viernes, 6 de abril de 2012

José de Iturrigaray, el único Virrey de la Nueva España que visitó Salamanca

José Joaquín Vicente de Iturrigaray y Aróstegui (1742-1815) fue designado como Virrey de la Nueva España en 1802, durante el reinado de Carlos IV, lo suyo fue más que una selección, una impoisción hecha por la persona más influyente con el Rey, Manuel Godoy, que fungía como su primer ministro. Sobre Godoy pesaban habladurías, como ser el amante de la reina de España, María Luisa de Parma. Es así como Iturrigaray es llamado a Sevilla, lugar en donde se daban los nombramientos para los virreyes de Nueva España y fue allí en donde comenzó a aprovecharse a su favor la nueva posición. La corrupción estaba en los más altos niveles y venía para México.

" En 1803 Godoy impuso como virrey a Iturrigaray, un militar que había combatido en Portugal y en España contra los invasores franceses. Iturrigaray fue tan rapaz como sus antecesores Marquina y Branciforte. Con el pretexto de que no tenía tiempo para hacerse de vestiduras apropiadas, en España, se le dio autorización para traer telas excentas de impuestos, de manera que apenas desembarcado en Veracruz se apresuró a venderlas en cerca de ciento cincuenta mil pesos¨. (1)
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Iturrigaray hace el recorrido triunfal, como marcaba la tradición, luego de descansar del largo viaje en Veracruz, era el 6 de diciembre de 1802, sería recibido con honores en Puebla, Tlaxcala y finalmente llegaría, guardando también la tradición a la Villa de Guadalupe, para entrar triunfalmente a la ciudad de México y asumir el cargo el 4 de enero de 1803. Se dispondría de una gigantesca valla que lo recibiría, así como de espectaculares arcos triunfales de flores para conmemorar su arribo. Dentro de los primeros decretos que dicta está el separar políticamente a la Alta de la Baja California, asignando al comandante José Joaquín de Arrillaga como Gobernador de la Alta California con sede en Monterey y a Felipe de Goycochea como Gobernador de la Baja California con sede en Loreto.
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Las minas era la mayor riqueza de la Nueva España, especialmente las ubicadas en el Real de Santa Fe de Guanajuato, esto era bien sabido por el nuevo virrey, más aun, sabía que para que las minas funcionaran había la necesidad del azogue o mercurio, razón por la cual, con su influencia como virrey se apodera del control de este producto y acepta, gustoso la invitación que uno de los más acaudalados mineros de Guanajuato le hace para visitar el Real de Minas, don Antonio Pérez de Gálvez, que al año siguiente se convertiría en el segundo conde consorte de Valenciana; igualmente la invitación viene de otro acaudalado minero, además regidor y alcalde ordinario de Guanajuato, José Mariano de Sardaneta y Llorente, marqués de San Juan de Rayas.
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Es así como en julio de 1803 Iturrigaray y su largo séquito toman el Camino Real de Tierra Adentro, pasando por Tepeji del Río, San Juan del Río y Querétaro, lugar en donde se hace la primera escala de tipo "oficial", es don Miguel Domínguez el corregidor de Querétaro quien hace los honores a su visita, el camino continuaría rumbo a Celaya. En la fotografía vemos el Puente Tresguerras, a la entrada oriente de Celaya, el cual se mandó construir con el beneficio que se obtuvo de las corridas de toros, que fueron aprobadas a realizarse en esa ciudad por el virrey Iturrigaray, convirtiéndose así, Celaya, en la única ciudad que saca provecho de la visita del Virrey a Guanajuato. "El único pueblo que sacó provecho de él fue Celaya, pues concedió licencia para que se hiciesen corridas de toros, con cuyo producto se construyó el puente del río del Laja, inmediato a dicha ciudad, y cuya falta causaba mucho perjuicio a los pasajeros. Este puente es más que regular, obra de don Francisco Tres-Guerras; pero está mal situado, y no teniendo los arcos bastante capacidad para dar tránsito al caudal muy copioso de aguas, las hace retroceder e inunda varios terrenos". (2)
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Se dice que fue el sábado 18 de junio de 1803 cuando el virrey Iturrigaray pasó por Salamanca, la que días después sería catalogada por el Barón Alejandro de Humboldt como "ciudad pequeña pero bonita". Seguramente se oyó un fuerte repique de campanas al entrar el virrey, quizá la población, que apenas llegaba a las 13 mil almas se volcó en la Calle Real, la actual Hidalgo, para verlo pasar, quizá los padres Agustinos salieron a su encuentro, tal vez el virrey entró para deslumbrarse con el oro de los retablos del Templo de San Juan de Sahagún, tal vez el virrey asistió a un pequeño rezo en la Parroquia Antigua que entonces era el templo principal del curato de la villa de Salamanca. El virrey continuaría su recorrido y entraría, a Irapuato... es lo que se dice, pero, creo que más bien el virrey siguió por Temascatío y de allí directo a la Hacienda de Burras, en donde su anfitrión, el Marqués de Rayas lo estaba ya esperando. Quizá fue allí que pasó la noche del 18 de junio pues el día 19 hace su entrada triunfal a Guanajuato.
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"A la una de la tarde de este día hace su solemnísima entrada ala capital de Guanajuato el Exmo. Sr. D. José de Iturrigaray, 56 virrey de la Nueva España, y se aloja en la Plaza Mayor en en la casa de Don Antonio de Pérez Gálvez. La magnificencia de su recepción fue verdaderamente extraordinaria, pues se le trató y obsequió como si hubiera sido el monarca en persona: además de las manifestaciones prevenidas en el programa del ayuntamiento, que se cumplieron en todas sus partes, los operarios de la mina de la Valenciana, vestidos con un lujo deslumbrador, fueron a recibir hasta Pardo, y quitando las mulas de su carroza lo condujeron hasta su alojamiento, tirándola con sus propias manos: allí recibió las felicitaciones de todas las autoridades y corporaciones eclesiásticas y civiles, y valiosos regalos de la ciudad, de las minas de Rayas y Valenciana, de la Diputación de Minería y otros".
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20 de junio de 1803.-
Al día siguiente de su llegada (lunes) se ocupó en la mañana el virrey Iturrigaray en visitar la iglesia matriz y otros templos; y en la tarde recorrió a pie la ciudad, vio el resto de los templos, los cuarteles, y la obra de Granaditas: el inmediato martes estuvo por la mañana en algunas haciendas de beneficio y en diversas oficinas, y en la tarde visitó las cárceles y las presas de la Olla y de los Pozuelos: el miércoles pasó el día en Rayas, y el jueves en Valenciana, en cuyos lugares fue recibido, y obsequiado con regia pompa: en Valenciana bajó a la mina, y se colocó después una lápida conmemorativa en el punto hasta donde llegó.
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24 de junio de 1803.-
A las tres de la tarde sale de Guanajuato para México el virrey Iturrigaray y, recibiendo en este acto una nueva y espléndida ovación de parte de la ciudad y los mineros. Los operarios de la mina de Rayas se presentaron oportunamente en el alojamiento del alto funcionario, vestidos con lujos semejante al que ostentaron los de Valenciana el día del recibimiento, pero con traje de riguroso luto, para demostrar la pesadumbre que les causaba la partida del virrey y desenganchando las mulas del carruaje los llevaron hasta Prado, continuando luego todo lo más florido de la ciudad encaminando al ilustre viajero hasta la calzada de Jalapita en Marfil.

2 de julio de 1803.-
Escribe el virrey Iturrigaray manifestando que llegó felizmente a México, de vuelta de esta ciudad y ofreciendo de nuevo sus facultades a favor del ayuntamiento. (3)

Hubo otro viaje que realizo Iturrigaray, lo hizo rumbo a Orizaba, Córdoba y Jalapa. Fue de los pocos virreyes, a excepción del primero de ellos, don Antonio de Mendoza, que se adentró en la provincia mexicana. Pero estos viajes ocasionaban problemas serios a la población pues "... por ejemplo, cuando Iturrigaray abandonó la ciudad de México en sus viajes, los comerciantes utilizaron su ausencia para subir los precios de los artículos de comercio y de consumo. Por otra parte, las interrupciones de los viajes produjeron muchas dificultades para los subdelegados, las justicias, los curas y, particularmente, para las comunidades de los indios en la ruta que recibieron la responsabilidad de pagar una gran porción de los costos del carbón, gallinas, cocineros y el mantenimento de los animales... (4)

Vemos pues, que, si bien la breve visita del virrey a Salamanca fue cosa que se anotó (y ya casi se olvidó) en la historia regional, el precio de la misma fue alto. Algo habrá sucedido en Salamanca durante este acontecimiento, quizá en el archivo parroquial se anotó algún detalle al respecto, será trabajo de los historiadores que, si tienen la oportunidad de consultar el mes de junio del año 1803, nos digan, a los mortales, que fue lo que sucedió durante esa fugaz visita. En México de lo poco que queda de recuerdo del virrey Iturrigaray es la estatua de Carlos IV que mandó colocar en el zócalo, y, según reza la placa, se conserva solamente como obra de arte y es la que vemos en la fotografía


Fuentes:
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1.- Benitez, Fernando. El peso de la noche, Nueva España de la edad de plata a la edad de fuego. Ediciones Era. México, 1996.
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2.- Bustamante, Carlos María. Los tres siglos de México durante el gobierno español hasta la entrada del Ejército Trigarante, obra escrita en Roma por el padre Andrés Calvo, de la Compañía de Jesús, publicada con notas y suplementos por el Lic. Carlos María de Bustamante. Imprenta de J. R. Navarro. México, 1852. (datos tomados del blog:
http://ahtm.worldpres.com/)

3.- Marmolejo, Lucio. Efemérides Guanajuatenses. Imprenta del Colegio de Artes y Oficios. Guanajuato, 1883.
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4.- Archer, Christon I. México en 1810: el fin del principio, el principio del fin. México en tres momentos 1810-1910-2010. UNAM, México, 2007.

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