jueves, 6 de mayo de 2010

Consideraciones para entender la fundación de la primera Villa de Salamanca

Siendo que la historia de nuestro país es inmensamente rica, intensa, vasta e interesantísima, no nos ha sido transmitida con la intensidad e interés debido, la historia que oficialmente se nos presenta se ha empeñado en hacerla aburrida, obvia y obsoleta, siendo que lo que sucedió, fueron una serie de acontecimientos que, al irlos estudiando y entendiendo cabalmente, nos da una base para entender lo que en la actualidad somos y las razones que tenemos de actuar, todos y cada uno de los mexicanos, del modo en que lo hacemos.


El episodio del descubrimiento se ha limitado a elaborar una serie de festejos en torno al “día de la raza”, solo que, dentro de esas celebraciones se ha olvidado incluir que, parte del capítulo conocido como Descubrimiento de América, debería incluir el Descubrimiento de México y más precisamente, la noticia de la existencia de una tierra ignota que se le dio el nombre de Yucatán, pues, dentro de la cerrazón, obstinación y terquedad española, al pasar por el que nombraron Cabo Catoche, preguntaban en castellano a los mayas que hablaban su propia idioma, el maya, ¿cómo se llama aquí? Y ellos contestaban Yucatán, Yucatán, que en la lengua quiere decir: no-te-entiendo… como quiera, la noticia de que una nueva tierra se dio a conocer entre la infinita ambición de riquezas que los hispanos traían consigo.


A la lista de los personajes que participaron en la conquista de México, la cual, normalmente solo incluye a Hernán Cortés, se debe incluir a dos muy importantes, ya que ellos fueron quienes descubrieron Yucatán, por ende, México: Francisco Hernández de Córdova y Juan de Grijalva, sin sus viajes y descubrimientos, Cortés no hubiera tenido el sustento necesario para llegar hasta donde llegó.


“En 1519 Hernán Cortés (que había estudiado en Salamanca, entre 1499 y 1500), desembarcó en una tierra a la que llamó Nueva España, lo hizo con los primeros 16 caballos que vieron los indígenas por primera vez. El salmantino Francisco de Montejo, era uno de los capitanes que lo acompañaban. No era la primera vez que Montejo pisaba tierras mexicanas, pues anteriormente había recalado en este territorio acompañando a Grijalva en una anterior expedición. Montejo, debido a sus dotes diplomáticas, fue encargado por Hernán Cortés para que regresara a España, a relatar a los reyes los datos de la conquista, cosa que realizó, aprovechando para solicitar de los reyes de Castilla que se le concedieran los privilegios de la conquista y colonización de la península del Yucatán; los reyes se la conceden, y se le otorga el título de adelantado del Yucatán”. (1)


Ubicándonos en el siglo XVI, vemos que el descubrimiento de Yucatán se da en 1517; dos años más tarde la llegada de Cortés, en 1519. Dos años más tarde es la caída de la Gran Tenochtitlán en 1521, cinco años después, en 1526 los caciques de Jilotepec iban en avanzada haciendo fundaciones en el actual estado de Querétaro y hacen el asentamiento de lo que es actualmente Acámbaro, el más antiguo en el actual estado de Guanajuato, simultáneamente en el sureste de México Francisco de Montejo iniciaría su continua fundación y traslados de la Villa de Salamanca, solo que para eso “Los españoles consideraban cinco requisitos básicos para fundar una nueva villa o ciudad: apoyo aborigen, seguridad, salubridad, riqueza y recursos para su construcción. El primero era esencial, pues sin el apoyo de grado o a la fuerza, de los indios de la comarca, el nuevo asentamiento estaba destinado al fracaso. En México se fundó una villa casi siempre después de haber sometido por las armas a la principal fuerza indígena de la región, pero se consideraba también importante que hubiera cierta distancia geográfica, entre esta y la última fundación. Una vez sometidos, los señores o caciques de la comarca eran llamados por el capitán español para que aceptasen la paz en los términos que se les ofrecía. Solo entonces se procedía a repartir entre los conquistadores a los caciques en encomienda para que recibiesen los tributos de ellos como pago o reconocimiento a sus méritos.


Este reparto llevaba implícitos varios compromisos ara los nuevos encomenderos avecindarse en la nueva villa sin abandonarla, construir casa lo más rápidamente posible, colaborar con el gobierno local (sobre todo en lo militar), mantener lealtad al rey y a la iglesia, evangelizar, dar buen trato a los indios encomenderos y velar por el bien y el engrandecimiento de la nueva población. Sin embargo, la mayoría de estos vecinos-encomenderos cometieron una serie de abusos y crímenes en contra de los indios, quienes en diversas ocasiones se rebelaron. Existen varios casos de villas que pronto tuvieron que ser abandonadas a causa de las rebeliones, aunque muchas volvieron a repoblarse mas tarde por el afán e interés de los españoles. Por ejemplo la de San Esteban en el Puerto de Pánuco, la de Salamanca en la península de Yucatán, la Villa Real en Chetumal, la del Espíritu Santo en Chametla, la de Guadalajara en Nochistán y la de Nexapa en Oaxaca”. (2)


Fuentes:


1.- Hernández Marcos Lucino. Los charros: etnografía histórica e identidad cultural. Bubock Publishing. Madrid. 2009.


2.- García Castro René. En su artículo “Las ciudades novohispanas” dentro de la Gran Hisotira de México ilustrada. Tomo II. Planeta, DeAgostini. CONACULTA, INAH. México 2001.



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