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domingo, 3 de septiembre de 2017

Luis Chávez Orozco, distinguido historiador irapuatense

   Buscando datos de la cosa agrícola en el Bajío, encontré una referencia que me llevó a un autor del que desconocía su trabajo, el historiador Luis Chávez Orozco. Comencé a averiguar más de él y la primera sorpresa que me llevé es su lugar de nacimiento: Irapuato, la segunda es ver la gran cantidad de publicaciones que tuvo a lo largo de su vida. Razón por la cual considero importante compartir los datos que encuentro en Wikipedia y que nos dice de la importancia que tuvo tan distinguido irapuatense:

  Luis Chávez Orozco (Irapuato (Guanajuato), 28 de mayo de 1901- Ciudad de México, 16 de septiembre de 1996), fue un profesor, sindicalista, funcionario público e historiador mexicano. Fue promotor de la educación socialista, y destacado precursor de la historiografía social y económica moderna de México.

  Luis Chávez Orozco cursó sus primeros estudios en el Instituto Sollano y en la Preparatoria de León, Guanajuato. Su interés por el pasado mexicano le llevó a formarse como historiador autodidata. Fue profesor de Historia Moderna en la Escuela Nacional de Maestros en 1933, en donde fue uno de los impulsores de la “educación socialista”. Trabajó en la Secretaría de Relaciones Exteriores como jefe de Prensa y Publicidad, bajo la dirección de Genaro Estrada.

   En 1935 fue nombrado jefe del departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública (México), en donde coincidió con José Mancisidor, Rafael Ramos Pedrueza y Germán List Arzubide; posteriormente fue subsecretario de Educación (1936-1938); y jefe del Departamento Autónomo de Asuntos Indígenas (1938-1940), y como tal presidió el Primer Congreso Indigenista Interamericano, que se realizó en Pátzcuaro en 1940. De ahí se derivó la creación del Instituto Nacional Indigenista (hoy Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas), que impulsó junto con Alfonso Caso, Moisés Sáenz y Manuel Gamio.

  En 1941 fue embajador de México en Honduras. A su regreso participó en la organización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, del cual fue secretario general del Comité Ejecutivo Nacional en diciembre de 1933 hasta su renuncia, en 23 de julio de 1945, en el contexto de una grave crisis en el sindicato y por diferencias con la línea impuesta por Vicente Lombardo Toledano. Posteriormente se retiró de la vida sindical y política, y desempeñó diversas labores burocráticas. El presidente Adolfo Ruiz Cortines le dio su apoyo, nombrándolo como asesor, para que pudiera dedicarse a la investigación histórica. Mantuvo este puesto hasta su fallecimiento en 1996.

 Chávez Orozco fue autor del primer libro de texto de historia, Historia patria (1934), para tercer grado, con el que pretendía “proporcionar a la niñez una explicación de los fenómenos sociales, subordinándolos al factor económico”, y conducir a la niñez “a una nueva interpretación de la historia nacional”.

  Su obra escrita es particularmente vasta, y muestra particular interés en la historia social y económica, especialmente de los grupos indígenas y la época colonial, apoyándose en documentos de archivos, lo cual destaca en en una época en la que predominaban los estudios políticos y biográficos. En sus escritos introdujo la perspectiva marxista, dando particular énfasis a la influencia de la estructura productiva en el desarrollo de las sociedades.

Entre sus obras de autoría individual se hallan:

El sitio de Puebla en 1863 (1927),
El sitio de Cuautla (1931),
La civilización maya-quiché (1932),
La civilización nahoa (1933),
La industria de hilados y tejidos en México 1829-1842 (1933),
Tres capítulos de historia diplomática. El hispanoamericanismo. La cuestión de Texas. Los límites entre México y Guatemala (1935),
Revolución industrial, revolución política (1937),
Historia económica y social de México. Ensayo de interpretación (1938)
Historia de México. Época precortesiana (1939).

jueves, 24 de abril de 2014

Arrebatos histórico-goegráficos. Cuando dijeron que Tomasa Estévez era potosina.

   Un potosino me comentó que no hay que creer mucho de lo escrito en el primer tomo de la Historia de San Luis Potosí que escribió don Manuel Muro Rocha. Buscando datos de su vida, encuentro lo siguiente en la bibliografía comentada de libro Breve Historia de San Luis Potosí, publicada por FCE: "La Historia de San Luis Potosí, de Manuel Muro, en tres tomos (San Luis Potosí, Sociedad Potosina de Estudios Históricos, 1973), pertenece a esta misma escuela. El primer tomo contiene mucha información basada en las fuentes secundarias de la época que carecían de base documental, pues no había de dónde tomarla. Los tomos II y III, que cubren el siglo XIX, son la parte más interesante y valiosa. Muro fue testigo presencial de muchos de los acontecimientos que relató". En buena medida confirma lo dicho por mi amigo al ver que ese primer tomo no tiene una base documental y se basa en otros autores o, peor aun, en "oídas" o en deducciones.

   Sigo buscando más datos del personaje y encuentro que: "Nació en 1839 y murió en 1911 en San Luis Potosí, San Luis Potosí. Abandonó sus estudios para combatir en la Guerra de los Tres años y después, como liberal, luchó en la Guerra de Reforma y contra la intervención y el Imperio. Presidente municipal de San Luis Potosí. Diputado. Gobernador interino de su estado. Historiador. Colaboró en los principales diarios potosinos y de la Ciudad de México". 

   Tenemos ya una leve idea de quien es el personaje que aparece en esta fotografía, don Manuel Muro. Su libro de Historia de San Luis Potosí se edita, como tal, en 1910, pero el libro es consecuencia de un estilo de publicación reinante en el último cuarto del siglo XIX, el llamado "entregas" que era una especie de suscripción que el lector hacía con el editor, para tener asegurada mensual, quincenal o semanalmente una "entrega", es decir, un fascículo que al completar la colección se formaría un libro completo. De esta manera sale a la luz su Historia en 1894, don Manuel lo menciona así en su exordio: "Hace diez y seis años que imprimí el primer tomo de la Historia de San Luis, y lo publiqué por entregas semanarias. El gasto fue muy superior a mis recursos, pues por haber empleado papel ministro y buenas láminas de litografía, entonces muy caras, me costó ese primer tomo más de mil pesos. La aceptación que tuvo la obra fue satisfactoria, pues pasaron de quinientas las subscripciones que se vendieron en todo el Estado, pero perdí tres cuartas partes del valor de aquellas, porque no pude cobrarlas de algunos de los corresponsales..."

   Se vuelve interesante para todo salmantino que gusta de la historia regional, de esa llamada Microhistoria, pues hay un punto en la obra de don Manuel en la que asegura que Tomasa Estéves es potosina y no salmantina.Sus motivos habrá tenido para hacer semejante afirmación, al final de este artículo anotaré cual es mi punto de vista; veamos el texto:

    "Iturbide en las Provincias de Guanajuato y Michoacán llegó a adquirir la triste y repugnante celebridad de Calleja. Se declaró el mayor enemigo de la independencia y su paso era marcado por huellas de sangre y exterminio. Reunidos algunos jefes insurgentes en Rincón de Ortega fueron allí batidos todos los que cayeron. Perseguidos los dispersos fue alcanzada por una parte de ellos en el rancho de Redondo inmediato a Villela cayendo en poder del perseguidor el jefe Rosas, tres oficiales y 20 soldados. Por orden de Iturbide el brigadier Rosas y los oficiales fueron conducidos a San Luis donde los fusilaron en la plaza principal y todo los soldados lo fueron igualmente en la misma hacienda de Villela.

   Por esos días había vuelto Iturbide a San Luis para conducir otro convoy, tomó el camino de Santa María del Río y al pasar por Villela dio parte oficial al virrey, no sin mandar fusilar antes a otros prisioneros que habían llegado allí, y entre ellos una mujer llamada María Tomasa Estévez, único ejemplo de esta naturaleza, que se dio en aquella guerra desastrosa. Un escritor conservador, y por ende decidido partidario de Iturbide y enemigo acérrimo de la insurrección, hablando de este suceso y pintando el carácter de Iturbide, no puede menos que expresarse así:

   "Inexorable (Iturbide) para con los prisioneros casi todos eran fusilados, sin que el sexo débil lo eximiese de esa pena y antes bien el buen parecer fue alguna vez motivo para imponérsela. En el parte que dio al virrey desde la hacienda de Villela, entre la multitud de personas que dice haber fusilado por diversos puntos de la Provincia agrega "haberlo sido también Tomasa Estévez, comisionada para seducir la tropa por su bella figura, a no ser tan acendrado el patriotismo de estos soldados".

   Esta heroína, Tomasa Estévez fue potosina nativa del Valle de San Francisco. Andaba en la campaña con su marido y acusada de que se pasaba al campo enemigo a seducir soldados realistas para que se pasaran con los insurgentes, fue aprehendida y fusilada en Salamanca por orden de Iturbide". (1)

   Lo que vemos en la foto son las ruinas de la Hacienda de Rincón de Ortega, en el actual municipio de San Felipe. Menciona de la Hacienda de Villela, en el actual municipio de Santa María del Río, San Luis Potosí, así como el rancho de Redondo, próximo a la misma. Quizá sea esa la razón por la cual, en un arrebato histórico-geográfico ubica a Tomasa Estévez como originaria de Villa de Reyes en el Valle de San Francisco, población que se ubica al norte de San Felipe, a unos escasos 20 kilómetros de la Hacienda de Jaral de Berrios. Si a todo esto agregamos que Calleja, casado con la potosina Francisca de la Gánadara y Cardona vivía en la Hacienda de Bledos, todos sitios en la periferia de Villa de Reyes y de ahí que ubique a la salmantina Estévez como nacida allí. Arrebato que luego de algunas décadas sería aclarado y certificada la salmantinidad de Tomasa.


Fuentes:

1.- Muro, Manuel. Historia de San Luis Potosí. Tomo I. Imprenta Litografía y Encuadernación de M. Esquivel y Cía. San Luis Potosí. 1910. pp.163-165.

lunes, 24 de marzo de 2014

Las joyas barrocas de Salamanca vistas por el historiador de arte J.A. Baird. 1953

   Joseph Armstrong Baird, Jr. nació en Pittsburgh, Pennsylvania en 1922. Comenzó sus estudios de Historia del Arte en el Colegio Oberlin en donde concluyó su bachillerato para luego asistir a la Universidad de Harvard en donde obtuvo su maestría para luego doctorarse en Historia de la Arquitectura en 1951. Dio claese en la Universidad de Toronto (1949-1953) antes de llegar a la de Davis en 1953. Comenzando como conferencista en el Departmento de Arte y retirándose como profesor de tiempo completo de Bellas Artes en 1985. Continuó como asesor hasta su muerte ocurrida en 1992. (1)

   Efectivamente, se trata de otro de los grandes Historiadores de Arte del siglo XX que, impactado por la belleza del templo de San Agustín de Salamanca, dedica una cuartilla en el en su obra Los retablos del siglo XVIII en el sur de España, Portugal y México. En la obra hay un capítulo que habla sobre los retablos del Bajío, realizados en Querétaro, ciudad en la que José de Rojas elaboró dos para el templo agustino de Salamanca, vamos:

SALAMANCA, (Guanajuato).

La Parroquia.


   Es un fino ejemplo de fachada retablo (cuatro medias muestras salomónicas, en el primer nivel, cuatro erizadas estípites en el segundo, con dos etípites y dos columnas cariátide sobre el centro del tercer nivel, las últimas empujadas por curvas semicirculares formadas por el levantamiento de la cornisa) casi totalmente cubiertas con variantes locales del ornamento foliado. La articulación decisiva de columnas y nichos, con nichos entre las columnas de los extremos y puertas y ventanas o nicho en el centro (muy seguido con el tercer nivel como aquí), previene la incoherencia que podía tener el patrón, las delgadas hélices de las salomónicas del primer nivel pueden compararse a aquellas de la iglesia del Hospital de Irapuato. Hay una sola torre a la derecha de la fachada.

San Agustín.

   Fundado en 1616 y parcialmente reconstruido en 1771 (especialmente los claustros). De acuerdo al sacerdote local Reginaldo Vega, el convento se fundó en 1540. La construcción de la iglesia comenzó el 26 de mayo de 1615 (fray Juan de San Nicolás y fray Francisco de la Anunciación fueron los padres fundadores). La consagración ocurrió en 1706. El convento se abrió (iniciación) en 1750 bajo fray José de Ortega. (Ver también Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, México, no. 17, pp. 46-51).

   Hay algunos historiadores locales que dicen que el retablo mayor fue llevado a Rouen por los franceses, actualmente se piensa que quizá se destruyó mucho antes para colocar el actual retablo neoclásico que, se dice, fue hecho por Tresguerras.

   La fachada es muy sencilla, con pequeña portada y dos finas torres con azulejos azules y púrpura en las agujas. En el interior hay una brillante serie de retablos que se discute completamente en el texto. Las modalidades notables en el interior incluyen un púlpito taraceado (marfil, latón y varias maderas) con las divertidas pinturas escalonadas de los cuatro elementos; la quijotesca mesa de la sacristía con su remate en una taraceada y las poco comunes puertas de madera, en patrones mujéjares con un elaborado dosel rodeado de yeso policromado. 

   "Los cuatro pequeños retablos del lado occidental de la iglesia de San Agustín son notables, especialmente por la manera en que presentan el repertorio manierista ornamental de Rodíguez (guardamalleta y espirales); el estípite aparece solo en estos retablos y está combinado con cintas o gallardetes ondulantes de rocaes planos y pequeños acentos de forma rocae. (Las dedicaciones de estos retablos se han cambiado en casi todos los ejemplos, en los últimos cien años)". (2)

   Hasta aquí lo escrito por Baird sobre la Parroquia Antigua y el templo de San Agustín de Salamanca. En la obra original, publicada en inglés, aparecen una serie de fotografías tomadas en el interior del templo que son las que aquí estás viendo, a excepción de la que corresponde a la fachada de la Parroquia, la cual fue publicada por Pedro González en su Algunos puntos y objetos monumentales, que fuera la presentación del estado de Guanajuato durante el IX Congreso de Americanistas en 1895. En las fotografías de Baird, aparecen unos detalles que creo son sumamente curiosos, seguramente fueron tomados durante la Semana Santa pues, como se aprecia en la cuarta fotografía, está una escena del Vía Crucis en un juego de luz y sombra.

  Este es uno de los detalles, primeramente que la imagen de la virgen de Guadalupe está cubierta, lo cual me afirma eso de la Semana Santa, pero, lo que me llama la atención es ese cuadro que parece ser un espejo y está colocado justo debajo de la mencionada imagen. Quiza sean la estaciones que se rezaban en esos días en el interior del templo, pues, para entonces aun no se había iniciado la Procesión del Silencio que ahora la vemos como cosa tradicional pero que, en realidad, no tiene tanto tiempo de haber sido creada por el recordado fray Camilo Montes.

   Vemos ahora, en este otro acercamiento a la fotografía cuarta, que, debajo de una de las quince estaciones colocadas en el interior del templo, aparece de nuevo ese cuadro, como el que está en el retablo de Santa Ana, quizá eran especiales para los ritos de la Semana Santa, pero un dato seguro no lo tengo.


Fuentes:

1.- OAC, Online Archive of California. Collection Guide. D-231.

2.- Eighteenth Century Retables of the Bajío, Mexico: The Querétaro Style
Author(s): Joseph A. Baird
Source: The Art Bulletin, Vol. 35, No. 3, (Sep., 1953), pp. 195-216
Published by: College Art Association
Stable URL: http://www.jstor.org/stable/3047490
Accessed: 26/07/2008 19:12

Hay una edición en español de esa obra bajo el nombre: Los retablos del siglo XVII en el Sur de España, Portugal y México. Traducido por Rebeca Barrera de Fraga, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1987. pp.399-401

martes, 23 de julio de 2013

Tres autores que nos explican ligeramente el proceso histórico de Salamanca en el siglo XVIII.

  Por fortuna tenemos acceso, especialmente por vía electrónica, a una buena cantidad de libros que hablan del Bajío y que, es cosa habitual, que mencionen cosas relacionadas a la Villa de Salamanca o, en todo caso, al irnos describiendo el entorno, podemos bien asociar lo que leemos con lo que fue, una vez, Salamanca. Aquí tres autores (Brading, Tutino y Rionda) que han estudiado esta parte de México a profundidad en textos que arduamente he seleccionado:

  "Para 1600, pues, medio siglo de guerras y de colonización habían echado los cimientos del moderno Bajío. Querétaro, puerta de entrada a la región desde el centro de México, ya era una ciudad comercial en auge con una industria textil en expansión, rodeada de Haciendas que cultivaban cereales y criaban ganado. Entre tanto, en torno a las ciudades menores del Bajío como Celaya, Salamanca y León iban surgiendo nuevas haciendas, a menudo con tierras de riego, bajo el impulso de dinámicos terratenientes regionales. En los albores del siglo XVII el Bajío ya había producido la amalgama regional de agricultura comercial, minería y fábricas textiles que Eric Wolf encontró única en su género al estudiar los acontecimientos del siglo XVIII en aquella región.

  "Por los años 1630 había más de 300 haciendas en el Bajío que producían grandes cosechas de trigo y maíz, y también criaban ganado, con lo que surtían no solo a los mercados locales sino a los centros mineros situados al norte. Los cultivos más intensos se hacían en las llanuras de la cuenca oriental al rededor de Celaya y ciudades aledañas. Ahí había 157 grandes haciendas que levantaban grandes cosechas de maíz y solo un poco menos de trigo, con el complemento de pequeños rebaños de ganado los confines más occidentales de la cuenca al rededor de Irapuato, León y Silao seguían menos desarrollados dando preferencia a la producción maicera y a un reducido pastoreo. Las tierras altas del nordeste en torno a San Miguel y San Felpe albergaban hacia 1630 a muchos campesinos en pequeño dedicados al maíz , apretujados bajo la presión de un pequeño número de ganaderos en gran escala. Las tierras altas del sureste todavía estaban apenas colonizadas. (1).


  "La nueva riqueza aportada a la élite terrateniente del Bajío por los beneficiarios del auge minero en Guanajuato se extendió más allá de León. La familia Septién lucró enormidades tanto con la minería como con el comercio en Guanajuato, y luego invirtió en extensas haciendas en el Bajío oriental. El clan reivindicó con presteza la jefatura de la oligarquía terrateniente de Querétaro. Don Juan Antonio de Santa Ana sacó las ganancias de sus acciones en la gran mina de la Valenciana y adquirió en los alrededores de Salamanca, ciudad del Bajío, propiedades que valían 450 mi pesos. En la segunda mitad del siglo XVIII vivió allí como un patriarca invirtiendo aun en la minería y en el comercio en Guanajuato y explotando allí una refinería de plata, a la vez que vigilaba las florecientes operaciones comerciales de sus fincas.

  "La transformación empezó en los sectores orientales de la cuenca, en los que hacia 1785 las haciendas sembraban tres veces más trigo que maíz. El artículo de consumo indígena seguía siendo entonces la cosecha principal en la cuenca occidental y en las tierras altas contiguas. En la zona de Salamanca del Bajío oriental, en 1785 todavía superaban las siembras del maíz a las del trigo. Pero en las once haciendas de los siete mayores cultivadores de la zona las siembras de trigo superaban considerablemente a las del maíz, y la mayor parte del maíz estaba al cuidado de arrendatarios, probablemente en las tierras menos fértiles e las haciendas. Eran quince cultivadores más chicos de Salamanca quienes hacían del maíz el cultivo principal de esa zona, y aun ellos mismos habían trasladado a arrendatarios gran parte de esa cosecha. Incluso en los lugares en que parecía predominando el maíz, es evidente que hacia 1785 el artículo de consumo básico de los pobres quedaba relegado a suelos más pobres y a labradores más pobres. (2)


  "En el siglo XVIII el Bajío salió de su condición de frontera para convertirse en el marcapaso de la economía mexicana. Para entonces ya se había transformado en una zona intermediaria próspera, muy distinta tanto del lejano norte con sus terrenos para ovejas y sus campos mineros dispersos, como de los valles centrales con su mezcla de pueblos de indios profundamente enraizados y de haciendas. En cambio, el Bajío se caracterizaba por un alto grado de urbanización poco usual para una sociedad tradicional, igualado por una estructura compleja de producción agrícola. Los motores gemelos que impulsaron este cambio fueron el aumento sorprendente en la producción de plata y el singular crecimiento de la población. Guanajuato sustituyó a Zacatecas como cabeza de la industria minera y hasta superó a Potosí en Perú, convirtiéndose así en el primer productor de plata en toda América. La producción registrada subió de un promedio de 1.173,542 pesos en el quinquenio de 1716-20 a un poco probable de 5.267,284 pesos en 1790-94 -cifras que comprendían entre un cuarto y un quinto de la acuñación consignada en la Nueva España. En 1792, la ciudad de Guanajuato y el anillo de pueblos mineros que formaban sus suburbios alojaban más de 55,000 personas. como operarios de minas eran la aristocracia laboral de la Colonia, tanto ellos como los artesanos, quienes abastecían sus necesidades, constituyeron un próspero mercado amplio para los productos del campo circundante.

  "La industria interna demostró también ser una fuente de crecimiento económico. En 1790 Querétaro, con una pobalcion cerca de 30,000, se había convertido en una importante ciudad textil, ya que la industria empleaba, por lo menos, 3,300 trabajadores divididos en 18 fábricas (obrajes) que producían finas lanas, ponchos y cobijas y 327 talleres (trapiches) que en su mayoría tejían algodones burdos. Además San Miguel el Grande, a solo un día de viaje, era famoso por sus tapetes y alfombras y Celaya y Salamanca también producían una variedad de tela barata de algodón. Está claro que el surgimiento de esta industria en parte se debió a la estratégica posición geográfica del Bajío, situado cerca de las fuentes de provisión y de la localización de los mercados. El algodón en rama venía de Michoacán y la lana de Coahuila y Nuevo León. Los mercados no solo se encontraban en Guanajuato sino en todo el norte, en donde el resurgimiento de Zacatecas y los descubrimientos de Bolaños y Catorce transformaron la industria minera y, por lo tanto, extendieron al poder de compra de los trabajadores. Las minas de plata no eran ya mero enclave económico, generaban empleo para los trabajadores textiles y los artesanos urbanos, así como para los labradores agrícolas". (3)


  "En la intendencia de Guanajuato había 448 haciendas, 360 ranchos independientes y 1,046 dependientes. 37 pueblos y 29 estancias; donde, entre todos, laboraban cerca de 54,000 trabajadores del campo.

  "Las haciendas en cuanto a extensión eran las más chicas de la Nueva España, más en el Bajío que en la montaña; estas haciendas de la planicie estaban, algunas, muy bien organizadas, eran 'verdaderas unidades de producción'; otras eran tierras bajo un solo dueño, trabajadas por diversos inquilinos; en las primeras vivía el patrón en ellas o por lo menos el administrador; en las segundas, los dueños estaban siempre ausentes; las primeras estaban bien irrigadas por vasos de captación y acueductos o canales, divididas sus tierras para las diversas siembras, de regadío, de temporal, intermedias, agostaderos, de leña, etc.; las haciendas bien organizadas y trabajadas eran autosuficientes; las segundas, aunque ricas, no tenían una economía agrícola definida, pues cada inquilino producía lo que le convenía, pero al dueño le brindaban muy buenas rentas.

  "Las pocas tierras comunales de que fueron dotados los indígenas que se avecindaron en algunas partes de Guanajuato en el siglo XVI, para la segunda mitad del XVIII ya casi habían desaparecido, se habían convertido en ranchos de propiedad particular o habían pasado a engrosar las haciendas.

  "La mano de obra era suficiente en el campo, pero siempre existía la amenaza de que abandonar la labranza para pasarse a la minería, por lo que los hacendados y rancheros tratando de asegurar los brazos que necesitaban para atender sus tierras, hacían lo posible por sujetar a la peonada, acasillándola por medio de deudas con la hacienda, aunque aquí no llegó a los extremos que hubo en otros lugares.

  "En general las haciendas y ranchos abajeños se dedicaron en el siglo XVIII, más a la agricultura, mientras que las situadas en la zona montañosa lo hicieron a la ganadería. El Bajío era de tierras ricas, la montaña de suelo pobre. A medida que la tierra se cultivó y produjo más, éstas subieron de valor, al grado que fuera de las situadas en la periferia de la ciudad de México, fueron las más caras y codiciadas.

  "La población de la Intendencia era numerosa. La segunda de la Colonia en cantidad, la primera era el Valle de México. La Intendencia de Guanajuato, la más chica en extensión territorial, para 1803 tenía una superficie de 912 leguas cuadradas, poblada por 517,300 habitantes, os ea 568 por legua cuadrada, donde había tres ciudades: Guanajuato, Celaya y Salvatierra; cuatro villas: San Miguel, León, San Felipe y Salamanca; 47 pueblos; 33 parroquias; y como ya dijimos 448 haciendas y múltiples ranchos". (4)

  "Como en el caso de Martín de Septién, su éxito atrajo mucho más allá de su familia a unirse con él en Guanajuato. Un sobrino, Francisco, vino de su pueblo natal, luego otos dos "sobrinos" más distantes, nativos de los valles que no eran Vallecarreido, también migraron. Felipa actuaba como su cajero y Agustín Pérez marañón pidio prestados 12,000 pesos a su tío para empezar lo que resulto ser una sólida carrera de negocios.

  "En contraste con estos sobrinos, ninguno de los hijos de José Pérez Marañón mostró deseo alguno de entrar al negocio. Fernando, el mayor y más distinguido, oficiaba como abogado, obteniendo el puesto honorario de Vice Rector del Colegio de Abogados de México. en Guanajuato compró el puesto de Regidor y Alférez Real y pronto surgió como líder efectivo del Cabildo de la ciudad. Impresionado por su talento, el Intendente Riaño frecuentemente lo empleaba como su consejero en asuntos públicos y litigios y recomendó su nombramiento como Teniente y asesor legal de la Intendencia. Supuestamente, dichas labores intitucionales no ofrecían mucha recompensa monetaria, sin embargo, como Péerez Marañón aun conservaba la empresa de su padre que estaba manejada por otro gallego, esto no representaba problema alguno.

  "De los tres hermanos restantes, todos evitaban el comercio. Antonio se unió a la Iglesia; Marcos ejerció como oficial menor en el servicio postal. Alonso llegó a ser el que dirigiera el monopolio del tabaco en Salamanca; también compró una pequeña hacienda allí valuada en 20,000 pesos. Así, esos hijos criollos de primera generación, escogieron las profesiones clásicas de la Colonia: la Iglesia, la Ley y la burocracia fiscal. Entretanto las hermanas casaban, una con un mercader vasco, otra con un abogado criollo, el Lic. José María de Septién". (5).

Fuentes:

1.- Tutino, John. De la insurrección a la Revolución en México. Las bases sociales de la violencia agraria 1750-1940. Ediciones Era. México 1999.  p. 55

2.- Ibid. p. 64

3.- Brading, David A. Haciendas y ranchos del Bajío. León 1700-1860. Enlace-Grijalbo. México, 1988. pp. 58-59

4.- Rionda Arreguín, Isauro. Capítulos de Historia colonial guanajuatense. Situación de la Intendencia de Guanajuato antes de iniciarse la revolución de independencia. Universidad de Guanajuato. Guanajuato, 1997. pp. 212-214.

5.- Brading, D.A. Miners and Merchants in Bourbon Mexico 1763-1810. Cambridge University Press. New York, 1971. pp. 317-318.

miércoles, 26 de junio de 2013

La descripción que hizo fray Nicolás P. Navarrete del templo de San Agustín en Salamanca, Guanajuato.

    "Este segundo período histórico de la Provincia encontró a este convento salmantino todavía en pañales, pues apenas tenía iniciado su desarrollo artístico, después del cuadragésimo año de su fundación.

   "La fábrica de la iglesia iba muy lenta. En diez años de trabajo, para 1652 se habían concluido los muros y cerrado las bóvedas de la nave. Durante el Priorato del P. Fr. Gabriel de Corcuera techáronse, también la bóveda, el presbiterio y los cruceros (1652-1655). Cimentadas las torres en 1656, siendo prior Fr. Diego Rodrígeuz, vinieron a terminarse en 1677, cuando regenteaba el convento Fr. Miguel Pizano. La ornamentación interior se llevó el resto del siglo XVII y, en el primer sexenio del XVIII, los Priore Fr. Cristóbal Medrano y Fr. José Bazán hicieron fabricar tres altares de madera, tallados y dorados al estilo del sobrio barroco primitivo: el mayor de San Juan de Sahagún, titular del Convento, y es descrito en la siguiente  forma

"un lienzo de dicho Santo con un San Agustín arriba; dos lienzos de ángeles, pequeños y dos de la Concepción; y su compañero (entiendo que abajo, en el segundo cuerpo del retablo), dos láminas con su marquito; dos lienzos pequeños, uno de Santa Mónica y otro de San Guillermo; San Nicolás y N. P. San Agustín de bulto -esculturas-; un Sagrario con su ara de altar y otra de sagrario; atril y tapete".

 Los altares colaterales de los cruceros: el "de Ntra. Sra. de Guadalupe, con lienzo de la Señora; un lienzo muy feo de la huida  arriba; su atril y dos tapetes, abajo"; y otro altar de N.P. San Agustín y San Nicolás y la Virgen de la Cinta con San Cayetano, arriba, y su tapete, ara y atril". Como se ve, prevalecía la pintura sobre la escultura, aunque del último retablo no se especifica el género de las imágenes. Así preparada la iglesia, en un lapso de 64 años -contados desde que se puso la primera piedra el 1º de mayo de 1642-, al fin fue solemnemente dedicada el 6 de diciembre de 1706, siendo Provincial el P. Fr. Agustín Muñiz y Prior Fr. José de Cuéllar.

   "En el transcurso de cuarenta años, se sumó otro altar a los tres anteriores, el de los Santos Reyes, los de Ntra. Sra. de Guadalupe y de la Virgen de la Consolación fueron transformados, respectivamente, en Ntra. Sra. de los Dolores y las Ánimas, reuniendo en uno y otro "todas las imágenes dispersas en el templo". En el altar de Ánimas fue colocado San Nicolás Penitente, primorosa escultura, la mejor de las que se conservan en nuestra iglesia. Por lo visto, dichos cuatro altares no pasaban de ser retablos improvisados. Así permaneció la iglesia hasta 1771, año en que alboreó la prosperidad para el Convento y pudo contratar a Antonio de Elexalde el Joven, famoso artista de talla, originario de Morelia y vecino de Querétaro, pariente cercano de nuestros insignes PP. Vergara. El 7 de enero de dicho año de 71 inició su laboriosa tarea, ayudado de cinco oficiales, para entregarla totalmente concluida el 28 de agosto de 1782, fecha de la solemnísima bendición.

   "Toda la obra estupenda fue de una sola concepción artística, utilitariamente estilística pero no uniforme, pues cada uno de los once retablos chrriguerescos ostenta características de forma y labrado diferentes de sus congéneres. La mayor parte pertenece al estilo barroco moderado del Bajío y solamente los de los cruceros representan el barroquismo en su más profusa y dinámica expresión. De ellos afirma un profundo conocedor de Arte: "En la línea evolutiva que seguirán los retablos de pura escultura, el extremo final lo constituyen los dos colaterales de la iglesia (agustiniana) de Salamanca, en los cuales, barrocos a más no poder, por lo que a sus esculturas y decoraciones se refiere, los recuadros se ocupan con las representaciones escénicas de pasajes de la vida de San José y de Santa Ana". 

  "De igual guisa, y aun superior en la perfección de sus filigranas, era el Mayor dedicado a a San Juan de Sahagún, cuya vida historiaba 17 bultos y en 8 escenas de altorrelieve, según las descripciones muy generales que nos dan los Inventarios, pues sabido es que ha sido el único irremediablemente desaparecido. No parece sino que el gran artista, presintiendo que su obra salmantina sería la última expresión del barroco, volcó en ella todo el ideal de su arte y de su fe.

  "A ese mismo feliz tiempo deben pertenecer tres obras artísticas de mérito singular: el púlpito de caoba primorosamente labrada y adornada de incrustraciones de nácar; el comulgatorio preciosísimo, de hierro labrado, con finas aleaciones, y la mesa de centro de la sacristía, de forma originalísima octagonal, sostenida por ocho patas recubiertas individualmente por un frontal, cuyos lados forman una cadena de óleos de madera blanca, llevando en el centro una hoja de acanto; sobre la mesa, un cimborrio bellísimo de tres cuerpos: la base octogonal, con una hoja de acanto en las aristas, que sirve de puerta a un guardacáliz, y abarcando cada una de las ocho líneas horizontales intermedias, un par de cajoncitos para corporales, purificadores, parvapalias, y manutergios, todo en filigrana pintada de negro; sigue luego un birrete doctoral y sobre él un gran tibor de forma de corazón, cuya superficie toda es una pequeña pinacoteca, pues presta en su anverso la Santísima Trinidad con una sola figura humana, cuyas manos sostienen un triángulo invertido y cuya cara, siendo una, se ve como tres; en su reverso, el Cordero echado sobre un libro apocalíptico de siete sellos, y entrambos cuadros, a uno y otro lado, sendas ternas de apóstoles, colocados de dos en dos. Las catorce miniaturas son primorosas y perfectas, en colores brillantes y variados y están bellamente enmarcados por ocho corazones, según la distribución arriba descrita; termina la maravillosa obra de una Mitra que, con el birrete y el tibor-corazón, es claro símbolo agustiniano.

  "La arquitectura exterior de la iglesia desentona con su interior únicamente en la portada, que es demasiado sencilla, como esas personas que encierran tesoros espirituales incalculables detrás de un físico enclenque y desmedrado. Las torres, en cambio, de un barroco originalísimo, semejan minaretes moriscos florecidos en campanarios cristianos y rematados en su pináculo con la Cruz . Son de un solo cuerpo cuadrangulares, con dos ventanaldes de arco en cada costado -16 en total- y tres columnas endosadas -24 en suma-. Cada columna ostenta de relieve una estatua muy bien cincelada, siendo de los Apóstoles las 12 de la torre derecha y Agustinianas las 12 de la izquierda. La cúpula es una media naranja dividida en seis gajos, revestido de azulejo con dibujo en forma de línea quebrada; su linternilla culmina en una cruz de hierro labrado; en su base hexagonal tiene cuatro ventanales rectagulares y dos ovalados, y en los ángulos que forman las columnas, sobre éstas lleva almenas torneadas en forma de testeros.

 El exterior de los muros es de calicanto ripiado de tezontle y no están almenados. En la fachada de la iglesia, pegado al conisamiento rectilíneo, hay un Crucifijo labrado en piedra, que tal vez tenga alguna relación con el autor del soneto inmortal No me mueve, mi Dios, para quererte, que fue también planeador de este templo, según ya dijimos. No nos parece improbable que el mismo Fray Miguel de Guevara hubieses mandado labrar la Imagen escultórica de Jesús Crucificado, para dejar en cantería otro testimonio de su amor desinteresado y purísimo. Así parecen hijos del mismo ideal el Cristo del poema y el Cristo de piedra.

   En el interior de la iglesia, la arquitectura de piedra parece perderse en el bosque de la arquitectura de oro.  Sin embargo, alcanza a destacarse con señorío las pilastras y arcos de medio punto que sostienen la cúpula octogonal formando sus pechinas  -las cuales ostentan punturas de los Padres Máximos de la Iglesia-, y los que dividen la nave y su bóveda en cuatro cuerpos, contando el del coro. Este descansa sobre dos arcos torales, uno frontal y otro intermedio, formando así dos bóvedas, iguales a las de arriba, es decir, dividida en cuatro gajos por aristas entrecruzadas. Todas las pilastras son de cantera rosa, labrada en estilo barroco moderado, mientras que los arcos son de piedra gris, con estrías laterales los del crucero -su cara frontal sufrió el pintarrajeo del decorado- y enteramente lisos los de la nave, libres de pintura. También por el año de 1780 se labró una preciosa sillería de caoba para el coro. Ya no existe. Veremos más adelante su paradero.

La amplia Sacristía, construida detrás de Presbiterio, ofrece a nuestra admiración estética su hermoso cupulín, sus ventanales en forma de estrellas, los cuatro arcos y pilastras que lo sostienen y otros dos que, casi parabólicos, enmarcan las entradas a sendos corredores que comunican a uno y otro crucero del templo y una portada barroca de cantería a la entrada de la Sala de profndis; finalmente una preciosa 'Cajonera' de madera primorosamente labrada, de 15 metros de longitud por 0.94cms. de espesor y 1.05 mts. de altura, integrada por 33 cajones amplios y capaces para guardar los ornamentos y otros enseres litúrgicos.

  Por lo que respecta al Monasterio, siguió también una muy lenta trayectoria en su edificación. Formado por dos Claustros, el que llaman "chico" es contemporáneo de la iglesia y fue inaugurado también en 1906. Su estilo arquitectónico es renacentista conservador de la forma herreriana y tiene planta baja y alta, con su arquería respectiva en cuadro, de cuatro arcos por lado cada uno, siendo n total 32. Posee la planta baja siete grandes salones y una amplia bodega bajo el piso, llamada 'covacha' en el lenguaje cenobítico. Los techos son de bóveda, abajo y arriba. En la planta alta hay dos cañones de corredores interiores y dos grandes salones y uno menor que era la biblioteca. A lo largo de los pasillos interiores había ocho celdas en cada uno, hoy todas en ruinas, excepto dos que se conservan en su tipo original y tres que fueron reedificadas con techo de concreto. el edificio que describimos está contiguo a la iglesia  y mide en total 48 metros por lado del cuadrilátero, correspondiendo 25 a los corredores -cada uno- altos y bajos y 23 a las demás dependencias. Su altura es de 14 metros.

  "El Claustro llamado 'grande' quedó incompleto, pues nada más tiene corredores en la planta baja, cuyas medidas son de 36 metros en cuadro y su arquería cuenta con cuarenta arcos en total -diez por cada lado-. Toda es de cantera rosa labrada al estilo churrigueresco, su techo es de vigas y hormigón y sus canales de hoja de lata parten de la boca de animales mitológicos. Le rodean un gran salón al norte, dos salones al sur, seis celdas al oriente y una aula magna al poniente. Al sudoeste hay otras dependencias, ocupadas actualmente por la cárcel municipal y más allá la inmensa huerta que hoy tiene destino deportivo. sobre las construcciones periféricas del Claustro, levántanse 12 celas en su pasillo interno al norte, 2 patios que fueron otras 12 celdas al sur, otras 11 celdas conservadas y una en ruinas al oriente y las oficinas de la cárcel al poniente, que eran 8 celdas. El conjunto de lo construido mide cerca de 60 metros por lado y tienen aspecto  universitario.

Con esa finalidad se construyó, pero la Universidad quedó planeada en el ideal, pues solamente sirvió para Casa Capitular, a partir de los Comicios de 1782. Por eso creemos que hasta entonces -como la iglesia- quedó perfectamente concluido, no obstante que hubo una especie de inauguración en 1761, que más bien consistió en celebrar su erección canónica y jurídica, pues no había cédula real ni patente apostólica que le diese el carácter propio de convento. El manuscrito que se conserva de 1615 no es más que el Acta de fundación.

   "Los últimos once años (1771-1782) de los 121 que tardaron estas construcciones, fueron más fecundos que el rebasado siglo anterior, debido a la cooperación decidida y generosa del P. Provincial Fr. José Luis Ortega. Desde su segundo periodo de gobierno (1762-1766), emprendió la rehabilitación económica del Convento, saneando la producción de sus predios rústicos -hacienda de Guantes y ranchos de Paredones y de Arroyo Feo- , comprando para el mismo Convento la Hacienda del Molinito y concediéndole el fruto y el usufructo de la Bolsa, pertenencia de la Provincia, amén de asignarle fuertes subsidios pecuniarios. Todo esto lo hizo movido de la predilección que sentía hacia el Convento y de la esperanza que abrigaba de poder erigir la soñada Universidad, él que era todo un Maestro. Exhortados por el mismo Provincial, cooperaron también los Conventos de Valladolid, Yuririhapúnduro, Zacatecas, San Nicolás, Celaya y Querétaro, e igualmente, diez patronos salmantinos, con quinientos pesos cada uno. Así pudo llevarse a feliz término una obra que, de otra manera, hubiese quedado en agraz".

  El padre Fray Nicolás Navarrete fue cornista y Padre Provincial, nació en 1905, falleció en 1973, su obra póstuma fue la Historia de la Provincia Agustiniana de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, publicada por Editorial Porrúa en 1978. Podemos intuir que el Padre Navarrete estuvo en Salamanca antes de 1969 pues hace mención de que en el Claustro 'grande' se ubicaba la cárcel.












Fuente:

1.- Navarrete, Nicolás Fray. Historia de la Provincia Agustinana de San Nicolás de Tolentino de Michoacán. Tomo I. Editorial Porrúa, México, 1978. pp. 691-695.