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jueves, 19 de noviembre de 2015

De los obeliscos y las incongruencias de Salamanca

    Lamentablemente no he podido encontrar una fotografía antigua de la plaza de Nativitas para mostrar, especialmente a los jóvenes salmantinos, aquello que allí había y que lo recuerdo bien. Más o menos por donde pusieron unos juegos y el logotipo tubular del programa Vivir Mejor, junto al kiosco, allí estaban los obeliscos, esos 7 que luego trasladaron (en concepto porque los de Nativitas los demolieron) a la Plaza Hidalgo que conocemos como de San Agustín. La razón de los obeliscos era que entonces, los años setenta, había la idea de que la fundación de Salamanca había ocurrido en Nativitas, cosa que ahora con los documentos que cada vez se difunden más, sabemos que era totalmente absurda. Encuentro en una de las Gacetas que en los años ochenta se publicaron, un comentario que Lupe Aguinaco hizo al respecto:

  “En atención a la invitación del H. Ayuntamiento de esta ciudad de Salamanca, a que participáramos en el aniversario de la fundación de la misma, aceptamos como una forma desinteresada de contribuir en las actividades cívicas de nuestro municipio. Por la misma finalidad que tenemos los que integramos la Asociación de Historiadores Regionales del Estado de Guanajuato, AC., desearíamos que el presidente Municipal y el H. Ayuntamiento de esta misma ciudad patrocinen y a la vez integren una comisión que investigue exhaustivamente la verdadera historia con sus datos fidedignos, del lugar donde efectivamente se erigió y fundó o que hoy es la ciudad de Salamanca.

   "Siempre se había celebrado en la Presidencia Municipal. Pero un día se hizo el cambio del lugar sin ningún fundamento ni previo estudio. Sentimos que es una necesidad histórica dejar perfectamente esclarecidos los hechos que dieron la formación jurídica y real de lo que hoy compone nuestro municipio, para evitar malos entendidos, ya que para corregir errores nunca es tarde. Celebrar en Nativitas el aniversario resulta improcedente. Basta leer el acta de fundación del mismo Nativitas : “inmediato a la villa de Salamanca se fundó el pueblo de Santa María Nativitas; en catorce días del mes de octubre de mil seiscientos cincuenta y cinco años, estando en el puesto en donde está una cruz de madera, extramuros de esta villa de Salamanca, donde está el Calvario y donde el Alcalde y Naturales de esta jurisdicción tienen pedido sitio para formar su pueblo, en conformidad de lo determinado por el cabildo, justicia y regimiento de esta villa, lo que dice esta acta no deja lugar a dudas. Santa María Nativitas fue fundado cincuenta y dos años después que nuestra ciudad." (1)

  Efectivamente, esos obeliscos, siete, que vemos en la Plaza de San Agustín, están allí desde hace unos 30 años... antes estuvieron (no los mismos, sino unos iguales) en la plaza de Nativitas, y todo indica que esa idea de los obeliscos viene de una que tuvo don Pedro González, hace mucho, en la década de los ochenta del siglo XIX, según lo muestra en un escrito publicado no en su libro de la Geografía local, sino en algo que publicó el Ferrocarril Central Mexicano como guía, en la que él muestra a los personajes ilustres en Salamanca que, por cierto, no eran 7 sino una buena docena.

1.- Lo que aparece en cursiva fue publicado en una de las Gacetas de la crónica de Salamanca y lo escribió Lupe Aguinaco.

jueves, 12 de noviembre de 2015

La inundación de 1912 en Salamanca, relato de Lupe Aguinaco

  A Lupe, como ya lo había comentado, la conocí siendo yo adolescente, solía ir a su casa  por las tardes un par de veces al mes, me gustaba platicar con ella… mejor dicho, me gustaba oírla pues me contaba varias historias. Ella atendía una zapatería que había instalado en una de las “accesorias” (como antes se les conocía a los locales) instalado en su casa, cuando tenía algún cliente lo atendía, mientras la esperaba en su recibidor. Recuerdo bien sus enormes ojos, de color, no digo que azules o verdes, sino claros; recuerdo esa mirada entre pícara e inquisidora, pero más recuerdo el gusto que tenía al charlar. Es en esa base que cuanta cosa que ella escribió cae a mis manos, al leerla siento como si esa especial mirada la tuviera enfrente y su particular modo de relatar lo tuviera allí. Y gracias a uno de sus escritos sé ahora varias cosas: una, que al Señor del Hospital además de haberlo sacado en procesión en la inundación de 58, lo hicieron también en la del 12; otra, que la razón por la cual las casas en la tercera, cuarta y quinta calle de Allende están más arriba de lo normal es debido a las crecidas que antes tenía el río. Y otra más que muchas de las fotos antiguas de Salamanca, están asociadas a este relato:

  “Tan habituados estaban los vecinos de la hoy calle Allende a que las aguas del río llegaran hasta sus hogares en la época de lluvia, que todos los años reforzaban con material o tabique las entradas de estos, para evitar que la corriente impetuosa los visitara. Por esta razón no se percataron del peligro aquel 29 de junio de 1912. La amenaza del río les pasó inadvertida por la costumbre. Pero a las seis de la tarde tuvo aviso el jefe político interno, de que el río se había desbordado por el barrio de San Pedro y comenzaba a inundarse la ciudad. El 27 de junio anterior a éste suceso, el C. Jefe Político, Col. Lucio Puga, se ausentó del lugar por causas ajenas a su voluntad, quedando interinamente encargado del mando político el Sr. J. Cruz Hernández, como primer regidor del ayuntamiento. El señor Hernández acompañado del Comandante y de algunos policías se trasladaron de inmediato al lugar del desborde, dando órdenes para desalojar las casas y dictando medidas para alejar el peligro.

  “A las once y media de la noche se recibe el aviso de que una avalancha penetraba a la ciudad por el barrio de Nativitas, arrasando el borde que como prevención habían construido los vecinos. Al despuntar el día 30, el agua alcanzaba la altura de un metro en la plazuela de San Pedro. El Sr. Hernández convocó al H. Ayuntamiento y a los principales vecinos de la población, a sesión extraordinaria con el objeto de tomar medidas urgentes para el salvamento de millares de familias que estaban en peligro de ser arrastrados por la corriente; y para socorrer a los primeros damnificados. El Sr. Hernández no presidió la junta, por haber llegado oportunamente el Col. Puga, presidente del ayuntamiento. La misma tarde del 30, el agua había invadido casi toda la ciudad. Inesperadamente y sin aviso alguno, se presentó el Cap. Ernesto Robert del Cuerpo de Voluntarios de Aguascalientes, acompañado del Cap. Puga y del Tte. Coronel Lerdo de Tejada, con cien soldados, quienes por motivo de los deslaves de la vía incidentalmente llegaron a ésta; y al enterarse del desastre al instante se unieron al grupo de voluntarios de la localidad, auxiliando luego a los más necesitados de socorro. El mismo Cap. Robert, presto construyó una canoa y con ayuda de sus soldados se dedicó a salvar niños y ancianos; y a quienes en apuro o peligro estaban.

   “Salamanca contaba entonces con una luz eléctrica inmejorable, instalada en el tiempo del gobierno del Sr. Lic. Joaquín Obregón González y siendo el Jefe Político de la misma, el Lic. Don Jesús Espinoza. Envidiable e inmejorable, por ser la mejor en todo el Estado de Guanajuato”. A pesar de contar con una planta de luz superior, por su adelantado progreso, el agua penetró al lugar, causando grandes desperfectos, los que dejaron en tinieblas a la ciudad durante tres días. La desesperación y el desaliento comenzaban a establecer sus reales y el hambre se disponía  a dar la batalla. Previendo este mal, el Lic. Don Jesús Espinoza, presidente de la Junta de Socorros, compró todo el pan que había en el mercado y lo repartió a los menesterosos, eran 2532 piezas de pan.

   “Todo era pavoroso a la sombra de la oscuridad. Las campanas de los templos anunciaban el peligro, los barrios de San Juan de la Presa y de Nativitas habían quedado aislados, de pronto el llanto de las campanas se apaga, sólo se escuchó el estrepitoso caer de las casas que se derrumbaron cuando el agua se estrella en las fincas y en medio de ese sobresalto escuchase un repiqueteo a vuelo, ¿a qué se debió tal repique? Cuando la corriente aumentaba minuto a minuto. Fue el Pbro. Don Juan Hernández, capellán del templo del Señor del Hospital, dispuso el repique para atraer a la gente, bajar el solio a Jesús crucificado y pasearlo en procesión. En cuanto lo sacaron al atrio, lo hicieron saber al Jefe Político, quien con su carácter franco y de liberal puro, comentó: “sí, pero que no salgan del atrio”.

   “Entre el dolor y el espanto se pasó aquella horrible noche. Cada vez que se decía: “el agua baja” era como un impulso nuevo que se le daba, pues aumentaba palmo a palmo. De repente surge una idea feliz llena de esperanza. Llevar al Señor del Hospital para enseñarle su amada población próxima a desaparecer. Pero… hay un obstáculo que impide llevar a cabo la idea sugerida: la ley. Habrá que vencer ese impedimento; se forma una comisión de honorables caballeros y van a pedir permiso para llevar a efecto la Manifestación, dirigiéndose a la Jefatura Política. Apenas sabe el pueblo el cometido de aquella comisión, corre a agolparse en las afueras el edificio, ansioso de escuchar el sí salvador. Penetran al recinto los encargados de cumplir lo propuesto y allá en el fondo, sentado en un sillón, un venerable anciano, duro como el bronce, está resuelto a hacer que se respeten las leyes. Hablan los comisionados y él se niega rotundamente. Aun no salen del recinto los peticionarios cunando otra comisión improvisadas de señoritas llega hasta enfrentarse con aquel hombre inconmovible. 

  “La señorita Mercedes Ochoa elocuente le retrata la desgracia personificada en formidable corriente, que va a llevarse a tan risueña población a la desaparición; y que sus habitantes serán juguete de las olas. Un silencio casi sepulcral hace que aquel hombre penetre al fondo de su conciencia; exclama al fin: “Al pensar en si sería bueno conceder licencia para la procesión tenía presente la protesta de ley que había hecho; y al mismo tiempo mi conciencia de liberal, me estaba señalando el camino del deber. Entonces estas palabras: “sobre las leyes todas, están las leyes de la humanidad. Caiga sobre mi toda la responsabilidad”. Eran las once de la mañana cuando, la imagen del Señor del Hospital fue depositada sobre los hombros de los fieles. El cielo enviaba una lluvia sutil; más de seis mil creyentes desfilan delante del crucificado pidiéndole misericordia, en una copia fiel de la fe y el amor. Mientras, el llanto brota de sus ojos suplicantes.

  “Una hora duró la procesión, dejo de llover a partir de entonces, obedeciendo a ordenes supernaturales, el agua se retiró llevándose un inmenso botín; y dejando ante los ojos de los espectadores un cuadro dramático, la miseria, el espanto y las ruinas. He ahí a la hospitalario y risueña Salamanca, implorando la caridad. Refieren diferentes fuentes de información, que unas terribles trombas desprendidas en San Miguel de Allende y en Querétaro avanzaron hacia el río de la Laja, afluente del Lerma y que siendo insuficiente para contener el torrente comenzó a desbordarse viniéndose las aguas sobre Salamanca. Otra versión es que interrumpido el Laja por un tajo donde se surten de agua los vallados de la Hacienda de Cerrogordo, llegó tal cantidad de agua que, unida con la que venía de una presa reventada en Comontuoso (jurisdicción de Santa Cruz), al fusionarse las dos corrientes no respetaron las presas encontradas a su paso, formándose un mar bravío que se precipitó sobre la población, devastando hogares, sementeras y vida. Tales fueron los estragos a que tuvo que enfrentarse la ciudad de Salamanca en el citado año de 1912” (1).






Fuente:

1.- Aguinaco, Guadalupe. Gaceta de la crónica de Salamanca, No. 8.  Salamanca, Enero 1988.

viernes, 10 de abril de 2015

Se ubica el lugar y forma para la traza inicial de la Villa, 5 de febrero de 1603.

    De los esfuerzos que un grupo de salmantinos hicieron, allá por los ochenta del siglo XX, cuando crearon una asociación de rescate histórico de nuestra población, seguimos cosechando interesantes pasajes de nuestra memoria colectiva. Muchos somos los que nos seguimos intrigando con el nombre que las calles, especialmente las del centro, llevan. Esos nombres han ido cambiando al paso del tiempo, se han ido adecuando de aquella tradición que había en toda la Nueva España de nombrarlas de acuerdo al punto más importante que había en ellas, así eran las casa de los más importantes que templos y conventos los que se tomaban por nombres de esas calles. En la actualidad rendimos homenaje a los héroes patrios al darles sus nombres a las calles. Y es así que en el “intrigante”, digamos así, intrigante centro, cuando se hizo la traza original, se asignaron nombres tan emblemáticos para la época como: Calle Real, De la Feria, de los Donceles, de la Acequia y Calle del Río, esta última, por cierto, es la única que mantiene el nombre original, solo que con el agregado de Río Lerma. 

   Escribe Juan Diego Razo: “Una mera casualidad hizo llegar a manos de Pepe (sic) Rojas Garcidueñas un curioso y rarísimo documento, mal impreso, parece que hacia 1880-85 aquí en Salamanca; al cual, sin embargo, Pepe (sic) Rojas Garcidueñas no se atrevió a otorgar el crédito histórico que denota su contenido, en especial porque carece de referencia a su fuente archivística y se ignora cuál autoridad intelectual hizo la paleografía y la transcripción. Como otros muchos papeles y libros suyos, Pepe (sic) me donó el dicho documento, suponiendo buenamente que yo podría quizás un día certificar su valor histórico. Y en esas ando con las limitaciones y cautelas que ya anoté. Pero creo que es hora de avanzar un paso más en esto”.

Acta de Cabildo de la Villa de Salamanca, del 5 Febrero de 1603.

   “Andres García de Valencia Bartholome Sanchez Thorrado Moran Escribano de su magestad. (Al margen. Auto para la planta) En la villa de Salamanca en Cinco días del mes de Febrero de Mil seiscientos y tres años se tornaron a juntar al Cavildo los Alcaldes y Regidores arriba referidos y estando juntos y congregados en su cavildo y Ayuntamiento y habiendo practicado entre ellos el horden y forma que se ha de tener plantar y fundar el ámbito y cérquito de esta dicha Villa y la parte y lugar donde se havia de hazer todos unánimes, y conformes Dixeron que por lo que conviene al pro y utilidad y aumento de esta Villa y comodidades de ella es necesario, y conveniente se plante, y funde ochocientos pasos poco mas o menos de los Salomon distante y apartada de esta casa que llaman de Barahona yendo por el Rio arriba por el camino que bá a la Villa de Celaya por ser la parte mejor unas comoda y de mejores calidades que las demás de esta comarca y principalmente por que el dicho sitio cae en tierra realenga perteneciente al Rey nuestro Señor, y porque conbien que dicha planta se haga con brebedod cometieron el efecto de execusion para hazerla al dicho Bartholome Sanchez Thorrado Alcalde ordinario como hombre perito é ynstruido y bien ynformado en lo que en ella se debe hazer, y assi lo dclararon y firmaron de sus nombres. Andres Garcia de Valencia. Bartholome Sanchez Thorrado. Juan de Chavarria Diego Hernandez Ante mi Pedro Moran Escribano de su Magestad. (Al margen. Planta de la Villa)

 Despues de lo susodicho en este dicho dia mes y año dichos se tornaron á juntar en el dicho Cavildo el dicho Justicia y reximiento y estando juntos paraecio en el dicho cavildo el dicho Bartholome Sanchez Thorrado Alcalde ordinario y dixo que conforme á la comission que le fue dada el tiene echa la planta y fundamento della en la parte y lugar que se le mando en la qual formo una plaza de seiscientos pies de largo y cuatrocientos de ancho en la qual formo dies calles y en el ámbito y circuito de la plaza en una quadra della que tendrá doscientos pies se á de formar y levantar una Igelcia mandaron de la dicha Villa á la parte del Oriente, y frontero a la dicha Iglecia por la parte del Norte queda otra quadra de trescientos pies en la que se ha de levantar y fundar casas Reales de Adiensia, y cárcel y meson para el Albergue y posada de los pasageros, y en lo restante de los quatro lienzos de la dicha plaza se han de levantar y repartir veinte solares á diez vezinos que cada uno dellos tenga veinteycinco varas de marca de frente y ancho y sinquenta de largo que juntos los solares se han de dar á cada vezino á cinquenta varas en quadro de ancho, y largo, 

 y esta orden y traza se ha de thener en lo ancho y largo de los demás solares que se repartieron en las dies calles referidas y cada calle ha de thener de hueco y pasage quarenta pies, y una de las calles de la dicha Villa que corre por el camino real que viene de la ciudad de México á las minas de Guanaxuato se ha de llamar é intitular la Calle Real y otra calle que corre de Oriente á Poniente, y pasa á la parte del Norte por la plaza se ha de llamar la Calle Azequia y otra calle que pasa por las espaldas de la Igelcia de Norte á Sur se llama la Calle de Donzeles y otra calle que corre de Norte á Sur y atraviesa la plaza por delante de la Iglecia se llama la calle del Rio y otra calle que assi mismo ba de Norte á Sur y pasa por la plaza por la vanda del Poniente se llama la calle de la feria la qual dicha traza y división de calles que ban dichas y plantadas de la forma referida por el dicho Alcalde y le parece quede presente hasta esta planta para repartir los solares que se han de dar á los que hasta ahora están y se hallan presentes 

 y si fuere nesesario el tiempo adelante fundar y plantar mas calles se puede hacer pues ai tierra y sitio para ello y habiendo echo esta relación y dado este parecer el dicho Justicia y Reximiento lo aprobó y tubo por bueno y mando que conforme a el se haga el repartimiento de solares entre todos los vezinos que están presentes y entre aquellos que tienen dado poder ó tienen voz de persona que asista actualmente en esta dicha Villa y por escusar muchos inconbenientes desinciones y pleitos que se podían causar si el dicho repartimiento se hiciese á arbitrio y parecer de este Cavildo ordenan y mandan que se hagan por suertes por la órden acostumbrada en semejantes casos y que esto se da á entender á todos los pretensores é interesados para que si quieren se hayen presentes al sacar de las suertes y para este efecto el escribano de Cavildo asiente en este libro los nombres de las personas en quien se han de repartir, y asi lo probeyeron y firmaron. Andres Garcia de Valencia. Bartholome Sanchez Thorrado. Juan de Cuellar. Diego Hernandez. Juan de Chavarria. Ante mi Pedro Moran Esscribano de su Magestad. (1)

    Seguramente, tu que esto lees eres salmantino, además interesado en la parte histórica, y más aun interesado en informarte lo más posible de sólidas bases que nos dejen ver, entender, apreciar, cómo se fue dando el crecimiento de la población. En este documento queda más que claro que en los primeros días de la Villa nada había, sus fundadores vivían en las propiedades que ya tenían por el rumbo de Temascatío algunos, otros por lo que hoy es Araceo en el municipio de Valle de Santiago. Este documento nos dice comprueba que el 1° de Enero de 1603 lo único que hubo fue una misa, luego la elección de Regidores, luego la de Alcaldes y allí terminó todo. Seguramente fueron varias horas las que el ceremonial duró. Un mes más tarde, el 5 de febrero, se volverían a reunir para hacer la primera traza de calles y la distribución de los predios para el gobierno civil y el de las almas, creo, supongo, luego hubo una más para hacer el reparto de terrenos a los fundadores, eso se llamaba el reparto de solares, seguiremos hurgando (quizá en el Archivo General de la Nación) para saber a quién le dieron cada cuál de los solares en que se dividió la villa en un principio.

Fuente:

1.- Gaceta de la crónica e historia de Salamanca. Número 8. Salamanca, enero de 1988, p.16

jueves, 9 de abril de 2015

Un mezquite con historia, en Valtierrilla, municipio de Salamanca.

    “Hubo en el patio de la escuela Mariano Matamoros hasta el año de 1964 un vetusto mezquite, ligado a un hecho trágico, asentado en los anales de Valtierrilla. Decía un jocoso maestro que, bajo ese mezquite el caudillo insurgente Andrés Delgado había llorado los desdenes de Tomasita Esteves, la noble heroína de la independencia. Pero esto no pasaba de ser más que un grosero chascarrillo del gárrulo maestro. Lo cierto es que en ese mezquite el pueblo justiciero ejecutó la sentencia, dictada por la necesidad y el derecho a la legítima defensa. Es el caso que durante los aciagos días de la Revolución, el pueblo entero estaba a la merced de maleantes y bandoleros, pues no había , ni justicia que lo contuviera, poniendo orden en la comunidad, y la vida se tornaba intolerable, y la gente vivía entre temores y sobresaltos. 

   Los malhechores asolaban impunemente al pueblo, entrando las casas sin que nadie los detuviera y llevándose hasta los chiles y el nixtamal. Y a las personas que se oponían o se negaban a entregar lo que se les exigía, les propinaban tremendas palizas. La gente vivía atemorizada, sin saber qué hacer o a quién recurrir en demanda de protección. Llegó a tanto la osadía de los maleantes y se tornó tan intolerable la situación, que el pueblo decidió poner fin a tantos desmanes, haciéndose justicia con su propia mano. Una noche del año de 1914, los vecinos del pueblo salieron decididos a enfrentarse a los malhechores, a los que sorprendieron cuando intentaban asaltar algunas casas. Al verse sorprendidos los bandoleros, huyeron despavoridos antes la decidida actitud de la gente, sin embargo uno de ellos no tuvo la suerte de escapar y calló en manos del pueblo enardecido, que de inmediato lo llevó al pie del mezquite que se hallaba en lo que posteriormente fue el patio de la escuela Mariano Matamoros. Se trataba de colgarlo allí. 

  Allí no valieron súplicas ni lamentos, ni arrepentimientos tardíos, el pueblo necesitaba poner un escarmiento a tanto maleante y cumplió la sentencia que él mismo había dictado, colgando al facineroso de aquel mezquite. Allí murió aquel desconocido malhechor y balanceándose, suspendido de una rama del mezquite, que la justicia tomada por todo el pueblo, al estilo de la Fuenteovejuna, la obra teatral del célebre dramaturgo español, el inmortal Lope de Vega. Y los habitantes de Valtierrilla bien podían contestar a las autoridades lo que los de Fuenteovejuna contestaban al enviado del Rey, quien les interrogaba sobre quien había cometido aquel asesinato, y ellos respondían: -Fuenteovejuna, Señor.

  Es decir fue la justicia que el pueblo entero cobró por su propia mano, allí donde nadie osaba defenderlo. Tal fue el hecho real, ligado a ese mezquite que se levantaba en el patio de la escuela. En el año 1964, el Dr. Aurelio Sánchez Pérez, presidente municipal de Salamanca, ordenó que se derribara ese mezquite para mejorar el patio de la escuela, en ocasión de la visita que el Lic. Juan José Torres Landa, gobernador del Estado, hizo a ese plantel para inaugurarlo, el 23 de diciembre de ese año. Así concluyó su existencia el mezquite del patio de la escuela Mariano Matamoros”. (1)

  Curiosa es la historia que transcribo de una de las ya legendarias Gacetas que un grupo de salmantinos, interesados en el rescate histórico de nuestra población, publicaban trimestralmente en los años ochenta del siglo XX, durante la administración del presidente municipal Víctor Deschamps. En esta historia, revestida de un poco de leyenda, escrita por el Cronista de Valtierrilla, Aurelio Méndez Sánchez, encuentro varias referencias interesantes, todo en torno a un árbol de mezquite.

   Luego de estudiar los hechos ocurridos en la región durante 1814, año en que fue fusilada Tomasa Esteves, sabemos que era justo en Valtierrilla en donde había un numeroso grupo de insurgentes, que asaltaba la conducta que venía de Guanajuato y seguía a México, para ello se ocultaban en “el bosque” que había en Valtierrilla, bosque de mezquites, habrá que aclarar. Hay un episodio en el que, efectivamente, Andrés Delgado es el protagonista, junto a un mezquite, pero no en Valtierrilla, sino en el rancho del Divisador. Lo más interesante que encuentro es el que se haga referencia de Tomasa Esteves, ya que ocurrió justo en Valtierrilla la detención de los insurgentes “seducidos por una bella mujer”. 

   Todo esto lo ligo a otro personaje salmantino, el más distinguido, sin dudas, Rojas Garcidueñas. Él escribe en sus Recuerdos de mi tierra guanajuatense algo sobre el relato del Señor del Hospital, que igual aplica para este relato sobre la llamada “Capital mundial del nopal”, Valtierrilla, y dice: “… que contiene muchas referencias e información de tal época, (…) de manera que los de tal relato no deben ser menospreciados, por el contrario, resultan sumamente apreciables”. (2)

Fuentes:

1.- Gaceta de la crónica e historia de Salamanca. Número 7. Salamanca, Octubre de 1987, p.6

2.- Rojas Garcidueñas, José. Salamanca, recuerdos de mi tierra guanajuatense. Edición Comentada. Raíces. Salamanca, 2014. p.12