sábado, 13 de febrero de 2010

La ruta del Cristo Negro del Señor del Hospital de acuerdo al antiguo relato de Alonso Marañón. 3ª Parte.

En este mapa vemos la línea que marca el Camino Real de Tierra Adentro y, en lo que aparece punteado, es la ruta que siguen Juan Cardona y sus compañeros desde que huyen de Xilotepec hasta que llegan a Salamanca.


Desde su salida de Querétaro hasta la llegada a Salamanca.


La Parroquia de San Juan Bautista en Apaseo el Grande, recordemos que al principio de la colonia, Apaseo dependía de la Intendencia de Querétaro. Este fue también un asentamiento Franciscano.


En el convento, supongo franciscano, de Querétaro se hospedaron durante tres días, enfilaron luego rumbo a Apaseo, lugar en el que pasaron la noche, al día siguiente continuaron a Natahí, es decir, Celaya pero antes de llegar se aseguraron de que los xilotepecanos no estuvieran allí, el Fany, aquél que se les unió en el camino, luego de que lo auxiliaron antes de llegar a El Tejocote, como era hábil cual venado para correr por los montes, pudo llegar a una posada, lugar donde se alojaban los perseguidores.


Estas son las ruinas que sobreviven a la parte contigua a las huertas del Convento Franciscano en Celaya.


Si ponemos atención a este parte del relato, se vuelve ya, verdaderamente una hazaña temeraria que bien nos recuerda los más estupendos pasajes de los libros de caballería, del Amadís, del Rolando, eso, por solo mencionar algunos. Esto lo digo en la base de lo que leo en el relato de Alonso Marañón: “A la mitad del camino vino a encontrarlos el catecúmeno (se refiere al Fany), para decirles que los jilotepecanos estaban en Nattahí en una venta; que él les proponía que no se quedaran en el camino mientras pasaba la noche, mientras que él volvía a Nattahí a la misma venta y como no lo conocían podía acercárseles, oír lo que decían y espiarlos para saber sus intenciones, lo cual se convino así, apartándose ellos del camino y escondiéndose dentro de una choza de rastrojo que estaba abandonada, mientras el catecúmeno volvía a Nattahí para espiar a los jilotepecanos” (1).


El río Laja, el tercer río que se menciona en el relato. Aquí lo vemos a su paso entre Apaseo y Celaya, precisamente en el puente construído por Tresguerras.


Así con este ritmo de narración nos damos idea de que ya había todo un plan para continuar por un camino totalmente desconocido.


El cerro del Culiacán forma parte del paisaje del Bajío, es el punto de referencia, visible desde Apaseo hasta un poco más allá de Irapuato y desde Comonfort hasta Acámbaro.


Se decide entonces buscar otra ruta, para evitar el encuentro con los de Xilotepec, cruzan un río y llegan a Degñó (Cortazar), es evidente que este río que cruzan ahora es el Laja. Por cierto, a este punto es el tercer río que se cruza, el primero fue en Tepeji, el segundo antes de llegar al Tejocote, es decir, el río Moctezuma, ahora fue el Laja y más adelante será el Lerma, conocido en ese entonces como el Río Grande o Madonté por su nombre en lengua otomí.


Encontramos que en Cortazar su parroquia dedicada a San José, es también una fundación franciscana. Contundente es el monumento levantado frente al templo, esa columna es el pedestal a la estatua de San Francisco de Asís.


Pasado Cortazar se da el encuentro con Baltasar López Ledesma, cuñado de Sancho de Barahona, propietario, este último de la Estancia y administrador, el primero, de la misma. Es allí en donde se determina seguir bajo la protección de estos españoles y llegan a San Juan Bautista Xidóo.


En el atrio de la capilla de San Juan Bautista encontramos una cruz tequitqui, este fue el pueblo de indios denominado Xidóo, uno de los primeros asentamientos indígenas en lo que actualmente es Salamanca.


Siguiendo el ritmo de la narrativa propia de los relatos de principios del siglo XVI, todos los personajes están ya reunidos en la Estancia de Barahona, Juan Cardona y sus seis compañeros, junto con la imagen, ya negra, del Santo Cristo, los seis xilotepecanos que los persiguen, recordemos que uno de ellos estaba muy enfermo en Celaya y dos habían ya muerto en el camino, y los españoles que servían como mediadores de la negociación que se estableció para saber quién se quedaría con el santo Cristo. Ante la nula presencia de algún sacerdote, y que el cacique otomí del lugar, Guitzin, se encontraba en Piñícuaro, se dice esperarlo a su regreso para tomar la decisión final, se elabora un plan, pues los españoles estaban de acuerdo con que Cardona y sus compañeros se quedaran con la imagen. Guitzin era venido de Xilotepec, razón por la cual se pensaba daría su veredicto a favor de sus paisanos. A fin de evitar posibles enfrentamientos, se dispone que el santo Cristo se quede en el templo de Nuestra Señora de la Asunción, siendo custodiado medio día por unos y el otro medio día por los otros.


El templo de Nativitas, aunque solo se menciona en el relato como el lugar donde se encontró el manuscrito, es parte de la ruta lógica que debieron seguir para llegar a la Estancia de Barahona.


“Pasado poco más de un mes y en los días cercanos al Corpus don Baltasar hizo un gran banquete, mató un puerco y varias aves de corral; en la estancia se pusieron dos mesas en dos cuartos distintos; en una de ellas se sentó don Baltasar con su familia en invitados, y en la otra sentó a los indios de Xilotepec y al que hacía de sacristán de la capilla de Nuestra Señora donde estaba alojado el Señor. Mandó que a estos indios se les diera muy abundante alimentación y puso a su disposición dos castañas de aguardiente… La borrachera siguió hasta el grado de que aquellos hombres se vieron tirados por el suelo profundamente dormidos cuando ya era bien entrada la noche” (2).


Este es el Cristo que actualmente existe en Jilotepec, Estado de México. Podemos ver que no tiene ninguna similitud con el Señor del Hospital.


Lo que sigue en el relato es donde me llena de dudas en torno a una credibilidad de que sean verdaderos acontecimientos, pues se dice que, aprovechando la borrachera de los de Xilotepec, se hizo un cambio de imágenes, es decir, la original se quedó encerrada con el fin de protegerla y una copia “igual al que habían traído de Xilotepec, pero tan igual y tan bien imitado que tenía hasta las rozaduras y golpes del maltrato del camino iguales enteramente…” (3).


En la actualidad, el Templo Expiatorio se encuentra en su segunda etapa de remodelación. Este fue el recinto del Cristo Negro del Señor del Hospital desde su llegada a Salamanca hasta la consagración del nuevo templo en 1924.


Solo que mi duda es si esta copia de la imagen original, ¿se hizo en el color que originalmente tuvo o fue ennegrecida también? En el relato original nunca se menciona que los de Xilotepec se hubieran enterado del cambio de color. Este capitulo del relato termina diciendo que “al día siguiente muy de mañana hizo Gitzin (el cacique otomí de Xidóo), que el sacristán abriera el templo para que los Xilotepecanos sacaran al Señor y pudieran salir con él a buena hora rumbo a Xilotepec como lo verificaron” (4).


Monumento que con el que el pueblo de Salamanca recuerda a don Vasco de Quiroga, tata Vasco, el primer Obispo de Michoacán; se localiza en el atrio de la denominada Parroquia Antigua.


Y es así como el Santo Cristo se queda en la Estancia de Barahona, será trasladado luego al templo de Nuestra Señora, conocido también como Templo del Hospital por encontrarse allí unos cuartos que funcionaban como hospital de indios, siguiendo lo establecido por el primer Obispo de Michoacán, don Vasco de Quiroga y es en ese recinto que se da el milagro, una noche en la cual muere su custodio y en el templo la campana dobla a duelo sin que nadie la esté moviendo, esto llama poderosamente la atención de todos los habitantes y al entrar a ver lo que ahí sucede notan que la señal se había dado, así como lo visualizó en un sueño Juan Cardona, le Cristo apareció clavado a una vara de distancia, indicando de este modo que había ya elegido el lugar en donde se quedará para siempre. Esto sucedía en el año de 1560.


El Cristo Negro del Señor del Hospital de Salamanca en su espléndido Camarín de la Parroquia del Señor del Hospital.


Para 1563, según se menciona al final del relato, tata Vasco estuvo en Salamanca y supo de este prodigio. Con ese final feliz concluye lo que Alonso Marañón transcribió de ese manuscrito, al parecer en lengua otomí, a mediados del siglo XIX.




Procesión del Señor del Hospital, ahora que se celebra el Año Jubilar, al estar cumpliendo 450 años de haber llegado a Salamanca.


Es indudable que el relato de esta HERMOSÍSIMA LEYENDA de la llegada del Cristo de los Agonizantes que, luego del portento sucedido en la primitiva iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en la Estancia de Barahona, sigue estando llena de misterios, de pasajes que ligan la historia colonial de México y que aun no hemos podido descifrar a plenitud. Lo que todo esto encierra es, sin lugar a dudas, el origen cuestionado en los últimos tiempos, de nuestra ciudad. Estamos entonces, ante la disyuntiva de saber si, efectivamente existió una primitiva Congregación de Salamanca, que se formó a la llegada del Santo Cristo del Señor del Hospital y que dio paso, luego de 43 años, a la fundación de la Villa de Salamanca, “por ahora y para siempre”, según se asienta en su merced de fundación. (5).



En primer plano el espléndido ángel que salió de los talleres del marmolista de origen italiano, avecindado en la Ciudad de México, don Octavio Ponzanelli, al fondo el Camarín del Señor del Hospital de Salamanca.


Conclusión


Hay algo que creo, será en buena medida, el inicio de una más profunda investigación, me refiero a todo lo relativo a la visita pastoral de don Vasco de Quiroga, primer Obispo de Michoacán, que hace a la región y como consecuencia se eleva a curato la primitiva Congregación de Salamanca, es decir, la Estancia de Barahona ya había pasado a un segundo plano, esto se asienta en la Memoria Geográfica (6) libro que encontré digitalizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León en donde se asienta en la página 48 que la Congregación de Salamanca, como curato, fue fundada en 1563, ocupando con ello el sitio número 58 de las fundaciones españolas en la Nueva España.


Este es el Altar Mayor de la Parroquia de Tequisquiapan, Querétaro.


Me queda una gran duda. Luego de estudiar el tema, lo más a fondo que puede, dentro de mis facultades y posibilidades, a lo largo de un año. Luego de haber recorrido el camino que, de acuerdo al relato, siguió el Señor del Hospital desde su robo en Santiago de Tlatelolco, pasando por las montañas de Huichapan, su llegada a Xilotepec, el recorrido por los actuales estados de Hidalgo, Querétaro y Guanajuato, y su establecimiento en Salamanca, la mítica leyenda de que, luego de una borrachera, los xilotepecanos se llevan una copia del Santo Cristo de regreso a Xilotepec y ver en ese templo, el de San Pedro y San Pablo, que no tiene el mínimo parecido, la duda me crece.


Acercamiento al Cristo que se ubica en la parte principal del Altar Mayor de la Parroquia de Tequisquiapan, Querétaro. Es notable el parecido con el Cristo Negro del Señor del Hospital de Salamanca, nótense los detalles como, las manos y pies.


Pero luego de ver, hasta donde la distancia me lo permitió, el Santo Cristo que en la parte más alta del Altar Mayor de la parroquia de Tequisquiapan, mantengo aun más grande la duda si, efectivamente hubo una copia y esta no llegó a su destino final y se quedó en ese lugar.


El Cristo Negro del Señor del Hospital de Salamanca, como luce en estos días previos a la gran celebración, del Martes Santo, día que la tradición marca para rendirle su culto Patronal.


Como lo dijo don José Rojas Garcidueñas, “ya vendrán nuevas generaciones que nos aclaren todas las dudas que aun tenemos”.


Bibliografía:


1, 2, 3, 4.- Historia de la milagrosa imagen del Señor del Hospital de Salamanca. Sin autor. La introducción se le atribuye a José Rojas Garcidueñas. Imprenta del Bosque. México, 1967.


5.- En relación a la fundación del Curato de la Congregación de Salamanca, hay varios autores que así lo mencionan:


a.- Noticias para formar la historia y estadística del Obispado de Michoacán. José Guadalupe Romero. México 1862. Página 182.


b.- Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Volumen 9. México 1862. Página 118.


c.- Don Vasco de Quiroga, Obispo de Utopía. Benjamín Jainés. México 1942. Página 273.


6.- http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080012426/1080012426_73.pdf



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