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lunes, 18 de noviembre de 2013

La recepción de S.M. Maximiliano I en la Villa de Salamanca.

   Los espléndidos arcos que vemos en el grabado fueron levantados en la ciudad de México como marco de la entrada triunfal del Emperador Maximiliano I. Muchos arcos, quizá no tan espectaculares, acaso solo enramadas, fueron colocados a todo lo largo del camino desde el puerto de Veracruz hasta México. Para el diez de agosto apenas en el segundo mes de su reinado, Maximiliano sale de la ciudad de México rumbo a Guanajuato, hay dos objetivos por realizar en ese viaje, quizá tres: el primero, el más noble: conocer parte de su Imperio, especialmente la zona más controlada por el ejército francés; el segundo, el más sensato: salir de la ciudad de México ante las posibilidades de un atentado; el tercero, el más patriótico: llegar al pueblo de Dolores para encabezar los festejos del 16 de Septiembre, se celebraría el 54º aniversario del inicio de la guerra de Independencia.

  La que vemos es una de las pocas fotografías, tal vez la única que existe, que muestra esa entrada triunfal a la ciudad de México; vemos al fondo uno de los arcos que para la ocasión se levantaron. Llegaría pues, el 10 de agosto y su salida de la ciudad. Luego del paso por Tepeji del Río se dice que la comitiva del Emperador fue interceptada por un grupo de mexicanos de la región, lo que querían era mostrale un acto que es tradición en nuestro país: el coleadero. Maximiliano quedó impresionado con la destreza y habilidad de los jinetes mexicanos, quizá fue en ese primer encuentro que tuvo con la charrería que se enamoraría de ella y tomaría el traje del charro mexicano como parte de su vestido habitual. Desconozco cuales fueron los puntos en los que pernoctó antes de llegar a Querétaro, uno de ellos, seguramente fue en Soyaniquilpan, paso obligado del Camino Real de Tierra Adentro.

  De haber pernoctado en el pueblo de San Francisco Soyaniquilpan, quizá fue en este Mesón que lo hizo; se dice que en ese paso, obsequió una fina palangana de porcelana al templo del lugar. En Querétaro fue una semana su estancia, el 23 salió rumbo a Apaseo y Celya; para el día 25 haría su llegada a la villa de Salamanca, en donde, de acuerdo a la Gaceta Oficial de Guanajuato, la Recepción que se le hizo a S. M. fue así:

Prefectura Política de Salamanca.
Salamanca, Agosto 28 de 1864.-

  Tengo la honra de poner en conocimiento de VS para que sirva elevarlo al de la superioridad que el 25 del que rige llegó a esta villa nuestro augusto y magnánimo soberano a la una de la tarde. En ese día un repique a vuelo a la hora del alba acompañado de una salva de cohetes y de un paseo por las calles de la marcha militar anunció al vecindario que se acercaba la hora en que debíamos tener la fortuna de recibir a S.M. Todas las calles se adornaron hasta donde lo permitieron las facultades de los vecinos y estaba preparada una comisión para salir a recibirlo al camino, cuando se recibió una circular en que se preveía que las autoridades recibirían a SM en la casa destinada para alojarlo; en consecuencia solo salieron el señor comandante superior francés y el comandante Rodríguez con la mitad del escuadrón de seguridad que es a su mando. SM hizo su entrada en medio de un repique general; una salva muy prolongada de cohetes, la salva real de artillería y el entusiasmo de todos los habitantes que lo victorearon sin interrupción, contestando SM esos vítores con suma amabilidad, lo que dejó prendado el corazón de todos los vecinos.

   "Esta autoridad, los empleados, jueces y algunos vecinos, esperaron a SM en la casa del Sr. cura D. Luis Saavedra que fue la que se destinó para alojarlo y que este señor adornó con la decencia que le fue posible. Allí SM descendió del carruaje y fue conducido por la comitiva a la sala, en donde SM dirigió algunas preguntas sobre el valor y existencia de maíz, retirándose en seguida, pues venía indispuesto lo que hizo que por ese día no recibiera más sin embargo ordenó que se convidara a la mesa a la autoridad política y cinco personas de los notables del lugar.

  "Por la noche hubo iluminación general, y no queriendo molestar a SM las músicas estuvieron tocando en la plaza hasta las diez. Al día siguiente SM salió después del almuerzo, visitó las escuelas de ambos sexos, las cárceles, la parroquia y el río que atraviesa esta población, en cuyo punto se le hizo observar la necesidad de un puente y ordenó que se invitara a los vecinos para formar una empresa que el Gobierno protegeira hasta donde le permitiera el estado del erario. De vuelta a su alojamiento recibió en audiencia al Sr. general Magaña y a una comisión del Valle de Santiago que vino a felicitarlo, y además a algunas otras personas de la población.

  "En la noche, dos músicas le dieron serenata hasta la hora que SM tuvo a bien retirarlos y al día siguiente una comisión de ocho personas prendidas por esta autoridad salió a dejar a SM hasta la hacienda de Buenavista en donde le esperaba la comisión de Irapuato. Debo concluir encareciendo la bondad de SM que no pudiendo ver con indiferencia la miseria de este lugar y el mal estado del local de la cárcel, ha destinado de su caja particular doscientos pesos para repartirlos entre las familias notoriamente pobres y cincuenta para que se les abran ventilas a los dormitorios de los presos.

Dios guarde a VS muchos años.
El coronel subrefecto, Mariano Pacheco.

-Señor secretario general de la Prefectura superior política de Guanajuato. (1)

  Y fue así como terminó la visita del Emperador Maximiliano a la Villa de Salamanca, nadie sabía que ese malestar que sintió desde su llegada el día anterior, acrecentaría y en Irapuato cae enfermo. Luego de un tiempo, en agradecimiento a las atenciones recibidas obsequiaría a ese pueblo una fuente, otra igual para la ciudad de Guanajuato y, una tercera, idéntica, cuyo paradero se desconoce.

Para leer lo sucedido con la enfermedad de Emperador, entra aquí.

Para leer la reseña de la visita de Maximliano I a la ciudad de Guanajuato, entra aquí.
Fuente:

jueves, 19 de septiembre de 2013

La alhóndiga que hubo en Salamanca y documentos de la de Celaya.

   El documento que vemos corresponde al acta de denuncio,  expedida en marzo de 1857 en la villa de Salamanca, esto debido a consecuencia de las Leyes de Reforma en la que se proclamó la desamortización de bienes eclesiásticos y ésta casa, como muchas otras de la villa, estaban en posesión del clero y serían puestas en pública subasta o adjudicándoselas a los denunciantes que vivían en ellas y pagaban renta al clero. Pero el caso de esta carta es particular pues se trata de la casa que era utilizada como Alhóndiga durante el periodo colonial. En ese momento, año de 1857 era propiedad del Convento de Santa Clara de Querétaro, el cual, será bueno saber, era el que más financiaba a los hacendados de Salamanca, según lo pudimos comprobar al ver las valuaciones de las haciendas y sus deudas en el padrón levantado por el Recaudador subalterno de contribuciones en Salamanca en octubre, noviembre y diciembre de 1853, en el que al menos 5 haciendas y otros tantos ranchos tenían adeudos con el mencionado convento.

 La alhóndiga era la "antigua institución española de carácter municipal , destinada a regular el comercio de granos de primera necesidad. Empezó siendo una posada donde se alojaban los comerciantes que vendían los cereales adquiridos en el campo; luego se convirtió en depósito o almacén que vendía los granos dejados en consignación y, por último, llegó a ser un organismo público regulador de los volúmenes y los precios en el comercio de cereales y harinas. (...) La primera alhóndiga de la Nueva España se estableció en la ciudad de México, entre 1573 y 1578. En 1581 el virrey Martín Enríquez expidió las ordenanzas que regulaban su funcionamiento, las cuales sirvieron de modelo para las que se establecieron en casi todas las ciudades importantes del país, y que desaparecieron en la época independiente.  (1)

  Tratando de encontrar algún dato que nos diga más sobre la Alhóndiga de Salamanca, encuentro el auto de erección, no de la de Salamanca, sino de la de Celaya que nos puede dar alguna idea, manteniendo siempre la debida distancia en términos de importancia y número de habitantes entre una y la otra. Lo que vemos en la fotografía de época corresponde, donde está la flecha, al lugar en que se ubicó la Alhóndiga de Celaya.

  "En la Ciudad de Nuestra Señora de la Concepción de Celaya, a veinte y seis días del mes de abril de mil y seiscientos y ocho años, los Señores Justicia y Regimiento de ella, estando juntos en la sala del Ayuntamiento, en conformidad del decreto del dos de enero deste año, (...) trataron y acordaron lo siguiente:
  Primeramente dijeron que en virtud de Cédulas y ordenes de Su Magestad, por el año pasado de seiscientos  y cincuenta y cinco , siendo este lugar Villa, se erigió en Ciudad, y se despachó título real, concedieron armas y todos los privilegios con que está erecta la de los Ángeles, y porque en todas es concedido el tener Alhóndiga donde acudan los bastimentos, y en ella se vendan para el abasto de la vecindad, en utilidad común y de los forasteros porque tendrán lugar seguro y acomodado, y resultar a pro, a los propios y rentas desta Ciudad, que tan corta se halla dellos, para su lustre, gasto y socorros y paga de sus ministros en cuya conformidad y como mejor haya lugar de derecho, acordaron se haga y ponga Alhóndiga en la plaza pública de la ciudad, para que a ella se traigan todos los bastimentos que entraren, así de vecinos como de forasteros y viandantes, y cada uno pague de pensión por cada carga de harina, un real, y el maíz, sea poca o mucha cantidad, pague cuatro tomines por la media fanega, la carga de fruta de cualquier género que sea, medio tomín. Y para que desde luego se ponga en uso y estilo, se haga saber por pregón público, y acudan al aposento que de presente se fabricará, junto a las casas reales, interin que se fabrica casa de Alhóndiga y aposento, y mientras acudan a los portales de las Casas Reales.- Y que el dicho aposento, por ahora, se haga en un pedazo de solar que pertenece a las dichas Casas Reales que servía de cochera, cuya obra disponga Don Juan Antonio de Valencia, Depositario General, y Juan de Aguirre, Mayordomo de Propios, a costa de los del Cabildo, todo lo cual acordaron y mandaron (...)

  "En la Ciudad de Celaya, a veinte y ocho días del mes de Abril de mil y seiscientos y ochenta años, habiéndose tocado chirimías debajo de los portales de las Casas Reales y Sala de Cabildo por voz de Agustín Rivera, mulato libre, muchacho que hace el oficio de pregonero, se pregonó lo dispuesto por el acuerdo en lo de atrás para Alhóndiga, que se manda fabricar en concurso de gente.- Y pasó a la esquina de la Calle del Hospital, cerca de las casas de Don Christobal Cano y Molina, difunto, y en la mesma forma y concurso se volvió a pregonar en altas e inteligibles voces, a que fueron testigos Juan de Aguirre, el Alférez Antonio de Vergara, Pedro Tello, Jospeh de Olivera, Pedro de Herrera, otros mas personas (...)

  "Los vecinos desta Ciudad, que abajo firmamos, como mejor derecho haya lugar, decimos que según lo dispuesto por leyes del Reyno, en todas las ciudades y villas debe haber alhóndigas y pósitos para semillas, para el común abasto de las vecindades y especialmente de los pobres las alhóndigas para que dellas se vendan las semillas de frijol y maíz, harina y demás géneros de abasto, por mayor y menor, y que todos gocen a los precios que venden comodamente y que no pasen a los regatones, que estos venden con exhorbitante ganancia, en daño del bien público y los pósitos para que en ellos tengan los cabildos semillas para que en tiempo de carestía y esterilidad de años, como el presente, gocen de este beneficio los pobres de las repúblicas, y haiga providencia en los  bastimentos, y en esta ciudad, desde que se fundo villa, no consta haber habido cosa alguna por haber sido abundante de semillas, y aunque por el año pasado de seiscientos y ochenta, este Cabildo mandó poner la dicha Alhóndiga, haciendo para ello acuerdo que se pregonó, lo cual no tuvo efecto, y la causa no se ha sabido, y por no haberse ejecutado se siguen daños e inconvenientes, pues por faltar no se tiene en ella las dichas semillas y lo padecen los pobres, pues pudiendo comprar a precios bajos, por no tener dinero conque comprar junto, entra en poder de mercaderes y personas que lo regatonean y lo venden a subidos precios, en daño común, y para que esto se estorbe, a V. Señoría pedimos y suplicamos que para remedio de tanto daño y porque no es en perjuicio de ningun tercero, sino de utilidad y pro a todo el comun, se sirva de mandar virtud de los privilegios concedidos por su Magestad se lleve a debida ejecución el acuerdo hecho por esta ciudad, y que se ponga alhóndiga y pósito  por el bien común, y de lo contrario protestamos con todo respeto ocurrir al superior gobierno y para ello se nos de testimonio de esta petición y su proveimiento. Pedimos justicia y en caso necesario juramos a Dios y a la Cruz no pedirlo de malicia, sino porque conviene al bien de la causa pública (...)

  "En la Ciudad de Celya a veinte y tres días del mes de Agosto de mil seiscientos y ochenta y cuatro años ante su Señoría, Cabildo, Justicia y Regimiento de eta Ciudad, estando juntos en la Sala de Ayuntamiento (...) se leyó esta petición, y habiéndola visto y el acuerdo que en razón de poner alhóndiga, fecho en veinte y seis de Abril del año pasado de seiscientos y ochenta años, que consta haberse publicado, habiendolo conferido y practicado (...) dieron sus votos en que en conformidad del acuerdo hecho, que arriba se refiere, y porque reconocen que es de mucha utlidad y probecho al bien comun, porque este año corriente le reconocen por muy estéril, por falta de aguas y que no se podrán coger bastantes semillas para abasto de pobres y ciudadanos, de que pueden sobrevenir hambres y otros inconvenientes, son de acuerdo que desde luego se ejecute el poner dicha alhóndiga, y que en el interin que se fabrica casa para ella, se arrienden unas que están vacías en esta plaza, para que a ellas acudan los abastecedores y para que aiga buena disposición nombran por alcaide de ella a Christobal Muñoz Plancarte, persona de toda satisfacción, que fecho ocurra ante Su Excelencia (el Virrey) a pedir su confirmación (...)

  "En la Ciudad de Nuestra Señora de la Concepción de Celaya, a veinte y cinco días el mes de Agosto de mil seiscientos ochenta y cuatro años, (...) habiendo visto el Cabildo que se celebró en la Sala del Ayuntamiento, a los veinte y tres del presente mes y lo pedido por los vecinos de la Ciudad, en la petición de dos fojas antes de esta, en orden a que se ponga Alhóndiga por ser tan útil a los pobres y vecindad, y lo que sobre ello votaron los Capitulares asistentes, conformandose todos que es util y necesario y muy conveniente, el que se ponga dicha Alhóndiga, por el bien de la causa pública (...) dice que se ejecute, dandose cuenta primero al Excelntísimo Señor Virrey, y el Regidor (...) dieron su voto para que se ponga luego se envíe por la confirmación al superior Gobienro (...) (2)

   Por desgracia no contamos con mayores datos de la Alhóndiga que hubo en Salamanca, fuera de los denuncios que sobre ella hubo. Lamentablemente en ellos no aparece mencionada su ubicación. Al leer los extractos que ANDSA hace sobre la que existió en Celaya, nos damos cuenta de qué tan importante eran estos edificios y cuál era la función que cubrían; sobre todo, nos damos cuenta de que no fue solamente en Guanajuato que existió, si bien es la más famosa dados los hechos allí ocurridos durante el inicio de la guerra de Independencia, no fue la única, Salamanca también contó con una.


Este es el documento localizado en el Archivo Histórico de Salamanca que da fe de que aquí hubo una Alhóndiga:

  "En la Villa de Salamanca a diez de marzo de mil ochocientos cincuenta y siete el Señor Gefe del Partido dijo que teniendo noticia de que la casa que ha servido de alhóndiga en esta Villa pertenece al Convento de Santa Clara de Querétaro y está comprendida por lo mismo en la ley de desamortización expedida en 23 de junio del año próximo pasado; mandó que en conformidad a lo dispuesto en el Art. 10º de la citada ley se sacase la finca a remate sirviendo de base el valor que tenga para el pago de contribuciones directas y publicándose los avisos correspondientes con arreglo a la referida ley y su seguimiento. Así lo demandó y firmó conmigo el Secretario.

Mariano Hernández.

Fuentes:

1.- Encilcopedia de México. Tomo I. México 1977. pp. 237-238

2.- Chávez Orozco, Luis (Comp.) Documentos sobre las alhóndigas de Celaya, Guanajuato y Oaxaca, México, Almacenes Nacionales de Depósito, 1955. Aparece en: Trueba Lara, Luis. Historia del almacenamiento de granos en México. Auto sobre la erección de la alhóndiga de la Ciudad de Nuestra Señora de la Concepción de Celaya (26 de abril de 1680). ANDSA. México. 1990. pp. 40-42

miércoles, 8 de mayo de 2013

Juan de la Cruz Saravia, uno más de los ricos terratenientes que vivieron en Salamanca.

    Al ir adentrándonos más y más en la historia de Salamanca, la menos difundida, vamos encontrando más y más personajes que vivieron aquí o nacieron aquí, o tuvieron alguna relación directa con Salamanca. Vimos ya el caso del acaudalado "minero", entrecomillado, ya que él en realidad fue un oportunista, el capitán don Juan Antonio Santana que luego de asentarse en la villa de Salamanca, con su enorme fortuna adquiere media docena de Haciendas y se vuelve el mayor terrateniente de la zona, ostentando además el cargo de Alcalde Ordinario. Hemos visto el caso de otros acaudalados: Cristóbal de Arizaga y Agustín de Arizaga y Elizalde que fuera el primero Alcalde y ambos fueron Alférez Reales. Sabemos ahora que un salmantino pudo haber cambiado el curso de la Historia de México si don Miguel Hidalgo le hubiera hecho caso a la advertencia que le dio de que sería víctima de una emboscada en Acatita de Baján, él fue Tomás Manuel Resámano, nacido en Salamanca.

   Estamos ahora ante otro personaje y ante otra familia que asentó sus reales en la villa de Salamanca y que al poco tiempo llegaron a amasar tal fortuna que se volvieron la familia que mantenía el nivel de vida más alto en toda la región que formaba la Alcaldía Mayor de Celeya, en la cual estaba incluida Salamanca. Esta familia llevó por nombre De La Cruz Saravia, al pasar el tiempo y aumentar la fortuna, lo cambiarían por el de Saravia y Vergara. Y de ellos el único recuerdo que queda es el campo militar que conserva aun el nombre , con el detalle de que al paso del tiempo la v se ha vuelto b y ahora lo conocemos por Sarabia.

   Es en el acta de fundación de la villa de Salamanca que encontramos por primera vez la mención a uno de los Cruz Saravia, ya que él fue uno de los 30 españoles que apoyaron a Bartolomé Sánchez Torrado para solicitar al Virrey la merced de fundación de una villa de españoles entre las villas de León y Celaya. "Y estando todos los susodichos juntos y congregados en dicha parte y lugar, y habiendo oído una misa del Espíritu Santo..."  (1) Es así como lo dice el acta de fundación de la villa de Salamanca, la cual fue firmada, entre otros, por Juan de la Cruz Saravia el 1 de enero de 1603. Consecuentemente fue él una de las primeras treinta familias asentadas en la recién creada villa. La merced de fundación, es decir, la autorización de la fundación especificaba que los primeros pobladores no podían vender ni traspasar sus terrenos en un lapso de 30 años. Sobre propiedades que la familia Cruz Saravia tuviera en Salamanca a lo largo del siglo XVII hay poca información. Es hasta 1731 que aparecen personajes que lleven ese nombre, como es el caso de  Juan de la Cruz Sarabia ocupando el cargo de Alcalde Ordinario. Para 1760 el Alcalde Ordinario fue el hijo de éste, Juan Francisco de la Cruz Sarabia, cargo que ocupó también en el año de 1766 (2)

   De los pocos datos que hay sobre Juan de la Cruz Saravia, uno de ellos lo encontramos con la Porfa. Paula Ramírez Gasca: " Los orígenes de éste poblado (se refiere a lo que fue el Arroyo Jondo) se remonta por los años de 1755 en que don Manuel de la Cruz Sarabia Vergara y sus hermanas Josefa y María habían sido dueños por herencia de su padre don Diego de la Cruz Saravia de los 45 ranchos y haciendas que habían formado su propiedad en el Valle de Santa Cruz del Guaxe los herederos y sucesores al ir pasando el tiempo iban fragmentando esa propiedad enajenando gran parte de sus tierras, las cuales estaban medidas en Caballerías (una caballería equivale a 42.6 hectáreas). Como los demás ranchos, Cerro Gordo corrió la misma suerte. En 1751 cuando su dueño era don Francisco de la Cruz Saravia que se desempeñaba como profesor en la escuela católica  en la ciudad de Valladolid, hoy Morelia, siendo regidor depositario general en la Villa de Salamanca (Se les llamaba regidores depositarios a las personas en quien el gobierno virreinal depositaban bienes raíces de las villas o pueblos). Este señor vende, con la autorización correspondiente, dos y media caballerías de tierra a don Manuel Mendoza, indio de origen otomí y más tarde, el 19 de agosto del año de 1755 le vendió 2 caballerías más de tierra localizadas en el Puerto de Arroyo Hondo..." (3)  

  Aparece luego otro personaje que lleva los mismos apellidos de Cruz Saravia (siempre con v) se trata del capitán Manuel de la Cruz Saravia, vecino de la villa de Celaya, piadoso y de enorme fortuna, quizá la más grande en la región durante el siglo XVIII. El llegaría a ser una de las personas más importantes de Celaya pues fue él quien hizo los trámites necesarios para que los padres de la Compañía de Jesús fundaran su templo, convento y colegio en la mencionada villa.

   "El capitán Manuel de la Cruz Saravia, padre del doctor Francisco de la Cruz Saravia fundó el colegio de la Compañía de Jesús de Celaya, dándole tres haciendas de labor de riego y temporal en Valle de Santiago. Fue asimismo su voluntad, que se leyesen en dicho Colegio una cátedra de filosofía y dos de teología, escolástica y moral, dando para los maestros 600 pesos al año. Lo que sobra de los frutos de las haciendas se daría a niños estudiantes originarios de Celaya. Más tarde, el prebendado Cruz Saravia legaría otras haciendas a los jesuitas del mismo Colegio. Si no las aceptaran, se venderían y su renta se daría al Obispo de Michoacán para que la distribuyera fundando capellanías para niños de Celaya o dotando becas de colegiales al Colegio de la Concepción "fundado en el Colegio de San Francisco de Celaya donde se leen cátedras de todas facultades". El mismo Francisco de la Cruz Saravia fue cura de Santa Fe de México y agente de negocios de la Iglesia de Michoacán en la ciudad de México en 1714". (4)

   El hilo conductor nos lleva de Juan de la Cruz Saravia, el español (aparentemente ya que este es un dato que nos falta confirmar, el de su origen) que firmó el acta de fundación de la villa de Salamanca en 1603 a una rama de la familia que encabeza Manuel de la Cruz Saravia, cuya relación exacta la podremos entender una vez que termines de leer el presente artículo. De Manuel de la Cruz Saravia el primer dato que encuentro de él está fechado en 1719, a poco más de un siglo de distancia lo cual incluiría, al menos, dos generaciones. El hijo de Manuel, Francisco, llegaría a ser una persona importantísima de conocer en la historia de Salamanca pues fue el quién heredó las propiedades que su padre tenía en sitios que hoy conocemos localmente como el Rancho de la Compañía en la parte centro-norte del municipio de Salamanca.

  Aparece un cuarto personaje, no lleva el apellido De la Cruz Saravia y no vivió en Salamanca, sin embargo fue el iniciador de la idea de establecer un Colegio jesuita en Celaya y tuvo una línea de parentesco, quizá lejana con el acaudalado Manuel de la Cruz Saravia. Se llamó Juan de Soto. "Pero, no obstante que intelectualmente estaba bien dotado el vecindario, sucedió que "por los años del Señor de 1641, intentó la fundación del Colegio de nuestra Compañía en la Villa de Celaya, su patria, el licenciado Don Juan de Soto, Presbítero, Comisario del Santo Oficio y Cura propio de la Villa de San Miguel el Grande; quien en su testamento en que nombró por albacea y tenedor de bienes al padre Diego de Molina, Rector entonces del colegio de Querétaro, mandó que del remanente de sus bienes se fundase dicho colegio bajo el patrocinio de Nuestra Señora en su gloriosa Asunción. Pero habiendo muerto Soto recibido en nuestra Compañía, con facultad de que N.R.P. Mucio Viteles (Vitelleschi) que dio al Padre Andrés Pérez, Provincial actual de esta Provincia, se renunció al legado y no se volvió a pensar en la fundación..." (5)

   Aunque no se menciona formalmente el nombre de Hacienda de San Ignacio, que era el nombre oficial de lo que actualmente se conoce como Rancho de La Compañía, en su momento, esa hacienda fue conocida como Hacienda de San Ignacio de la Compañía, referencia que hacían los moradores de la villa de Salamanca al establecimiento propiedad de los Jesuitas de Celaya, según lo anota el bachiller don Luis María Fernando de Coz y León Comisario del Santo Oficio de la Inquisición del partido de la Villa de Salamanca en el Padrón levantado el 17 de diciembre de 1754 (6)

   "Francisco de la Cruz Saravia poseía haciendas, ranchos y labores en la jurisdicción de la villa de Salamanca. Las heredó de su padre. Una hacienda más, extramuros de Valladolid "El Cortijo", de ocho suertes (sic) de tierra, la vendió en 1700 pesos el 4 de abril de 1740." (7)

  Quizá ese eslabón que nos ayude a entender la genealogía de los Cruz Saravia sea don Diego de la Cruz Saravia, la clave nos da uno de los más precisos estudiosos de la historia del Bajío guanajuatense del siglo XVII, John Tutino.

   "Don Diego de la Cruz Saravia era uno de los hacendados más ricos del Valle de Santiago, después de su muerte en 1669, se pudo cuantificar una enorme fortuna, producto de sus atinadas relaciones sociales. Lo más seguro es que haya sido hijo de Diego de la Cruz, que en 1631 vivía en Salamanca y operaba 3 granjas con 16000 cargas de trigo de los campos al sur del río Lerma. Para los 1660 Don Diego de la Cruz Saravia vivía con su esposa doña Ynez Luisa Vergara y Montaño y dos hijos, don Manuel y doña María de Saravia y Vergara, en una gran casa en el centro de Celaya, con tres patios y 19 cuartos.

   "Diez esclavos de ascendencia africana servían a su esposa, dos hombres viejos, dos ancianas más un cuarentón enfermo, además de la mulata, de nombre Ana, con sus 3 hijos. Ricamente instalados y servidos por esclavos, los de la Cruz Saravia, disfrutaban de una agradable vida. El inventario de su fortuna incluía un collar de oro con incrustaciones de esmeraldas valuado en cerca de 1200 pesos, cuatro vestidos con hilos de oro y plata con valor de 480 pesos, unos aretes de diamantes en 86 pesos y un collar de perlas valuado en 60 pesos. (8)

  Y la clave no es este personaje de nombre Diego de la Cruz Saravia, padre de don Manuel, y abuelo de don Francisco, sino el padre, abuelo y bisabuelo, respectivamente, de todos ellos, el mulato Diego de la Cruz. Esto nos conduce a aclarar la duda de que no hubo relación alguna entre el fundador de la villa de Salamanca, Juan de la Cruz Saravia y los acaudalados Cruz Saravia que poseyeron la parte central de lo que es el actual estado de Guanajuato (Celaya, Villagrán, Salamanca y Valle de Santiago). El que un mulato, es decir, una persona de ascendencia negra se haya convertido en la primera mitad del siglo XVII en terrateniente, es un asunto casi excepcional en la historia colonial de México. Se sabe que negros y mulatos llevaban por apellido el De la Cruz, pues al ser evangelizados y bautizados, adquirían, regularmente dos nombres de los santos de su predilección, o, en todo caso, de la elección del sacerdote que los bautizaba. Y el apellido se volvió genérico, pues todos adquirieron el De la Cruz. Al ver los censos y padrones levantados en 1683 en la villa de Salamanca, que es el más completo al que hemos podido tener acceso, hay una constante en el nombre del personal al servicio de españoles: De la Cruz. Esto lo habíamos ya comentado. Y no fue la excepción en el caso de Diego de la Cruz, cuyo origen era africano. Su hijo, al casar con una descendiente de españoles, Luisa de Vergara decide mudarse a Celaya para ocultar su origen. Al morir, sus hijos, Manuel y María, eliminarán el apellido De la Cruz y llevarán el de Saravia y Vergara, volviéndose así españoles y borrando su, digamos, "pecaminoso" origen negro. (9)

  La historia se nos vuelve a complicar un poco, pues, como lo acabamos de ver, había un origen africano en  los De la Cruz Saravia, al leer al maestro Rionda (qepd) y hacernos mención de que Manuel de la Cruz Saravia era sobrino nieto del prebendado Juan de Soto, deshace la idea de lo africano, lo más seguro es que ese lazo sanguíneo venga del lado materno, de doña Inés Luisa de Vergara y Montaño (o Moncayo), veamos:

   "En el año de 1719 vinieron a la ciudad de Celaya a hacer una misión los jesuitas padres Manuel Valtierra y José Maldonado, la iniciaron el primero de septiembre, y tuvieron mucho éxito, al grado que fue necesario recibir en confesión a aproximadamente 7000 personas de todas calidades. En esta ocasión el sobrino nieto del precitado Juan de Soto, el capitán Don Manuel de la Cruz Saravia, solicitó del provincialato jesuita la fundación de un colegio de su Orden en la ciudad para lo que ofreció cuantiosos bienes de su patrimonio.

   "Al mismo tiempo y para sufragar tal fundación ofreció conjuntamente con su hijo y heredero Francisco de la Cruz Saravia, donar a los jesuitas lo siguiente: Tres haciendas juntas, de sembradura de trigo, de riego por canales, con derecho a usar el agua durante 22 días, con una extensión entre las tres, que sumaban once caballerías, con casa para peones, administradores y dueños; trojes, jacales, graneros, oficinas, etc; nombradas la una de San Isidro, otra la de Enmedio y la tercera San José de Abajo; situadas en el Valle de Santiago". (10)

   Con el tiempo, luego de hacer prosperar estas tres haciendas localizadas en el valle de Santiago, las vendieron y adquirieron un más cercana a Celaya, la de Merino, a la que anexaron el olivar que tenían instalado en terrenos también cedidos por los De la Cruz Saravia. Adquirieron también la hacienda de Jocoque, rumbo a Apaseo. Irían adquiriendo más propiedades y deshaciéndose de otras, al final no lograron construir el colegio ni el templo dentro de los estándares de dimensiones y diseño con lo que solían realizar sus establecimientos. Serían expulsados, junto con todos los demás Jesuitas de la Nueva España en 1767.

   Pero la intriga y el interés que tenemos no es en torno al asentamiento de los Jesuitas en Celaya, sino en la familia Cruz Saravia que llegó a crear un verdadero emporio. El tema es largo y profundo y es necesario investigar aun más pues, en el sitio electrónico del municipio de Villagrán, Guanajauto, aparecen unos datos que, unidos a los anteriores, nos regresa otra vez al origen de los De la Cruz Sarabia, en este caso directamente con Juan de la Cruz Sarabia:

   "Don Juan de la Cruz Sarabia, fue un  cacique  purépecha se alió a los soldados españoles en la conquista de México y en la pacificación de los indios chichimecas y como premio por la conquista obtenida el virrey les concedió a sus soldados españoles y a sus  aliados indios caciques grande extensión  de tierra.

   "En los años de 1540 ó 50, el Virrey empezó a repartir estancias  de tierra de ganado mayor y de ganado menor en la Nueva España. Tengo conocimiento de que el primer estanciero del Valle de Santa Cruz del Guaje, fue don Juan de la Cruz Sarabia pues por los antecedentes históricos que obran en manuscritos del Archivo General de la Nación nos indican que el Virrey Don Gaspar de Zúñiga y Acevedo Conde de Monterrey, mercedó tierras a Don Juan de La Cruz Sarabia y fueron precisamente las de Valle de Santa Cruz del Guaxe. Más tarde  don Juan anexó otras estancias que adquirió por compra a otros estancieros. (11)

Y para darnos una idea de cuan importantes y poderosos fueron los De la Cruz Sarabia, a continuación el listado de propiedades que tuvieron entre Salamanca y Celaya:

La Estancia de San Joseph -  Con 5 caballerías de tierra, valuadas en  $1,000

San Andrés Zamorano, apodo que puso Don Diego a este sitio, porque su rentero se llamaba Juan Andrés Zamora. La extensión de este lugar era de 21 caballerías;  a esta pertenecían 4 ranchos más que eran: el rancho de San Juan y San Pablo con un poblado del mismo nombre (hoy Villagrán), La Venta, San José de Villarreal (hoy Chuchitlán o Suchitlán) y Santa Ana de las Gallina

Hacienda de San Juan y San Pablo del Guaje. Con un poblado de indios llamado, del mismo nombre (hoy Villagrán) valuado en 3,000 pesos con 10 caballerías de tierra. Su rentero, Tomás García de Zamora, pagaba 50 pesos anuales por cada rancho. Cada caballería fue valuada en 300 pesos por estar a orillas del río.

Labor de San Josph de Villarreal, (Suchitlán), vecina de San Andrés Zamorano; su rentero fue Antonio Ajuchitlán.

Estancia de Santa Ana de las Gallinas.- 6 Caballerías de tierra valuadas en 500 pesos

San José de la Venta.- Estancia vecina de San Andrés Zamorano.

Labor de San Joachín. Poca tierra. Valuada en  200 pesos

Labor de San Salvador (hoy Torrecillas.)Estaba integrada por cinco ranchos. Valuados en 1,500 pesos cada uno, rentados a Antonio del  Pozo, en 250 pesos al año cada uno.

San Joaquín; su rentero Bartolomé de Morales, paga 25 pesos anuales.

El Ajolote.- (era un puerto así nombrado) Lo formaban 36 ranchos de indios arrendatarios.

Estancia de San Agustín .- Con cuatro ranchos de indios. Valuado en $ 700.00 cada uno

Estancia El Capulín.-  pertenecía a San Agustín del Sauce

Mandinga.- Rentado a Juan García Sotomayor. Valuado en 400 pesos Pagaba 30 pesos de renta anual.

La Gavia. Sin Datos.

Sotelillos.- Siete ranchos de indios arrendatarios. Valuada en 400 pesos cada uno rentado a Sebastián y Nicolás de Vallejo

Otras estancias y sitios en el Valle De Santiago.

Estancia de los tres pitahayos. Rentero Tomás Ortega, 25 pesos anuales.

Estancia de las Lagunillas, a la vera del Río Grande (hoy Lerma) rentero Nicolás Nieto, paga 25 pesos anuales.

Estancia de Juan Ramírez.

Estancia de Santiago.- Junto al Arroyo Hondo de la jurisdicción de la Villa de Salamanca, renteros Sebastián y Antonio de Soto.

Otras estancias sin nombre que eran utilizadas para el pastoreo del ganado. Al inventariarse el ganado se contaron 1,229 vacas y más de 400 caballos, mulas  y machos; la gran mayoría en pie de cría.

La Hacienda Grande en la vecindad de Salamanca, con siete caballerías de tierra. ¿Sería está acaso la Hacienda de San Ignacio de la Compañía?

Santa María, con una extensión de 24 caballerías de tierra. Valuada en 6,000.  pesos

Hacienda de la Labor.- Situada en el Banco de Madera. Valuada en 2,000 pesos.

Vecindad de tierra y un molino (Salamanca) valuados en  450 pesos. Tal vez se refiere a lo que conocemos  actualmente como Campo Militar de Sarabia.

Hacienda de Moreno (Salamanca). Esta es la primera vez que leo acerca de una hacienda de ese nombre en la municipalidad de Salamanca.

Estancia de Jesús González, tenía una capilla fabricada con adobe y techo de paja con un cuadro en lienzo pintado con pincel con la imagen de la Santísima Trinidad.

Estanica del Alférez de Quintana con 12 caballerías de tierra situada junto a un cerrito de Nicolás Elizarrarás. Estas propiedades estaban también en la municipalidad de Salamanca.

Valtierra,  con doce caballerías de tierra. Valuada en 400 pesos. ¿Se referirá acaso a lo que conocemos como pueblo de Valtierrilla?

Amazcalillas, sitio localizado en Querétaro. Algunas de estas estancias habían sido compradas a otros estancieros. (12)

   Toda esta relación me crea una confusión, la primera, y punto de partida para entender si, efectivamente, Juan de la Cruz Sarabia fue el mismo personaje que se asienta en Celaya, y participa en la fundación de Salvatierra y de otras comunidades, es el mismo que participó en la fundación de la Villa de Salamanca. Por los datos que nos proporciona la Profa. Ramírez Gasca me hace pensar en que, si Juan de la Cruz Sarabia se asentó en Celaya en 1565, antes de que fuera fundada esa población, cosa que ocurrió el 12 de octubre de 1572; y que recibiera tres solares de manos del virrey Luis de Velasco padre, y que poco a poco se hiciera de propiedades en el llamado valle del  Guaxe, (entre Celaya y Salamanca), lo más seguro era que, para 1603, año de la fundación de Salamanca, su estirpe había sido ya limpiada y se le autorizaba a que, siendo indio purépecha (indio rico, habrá que añadir), pudiera participar en la fundación de una villa de españoles, que fue el caso de Salamanca. 

   "Don Juan de la Cruz Saravia y su esposa doña María de Soto, se aposentaron hacia el año de 1565 en la ya futura villa de la Asunción, llamada la Estancia del Río desde el año de 1538, nombre dado por don Gaspar de Salbago, uno de los primeros pobladores del valle de Nattahi en el Mezquital de Apaseo o Atlallahualco. Los de la Cruz Saravia y de Soto, don Luis de Velasco, el viejo, a su llegada a la Estancia del Río, asentamiento, donde más tarde se fundaría la Villa de la Purísima Concepción de Zalaia; les mercedó tres solares que pertenecieron a don Juan y a su hija Brianda de Siero en las inmediaciones a la plaza mayor -ya trazada-, por los primeros pobladores. A don Juan de la Cruz Saravia por el mismo año se le otorgó una merced para instalar un obraje (taller de textiles) para el tejido de la lana y fabricar paños y pañetes. Cabe aclarar que don Juan de la Cruz Saravia no fue fundador de dicha villa.

   "El matrimonio De la cruz Saravia y de Soto procrearon dos hijos: Diego y Nicolás, nacidos por los años de la última década del siglo XVI (1593-1596). Respecto a la fecha de defunción de don Juan y María de Soto, desconocemos cuándo y dónde fue.

   "Se nos habla que don Juan de la Cruz Saravia y su esposa fueron desterrados del pueblo de Pátzcuaro, pues no eran gratos por descender de Tangatzuan o Tzinticha los apodados Caltzontzin. De tal manera que a los descendientes de ellos siempre se les consideró de sangre noble, creemos que con el rancheo (renta) de tierras a los indios de esta región que a partir de los años de 1595 a 1608 se formó un poblado al que los propios nombraron el Guaje, pues por los antecedentes históricos que obran en el Archivo General de la Nación, nos indica que don Gaspar de Zúñiga, conde de Monterrey, mercedó tierras a don Juan de la Cruz Saravia y fueron la de las de este valle de Santa Cruz del Guaje". (13)

   Indudablemente que este tema nos abre una ventana más en la historia no tan conocida de Salamanca y de los muchos personajes que han pasado desapercibidos durante muchos años, será cosa de que en algún futuro nos demos a la tarea de rastrear la genealogía de esta familia y los posibles documentos que sobrevivan de la extensa lista de sus propiedades.


(14)



Fuentes:

1.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca. Recuerdos de mi tierra guanajuatense. Editorial Porrúa. México, 1982. p. 38

2.- Rodríguez del Moral, Luis. (Coordinador) Salamanca. Compendio Cultural. Colección Monografías Municipales de Guanajuato. Guanajuato 2010. p. 236

3.- Ramírez Gasca, Paula. Polvos de aquellos tiempos en el Guaxe, hoy Villagrán. Historia Leyendas y Anécdotas. Segunda Parte. Edición del Autor. Villagrán, 2003. p. 61

4.- González y González, Enrique (Coordinador). El deber de saber: Los canónigos universitarios de Valladolid de Michoacán, siglos XVI-XVIII. Permanencia y cambio I. Universidades Hispánicas 1551-2001. UNAM. México, 2005. p. 386.

5.- A.G.N. Misiones, vol. Nº. 25. Jesuitas I, vol. Nº 35. Citado por Isauro Rionda Arreguín. La Compañía de Jesús en la Provincia Guanajuatense. 1590-1767. Centro de Investigaciones Humanísticas. Universidad de Guanajuato. Guanajuato, 1996. p 163

6.- González Sánchez, Isabel. El Obispado de Michoacán en 1765. Comité Editorial del Gobierno de Michoacán. Morelia, 1985. pp 304

7.- González y González, Enrique. Op.cit. p 386.

8.- Tutino, John. Making a New World: Founding Capitalism in the Bajio and Spanish North America. Duke University Press. Durham, 2011. p.141

9.- Tutino, John. pp. 153-154

10.- Rionda Arreguín, Isauro. La Compañía de Jesús en la Provincia Guanajuatense 1590-1767. Centro de Investigaciones Humanísticas. Universidad de Guanajuato. Guanajuato, 1996. pp. 144-145

11.- Ramírez Gasca, Paula. Polvos de aquellos tiempos en el Guaxe, hoy Villagrán, Histoira, leyendas y anécdotas, segunda parte. Edición del autor. Villagrán, 2003. Vol 2.  p.14

12.- Ibid. Vol 2. pp. 18-19

13.- Ibid. Vol 1. pp. 24-25

14.- Mazín Gómez, Oscar. El Cabildo Catedral de Valladolid de Michoacán. El Colegio de Michoacán. Zamora, 1996. pp. 318-319

sábado, 2 de marzo de 2013

1760: La Alcaldía Mayor de Celaya, de la que dependía la villa de Salamanca.

   Este dibujo es quizá uno de los más antiguos que hay del cerro del Culiacán, el que domina todo el panorama de la parte este del Estado de Guanajuato. Leyendo a Oscar Mazín es que encontramos algunos datos escuetos sobre Salamanca hacia 1760, cuando las haciendas estaban ya conformadas.

   "La poblacion de las ciudades no contrastaban tan marcadamente como hoy respecto al número de habitantes de las zonas rurales. En toda la jurisdicción de Acámbaro había en 1754 18,500 habitantes mientras que en la ciudad de Celaya sólo encontramos 15,000 en 1760. El recién secularizado curato de Yuririra estaba caracterizado por la gran dispersión de sus pueblos y casi ochenta puestos de indios; en 1760 lo habitaban  10,000 personas mientras que en Salvatierra y Salamanca tenían 10,000 y 9,000 respectivamente. Y es que  casi no existía división entre el campo y la ciudad: éstos se interrelacionaban. Las haciendas y pueblo de Chamacuero (actual Comonfort) en 1765 contaba con 10,300 personas mientras que la congregación de Valle de Santiago era habitada por más de 6,000 adultos en el mismo año. Casi 79,000 habitantes en una alcaldía tan poblada como las de Guanajuato y San Miguel el Grande juntas". (1)

   En el mismo libro, un poco más adelante aparece una relación elaborada el 16 de junio de 1760 en la que nos dice las poblaciones que formaban parte de la Alcaldía Mayor de Celaya. En ese documento recordarás que menciona que el vicario 'in capite' juez eclesiástico sustituto recibió dos despachos, uno para que se celebren las exequias fúnebres del rey Fernando VI y el otro "para que yo informe a la grandeza de vuestra señoría ilustrísima los lugres o pueblos de que se compone ese curato. A qué audiencia toca con su jurisdicción o si pertenece al marquesado del Valle. En qué pueblos son los que contribuyen, para lo cual se le notifiquen a este alcalde mayor para que declarase sobre el asunto y los demás puntos que contiene la carta inserta en dicho despacho superior de vuestra señoría ilustrísima, a quien en muestra de mi debido obedecimiento pongo en su soberana comprensión que in cotinenti se sacó testimonio de ellos, autorizados en forma, así para remitirlos con toda puntualidad al derrotero y lugar que se asienta en sus márgenes como para su más exacta observancia". (2)

   Lo que entendemos en el documento es que, al ser Celaya la Alcaldía Mayor, era allí que se recababan los   tributos que cada una de las poblaciones tenía obligación de entregar a las arcas reales, enumera a los poblados que dependen del curato de Celaya, así como los de la región, dentro de la cual se encuentra la villa de Salamanca:

   "Y el otro alcalde mayor quien respondió que esta ciudad y su jurisdicción está sujeta a la real audiencia de esa Nueva España en cuyas cajas reales pone la importancia de los tributos como se deja ver en su respuesta que a continuación del testimonio enunciado remito a la secretaría de cámara y gobierno de vuestra señoría ilustrísima, haciéndole presente (lo siguiente):

   Esta ciudad y los lugares de que se compone el cuarto pagan tributo los individuos a quienes les toca y son los siguientes, siendo de advertir que sirven de ayudas de parroquia: Señor San José de los Amoles, San Bartolomé del Rincón, San Miguel Octopan, San Juan de la Vega, Santa Cruz y Santiago Neuttla. Asimismo, este alcalde mayor recauda tributos en el pueblo de Apaseo y su jurisdicción, compuesta además de las haciendas y rancherías de San Bartolomé de Aguas Calientes, Ixtla y San Pedro Tenango. Idem en el curato de San Francisco Chamacuero y sus anexos. Idem en Salvatierra, Menguaro y otro pueblo pequeño. Idem  en Acámbaro, también curato aparte que tiene tres pueblos pequeños y uno grande que es ayuda de parroquia  nombrada Xerécuaro y que tiene inmediatos seis pueblos pequeños". 

   "Idem en la villa de Salamanca y Valle de Santiago con dos pueblos; asimismo, curatos diversos. Idem en el de Yurirahpúndaro cuyo distrito y administración además de otras poblaciones como son rancherías y haciendas , se compone de ocho pueblos pequeños. También reconocen a dicha real audiencia de México y en sus cajas reales han puesto los alcaldes mayores que han sido y el presente, los efectos de dichos tributos.

   Todo le consta al informante, quien puede asegurar a vuestra señoría ilustrísima como oriundo que es de esta ciudad, no advertir en el particular a más de lo que supramencionado, cosa digna que me pueda sufragar o sea congruente a los reales designios de su majestad.

   La Divinidad guarde la importantísima vida de nuestra señoría ilustrísima para bien de esta santa iglesia y de toda su diócesis prolongados años. Celaya 16 de junio de 1760. A los pies de vuestra señoría ilustrísima rendido criado.

Manuel de Agramont (Rúbrica).
Ilustrísimo señor doctor don Pedro Anselmo Sánchez de Tagle. (3)

   Así pues, luego de leer este documento, entendemos que los habitantes tributarios de la  villa de Salamanca pagaba dependían para este fin de la Alcadía Mayor de Celaya. Para leer más sobre las funciones de Corregidores y Alcaldes Mayores, entra aquí.

Fuente:

1.- Mazín Gómez, Oscar. El Gran Michoacán: Cuatro informes del obispado michoacano. 1759-1769. El Colegio de Michoacán. Zamora, 1986. p. XIII.

2.- Mazín Gómez. op. cit. p. 75

3.- Mazín Gómez. op. cit. p. 76

martes, 19 de febrero de 2013

1760: Las exequias del rey Fernando VI en Celaya.

    De pronto se antoja increíble pensar que en las ahora ciudades del Bajío se celebraran solemnidades de tal dimensión como las Exequias Reales. Hace poco encontré la relación de las Exequias que se dieron en honor del rey Carlos III en Salamanca, las cuales fueron por partida doble, una en la Parroquia, esa que conocemos como "Antigua" y la otra, al día siguiente, en el templo de San Agustín, eso ocurrió el 30 de septiembre y 1º de octubre de 1789. Treinta años antes había ocurrido otra muerte real, la del antecesor de Carlos III, que fue Fernando VI apodado "El Justo". En esa ocasión se giró un despacho desde la capital del virreinato de la Nueva España para que, en toda población del reino se celebraran con la pompa habitual tales solemnes misas. La pintura que vemos en la imagen es la de Fernando VI siendo aun niño, a los 10 años de edad en 1723, portando la banda de la Casa de Asturias.

    Esta historia se antoja propia del mes de febrero y, más aun, del día del amor, pues la muerte del rey Fernando VI fue debido a la locura que le produjo la muerte de su esposa, Barbara de Barganza. Ella falleció luego de una larga agonía el 27 de agosto de 1758, el rey, enloquecido, muere un año después, el 10 de agosto de 1759. Los avisos enviados desde Madrid para que se celebraran las Exequias Reales en Nueva España de la reina consorte no corrieron con buen fin, menos aun el aviso de las del rey Fernando VI pues, quien gobernaba en México era el virrey Agustín de Ahumada y Villalón, II marqués de las Amarillas, el cual murió el 5 de febrero de 1760, sin dar salida a los exhortos a las poblaciones del reino de la celebración de las Exequias de la reina Bárbara, menos aun para hacer lo propio con los del rey. Correspondió al virrey sustituo, el cual gobernó Nueva España por tan solo 5 meses, del 25 de abril al 5 de octubre de 1760, don Francisco Cajigal de la Vega hacerlo. Pero hubo una muerte más, la de María Amalia de Sajonia, la reina consorte que estuvo casada con Carlos III y que murió el 27 de septiembre de 1760. 

    "El virrey dispuso que tuvieran efecto las honras y exequias por la muerte de la reina Doña María Amalia de Sajonia, cuyos lutos fueron pregonados por toda Nueva España según era costumbre; al primer pregón hacia la Catedral una seña tocando doscientas campanadas , verificándolo después las parroquias, conventos y demás iglesias dando igual número de campanadas y doblando en seguida. El virrey nombró diputados que le representaran en las honras y recibió el pésame de los tribunales . También hizo pregonar que todos los vecinos, excepto los indios y personas miserables, vistieran lutos con arreglo a la pragmática de 1693, mandando instrucciones a los alcaldes mayores para las honras y lutos". (1)

    En resumen, para 1760 las ciudades y villas de Nueva España se llenaron de pronto de Exequias Reales, pues, mueren 2 reinas, un rey y un virrey y todas meritaban funciones solemnes, es así como en Celaya el 9 de junio de 1760 llega el aviso de que se deben de hacer las correspondientes al rey, Fernando VI. El documento menciona además los rigores que se deben padecer durante los oficios:

"Ilustrísimo señor,

   Señor: el vicario in cápite juez eclesiástico sustituto de esta ciudad, por enfermedad del propietario, el día nueve del corriente mes recibió dos superiores despachos librados  por vuestra señoría ilustrísima; dirigido el uno al fin de que en esta parroquia se hagan honras exequias funerales por el alma de nuestro rey y señor don Fernando VI que santa gloria haya, con los demás sufragios que en tales casos se acostumbran hacer, y al de que todos los clérigos residentes en dicha ciudad vistan lana y no seda...

  
    Esta fotografía ni es de Celaya, ni es de ninguno de los reyes mencionados, se trata de las exequias de la reina Victoria de Inglaterra que se celebraron en el templo de Cristo en la ciudad de México en 1901, con ello nos damos cuenta del alcance que siguieron teniendo este tipo de funciones de la realeza. Ahora bien, si consideramos que México era súbdito de España bien podemos imaginar los solemne que fue esa misa celebrada en Celaya.

   "En consecuencia de lo cual hice saber el primero (se refiere al primero de las dos notificaciones recibidas) al reverendo padre cura ministro de esta doctrina, fray José del Valle y Leda a que respondió que desde el día tres del que sigue ejecutó su parroquia las demostraciones que corresponden a su fidelidad y reconocimiento, celebrando las exequias que se le preceptúan con doble solemne de campanas, vigilia, misa, sermón. una tumba de siete cuerpos y los religiosos que celebraron el santo oficio de la misa el referido día a favor del alma de su majestad, lo que le consta a dicho juez eclesiástico. Y juntamente hizo notorio a los clérigos de esta vecindad el que por el prevenido impedimento vistan lana, bajo el apercibimiento contenido en dicho superior despacho". 

   La Divinidad guarde la importantísima vida de nuestra señoría ilustrísima para bien  esta santa iglesia y de toda su diócesis prolongados años. Celaya 16 de junio de 1760. A los pies de vuestra señoría ilustrísima su rendido criado.

   Manuel de Agramont, (Rúbrica). (1)

   Seguramente en Celaya, en Salamanca, en Guadalajara, Guanajuato y todas las villas y ciudades importantes de la Nueva España, el año de 1760 fue algo tenebroso en el sentido de que, siendo habitual que se emitiera una orden para todos los habitantes "del reino" portaran luto de tres a seis meses, ese año, ante tantas funciones reales el pueblo, seguramente, anduvo de negro durante varios meses...

Fuente:

1.- Mazín Gómez, Oscar. El Gran Michoacán. Cuatro informes del obispado michoacano 1759-1769. El Colegio de Michoacán. Zamora, 1986. pp. 74-75.