miércoles, 16 de marzo de 2011

Señor San José

José significa: Dios me ayuda.

De San José únicamente sabemos los datos históricos que Mateo el Evangelista y Lucas el Evangelista nos narran en el evangelio. Su más grande honor es que Dios le confió sus dos más preciosos tesoros: Jesús y María. San Mateo nos dice que era descendiente de la familia de David.

Una muy antigua tradición dice que el 19 de Marzo sucedió la muerte de nuestro santo y el paso de su alma de la tierra al cielo.

Los santos que más han propagado la devoción a San José han sido: San Vicente Ferrer, Santa Brígida de Suecia, San Bernardino de Siena (que escribió en su honor muy hermosos sermones) y San Francisco de Sales, que predicó muchas veces recomendando la devoción al santo Patriarca. Pero sobre todo, la que más propagó su devoción fue Santa Teresa de Jesús, que fue curada por él de una terrible enfermedad que la tenía casi paralizada, enfermedad que ya era considerada incurable. Le rezó con fe a San José y obtuvo de manera maravillosa su curación. En adelante esta santa ya no dejó nunca de recomendar a las gentes que se encomendaran a él. Y repetía: ""Otros santos parece que tienen especial poder para solucionar ciertos problemas. Pero a San José le ha concedido Dios un gran poder para ayudar en todo"". Hacia el final de su vida, la mística fundadora decía: ""Durante 40 años, cada año en la fiesta de San José le he pedido alguna gracia o favor especial, y no me ha fallado ni una sola vez. Yo les digo a los que me escuchan que hagan el ensayo de rezar con fe a este gran santo, y verán que grandes frutos van a conseguir"". Y es de notar que a todos los conventos que fundó Santa Teresa les puso por patrono a San José.

San Mateo narra que San José se había comprometido en ceremonia pública a casarse con la Virgen María. Pero que luego al darse cuenta de que Ella estaba esperando un hijo sin haber vivido juntos los dos, y no entendiendo aquel misterio, en vez de denunciarla como infiel, dispuso abandonarla en secreto e irse a otro pueblo a vivir. Y dice el evangelio que su determinación de no denunciarla, se debió a que ""José era un hombre justo"", un verdadero santo. Este es un enorme elogio que le hace la Sagrada Escritura. En la Biblia, ""ser justo"" es lo mejor que un hombre puede ser.

Nuestro santo tuvo unos sueños muy impresionantes, en los cuales recibió importantísimos mensajes del cielo.

En su primer sueño, en Nazaret, un ángel le contó que el hijo que iba a tener María era obra del Espíritu Santo y que podía casarse tranquilamente con Ella, que era totalmente fiel. Tranquilizando con ese mensaje, José celebró sus bodas. La leyenda cuenta que doce jóvenes pretendían casarse con María, y que cada uno llevaba en su mano un bastón de madera muy seca. Y que en el momento en que María debía escoger entre los 12, he aquí que el bastón que José llevaba milagrosamente floreció. Por eso pintan a este santo con un bastón florecido en su mano.

En su segundo sueño en Belén, un ángel le comunicó que Herodes buscaba al Niño Jesús para matarlo, y que debía salir huyendo a Egipto. José se levantó a medianoche y con María y el Niño se fue hacia Egipto.

En su tercer sueño en Egipto, el ángel le comunicó que ya había muerto Herodes y que podían volver a Israel. Entonces José, su esposa y el Niño volvieron a Nazaret.

La Iglesia Católica venera mucho los cinco grandes dolores o penas que tuvo este santo, pero a cada dolor o sufrimiento le corresponde una inmensa alegría que Nuestro Señor le envió.

El primer dolor: Ver nacer al Niño Jesús en una pobrísima cueva en Belén, y no lograr conseguir ni siquiera una casita pobre para el nacimiento. A este dolor correspondió la alegría de ver y oír a los ángeles pastores llegar a adorar al Divino Niño, y luego recibir la visita de los Magos de oriente con oro, incienso y mirra.

El segundo dolor fue el día de la Presentación del Niño en el Templo, al oír al profeta Simeón anunciar que Jesús sería causa de división y que muchos irían en su contra y que por esa causa, un puñal de dolor atravesaría el corazón de María. A este sufrimiento correspondió la alegría de oír al profeta anunciar que Jesús sería la luz que iluminaría a todas las naciones, y la gloria del pueblo de Israel.

El tercer dolor fue la huida a Egipto. Tener que huir por entre esos desiertos a 40 grados de temperatura, y sin sombras ni agua, y con el Niño recién nacido. A este sufrimiento le correspondió la alegría de ser muy bien recibido por sus paisanos en Egipto y el gozo de ver crecer tan santo y hermoso al Divino Niño.

El cuarto dolor fue la pérdida del Niño Jesús en el templo y la angustia de estar buscándolo por tres días de casa en casa. A este sufrimiento le siguió la alegría de encontrarlo sano y salvo y de tenerlo en sus casa hasta los 30 años y verlo crecer en edad, sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres.

El quinto dolor fue la separación de Jesús y de María al llegarle la hora de morir. Pero a este sufrimiento le siguió la alegría, la paz y el consuelo de morir acompañado de los dos seres más santos de la tierra. Por eso invocamos a San José como Patrono de la Buena Muerte, porque tuvo la muerte más dichosa que un ser humano pueda desear: acompañado y consolado por Jesús y María.

San José, el santo del Silencio. Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. No es que haya sido uno de esos seres que no hablaban nada, pero seguramente fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: ""Sean pocas tus palabras"". Quizás Dios ha permitido que de tan grande amigo del Señor no se conserve ni una sola palabra, para enseñarnos a amar también nosotros en silencio. ""San José, Patrono de la Vida interior, enséñanos a orar, a sufrir y a callar"".

Un dato curioso: desde que el Papa Pío Nono declaró en 1870 a San José como Patrono Universal de la Iglesia, todos los Pontífices que ha tenido la Iglesia Católica desde esa fecha, han sido santos. Buen regalo de San José.

Santa Teresa repetía: ""Parece que Jesucristo quiere demostrar que así como San José lo trató tan sumamente bien a El en esta tierra, El le concede ahora en el cielo todo lo que le pida para nosotros. Pido a todos que hagan la prueba y se darán cuenta de cuán ventajoso es ser devotos de este santo Patriarca"".

Yo no conozco persona que le haya rezado con fe y perseverancia a San José, y que no se haya vuelto más virtuosa y más progresista en santidad.

Fuente: http://www.churchforum.org/

Nota: El altar a Señor San José de la fotografía corresponde a la Parroquia de Ixtlán de los Hervores, Michoacán.

El Templo del Señor de Santa Teresa en Villa González, Zacatecas

La extraordinaria construcción y su magnífico diseño le han logrado obtener, apenas hace unos meses, en agosto de 2010, el título de Patrimonio de la Humanidad dentro del programa del Camino Real de Tierra Adentro, a este que es el extraordinario templo del Cristo de Santa Teresa, conocido también como de Nuestra Señora de los Dolores.

Del más depurado estilo Neoclásico el templo se encuentra en magníficas condiciones, deslumbrando a todo aquel que llega a visitar esta apartada parte del estado de Zacatecas.

Es este un claro ejemplo de como la riqueza que hubo en las haciendas mexicanas fueron trasladas al arte, y nos damos cuenta de que, si se hubieran conservado todos y cada uno de los templos y capillas que había en las haciendas, la riqueza arquitectónica de nuestro país sería inconmensurable.

Santo Mateo Correa Magallanes, (23 de julio de 1866, † 6 de febrero de 1927) sacerdote canonizado por Juan Pablo II. Nació en Tepechitlán, Zac. (Diócesis de Zacatecas) Valparaíso, México, lugar donde hoy es muy venerado. Mártir del secreto de la confesión, fue fusilado cerca de Durango, durante la guerra cristera por negarse a revelar los secretos que conoció en el ejercicio del sacramento de la confesión, de prisioneros rebeldes condenados a muerte, al general que les combatía. Sus restos quedaron abandonados tres días en el campo, y hoy descansan en la Catedral de Durango. La iglesia de Fátima en Zacatecas, y otra que lleva su nombre en Fresnillo, se dedican a su veneración.


Templo de San Blas en Pabellón de Hidalgo, Aguascalientes.

Es sorprendente la riqueza de arte religioso, espeíficamente de templos, que encontramos en las Haciendas de México, tal es el caso del Templo de San Blas que fuera parte de la Hacienda del Pabellón. Un lugar tranquilo y reposado en donde un sutil barroco surge, especialmente en su hermoso retablo del altar mayor.




lunes, 14 de marzo de 2011

El templo de San Gaspar, Atotonilquillo, Jalisco

Si los templos inspiran un respeto y dentro de ellos se envuelve uno en el misticismo y la paz, en los templos abandonados encontramos un aun mayor punto de reflexión, un reencuentro con lo más primitivo de la idea de religión, cuando se está en contacto con la naturaleza y todo, absolutamente todo se vuelve uno. Este templo se ubica entre Ocotlán e Ixtlahuacán de los Membrillos en Jalisco, justo antes de llegar a la Hacienda de Atequiza, en una comunidad llamada Atequiza. Estuvo dedicado a San Gaspar, uno de los tres Santos Reyes.







domingo, 13 de marzo de 2011

La Parroquia en Ixtlahuaca, Estado de México

Un particular barroquismo encontramos en este templo punta de lanza de la evangelización del pueblo Mazahua, una auténtica joya.







sábado, 12 de marzo de 2011

El Cristo de la Capilla, Saltillo, Coahuila.

La imagen más antigua de la que tenemos noticias documentales es también la más renombrada de Saltillo: El Santo Cristo de la Capilla, un Jesús crucificado de tamaño natural que tiene fama de muy milagroso. Envuelto en leyendas el Santo Cristo puede considerarse como el alma de la historia regional en muchos sentidos.

El padre Fuentes asegura que la imagen, igual que otras, fue hecha en España “allá en los tiempos de Carlos V o de sus inmediatos sucesores para mandarlas a estas recién conquistadas Indias” y que el comerciante Santos Rojo la trajo en marzo de 1608 desde Jalapa donde la había comprado y la colocó en el crucero de la parroquia donde había una capilla de Ánimas que él mismo había fabricado…


Las fotos y la nota fueron tomadas del libro: La Catedral de Saltillo y sus imágenes. Clara Bargellini. UNAM. México, 2005.