sábado, 14 de mayo de 2016

Los cenotafios de la Parroquia Antigua de Salamanca.

   La relación entre templos y cementerios fue intrínseca, no se concebía una cosa sin la otra, los templos y , más bien, los atrios se crearon para que allí fueran los campos santos en donde reposarían los difuntos hasta el día del juicio final, la idea de estar cerca del templo fue tal que hubo una época, ya en el XVII en la que se enterraban los cadáveres que así lo pagaban muy cerca del altar mayor, pensando que al estar allí serían los primeros en acudir al llamado de la trompeta del arcángel San Miguel. Habrá que ver en la Bibila que se habla de 144 000 elegidos, así que, para el siglo XVIII hablar de esa cantidad era hablar de pocos, muy pocos, de ahí la idea de estar cerca del altar.

   Ocurrió luego que vino la guerra de Independencia, en la que casi casi, cada quien hizo lo que pudo, sea en dejar a los muertos en las calles o caminos, que a sus cabezas o cuerpos descuartizados, digamos que fue un tiempo en el que no hubo ley... y siguió así hasta más allá de 1821. En 1860, proclamadas las Leyes de Reforma, los panteones fuero secularizados, es decir, se le quitaron al clero, pero vino luego la invasión francesa, y no será hasta 1870 que en todas las poblaciones haya un panteón civil, se acabaron los panteones de san esto o san lo otro. La idea de los templos, altares, muertos y juicio final estaba tan arraigada que si ya no se enterraban en los templos, al menos se dejaba una placa, una especie de cenotafio en recuerdo del difunto.

   Y estas placas que ahora vemos son las que hay en la Parroquia Antigua, sitio en el que, para el siglo XVIII hubo tal cantidad de entierros que el cementerio abarcó lo que hoy es la calle Sánchez Torrado, la escuela Apóstólica, el atrio y la plaza de los Niños Héroes.


















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