sábado, 13 de marzo de 2010

La tradición de “Tatzingueni”, los Cristos en pasta de caña de maíz

El proceso del “Tatzingueni” comienza amarrando los carrizos de la planta del maíz ya secos.


La importancia que tienen las imágenes hechas en pasta de caña de maíz hechas en Michoacán es enorme, esto lo comenta María del Consuelo Maquivar: “Los purépechas o tarascos de Michoacán legaron al mundo del arte una técnica extraordinaria, que fue muy apreciada y demandada por los europeos, no solo en la Nueva España, sino más allá de sus fronteras, hasta la misma sede del Rey; me refiero a la escultura en pasta de caña de maíz. A pesar de la importancia que estos trabajos tuvieron, no solo desde el punto de vista artístico, sino de la trascendencia que significó su extensa exportación durante los tres siglos del virreinato, poco, muy poco se ha escrito sobre estas imágenes”. (1)


Sin lugar a dudas tenemos en Salamanca una joya de enormes dimensiones, independientemente del gran valor devocional que representa, el Cristo Negro del Señor del Hospital en su concepción artística tiene un valor incalculable, se dice que fue hecho en los talleres de Matías Cerda en Pátzcuaro, pero aún no se ha certificado que haya salido de allí, sin embargo, los grandes estudiosos del arte sacro en pasta de caña de maíz así lo afirman, tanto el canónigo Luís Enrique Orozco en Guadalajara, como el ex Presbítero Estrada Jasso en San Luís Potosí.


Una vez que los carrizos han sido sumergidos en agua junto a los bulbos del “tatziqui”, ya secos, se les quitan los amarres y quedan todos unidos por el proceso químico, natural, que la planta desarrolla.


La técnica desarrollada por los tarascos de la pasta de caña de maíz se le conocía como “Tatzíngueni”, debido a que para su elaboración era necesario usar los bulbos de la orquídea silvestre que crece en las inmediaciones del lago de Pátzcuaro conocido como “Tatziqui”. “De esta pasta hacían los tarascos las imágenes de sus dioses, que resultaban de muy poco peso y podían llevarlas consigo a la guerra”. (2)


Para conocer la técnica desarrollada por los tarascos, nos referiremos al Canónigo Orozco: “cortadas las cañas de maíz, las hervían en agua con yerbas venenosas para matar en ellas todo germen de polilla. Vueltas a secar al sol, las descortezaban y aprovechaban la sola médula que molían cuidadosamente, y antes de reducirlas a polvo, estando más bien martajada, la mezclaban con la goma de una begonia u orquídea, llamada en tarasco “tatsiqui”. Los bulbos de esta planta se cocían en agua y soltaba el aglutinante o goma, que era el elemento aprovechable. De la mezcla de la médula y goma resultaba una pasta manejable, ligerísima y de grande duración, que, tomando el nombre de la orquídea empleada, denominaban “tatsíngueni”, y con esta pasta los “acahecha”, o sacerdotes, hacían los ídolos, ya fuera empleando moldes de barro cocido, para modelar las figuras, ya dándoles con sus propias manos su tosca fisonomía, siempre ruda y repulsiva.


Comienza entonces el esculpido de la pieza que se quiere ejecutar.


“Investigaciones modernas indican que la pasta de “tatzíngueni” era el resultado de dos partes de médula del tallo de maíz con cinco partes de la orquídea llamada “tatziqui”. Dicha begonia se ha identificado ahora con lo que actualmente llaman en Uruapan “orácula”, o también “aróracua”. En la ciudad de Morelia se le conoce como “limoncito”, porque el olor de sus frutos tiene parecido al zumo del limón. El mismo resultado se logró con las begonias, tan abundantes en Michoacán, llamadas “itzúmacua” o “flor de Corpus” y el llamado “lirio de San Francisco”. (3)


Fueron los franciscanos los que iniciaron la evangelización del actual Michoacán, estableciendo conventos en Tzintzuntzan y Pátzcuaro, esto sucedió entre 1525-1531, descubriendo allí la novedosa técnica, la cual se adaptaba a la perfección para los rituales establecidos, aun con tinte medieval, de las procesiones y, es entonces que se da ese sincretismo al inducir a los tarascos a la escultura no de ídolos sino de imágenes sacras ya que la ligereza de ellas facilitaron en mucho las “bajadas” y procesiones ceremoniales.


Una vez terminada la base de la escultura, se determinará cual es el acabado que se le quiere dar.


En un estudio realizado en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Marco Antonio López y Margarita Rodríguez Morales anotan la importancia de “Un cronista franciscano del siglo XVII, Fray Alonso de La Rea. Nació en la ciudad de Querétaro, ingresó a la Orden de los franciscanos en el convento de Valladolid, (hoy Morelia), fue provincial de esta orden y el primer criollo que desempeñó este cargo, también fue cronista de su orden en la provincia de Michoacán, 10 el título original de su obra es muy extenso como era costumbre en su época: Crónica de la orden de N. Seráfico Padre San Francisco. Provincia de San Pedro y san Pablo de Mechoacán en la Nueva España (4). Y es precisamente este fraile que asienta para la posteridad la importancia del trabajo en pasta de caña de maíz.


El acabado tipo “maque” es el más solicitado ya que da una brillantez y suavidad a la imagen que la hacen más atractiva, especialmente las que se dedican a la Santísima Virgen.


“También son los que dieron el cuerpo de Cristo Señor Nuestro la más viva representación que han visto los mortales. Y si no díganlo los hechos de los Cerdas, cuyo primor; en alas de la fama, llegó primero a gozar la estimación en toda la Europa que los encarecimientos de esa humilde historia. Y aunque el ejemplar de la efigie la tuvieron los tarascos (claro está) de los ministros evangélicos, el hacerla de una pasta tan ligera y tan capaz para darle el punto, ellos son los inventores. Porque cojen la caña de maíz y le sacan el corazón, que es a modo de corazón de cañeja, pero más delicado y moliéndolo se hace una pasta con un género de engrudo que ellos llaman tatzingueni, tan excelente que se hacen de ella las famosas hechuras de Cristos de Michoacán que fuera de ser tan propios y con tan lindos primores, son tan ligeros que siendo de dos varas, al respecto pesan lo que pesaran siendo de pluma y así han sido y son las hechuras más extrañas que conocen”. (5)


Hubo una época en que los Cristos de pasta de caña de maíz de Michoacán eran exportados a Europa. Aquí vemos el afamado Cristo de Telde, en las Islas Canarias.


Es en verdad sorprendente la técnica de la pasta de caña de maíz, sobre todo las exquisitas piezas de arte que salieron de los talleres de los Cerda en Pátzcuaro, su fama no fue solo regional, sino que prontamente se conocieron en el viejo mundo, uno de esos Cristos, manufacturados en el siglo XVI recibe gran veneración en las Islas Canarias. “Fue la devoción de los emigrantes canarios la causante de que la arribada de la mayoría de las piezas americanas conservadas en las islas sean de carácter sacro”. Afirma también que las primeras importaciones artísticas fueron precisamente los Cristos de caña y entre ellos destacan la imagen del Altar Mayor de la iglesia de San Juan en Telde. (6)


Más nos adentramos en el tema de los Cristos elaborados con la antigua técnica “tatzingueni” y más entenderemos la importancia artística que el Señor del Hospital guarda, si agregamos a ello que la posición de un Cristo ya muerto es única y, hasta la fecha, no se ha sabido de que exista otro que tenga la misma postura, lo envuelve aun más en un halo místico sin igual. ”Sin duda alguna el modelo en pasta de caña de maíz representó para los españoles una innovación técnica que atrajo desde el primero momento su atención. Por lo tanto no es de extrañar que los frailes misioneros se dieran a la tarea de propiciar e impulsar estos trabajos en os talleres conventuales”. Esto lo comenta el historiador de arte Jaime Cuadriello y continúa: “El material fundamental para los cristos era la caña de maíz, que servía tanto para extraer la pulpa con la que se modelaba la forma de la imagen, como la propia caña, la que al unirse con otros carrizos más hacía las veces de soporte”.


Todas las fotografías con el proceso del trabajo en la pasta de caña de maíz fueron tomadas en el taller artesanal Seshashi, localizado en la Casa de los Once Patios, Local 2, en Pátzucaro, Michoacán.


“Según Estrada Jasso, uno de los misterios aun no resueltos es el de la preparación de los materiales, sobre todo lo referente a la extracción del azúcar a la caña, para lo cual sugiere que pudieron haberlas pasado varias veces por corrientes de agua y después exponerlas al sol para obtener un secado completo”. (7)


Con todo esto concluimos que en Salamanca tenemos una enorme riqueza artística, representativa del inicio de la evangelización en la Nueva España, representativa del sincretismo generado en el encuentro de culturas, una auténtica obra de arte, invaluable de por si ya en la parte afectiva y devocional, debemos aunar el tremendo valor artístico de la pieza.


Vista de la Calle Real, actual Serrato, en Pátzcuaro, Michoacán, lugar donde se encontrara el afamado taller de Matías y Luís de la Cerda en el siglo XVI.


Bibliografía:


1.- Red de revistas científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal. Universidad Autónoma del Estado de México. Artículo escrito por María del Consuelo Maquivar en torno al libro Ingeniería michoacana en caña de maíz de Sofía Irene Velarde Cruz.


2.- Santo Cristo de Araró, breve historia de la imagen y su santuario. Edición privada. Cura Ramón López Lara. Morelia, 1996.


3.- Los Cristos de caña de maíz y otras venerables imágenes de Nuestro Señor Jesucristo. Tomo I. Canónigo Luís Enrique Orozco y Contreras. Edición privada. Guadalajara, 1970.


4.- Orígenes de las artesanías en Michoacán. Marco Antonio López y Margarita Rodríguez Morales, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

http://www.imced.edu.mx/Ethos/Archivo/33-34-88.pdf


5.- DE LA REA, Fray Alonso. Chronica de la orde de N. seraphico P.S. Francisco. Prouincia de S. Pedro y Pablo de Mechoacán en la Nueva España. Compuesta por el P. lector en Theología Fr. Alonso de la Rea, de la misma prouincia. Dedicada a N.P. Christoual Vaz, ministro provincial de ella. Cimatario. Querétaro, México, 1945. Citado por Federico Gómez de Orozco en Crónicas de Michoacán, Dirección General de Publicaciones, UNAM. México 1940.


6.- Traza española, ropaje indiano. El Cristo de Telde y la imaginería en caña de maíz. Pablo F. Amador Marrero, Ayuntamiento de Telde, Islas Canarias, España, 2002. Citado por María del Consuelo Maquivar. (ibid).


7.- México en el mundo de las colecciones de arte. Volumen 3. Jaime Cuadruelo, 1994.


Actualmente es una propiedad privada, lo que fuera el taller de los afamadísimos escultores Luís y Matías de la Cerda, quienes perfeccionaron el arte escultórico en pasta de caña de maíz.


Las fotografías fueron tomadas en el Taller Artesanal Seshashi, Casa de los Once Patios, 1er patio, local 2. Pátzcuaro, Michoacán. Agradezco enormemente a la Sra. Beatriz Ortega Ruiz sus atenciones. Tel. (434)342-4752.



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