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miércoles, 17 de marzo de 2010

El testamento de Tata Vasco

Este que para mi ha sido un apasionante y apasionado viaje a la historia de México, especialmente a la historia de Salamanca y la región circundante ha sido algo extraordinario. Me ha dado a conocer una cantidad de cosas que, en buena medida son la respuesta a muchas interrogantes que nos hacemos sobre nuestro modo de ser y costumbres.


Con este artículo concluyo mi investigación, mejor no podría hacerlo que con dos extractos de un documento EXTRAORDINARIO que existe de don Vasco de Quiroga, el siempre presente Tata Vasco: su testamento. Te invito a leer esta parte con mucha atención y adentrarte a la espiritualidad de quien, sin duda alguna será dentro de poco un Santo elevado a los altares.


“Item por cuanto nos el Obispo de mechoacán don Vasco de Quiroga, e inútil para todo, siendo oídor por su Majestad de el Emperador don Carlos Quinto y Rey de España nuestro señor, en la Chancillería Real que reside en la Ciudad de México, y muchos años antes de tener orden eclesiástica alguna ni renta de Iglesia, movido de devoción y compasión de la miseria e incomodidades grandes y pocas veces vistas ni oídas que padescen los indios, pobres, huérfanos e miserables personas, naturales de estas partes, donde por ello muchos de e los de edad adulta se vendían a sí mesmos e permitían ser vendidos, e los menores y huérfanos eran y son hurtados de los mayores y vendidos, y otros andan desnudos por los tianguises, aguardando a comer lo que los puercos dexan, y esto demás de su derramamiento grande y falta de doctrina cristiana e moral exterior y buena policía, fundé y doté a mi costa e mis propios salarios, con el favor de Dios Nuestro Señor y de Su majestad el emperador y Rey Don Carlos, nuestro señor, dos hospitales de indios que intitulé de Santa Fe, confirmando el título con la obra e intención de ella, uno en la Provincia de México e otro en ésta de Mechuacán, que es todo en esta Nueva España, a dos o tres leguas, poco más o menos, de las ciudades cabeceras de cada una de estas dichas provincias, donde cada uno de los dichos Hospitales está fundado y averigüado, con este orden, intento e voluntad que los constituí y diputé como hasta ahora y desde ahora para entonces, que fuesen con todos sus términos, tierras, estancias, en granjerías que nos les dimos, pusimos y compramos y les hube de su majestad,…”


Leyendo el siguiente párrafo del Testamento de Tata Vasco podemos concluir la razón por la cual hubo en la capilla del Hospital de Salamanca, (¿quizá Barahona?), una imagen de Nuestra Señora de la Asunción y el por qué el Cristo Negro del Señor del Hospital es tan venerado en toda la región.


“Como es dicho, se les encomienda, ruega y encarga por charidad y proximidad cristiana, que si solo el rector allí estuviere, en cada uno de dichos hospitales, predique allí el santo Evangelio a los indios pobres de ellos, en la lengua de los dichos indios, los domingos, pascuas y fiestas principales y diga misa cantada y oficiada con el canto, como hasta aquí allí se ha hecho y suele hacer, a lo menos en todos los dichos días de domingos, pascuas e principales fiestas, y ésta que sea por los pobres moderadores de los dichos Hospitales respectivos, y el día de Nuestra Señora de la Asumpción y San Salvador y de la Exaltación de la Cruz, San Miguel Arcángel y San Nicolás los tengan en especial devoción y se celebren con toda la más solemnidad que puedan con todas las demás dichas…”


Para concluir, te comento que de aquí al 31 de marzo, publicaré las fotografías de los eventos que tenemos ya en puerta, el Novenario, las Peregrinaciones y la Misa Concelebrada en donde se hará oficial la elevación de Parroquia a Santuario Diocesano del Señor del Hospital de Salamanca.


Si te interesa leer todo el Testamento de Tata Vasco, lo puedes hacer aquí:

http://es.wikisource.org/wiki/Testamento_de_Vasco_de_Quiroga

lunes, 15 de marzo de 2010

De la historia a la leyenda, o de la leyenda a la historia, el recorrido del Señor del Hospital para llegar a Salamanca.

A lo largo de un año, el que se declaró como Jubilar debido a la conmemoración de los 450 años de la llegada del Cristo Negro del Señor del Hospital a Salamanca, me di a la tarea de hacer, dentro de mis posibilidades y capacidades, el análisis de la imagen, en el aspecto artístico, así mismo lo referente a su templo, el cual considero es una verdadera joya, muy representativa de todos los estilos en boga a finales del siglo XIX y principios del XX; por el otro, a pesar de que no soy historiador de profesión, sino de pasión, pude adentrarme más y más a esa parte de la historia de México que es tan rica y a la vez tan complicada, como lo fue el siglo XVI, cuando los españoles habían creado ya la Nueva España y se estaban dando cuenta de la enormidad del territorio que habían redimido para la Corona de España.


A lo largo del Año Jubilar del Señor del Hospital me he ido adentrando a la devoción que hay a Cristo, pero con el enfoque siempre histórico tratando de saber y entender como fue que se fueron implantando sus templos y santuarios a lo largo y ancho de nuestro país, claro es, tratando de entender como fue que llegó aquí a Salamanca el Cristo que conocemos como Señor del Hospital y ello ve llevó a entender como hubo lugares en donde no se vio la necesidad de tejer una historia de milagros y apariciones, sino, simplemente se hizo una suplantación de imágenes entre los ídolos venerados por los naturales y los Cristos traídos de España o ya manufacturados en México, específicamente en Pátzcuaro.


En este intercambio o suplantación de imágenes tenemos los dos ejemplos más contundentes: El Santo Señor de Chalma, ubicado en la población del mismo nombre, en el Estado de México, en donde se ubicó durante casi dos siglos el adoratorio de Tezcatlipoca, la segunda deidad más importante, luego de Quetzalcóatl, en el panteón Azteca. El otro es El Señor de Araró, ubicado en la población del mismo nombre en Michoacán, lugar de adoración a la diosa de la fertilidad Tarasca Cuerapaveri. En ambos ejemplos no hubo la necesidad de recurrir a textos elaborados que contaran de actos milagrosos, que mencionaran Reyes, Virreyes, Papas, Filósofos, Historiadores, nada de eso fue necesario para darle el verdadero valor que tiene, como centro devocional y espiritual.


Encontramos la historia del Cristo de la Tercera Orden de Pátzcuaro, en donde, a raíz de los hechos extraños y milagrosos que se dieron a mitad del siglo XVII, las autoridades civiles y eclesiásticas del lugar se dieron a la tarea de levantar actas, de hacer juramentos solemnes de que lo visto fue en verdad visto por los asistentes en ese momento al templo de San Francisco y el documento existe. En cambio, aquí en Salamanca nunca hubo un documento oficial que certificara ni la llegada de la imagen por los indios otomíes perseguidos por los jilotepecanos; ni se hizo acta alguna que certificara lo que es un misterio (en toda la extensión de la palabra), cuando vieron que el Cristo estaba clavado a una vara de distancia sobre la tierra del lugar en donde se había depositado originalmente, confirmando así lo que dijo en el sueño de revelación a Juan Cardona en Jilotepec.


Se dice, de acuerdo al relato, que don Vasco de Quiroga dio fe de los hechos luego de dos o tres años cuando pasó de México hacia Pátzcuaro en el que sería su último recorrido, pues de allí fue cuando decidió establecerse en Uruapan y al poco tiempo murió. Del paso por Salamanca, lugar que aun no se llamaba de tal modo, pues era 1563, se dice que elevó al rango de Curato la pequeña capilla que ya existía junto al hospital que él mismo ordenó se levantara, al igual que hizo en 90 lugares más que conformaban apenas una parte de su enorme Obispado. Lamentablemente los documentos que certifiquen su paso por este lugar están desaparecidos.


Podríamos seguir analizando más y más historias ó leyendas de los distintos Cristos venerados en México, El Señor del Veneno, El Señor del Rebozo, El Señor de la Columna, todos ellos en la Ciudad de México, lugar en donde se concentró por siglos el conocimiento y, en ninguno de los casos se hacen tantas referencias históricas como es el caso del relato de la llegada del Señor del Hospital a Salamanca.


Con todo esto a la conclusión a la que llego es que en Salamanca tenemos una hermosísima leyenda que vale la pena analizar a profundidad porque nos da una visión del momento histórico de México y de la región que actualmente es el Bajío en el tiempo en el que se dice ocurrieron los hechos.


Benjamín Arredondo.

Salamanca, Guanajuato.

Marzo 15, 2010.



lunes, 8 de marzo de 2010

La veneración de Cristo crucificado

Como bien lo sabemos El Calendario del más antiguo Galván es un fuerte apoyo para recordar las celebraciones que a lo largo del año se celebran, especialmente las religiosas, son ya 184 años de que se publica y en este año, a consecuencia de la elevación del la Parroquia del Señor del Hospital a Santuario Diocesano, lo he leído con mucha más atención que lo normal y me llamó la atención lo que durante la cuaresma va marcando, específicamente los viernes, a excepción del llamado Viernes de Dolores, en los anteriores aparecen marcados como “Celebración Litúrgica” varios Cristos de los que tenemos noticia.


Para entender mejor esto, me apoyaré en lo publicado en el sitio www.conoze.com el cual no explica las razones de esta celebración: “El camino cuaresmal termina con el comienzo del Triduo pascual, es decir, con la celebración de la Misa In Cena Domini. En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia para la "Adoración de la santa Cruz".


Señor del Veneno en el Altar del Perdón en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.


Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.


Contemplando al Salvador crucificado captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor”.


El Señor del Rebozo en el Templo de Santo Domingo en la Ciudad de México.


En el citado calendario aparecen las Celebraciones Litúrgicas oficiales en nuestro país, las cuales son las siguientes:


Miércoles de Ceniza:

Señor del Santo Entierro, Tezayuca, Estado de México

Señor del Sacromonte, Amecameca, Estado de México

Señor de Tlapala, La Visitación, Estado de México.


Primer Viernes de Cuaresma:

Señor de Chalma, Chalma, Estado de México.

Señor de la Columna, Juitepec, Morelos.

Santo Cristo de Cuéstala, Guerrero.


Segundo Viernes de Cuaresma:

Señor del Rebozo, Santo Domingo, Ciudad de México.

Señor de la Salud, Metzquititlán, Hidalgo.

Señor del Pueblo, Cuautla, Morelos.

Señor del Perdón, Ixtapan de la Sal, Estado de México.

Señor de Araró, Araró, Michoacán


Tercer Viernes de Cuaresma:

Señor de Tepalcingo, Morelos.


Cuarto Viernes de Cuaresma:

Señor de Miacatlán, Morelos


Quinto Viernes de Cuaresma:

Señor de la Columna, La Profesa, Ciudad de México

Señor del Calvario, Mazatepec, Morelos


Señor de la Columna en La Profesa, Ciudad de México.


Me llama la atención ver que todas estas celebraciones se llevan a cabo en una zona geográfica específica, el valle de Anáhuac. A excepción del Señor de Araró, mismo que anoto porque me tocó participar en ella y me di cuenta que es el segundo viernes de cuaresma cuando se celebra, el resto no engloban más allá que el estado de Guerrero, pero en las inmediaciones del estado de México; quizá exista un calendario de Celebraciones Litúrgicas por cada Arzobispado, eso no lo sé, pero lo averiguaré lo más pronto posible, por lo pronto, continuamos leyendo la interesante explicación que nos da el sitio web mencionado:


Señor del Consuelo en el templo de La Profesa, Ciudad de México.


“Las expresiones de devoción a Cristo crucificado, numerosas y variadas, adquieren un particular relieve en las iglesias dedicadas al misterio de la Cruz o en las que se veneran reliquias, consideradas auténticas, del lignum Crucis. La "invención de la Cruz", acaecida según la tradición durante la primera mitad del siglo IV, con la consiguiente difusión por todo el mundo de fragmentos de la misma, objeto de grandísima veneración, determinó un aumento notable del culto a la Cruz.


Puerta lateral oriente del Templo Expiatorio en Salamanca, arriba del arco podemos ver el “lignum Cruci”, aunque ya cubierto a la mitad en una anterior remodelación.


Hay algo en esto que se menciona aquí, el “lignum Crucis”, el cual, está localizado en el templo del Expiatorio. Sabemos muy bien que a Salamanca no llegó ninguna reliquia de tal dimensión, he oído que en Santa Cruz de Juventino Rosas si existe, pero no lo he comprobado, sí lo vi en el templo de Santa Elena en Puebla, en donde hay un altar en donde existe una cruz en cuyo centro está la reliquia, una de las tres que llegaron a México al principio de la evangelización. Lo que hay en el Expiatorio es la cruz que se interpreta como tal, como “lignum Crucis” y esa la podemos ver en la fachada oriente, la que da hacia la calle de Revolución.


La Cruz Arzobispal, efectivamente, tiene dos travesaños, pero podemos ver un poco más claramente en este acercamiento los brazos que van del segundo travesaño hacia el centro de la misma. Símbolo inequívoco de los Franciscanos, quienes tuvieron a su cargo, en un principio, el Curato de lo que hoy conocemos como Salamanca, Guanajuato.


Hay quien dice que esa cruz es la Cruz Arzobispal, cosa que no es cierto, pues dicha cruz tiene doble travesaño. La que aparece en el Expiatorio tiene doble travesaño en efecto, pero, observando con atención veremos que hay los palos diagonales que van al centro de la cruz, eso, eso el “lignum Crucis”. Lugar en donde hay la dedicación al misterio de la Cruz.



domingo, 10 de enero de 2010

Los Exvotos, herencia perdida del Señor del Hospital, un testimonio del Dr. Atl en su Catálogo de Artes Populares de México, 1922

El origen de artículo comenzó hace algunos meses cuando, en sobremesa dominical, una muy querida Tía, me comentaba de los recuerdos mas antiguos que sobre el Templo del Señor del Hospital tenía, me contaba como fue que en varias ocasiones tuvo el honor de ser ella la encargada de hacerle la limpieza necesaria, humedeciendo algodones en un aceite para que la imagen de Nuestro Señor en la advocación del Señor del Hospital se mantuviera siempre limpia y resistiera el paso del tiempo. Pero hubo algo que me llamó mucho la atención y fue cuando me dijo:


No tienes idea de la cantidad de retablos que había en las paredes.


¿A los ex votos te refieres? –le pregunté-


Si, hombre, a esas pinturas que la gente antes acostumbraba llevarle al Santo que había intercedido en ayudarle a resolver algún padecimiento, a esos retablos me refiero. Las paredes estaban completamente llenas, pero no al templo que ahora es Parroquia sino en las del Expiatorio. Y ella continuó su relato. Una vez el padre decidió lavar las paredes del templo, estaban ennegrecidos por la cantidad de hollín de las velas, era increíble ver como iban surgiendo los dibujos que siempre han estado allí, esos con los que decoraban antes los templos, pero no se veían por todo el hollín y polvo acumulado.


Y… ¿en dónde quedaron todos los retablos? –inquirí-


Ah, eso no lo se, pero eran muchos.


Fue entonces que me dediqué a tratar de encontrar más información sobre la existencia de esos retablos. Les pregunté a varias personas de Salamanca, pero nadie me supo decir nada al respecto, me sugirieron hablar con algunas personas que estuvieron muy ligadas al templo pero, dada su edad y estado de salud, me fue imposible conversar con ellos.


Finalmente un día calló en mis manos la Monografía de Salamanca que don Guillermo Razo tuvo a bien publicar durante la administración del Sr. Deschamps Contreras en 1988 y ahí en la página 129 dentro del artículo escrito por Daniel Castro del Valle “Saqueo y destrucción de la herencia histórica y cultural de Salamanca”, encontré la única referencia escrita al respeto de los retablos: “Alguna ocasión en que Gerardo Murillo, el extraordinario Dr. Atl pasó por Salamanca, observó en el interior del templo del Señor del Hospital cientos de retablos o ex votos, pintados por un pintor equiparable con Hermenegildo Bustos. Estas pinturitas en lámina, decía, tenían gran valor pictórico. No sabemos dónde están ahora”.


Cuando eso sucedió, cuando leí la nota, hice una reflexión que aquí mismo publiqué:http://elsenordelhospital.blogspot.com/2009/07/los-ex-votos-desaparecidos-de-el-senor.html , ahí decía que de ser cierto el comentario del Dr. Atl, estábamos ante el más grande de los halagos que se pudieran hacer hacia estos trabajos, también comentaba ahí que todo esto era una deducción y que no contaba con el documento que lo autentifique, pues bien, el documento lo encontré en la Ciudad de México y para ello debo agradecer a Rosita y Sergio Bravo el que me hayan apoyado para poderme trasladar en esta búsqueda. El documento es un libro publicado por el Colegio Nacional en 2005, escrito por Olga Sáenz, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, “El símbolo y la acción: vida de Gerardo Murillo”.


Al adentrarnos ligeramente a la pintura mexicana, resaltan los nombres de Cabrera, Villalpando y Juárez en el período Novohispano, los de José María Velasco y Hermenegildo Bustos, entre otros, en el siglo XIX y es allí donde surge la importante obra de Gerardo Murillo, mejor conocido como el Dr. Atl. Originario de Guadalajara, su inquietud por el arte lo llevó a trasladarse a la Ciudad de México y de allí a Europa, formando parte del movimiento modernista iniciado ya el siglo XX. Participó en distintos bandos durante la Revolución Mexicana y terminada esta es contratado por la Revista Cvltvura, para desarrollar un catálogo de arte popular mexicano. Jorge Bravo, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM comenta que “Otro momento destacado del Dr. Atl fue su decidida promoción de las artes populares de México. Durante los festejos del Primer Centenario de la Consumación de la Independencia de México (1921), organizó una exposición de arte popular y editó un catálogo de las principales manifestaciones de artistas populares; fue precisamente él quien les otorgó a los creadores de arte popular el merecido rango de artistas y no sólo de diestros artesanos”.


Ese catálogo se tradujo en un libro de varios tomos en donde dio relevancia especialmente a los pintores populares de México, destacando siempre el trabajo desarrollado en los retablos o exvotos. Este estudio lo trajo, efectivamente a Salamanca en 1921, cuando aun estaba en construcción la Parroquia del Señor del Hospital, pues se sabía de la existencia de una cantidad importante de retablos dedicados a dar gracias al Cristo Negro por los favores recibidos. Años más tarde la revista de arte Forma publicó nuevamente el artículo titulado “El Señor del Hospital” ni más, ni menos. La investigadora Olga Sáenz escribe lo siguiente:


El Señor del Hospital en Forma.



La única colaboración del Dr. Atl en la revista Forma, dirigida por Gabriel Fernández Ledesma, fue el artículo titulado “Los Retablos del Señor del Hospital”. En el transcribió un texto publicado en la segunda edición (1922) del catálogo Las artes populares en México.


En este “nuevo” artículo publicado en Forma, el autor inició su exposición refiriéndose a la conveniencia de presentar “el estudio de los productos de la inteligencia popular a meras monografías”, pues esto facilitaría la explicación de las cualidades de las diversas ramas artesanales.


Conforme el Dr. Atl fue involucrándose en el tema de los retablos, tuvo un viraje cualitativo en torno a su percepción del exvoto o retablo. Hizo notar que en Salamanca, Guanajuato, encontró un gran número de pequeñas pinturas votivas de calidad, dedicadas a “un Cristo famoso, un Cristo de madera, de tamaño natural, pintado de negro, con un cendal blanco y coronado de espinas blancas, vibrante de tragedia y de una plasticidad cinquecentesca”. El Dr. Atl explicó que “casi todos estos retablos de muy pequeños tamaños y pintados en hoja de lata, (muy), pocos en tabla, (tienen) la peculiaridad, en su mayoría, de marcar una tendencia al retrato, retratos muy elementales, pero con mucho carácter, no solo en la fisonomía sino en las actitudes “. Dichos retablos poseían, además, “una grande vivacidad de color (…), especialmente los de un pintor que (debió ser) muy popular a juzgar por el gran número de sus obras guardadas en la pequeña capilla donde se exhibió durante largos años el Crucificado milagroso”.


Fotografía del Dr. Atl de 1932, una década después de que se admirara de los retablos ó Exvotos que se le dedicaron al Señor del Hospital.


Continúa Olga Sáenz: “Como se puede apreciar, en esta ocasión el Dr. Atl concedió un mayor reconocimiento a la pintura popular religiosa, al través de la serie de retablos con la imagen del Cristo Negro. Este nuevo punto de vista del Dr. Atl contrastó con las referencias que él mismo hizo en la primera edición (1921) de Las artes populares en México, mismas que volvió a citar en la revista Forma. Sus juicios fueron muy críticos con los retablos populares, con excepción de aquel artista anónimo de vocación votiva:


“No me fue posible, por más investigaciones que hice, encontrar el nombre de ese pintor cuyo estilo se diferencia inmediatamente entre los millares de retablos colgados en las paredes del templo. Es un pintor simplista, espontáneo, con una visión del color muy característica en las obras del Bajío –azules luminosos combinados con tonos obscuros de azul profundo y rojos chinos”.


Después de elaborar esta breve descripción de la serie de retratos anecdóticos, con la referencia del Cristo de Salamanca, el Dr. Atl transcribió textualmente el capitulo cuarto de la primera edición del catálogo Las Artes populares en México, dedicado al “Arte religioso”. En él advirtió la nostalgia de un México bucólico y eminentemente provincial que paulatinamente desapareció como consecuencia del proceso de industrialización. “las manifestaciones del arte popular religioso –aseguró el Dr. Atl-, tan abundantes hasta la mitad del siglo pasado (XIX), son muy escasas actualmente. El industrialismo internacional ha sustituido las ingenuas e interesantes obras del sentimiento indígena con cromos baratos, con medallas acuñadas por millones y con esculturas policromas fabricadas en Barcelona”.


La conclusión a la que llegamos es simple adivinar, es una sola: ¿En dónde habrán quedado todos esos magníficos retablos que llegaron a impresionar incluso a Gerardo Murillo, el Dr. Atl?


Es triste ver que son pocas las personas interesadas en conservar no solo las tradiciones, sino también el patrimonio arquitectónico y artístico que existe en Salamanca. Como muestra tenemos los retablos o ex votos que quizá estén en alguna colección privada o tirados en alguna de las casas abandonadas que hay en el centro de esta ciudad. Al menos el testimonio, valiosísimo, del Dr. Atl ha podido sobrevivir a esta barbarie patrimonial.


La revista electrónica del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, Imágenes, hace el siguiente análisis del libro de Olga Sáenz:


http://www.esteticas.unam.mx/revista_imagenes/anotaciones/ano_bravo04.html