y Ruiz Valenzuela “Antonio” citado por Orozco.